Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


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Milagros eucarísticos

Daroca / Santa Clara de Asís / Santarem / Regensbrug / Bolsena-Orvieto

La Eucaristía, milagro vivo (III), por Ángel María Rojas, S.J.


Daroca

La pintoresca ciudad de Daroca está situada a 83 kilómetros de Zaragoza. 

Rodeada de torres y murallas medievales, se abre al exterior mediante dos puertas de acceso tan bellas que hicieron exclamar al propio Rey Carlos III: «¿Dónde está la ciudad de estas puertas?» 

Sin embargo, el tesoro más preciado de Daroca consiste en unos Corporales…

En febrero de 1239 Jaime I el Conquistador se encontraba en Montpellier, tras haber dejado sus tropas al mando de don Berenguer Entenza. 

El día 23, los tercios de Teruel, Daroca y Calatayud se disponían a conquistar a los moros el castillo de Chio, en Luchente, a 16 kilómetros de Játiva. 

El capellán de la iglesia de San Cristóbal de Daroca, mosén Mateo Martínez, estaba celebrando la Misa en la que había consagrado seis Formas destinadas a los seis capitanes de dichos tercios: Don Jiménez Pérez, Don Fernando Sánchez, Don Pedro, Don Ramón, Don Guillermo, y Don Simone Carroz.

Un ataque por sorpresa de los moros le obligó a suspender la Misa, esconder rápidamente las Hostias en unos corporales y ocultarlas en un  pedregal del monte. 

Tres horas más tarde, rechazado el ataque sarraceno, los seis capitanes pidieron al sacerdote que les diera la Comunión en acción de gracias por la victoria. 

El Padre Mateo fue al lugar donde había escondido las Hostias y las encontró empapadas en Sangre y pegadas a los Corporales. 

Los Capitanes se admiraron y lo tomaron como señal de victoria en la batalla que preparaban. 

Hicieron que el sacerdote enarbolara el corporal manchado de Sangre, a modo de bandera. 

Dieron la batalla contra los Moros, y el castillo de Chio fue reconquistado. 

Atribuyeron el mérito de esta victoria a la Eucaristía. 

Entonces ocurrió el segundo prodigio.

Los seis Capitanes eran de diferentes regiones de España. Cada uno quería llevar los corporales a su ciudad. 

Al no ponerse de acuerdo, D. Ramón Berenguer decidió echar a suertes la posesión y custodia de este divino Misterio. 

La suerte cayó en Daroca por tres veces consecutivas. 

Sin embargo, los Capitanes de los tercios de Teruel y Calatayud no quedaron satisfechos, por lo que se acordó una solución de compromiso.

Colocaron los santos Corporales dentro de una arqueta de plata (que aún se conserva) y la cargaron sobre una mula, tomada en la conquista. El plan era dejar que la mula vagara como quisiera, hasta que la Providencia señalara el lugar elegido, que sería donde se detuviera la mula.  

Así se hizo la primera procesión del Corpus Christi, que duró dos semanas. 

El 24 de febrero la mula empezó a caminar. Iba seguida por sacerdotes con velas encendidas, y soldados. 

Pasó cerca de Valencia, Catarrosa, Manizes, Segorbe, Jerica y Teruel. Pero no entró en esas ciudades. 

La gente acudía en muchedumbre por todos los caminos, con deseo de ver aquel misterio inexplicable. Hubo muchas conversiones y abundantes curaciones de enfermos. 

La mula viajó durante 14 días sin tomar ningún alimento, recorriendo una distancia de más de 320 kilómetros, tal como narra Lanuza en su «Historia eclesiástica de Aragón». 

Cuando llegó a Daroca dobló las rodillas y cayó muerta a sus puertas, frente a la Iglesia de San Marcos (hoy Iglesia de la Trinidad). Como consecuencia, depositaron allí el Corporal. 

Ese día, 7 de marzo, la Divina Providencia obsequió a Daroca con la custodia de los Sagrados Corporales, que de este modo quedaron ya definitivamente vinculados a la historia de la ciudad.

Ese mismo día se celebraría posteriormente la fiesta de Santo Tomás de Aquino, gran defensor de la Eucaristía. En la época del milagro, 1239, Santo Tomas tenía 14 años. 

Precisamente Santo Tomás de Aquino fue el encargado de redactar el Oficio litúrgico de la Fiesta del Corpus, inspirada obra maestra de la literatura mística. Por ello la ciudad de Daroca eligió a Santo Tomás como su Santo Patrón. 

