Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


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Doctrina sobre la Adoración Eucarística

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Santos con especial devoción eucarística

Tres Místicas del Siglo XX y sus milagros eucarísticos

Milagros eucarísticos

Oraciones y homilías

Santos con especial devoción eucarística

P. Hermann Cohen y la Eucaristía (y III)


En un sermón muestra el P. Cohen, fundador de la Adoración Nocturna, cómo la sagrada Eucaristía es la prenda más poderosa contra los rigores de la muerte.

«Tengo un talismán que abre las puertas todas de la divina misericordia. Conozco un río que nos dará paso para entrar en la tierra de promisión.

«Sé de una palmera que con su sombra nos cobijará y nos protegerá contra los ardores devoradores de esta expatriación terrestre; un manantial cuyas frescas aguas nos calmarán la sed en el desierto de esta vida; una estrella cuyos fulgores nos conducirán, como la nube de los israelitas, a través de los desiertos de nuestra existencia hasta el término del viaje; un rocío que el mismo Dios hace llover del cielo y que debe sostenernos por el largo camino que aún nos queda por recorrer.

«Sé de un árbol cuyo leño volverá dulces las aguas amargas que bebemos en esta tierra, y nos dará el goce anticipado de la celestial tierra de promisión; conozco una víctima inocente cuya ofrenda sube en olor de suavidad hacia el Dios de Abrahán...

«Y el talismán, el río, la palmera, la estrella, el celestial rocío, el holocausto de que hablo, ¡es la sagrada Eucaristía!

«¡¡La Eucaristía!! Reto a quienquiera, que me halle contra la muerte prenda más confortadora y tranquilizadora que la sagrada Eucaristía. ¡Por mí sé decir que no conozco ninguna! ¡Es una prenda que me basta y no quiero otra! El que ha dicho: “mi carne verdaderamente es comida, y el que de ella coma no morirá nunca”, dijo también: “el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Y estas palabras no han fallado...

«Palabras en las que me apoyo para desafiar a la muerte. O mors, ero mors tua, había dicho el profeta [Oh, muerte, yo seré tu muerte: Os 13,14]. ¡Oh muerte! ¿dónde está tu victoria? ¿Dónde está, pues, tu aguijón? [1Cor 15,55]. Ya no puedes nada contra mí. La Eucaristía me ha arrancado de tus manos. La Eucaristía me ha rescatado de tus garras. ¡Oh infierno! Morsus tuus ero, o inferne! [Os 13,14 Vulg.]».

Y poco antes de su muerte: 

«Quisiera comulgar a cada instante de la vida... No hay sino esto que sea bueno y tenga dulzura para el alma» (10-X-1870).