Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


Antecedentes de la Adoración Eucarística

Doctrina sobre la Adoración Eucarística

Documentos del Magisterio de la Iglesia

Santos con especial devoción eucarística

Tres Místicas del Siglo XX y sus milagros eucarísticos

Milagros eucarísticos

Oraciones y homilías

Santos con especial devoción eucarística

Beata Ángela de Foligno y la Eucaristía (III)


Meditando el alma en la Eucaristía «descubre que Dios quiso unirnos a sí e incorporarse a nosotros, e incorporarnos a Él. Quiere que lo llevemos dentro de nosotros, para que Él nos lleve y nos consuele y nos fortifique. Este es el primer aspecto de este misterioso y sublime Sacramento que el alma ve y debe ver penetrando en Dios.

«En verdad fueron un gran amor y una suma bondad los que impulsaron a Cristo, Dios-Hombre, a proyectar e instituir en [la última Cena] en tal hora y en tal día un misterio tan nuevo, tan maravilloso, tan extraordinario, tan peculiar y tan perfecto, tan amoroso y tan precioso para consuelo de toda alma fiel, y para aliento y ayuda, durante esta vida terrenal, de toda la Iglesia militante.

«Entonces puede decirse misterio nuevo y antiguo: antiguo en su prefiguración, nuevo en relación a la realidad de tal Sacramento, que realiza en la criatura siempre nuevas transformaciones.

«Nosotros sabemos y por la fe vemos, de manera cierta e indubitable, que ese pan y ese vino benditos, por el infinito poder de Dios, a través de las palabras santísimas que Cristo ordenador y Dios encarnado pronunció, y el sacerdote repite y debe repetir, se vuelven substancialmente Cristo-Dios y Hombre, en la consagración de este misterio.

«El color y el sabor, la forma y la virtud, el modo y toda la calidad de ese pan y de ese vino permanecen, pero no en Cristo, sino que por el poder de Dios y en un modo que trasciende su misma naturaleza, permanecen en sí mismos, o sea que el color, el sabor, la forma y la calidad subsisten en sí mismos.

«A todas luces puede definirse extraordinaria esta novedad que la sabiduría de Dios, en su inmensa e infinita bondad y caridad, realiza en una criatura, sin contar muchas otras especiales y particulares novedades, que el sagrado cuerpo y la sangre del Señor Jesús obran en sus amigos y elegidos.

«Ellos [los ángeles y los santos] ven, experimentan y conocen que Cristo se goza de este misterio: es decir, muestra y manifiesta que tiene una singular complacencia por el bien y en el bien de sus devotos y fieles amigos. Por eso, todos los santos y los bienaventurados, cada uno en particular con Cristo, se gozan en este misterio, y exultan en un júbilo que siempre se renueva, y le rinden a su modo un honor siempre nuevo en esta incesante novedad... 

«Los santos y los bienaventurados, que reinan en la patria celestial, gozan también y pueden gozar considerando el bien y la utilidad que de este sacramento reciben todas las almas santas de la Iglesia militante. El altísimo beneficio, concedido a todos en este misterio, es causa de gozo y de felicidad no sólo para las almas devotas y santas de la Iglesia militante, sino también para todos los santos que reinan con Dios en la gloria» (Experiencia de Dios-Amor 193-196).