Daroca fue la primera población española (y quizás del mundo) en celebrar una fiesta pública en honor de la Eucaristía. 

Los detalles de este milagro eucarístico se encuentran en la llamada «Carta de Chiva», documento suscrito ante notario el 6 de julio de 1340. 

En 1261, dos síndicos de Daroca acudieron a Roma para informar al Papa Urbano IV sobre el Milagro Eucarístico. Fueron presentados por San Buenaventura y Santo Tomás de Aquino.

El Papa Urbano IV era contemporáneo de la Beata Juliana de Lieja, la religiosa a la que el Señor había pedido en 1208 que se instituyera una Fiesta en honor del Santísimo Sacramento. 

Parece que Urbano IV aceptó el Milagro Eucarístico de Daroca como una señal más del Señor de que El quería que esta Fiesta fuese instituida. De hecho él mismo la instituyó tres años después. 

En Daroca construyeron una hermosa Iglesia para alojar este regalo especial de Dios. Hoy es conocida como Iglesia de Santa María Colegiata. 

En 1385 hicieron un relicario majestuoso. 

En la pared, donde están los Sagrados Corporales, colocaron esculturas representando los hechos: la Batalla de Luchente, al Padre Mateo levantando el Corporal como un estandarte de batalla, el viaje de la mula, y la llegada a Daroca.

Muchos Monarcas y personajes notables fueron a Daroca a contemplar el milagro. 

- En primer lugar, el Rey Jaime 1 el Conquistador, quien hizo entrega a la ciudad de un estandarte de batalla. 

- En 1414 el apóstol valenciano San Vicente Ferrer adoró los Corporales y predicó las maravillas del día del Corpus. 

- Los Reyes Católicos visitaron varias veces la localidad, tal como consta en el Archivo Parroquial de Daroca. Como prueba de su devoción donaron el relicario interior de los Corporales, cuidadosamente labrado en oro traído de América con ese fin. También regalaron una magnífica tabla en la que aparece el Rey Fernando el Católico acompañado de su hijo don Juan a la edad de catorce años. 

- El Emperador Carlos V y su esposa doña Isabel de Portugal visitaron Daroca el 20 de enero de 1534. 

- Felipe II acudió a venerar los Santos Corporales en 1585.

Fray Luis de Granada, en 1559, se refirió a los Santos Corporales: «Para probar su verdad no son menester más testigos que los ojos de los que cada año lo ven. »

Los análisis de la Sangre del corporal determinan que es Sangre humana.  

Santa Clara de Asís

El emperador Federico II era tristemente célebre por su relación con la Iglesia: Fue excomulgado dos veces, una por el Papa Gregorio IX y otra por el Papa Inocencio IV. En 1234, su ejército devastaba el valle de Espoleto. Sus soldados sarracenos llegan a Asís y se preparan para escalar los muros de San Damiano por la noche. Allí vivían Santa Clara y las primeras seguidoras de su reciente Orden religiosa. 

Los sarracenos logran entrar en el mismo claustro del monasterio. Aterrorizadas, las religiosas acuden a su madre, Clara. Entre el pánico general, sólo ella conserva la sangre fría, aunque estaba enferma, en cama.

Clara, sin perder la serenidad, mandó que la llevasen el cofrecito donde se guardaba el santísimo Sacramento. Y, postrándose en tierra en oración, con lágrimas dijo estas palabras: «¿Te agrada, mi Señor, entregar indefensas en manos de paganos a tus siervas, a las que he criado en tu amor? Señor, te ruego que guardes a estas siervas tuyas a las que no puedo defender en este trance». En ese momento oyó una voz de maravillosa suavidad, que decía: "¡Yo os defenderé siempre!" 

Clara rogó también por la ciudad: «Mi Señor, protege también a esta ciudad que nos sustenta por tu amor». Y Jesús la dijo: «Soportará molestias, mas será defendida por mi poder». 

Clara se volvió a las hermanas y les dijo: "Hijitas, no temáis, porque yo os garantizo que no sufriréis mal alguno, ni ahora ni en el futuro, mientras obedezcáis los mandamientos de Dios. Basta que confiéis en Cristo". 

