Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


Antecedentes de la Adoración Eucarística

Doctrina sobre la Adoración Eucarística

Documentos del Magisterio de la Iglesia

Santos con especial devoción eucarística

Tres Místicas del Siglo XX y sus milagros eucarísticos

Milagros eucarísticos

Oraciones y homilías

Santos con especial devoción eucarística

San Isidoro de Sevilla


Nacido San Isidoro hacia el 560, es hermano menor de los santos Leandro, Fulgencio y Florentina. En 601, sucede a su hermano Leandro en la sede episcopal de Sevilla, y es grande su influjo en la Iglesia de la España visigótica. Con sus numerosos escritos viene a ser el maestro principal de la Edad Media. Murió en el 636, y sus restos se guardan en León. Extractamos de sus obras: 

“La misa... se llama sacrificio como algo que es hecho sagrado, porque se consagra con oraciones místicas en memoria de la pasión del Señor, y por mandato suyo llamamos a esto cuerpo y sangre de Cristo. Procediendo esto de los frutos de la tierra, es santificado y se hace sacramento, obrando invisiblemente el Espíritu de Dios. A este sacramento del pan y del cáliz los griegos llaman Eucaristía, que significa «buena gracia». ¿Puede haber algo mejor que la sangre y el cuerpo de Cristo?

Estas cosas se llaman sacramento, pues bajo el velo de las cosas corporales la virtud divina obra secretamente la salvación... Y estos sacramentos se hacen con fruto en la Iglesia, porque el Espíritu Santo, que está en ella, obra ocultamente el mismo efecto de los sacramentos. De donde, aunque sean administrados por buenos o malos ministros, sin embargo, puesto que los vivifica el Espíritu Santo místicamente, ni se aumentan estos dones por los méritos de los buenos dispensadores, ni se disminuyen por los de los malos” (Etimologías). 

“Dicen algunos que, si no lo impide algún pecado, ha de recibirse la Eucaristía diariamente, pues por mandato del Señor pedimos que se nos dé este pan cada día, cuando decimos: el pan nuestro de cada día dánosle hoy. Y justamente lo afirman si lo reciben con reverencia, devoción y humildad... Por lo demás, si hay tales pecados que a uno, como muerto, le aparten del altar, hay que hacer antes penitencia, y sólo así se ha de recibir esta saludable medicina” (Sobre los oficios eclesiásticos).