Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


Antecedentes de la Adoración Eucarística

Doctrina sobre la Adoración Eucarística

Documentos del Magisterio de la Iglesia

Santos con especial devoción eucarística

Tres Místicas del Siglo XX y sus milagros eucarísticos

Milagros eucarísticos

Oraciones y homilías

Santos con especial devoción eucarística

Santa Margarita María de Alacoque


Margarita nace el 22 de julio de 1647 en el pequeño pueblo de Lautecour en Francia.

Cuenta en su autobiografía que desde pequeña le concedió Dios que Jesucristo fuera el único dueño de su corazón. Y le concedió otro gran favor: un gran horror al pecado, de manera que aun la más pequeña falta le resultaba insoportable.

Un día, siendo ella aún una niña,  en el momento de la elevación de la Sagrada Hostia en la Misa, le prometió a Dios mantenerse siempre pura y casta.

Recitaba fervorosamente el Rosario todos los días y siempre gozó de la especial protección de la Madre de Dios.

A los nueve años recibe su Primera Comunión. "Desde ese día el buen Dios me concedió tanta amargura en los placeres mundanos, que aunque como jovencita inexperta que era a veces los buscaba, me resultaban muy amargos y desagradables. En cambio encontraba un gusto especial en la oración", relata la santa.

Su padre muere cuando era ella muy joven y vive con su madre y con dos tías paternas quienes la hacen mucho sufrir igual que a su pobre madre. Por amor a Cristo ofrece sus padecimientos.

Lo que más le atraía era el Sagrario donde está Jesús presente en el Santísimo Sacramento, tanto que cuando iba a la iglesia siempre se colocaba lo más cercana posible al altar, porque su inmenso amor hacia Jesús Eucaristía y quería hablarle y escucharle.

Un día después de comulgar sintió que Jesús le decía: "Soy lo mejor que en esta vida puedes elegir. Si te decides a dedicarte a mi servicio tendrás paz y alegría. Si te quedas en el mundo tendrás tristeza y amargura". Desde entonces decidió hacerse religiosa, costara lo que costara.

A los 24 años ingresa al convento de Paray-le-Monial, en la comunidad de La Visitación, fundada por San Francisco de Sales. 

Ya de novicia sufre muchas humillaciones que soporta con humildad y paciencia. 

El 27 de diciembre de 1673 es la primer aparición del Sagrado Corazón de Jesús y ocurre en el momento en que la santa está rezando frente al Santísimo. Santa Margarita María había pedido permiso –y obtenido- para rezar frente al Santísimo Sacramento, todos los jueves de 21 a medianoche para acompañar al Señor las tres horas que Jesús estuvo orando y padeciendo en el Getsemaní. 

Vio de pronto abrirse el sagrario donde están las formas consagradas y aparecerse Jesucristo. Sobre el manto su Sagrado Corazón, rodeado de llamas y con una corona de espinas encima, y una herida. Jesús señalando su corazón con la mano le dijo: "He aquí el corazón que tanto ha amado a la gente y en cambio recibe ingratitud y olvido.

Tú debes procurar desagraviarme".

Las apariciones se sucedieron durante 18 meses. Le pidió que se celebrara la Fiesta del Sagrado Corazón cada año el Viernes de la semana siguiente a la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus).

El Corazón de Jesús le hizo a Santa Margarita unas promesas maravillosas para los que practiquen esta hermosa devoción. Por ejemplo "Bendeciré las casas donde sea expuesta y honrada la imagen de mi Sagrado Corazón. Daré paz a las familias. A los pecadores los volveré buenos y a los que ya son buenos los volveré santos. Asistiré en la hora de la muerte a los que me ofrezcan la comunión de los primeros Viernes para pedirme perdón por tantos pecados que se cometen", etc.

El joven jesuita Claudio de la Colombiere, nombrado capellán del convento, fue el instrumento del que se valió el Señor como confesor y guía de Margarita María y para la posterior difusión de la devoción al Corazón de Jesús a través de la Compañía de Jesús, quienes la propagaron por todo el mundo. El Padre de la Colombiere fue también canonizado.