«Ésta, impávido el corazón, manda, pese a estar enferma, que la conduzcan a la puerta y la coloquen frente a los enemigos, llevando ante sí la cápsula de plata, encerrada en una caja de marfil, donde se guarda con suma devoción el Cuerpo del Santo de los Santos» (LCl 21). 

Al levantar en alto el Santísimo Sacramento, los soldados que ya estaban entrando cayeron de espaldas como deslumbrados. La audacia de aquellos fieros sarracenos se convirtió en pánico y se apresuraron en huir rápidamente por los mismos muros que habían escalado. Se marcharon sin causar mal ni daño alguno, ni al convento ni a la ciudad.

Debido a este hecho, se suele representar a Santa Clara llevando un recipiente con el Santísimo. (En aquella época aún no existía la custodia).

Desde el siglo XIII se la representa llevando una custodia en una actitud de humilde adoración. 

Siete años después, en 1241, un ejército mayor volvió para asaltar Asís. El general Vitale di Aversa amenazó destruir la ciudad. Taló los árboles del territorio, asoló los alrededores y se asentó para asediarla. Prometió que no se retiraría hasta que no la hubiese tomado.

Al saberlo Clara, convocando a las hermanas, les dice: «Queridísimas hijas, recibimos a diario muchos bienes de esta ciudad; sería gran ingratitud si, en el momento en que lo necesita, no la socorremos en la medida de nuestras fuerzas». Mandó que trajeran ceniza, se descubrió la cabeza y se puso gran cantidad sobre su cabeza, recientemente rapada, y a continuación la puso también sobre la cabeza de todas las hermanas.

Hecho esto, mandó que todas se arrodillaran en la capilla para hacer oración. 

En ese mismo momento se desencadenó una furiosa tormenta, que desparramó las tiendas de los soldados en todas las direcciones, y causó tal pánico que tuvieron que huir para salvarse. 

El general murió poco después y toda la comarca quedó en paz.

Santarém

Fecha del milagro 

Varios historiadores del siglo XV afirman haber leído el documento original, hoy desaparecido, en el cual se narra el milagro ocurrido el 16 de febrero de 1247 en Santarém, Portugal. 

Otros documentos datan el milagro el año 1266, la fecha registrada en la copia comisionada por el rey Alfonso IV en 1346. La disparidad de fechas puede muy bien deberse al hecho de que la  misma Hostia ha sido causa de innumerables milagros en diferentes años.

El primer milagro

Entre los años 1225 y 1247 vivía una mujer en Santarém que era muy infeliz, pues estaba convencida de que su esposo le era infiel. Utilizó todas las astucias que se le ocurrían para atraer a su esposo, pero sin ningún resultado. 

Desesperada ante su situación, visitó a una hechicera del pueblo, la cual le prometió que su esposo volvería a amarla como antes con la condición de que la pagara llevando una Hostia Consagrada.

Esto asustó mucho a la mujer, pues sabía que aquello era un grave sacrilegio, pero finalmente accedió. 

Al recibir la Comunión en su iglesia parroquial de San Esteban, no la consumió sino que salió de la iglesia inmediatamente, se sacó la Hostia de la boca y la puso en un nudo de su pañuelo de cabeza.

Por el camino a la casa de la hechicera, la sagrada Hostia comenzó a sangrar. La mujer no se dio cuenta de lo que ocurría hasta que se lo comunicaron otros transeúntes, pensando que era ella la que sangraba. El pánico estremeció el corazón de la mujer. Se fue a su casa y puso la Hostia, envuelta aún en el pañuelo, en el fondo de un baúl de cedro donde guardaba sus pertenencias.

Cuando su esposo llegó a la casa esa noche, se fueron a dormir.

En la total oscuridad de aquella habitación comenzaron a salir del baúl brillantes rayos, haciendo que la pareja se despertase. Vieron entonces una espectacular visión de ángeles adorando la Hostia sangrante. La mujer no pudo más y confesó el gran pecado a su esposo. Los dos pasaron el resto de la noche arrodillados en adoración y reparación ante la Hostia Milagrosa. 

Por la mañana informaron al sacerdote de la parroquia, el cual fue a la casa y devolvió la Hostia a la iglesia de San Esteban en solemne procesión. 

La Hostia continuó sangrando durante tres días. Finalmente el párroco se decidió a ponerla (aún sangrando) en un relicario de cera de abeja. Allí permaneció la Sagrada Hostia por mucho tiempo hasta que ocurrió un segundo milagro.

