Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


Antecedentes de la Adoración Eucarística

Doctrina sobre la Adoración Eucarística

Documentos del Magisterio de la Iglesia

Santos con especial devoción eucarística

Tres Místicas del Siglo XX y sus milagros eucarísticos

Milagros eucarísticos

Oraciones y homilías

Santos con especial devoción eucarística

San Juan Damasceno


Nacido hacia el 675 en Damasco, su padre tenía un alto cargo junto al califa Omeya, y él mismo sirvió en la administración árabe hasta que el 710 se hizo monje en el desierto de Judá, donde vivió hasta su muerte, +749. Su teología sobre la Virgen, sobre el culto a los iconos, así como sus himnos para la liturgia bizantina, hacen de él un gran Doctor de la Iglesia. Entresacamos de su obra Sobre la fe ortodoxa

“Dios nos ha dado un segundo nacimiento, para que así como nacidos de Adán heredamos la maldición y la corrupción, así también, nacidos de él [Cristo, segundo Adán] nos hagamos semejantes a él y heredemos su incorruptibilidad, bendición y gloria.

Y si el nacimiento es doble, también ha de ser doble el alimento. Nacimos del agua y del espíritu, por el santo bautismo; y el alimento nuestro es el mismo pan de vida, nuestro Señor Jesucristo, que bajó del cielo. 

Todo cuanto hizo Dios lo hizo por obra del Espíritu Santo, y así hace ahora estas obras que sobrepasan la naturaleza y que solo la fe puede comprender. ¿Cómo ha de ser eso? preguntaba la Virgen. El Espíritu Santo descenderá sobre ti... Y ahora tú preguntas cómo el pan se hace cuerpo de Cristo. Y yo te digo: «Viene el Espíritu Santo y hace esto que está sobre toda palabra y pensamiento»”.

Alude el Damasceno a la epíclesis

«Padre te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones, de manera que sean Cuerpo y Sangre de Jesucristo» (plegaria euc. III).

“El cuerpo [eucarístico de Cristo] está verdaderamente unido a la Divinidad, el mismo cuerpo aquel que nació de la Virgen santa, no porque el cuerpo que ascendió a los cielos baje de él, sino porque el mismo pan y vino se cambian en el cuerpo y sangre de Dios. ¿Cómo se realiza esto? Por obra del Espíritu Santo, como por obra del Espíritu Santo toma carne para sí y en sí de la Santa Madre de Dios.

No son el pan y el vino figura meramente del cuerpo y sangre de Cristo –lejos de nosotros pensar tal cosa –, sino el mismo cuerpo divinizado del Señor. Acerquémonos, pues, con todo temor y pura conciencia y fe a este cuerpo. Lleguémonos a él con ardiente deseo y, poniendo las palmas de las manos en forma de cruz, recibamos el cuerpo del Crucificado.