De las revelaciones del Corazón de Jesús a la santa: "Si quieres agradarme confía en Mí. Si quieres agradarme más, confía más. Si quieres agradarme inmensamente, confía inmensamente en Mí".

Antes de morir obtuvo que en su comunidad se celebrara por primera vez la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

El 17 de octubre de 1690 murió llena de alegría porque podía ir a estar para siempre en el cielo al lado de su amadísimo Señor Jesús, cuyo Corazón había enseñado ella a amar tanto en este mundo.

Fuera de mi Corazón amable y Santísimo, no hay placer, ni alegría, ni consuelo en la vida. 

La Eucaristía es el don del Sagrado Corazón que va «hasta el extremo del amor» (Jn 13, 1) Jesús manifiesta su Corazón a los hombres porque, viéndolos tan pobres en amor, quiso enriquecerlos con « los tesoros del Corazón de Dios, al cual pueden honrar bajo la figura de su corazón de carne». 

El Corazón de Jesús es: 1° ardiente de amor por los hombres y: 2° ofendido por sus ingratitudes.

Esta doble consideración nos debe mover a: 1° dar amor por amor al amor del Corazón de Jesús y: 2° ofrecerle una compensación por la ofensa que le es hecha. (reparación - consolar al Corazón de Jesús)

Este corazón es “un horno ardiente” “Me consumo por el fuego de ser amado”

"Tengo sed, pero una sed tan ardiente de ser amado por los hombres en el Santísimo Sacramento, que esta sed me consume."

"He aquí este Corazón que tanto amó a los hombres que no ahorró nada hasta agotarse y consumirse para testimoniarles su amor. Y por reconocimiento no recibo de la mayoría que ingratitudes, por sus irreverencias y sus sacrilegios, y por la frialdad y los desprecios que tienen por mí en este sacramento de amor." 

"Ante el Santísimo Sacramento, me siento tan concentrada que nunca me aburro. Y podría pasar días y noches enteras sin beber ni comer y sin saber lo que haría, sino consumirme en su presencia como un cirio que arde para él pagando amor con amor."

"Mi mayor alegría es estar delante del Santísimo Sacramento donde mi corazón está como en su centro."

Mi Corazón está tan apasionado de amor y por ti en especial que no pudiendo contener las llamas de su amor es necesario que él las prodigue por todos los medios. 

Si tú crees verás el poder de mi Corazón en la magnificencia de mi amor.

No temas, hija mía. Yo reinaré a pesar de mis enemigos y aquellos que quieren oponerse a mí. 

Jesucristo se me presenta, todo resplandeciente de gloria con sus cinco llagas, brillantes como cinco soles y de esta humanidad sagrada salen llamas de todas partes, pero sobre todo de su adorable pecho que está abierto. Él me reveló que su todo amante y todo amado corazón era la fuente viva de esas llamas. 

Este divino Corazón me fue presentado rodeado de una corona de espinas, que significaban las punzadas que nuestros pecados le hacen, y una cruz por encima que significa que, desde los primeros instantes de su Encarnación, desde el momento en que su Sagrado Corazón fue formado, le fue plantada la Cruz, desde esos primeros instantes, estaban todas las amarguras que le debían causar las humillaciones, pobreza, dolor, y desprecios que la sagrada humanidad debía sufrir durante todo el curso de su vida y en su santa Pasión.  

"Conocer el amor de Jesucristo, estar lleno de su plenitud, esto es el reino de Dios en el hombre. Ahora bien, esto es el fruto de la devoción al Corazón de Jesús vivo y que nos ama en el Santísimo Sacramento. Esta devoción es el culto soberano del amor. Es el alma de toda la religión y su centro, porque la religión no es más que la ley, la virtud y la perfección del amor, y en el Sagrado Corazón está la gracia, el modelo y la vida. Estudiemos este amor delante del horno donde se consume por nosotros. La devoción al Sagrado Corazón tiene un doble efecto: ante todo se propone honrar, por la adoración y el culto público, el Corazón de carne de Jesucristo, e inmediatamente el amor infinito por el que este Corazón ha ardido por nosotros desde su creación, y que aún lo consume en el Sacramento del altar..." (San Pedro Julián Eymard, la Divine Eucharistie)