Segundo Milagro (¿1340?)

Una vez que el sacerdote abrió la puerta del tabernáculo, el envase de cera se había roto en muchos pedazos. En su lugar había un envase de cristal que contenía la Sangre de la Hostia mezclada con la cera. Ésta se puede aún contemplar junto al relicario mayor, que es de 1782. 

En la actualidad la Sagrada Hostia se mantiene en un trono Eucarístico del siglo XVIII, sobre el altar mayor. 

Los milagros continúan

A través de los siglos, la Hostia ha sangrado varias veces y en ella se han visto aparecer varias imágenes de Nuestro Señor. Entre los testigos está San Francisco Javier y un arzobispo de Lisboa quien llegó a romper el cuello de la ampolla de cristal en su afán de detener el flujo de Sangre. 

Se han hecho estudios e investigaciones. Las más importantes son las de 1340 y 1612, que probaron sin lugar a dudas la autenticidad y antigüedad del Milagro Eucarístico.

La Sangre sigue en estado líquido, 750 años después de ocurrir el milagro.

Muchos Papas han concedido Indulgencias Plenarias al Milagro Eucarístico de Santarém:

Pío IV: (1559- 1565) Concedió Indulgencias a los peregrinos que visiten la Iglesia.

San Pío V y Papa Pío VI: Confirmaron los privilegios a los peregrinos que visitan la Iglesia.

Gregorio XIV (1590-1591): Concedió Indulgencias Plenarias a todos los miembros de la hermandad del Santo Milagro en su día de entrada a la hermandad y en el día de su muerte.

Muchos Santos están de alguna manera vinculados con Santarém y el Santo Milagro:

San Francisco Javier: Visitó la Iglesia del Santo Milagro y dio testimonio de las gracias que recibió ente El, las cuales le ayudaron a descubrir su vocación de misionero antes de ser enviado a la India por el Rey de Portugal. 

Santa Isabel de Portugal: La Mayoría de lo Reyes de Portugal desde aquella época, han visitado el Milagro Eucarístico. Las más famosas visitas fueron las de la Reina Santa Isabel en 1295 y en 1322. Una de ellas fue para pedir ante el Milagro Eucarístico la paz entre su esposo, el Rey Dionisio, y su hijo, el futuro Alfonso VI, que estaban en guerra. Pidió que la Hostia Milagrosa fuese llevada en procesión por las calles. Ella misma acompañó la procesión, despojada de su corona y joyas. Se cubrió de cenizas, caminando descalza, con una soga alrededor de su cuello. Este acto penitencial de la Reina fue muy agradable al Señor, quien le concedió la paz y reconciliación entre su esposo y su hijo.

Regensburg

Este hecho ocurrió en Regensburg (actualmente Ratisbona, cerca de Munich). 

El 25 de marzo de 1255, Jueves Santo, un sacerdote llamado Dompfarrer Ulrico von Dornberg llevaba el Santísimo a los enfermos de su parroquia. Llegando a un arroyo llamado Bachgasse, resbaló en el puente, cayéndosele el copón que llevaba. A las Hostias se las llevó la corriente, y el sacerdote tuvo mucha dificultad para recogerlas, a causa del barro. 

Al conocer el suceso, los parroquianos decidieron construir una capilla en aquel lugar, en reparación al Santísimo, aunque el incidente no había sido intencionado. Ese mismo día comenzaron las obras, que terminaron tres días después. El Obispo de Regensburg la llamó Capilla de San Salvador y la consagró el 8 de septiembre de ese mismo año.

Dos años después, en esa misma Capilla, durante el Ofertorio de la Misa, un sacerdote tuvo dudas sobre la Presencia real de Jesús en la Eucaristía. 

Al instante, el crucifijo que estaba frente al altar cobró vida. Una de sus manos se desclavó de la cruz, se extendió hacia delante y quitó el cáliz de las manos del sacerdote. 

Asustado, se arrepintió sinceramente de su duda. Una fuerza extraña le hizo postrarse de rodillas en el suelo en señal de profundo arrepentimiento, al mismo tiempo que lloraba intensamente. Comprendió la gravedad de su pecado y que era necesaria su reconciliación con el Señor. 

Bajó la cabeza e interiormente hizo una sincera súplica de perdón. 

Permaneció así algunos minutos. Sólo entonces el cáliz volvió a él.

