Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


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Santos con especial devoción eucarística

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Santos con especial devoción eucarística

San Pascual Bailón


Le pusieron por nombre Pascual, por haber nacido el día de Pascua (del año 1540). Nació en Torre Hermosa, Aragón, España. 

Es el patrono de los Congresos Eucarísticos y de la Adoración Nocturna. 

Desde pequeño y durante 17 años fue pastor de ovejas. Luego ingresará en un convento franciscano.

Desde su infancia y por toda su vida, su mayor amor fue hacia la Sagrada Eucaristía. 

Desde los campos donde cuidaba las ovejas de su amo, alcanzaba a ver la torre del pueblo y cuando repicaban las campanas se arrodillaba en adoración al Santísimo Sacramento. En aquellos tiempos las campanas tocaban en el momento de la elevación de la Sagrada Hostia durante la Misa. 

Un día otros pastores le oyeron gritar: "¡Ahí viene!, ¡allí está!". Y cayó de rodillas. Después dijo que había visto a Jesús presente en la Sagrada Forma.

A los 24 años, cuando pide ser admitido como hermano religioso franciscano, le niegan al principio la aceptación por su escasa instrucción, ya que apenas si había aprendido a leer. Su único libro era el devocionario, que llevaba consigo siempre mientras pastoreaba sus ovejas. Sus lecturas preferidas eran especialmente las oraciones a Jesús Sacramentado y a la Santísima Virgen.

Como religioso franciscano sus tareas fueron siempre las más humildes: portero, cocinero, mandadero, barrendero. 

Su amor constante y ferviente a Jesús en el Santísimo Sacramento, lo llevaban a buscar momentos durante la jornada para estarse en la capilla, de rodillas con los brazos en cruz adorando al Señor en su presencia eucarística. También por las noches pasaba horas y horas ante el Santísimo Sacramento. Cuando los demás se iban a dormir, él se quedaba rezando ante el altar. Y por la madrugada, varias horas antes de que los demás religiosos llegaran a la capilla a orar, ya estaba allí el hermano Pascual adorando a Nuestro Señor.

Ayudaba cada día el mayor número de misas que le era posible y trataba de demostrar de cuantas maneras le fuera posible su gran amor a Jesús y a María. 

Pascual compuso varias oraciones muy hermosas al Santísimo Sacramento y el sabio Arzobispo San Luis de Rivera al leerlas exclamó admirado: "Estas almas sencillas sí que se ganan los mejores puestos en el cielo. Nuestras sabidurías humanas valen poco si se comparan con la sabiduría divina que Dios concede a los humildes".

Se cuenta que sus superiores lo enviaron a Francia a llevar un mensaje. Tenía que atravesar caminos llenos de protestantes. Un día un hereje le preguntó: "¿Dónde está Dios?". Y él respondió: "Dios está en el cielo", y el otro se fue. Pero enseguida el santo fraile se puso a pensar: "¡Oh, me perdí la ocasión de haber muerto mártir por Nuestro Señor! Si le hubiera dicho que Dios está en la Santa Hostia en la Eucaristía me habrían matado y sería mártir. Pero no fui digno de ese honor". 

Llegado a Francia, descalzo, con una túnica vieja y remendada, lo rodeó un grupo de protestantes y lo desafiaron a que les probara que Jesús sí está en la Eucaristía. Y Pascual que no había hecho estudios y apenas si sabía leer y escribir, habló de tal manera bien de la presencia de Jesús en la Eucaristía, que los demás no fueron capaces de contestarle. Lo único que hicieron fue apedrearlo. Y él sintió lo que dice lo que los apóstoles cuando los golpearon por declararse amigos de Jesús: "Una gran alegría por tener el honor de sufrir por proclamarse fiel seguidor de Jesús".

Lo primero que hacía al llegar a algún pueblo era dirigirse a la iglesia templo y allí se quedaba por un buen tiempo de rodillas adorando a Jesús Sacramentado.

Hablaba poco, pero cuando se trataba de la Sagrada Eucaristía, entonces sí se sentía inspirado por el Espíritu Santo y su habla era  muy hermosa. 

Había recibido de Dios ese don especial: el de un inmenso amor por Jesús Sacramentado.

Siempre estaba alegre, pero nunca se sentía tan contento como cuando ayudaba a Misa o cuando podía estarse un rato orando ante el Sagrario del altar.

Pascual nació en Pentecostés de 1540 y murió también en Pentecostés de 1592, el 17 de mayo. Seguramente fue el Espíritu Santo, bajo cuyo signo nació y murió, quien le regaló aquel su inmenso y constante amor por Jesús en la Eucaristía.

Durante su funeral, estando el ataúd descubierto, en el momento de la elevación en la Santa Misa, vieron los presentes con admiración que san Pascual abría y cerraba por dos veces sus ojos. Hasta su cadáver quería adorar a Cristo en la Eucaristía. 

Durante 200 años muchísimas personas, al acercarse a la tumba de San Pascual oían unos misteriosos golpecitos. Nadie supo explicar el porqué, pero todos estaban convencidos de que eran señales de que este hombre tan sencillo fue un gran santo. 

Muchos y grandes fueron los milagros a él atribuidos. Fue declarado santo en 1690. 

Que por intercesión de san Pascual Bailón, Dios nos conceda enamorarnos fervientemente de la Sagrada Eucaristía y vivamos el culto eucarístico en profundo amor.

“Propagad la devoción a Jesús Sacramentado y veréis lo que son los milagros” (S. J. Bosco).