Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


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Santos con especial devoción eucarística

Beato Mons. Manuel González y el Corazón de Jesús en el sagrario (II)


De su libro Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario (Editorial «El Granito de Arena», c/ Tutor 15-17, 28008 Madrid, págs. 131-133).

«Simón, tengo algo que decirte...» (Lc 7,40)

«El Corazón de Jesús en el Sagrario tiene algo que decirte... Como a Simón, el fariseo desatento que lo convidó a comer, te dice a ti: "Tengo algo que decirte"... Fíjate en el afectuoso interés que revela ese tener Él —¿sabes quién es Él?— que decirte algo a ti, a ti — ¿te conoces un poquito?—...

¡Él a ti! ¿Puedes medir toda la distancia que hay entre esos dos puntos? ¿No? Pues tampoco podrás apreciar cumplidamente todo el valor de ese interés que tiene Él en hablarte a ti. ¡Él a ti!

Una comparación te dará idea aproximada de lo que significa ese interés. ¿Hay mucha gente en el mundo que tenga interés en decirte algo? ¡Claro! Como es tan reducido el número de los que te conocen, en comparación con los que no te conocen, puedes afirmar que la casi totalidad de los hombres no tienen nada que decirte. Y entre los que te conocen, ¿sabes si son muchos los que tienen algo que decirte?...

Nosotros tan insignificantes, pese a nuestro orgullo, en el mundo y ante los hombres; nosotros, para quienes ni los reyes, ni los sabios, ni los ricos, ni los poderosos, ni aún casi nadie en el mundo, tienen ni una palabra ni un gesto de interés, sabemos, ¡bendito Evangelio que nos lo ha revelado!, que el Rey más sabio, rico, poderoso y alto nos espera a cualquier hora del día y de la noche en su Alcázar del Sagrario para decirnos a cada uno con un interés, revelador de un cariño infinito, la palabra que en aquella hora nos hace falta. Y ¡que todavía haya aburridos, tristes, desesperados, despechados, desorientados por el mundo! ¿Qué hacen, que no vuelan al Sagrario a recoger su palabra, la palabra que para esa hora suprema de aflicción y tinieblas les tiene reservada el Maestro bueno que allí mora?...

Alma creyente, lee en buena hora libros que te ilustren y alienten, busca predicadores y consejeros que con su palabra te iluminen y preparen el camino de tu santificación; pero más que la palabra del libro y del hombre, busca, busca la palabra que para ti, ¿lo oyes?, para ti sola tiene guardada en su Corazón para cada circunstancia de tu vida el Jesús de tu Sagrario.

Ve allí muchas veces para que te dé tu ración, que a veces será una palabra de la Sagrada Escritura o de santos que tú conocías, pero con un relieve y un sentido nuevos; otras veces será un soplo, un impulso, una dirección, una firmeza, una rectificación... No tienes que pronunciar con el alma más que estas dos palabras: " Maestro, di"»..