Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


Antecedentes de la Adoración Eucarística

Doctrina sobre la Adoración Eucarística

Documentos del Magisterio de la Iglesia

Santos con especial devoción eucarística

Tres Místicas del Siglo XX y sus milagros eucarísticos

Milagros eucarísticos

Oraciones y homilías

Santos con especial devoción eucarística

San Justino


Nace de padres griegos paganos en Siquem, Samaria. Busca, como filósofo, la verdad en diferentes escuelas de pensamiento, hasta encontrarla en Cristo. Funda una escuela en Roma, y es decapitado con otros cristianos en 165. Escribe dos preciosas Apologías en defensa del cristianismo, y en la primera (cp. 65-67), hacia el año 153, describe la celebración de la Eucaristía dejándonos así un precioso testimonio de las primeras celebraciones en las que vemos una absoluta continuidad. Aquí algunos fragmentos.

“Una vez que el que preside ha dado gracias y todo el pueblo ha aclamado, los diáconos dan a cada uno de los presentes a participar del pan y del vino eucaristizados, que también llevan a los ausentes.

Este alimento se llama entre nosotros Eucaristía, y de él a ningún otro le es lícito participar, sino al que cree que nuestra doctrina es verdadera, y ha sido purificado con el bautismo para el perdón de los pecados y para la regeneración, y que vive como Cristo enseñó. Porque estas cosas no las tomamos como pan ordinario ni bebida común, sino que, así como por el Verbo de Dios, habiéndose encarnado Jesucristo nuestro Salvador, tuvo carne y sangre para nuestra salvación, así también se nos ha enseñado que el alimento eucaristizado por la palabra de oración de Él procedente es la carne y la sangre de aquel Jesús que se encarnó.

En efecto, los apóstoles en los evangelios nos transmitieron que así les había sido mandado: que Jesús, habiendo tomado el pan y dado gracias, dijo Haced esto en memoria mía; esto es mi cuerpo, y que habiendo tomado del mismo modo el cáliz y dado gracias, dijo Ésta es mi sangre, y que solamente a ellos les hizo participantes. 

Nosotros, pues, recordamos siempre ya en adelante estas cosas entre nosotros. Y los que tenemos, socorremos a todos los abandonados, y siempre estamos unidos los unos con los otros. Y por todas las cosas de las que nos alimentamos bendecimos al Creador de todo, por medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo.

Y el día llamado del sol [el domingo, todavía llamado en inglés así: sun day] se hace una reunión en un mismo lugar con todos los que habitan en ciudades o en campos, y se leen los comentarios de los apóstoles o las escrituras de los profetas. Luego, el que preside exhorta de palabra a la imitación de estas cosas excelsas. Después todos nos levantamos y recitamos juntos oraciones. Y al terminarlas, se presenta pan y vino y agua, y el que preside eleva oraciones y acciones de gracias, y el pueblo aclama diciendo Amén

Y se da y se hace participante a cada uno de las cosas eucaristizadas, y a los ausentes se les envía por medio de los diáconos.

Los que tienen bienes y quieren, cada uno según su voluntad, dan lo que les parece, y lo que se reúne se entrega al que preside y él socorre a huérfanos, viudas, enfermos, abandonados, encarcelados, y también a los peregrinos.

Y nos reunimos todos el día del sol, puesto que es el día primero en el que Dios, cambiando las tinieblas y la materia, creó el mundo, y es a la vez el día en que Jesucristo, nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos”.