Al terminar la Misa, el sacerdote besó respetuosamente los pies del Cristo Crucificado y se marchó. No se le volvió a ver. Algunos dijeron que había entrado en el Monasterio de Ulms y que había perseverado allí hasta su muerte. 

Tras este prodigio mucha gente visitaba la iglesia, incluso viniendo desde muy lejos. La capilla de madera fue remplazada por una de piedra en 1260. Posteriormente fue llamada Kreuzkapelle o Capilla de la Cruz.

En 1917, durante la Primera Guerra Mundial, la Capilla fue destruida.

Todo esto consta en los archivos de la Archidiócesis de Munich.

Bolsena-Orvieto

Este milagro, que impresionó a toda Europa, sucedió en 1263, cuando se difundía por Europa la herejía de Berengario, que negaba la presencia real del Señor en la Eucaristía. 

Un sacerdote de Bohemia, llamado Pedro de Praga, tenía dudas sobre la presencia de Cristo en la Eucaristía. Como solución a sus sufrimientos interiores, decidió peregrinar a Roma y pedir ante la tumba de san Pedro fortaleza en la fe.

Puesto en camino, tuvo que hacer noche en la ciudad italiana de Bolsena, en la provincia de Viterbo. 

A la mañana siguiente, cuando con el corazón oprimido por sus dudas de fe celebró la Santa Misa en la iglesia de Santa Cristina, tuvo una clara respuesta de Dios, para que la realidad del misterio eucarístico le entrara por los ojos.

En el rito de la fracción del Pan brotó súbitamente Sangre de la Forma: un chorro como de una herida abierta, que cayó en el cáliz, lo llenó, lo desbordó, se derramó sobre los corporales. El sacerdote, perplejo, intentó contener con sus manos aquella Sangre, recogerla entre los pliegues de los corporales; pero la Sangre seguía brotando a borbotones; incontenible, llenaba sus manos y empapaba los manteles del altar... Pedro de Praga creyó volverse loco. 

Mientras la noticia corría como un reguero de pólvora por la pequeña ciudad y la gente acudía corriendo a ver el prodigio, el sacerdote, sin saber qué hacer, bajó las escalerillas del altar, casi como queriendo huir. En el cuenco de sus manos consagradas, que eran un cáliz de Carne, la Sangre brotada incontenible de la Sagrada Forma, goteando a los pies del altar, sobre las piedras del piso.

A unos 30 kilómetros, en Orvieto, estaba entonces la Corte Pontificia, y la noticia llegó muy pronto al Papa Urbano IV. 

El Papa encargó a San Buenaventura, que en aquel tiempo era Superior General de los Franciscanos, presidir una comisión de teólogos que estudiara el caso. Testificaron el sacerdote Pedro, los clérigos que estaban en la iglesia de Santa Cristina y los demás testigos del prodigio. La comisión confirmó la verdad de los hechos y Urbano IV ordenó al Obispo de Bolsena que le llevase a Orvieto los corporales y manteles del altar llenos de Sangre, casi fresca todavía. 

El Papa decidió establecer la Fiesta del Corpus Christi para toda la Iglesia. Lo hizo el 11 de agosto de 1264, con la Bula Transiturus. No es que ese milagro diera origen a esta Fiesta, que había sido pedida por el Señor a la beata Juliana de Mont‑Cornillon cincuenta y cinco años antes, cuando ésta tenía dieciséis años de edad, pero sí influyó mucho en el ánimo del Papa Urbano IV en orden a extender esta Festividad a toda la Iglesia.

El mismo Papa encargó a Sto. Tomás de Aquino la preparación de un Oficio litúrgico propio para esta Fiesta y la creación de cantos e himnos para celebrar a Cristo en la Eucaristía. Todavía cantamos algunos de ellos: "O Salutaris Hostia", "Pange lingua", etc.

Parte de los corporales y manteles de altar, empapados en Sangre, fueron trasladados a la catedral de Orvieto, donde se conservan.

Otra parte quedó en la iglesia de Santa Cristina, en Bolsena, donde se veneran también las manchas de Sangre en el suelo, debidamente protegidas. 

Actas notariales y sucesivos análisis han certificado siempre que se trata de verdadera Sangre humana.

Dos siglos y medio más tarde, el prodigio fue inmortalizado artísticamente por Rafael, en un fresco (La Misa de Bolsena) de la llamada Estancia de Heliodoro, en el Vaticano.