Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


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Santos con especial devoción eucarística

Tres Místicas del Siglo XX y sus milagros eucarísticos

Milagros eucarísticos

Oraciones y homilías

Santos con especial devoción eucarística

San Crísipo de Jerusalén


Originario de Capadocia, Crísipo se hace monje en Palestina, donde es ordenado sacerdote en el 455. En Jerusalén, es custodio de la Santa Cruz en la basílica del Santo Sepulcro. De él se conserva esta homilía sobre la Madre de Dios.

Bendita sea la Madre de Cristo

«Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo (Lc 1,28). Alégrate ha dicho el ángel; a ti, en efecto, te corresponde la verdadera alegría, a ti que has merecido escuchar que eres la llena de gracia, puesto que contigo está el tesoro íntegro de la alegría, del gozo perfecto y de la gracia. 

«El rey está con la esclava; el más bello entre los hijos de los hombres (Sal 44,3) está con la más hermosa de las mujeres. El que santifica todas las cosas está con la doncella inmaculada. Contigo está el Creador del universo; contigo está a fin de poder nacer de ti; contigo está en la concepción para ser por ti dado a luz; contigo está como Dios, para poder nacer de ti como Dios y hombre».

«Alégrate, pues, por siempre, alégrate, oh llena de gracia. Alégrate porque has recibido de la naturaleza un seno más amplio que los mismos cielos, desde el momento en que en tu seno has albergado a Aquel que los cielos no pueden abarcar. 

«Alégrate, oh fuente de la luz, que iluminas a todo hombre (Jn 1, 19). Alégrate, oh aurora del sol que no conoce ocaso. Alégrate, manantial de la vida. Alégrate, jardín del Padre. Alégrate, prado del que emana toda la fragancia del Espíritu. Alégrate, raíz de todos los bienes, perla que supera todo valor. Alégrate, oh vid cargada de bellos racimos. Alégrate, oh nube de aquella lluvia que proporciona bebida a todas las almas de los santos. Alégrate, pozo del agua siempre viva. Alégrate, oh arbusto ardiente de fuego espiritual y que, sin embargo, no se consume. Alégrate, oh puerta sellada que se abre sólo para el rey. Alégrate, oh monte del que, sin obra de mano humana, se desprende la piedra angular»...

El ministerio maternal de María en la gruta de Belén evoca sin duda diversos aspectos del Misterio eucarístico:

«Estas cosas no sucedieron casualmente. El Verbo era colocado sobre un pesebre de animales irracionales, a fin de que los hombres que voluntariamente habían perdido la razón, la recobrasen acudiendo a Él. En la mesa de las bestias se ofrecía el pan celestial, a fin de procurar un místico alimento a aquellos hombres que se habían convertido en bestias».

El regazo virginal de Santa María, Madre de Dios, es la primera custodia que muestra a los hombres el Verbo encarnado:

«Allá arriba está Él con aquella naturaleza divina que se halla por encima de los querubines y que tiene su morada en el seno del Padre. Aquí abajo permanece Él gracias a la naturaleza humana que yace en el pesebre y que es estrechada entre los brazos maternales. Éstos son un trono verdaderamente real, un trono glorioso, santo, único, digno de sostener en este mundo al Santo de los santos, al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén»