Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


Antecedentes de la Adoración Eucarística

Doctrina sobre la Adoración Eucarística

Documentos del Magisterio de la Iglesia

Santos con especial devoción eucarística

Tres Místicas del Siglo XX y sus milagros eucarísticos

Milagros eucarísticos

Oraciones y homilías

Milagros eucarísticos

Blanot / Bolonia / Alboraya / Macerata / Bruselas / Middleburg-Louvain / Boxtel-Hoogstraten / Bagno di Romagna / Guadalupe (Cáceres) / Zaragoza / Avignon / Ettiswyl / Frómista / San Lorenzo de Munt / Turín / Asti / Morrovalle

La Eucaristía, milagro vivo (V), por Ángel María Rojas, S.J.


Blanot

Blanot es un pueblecito francés del cantón de Liernais, que antes de la Revolución Francesa pertenecía a la Diócesis de Autun. 

Su Obispo, Pierre Bertrand, hizo una investigación canónica el mismo año en el que ocurre el milagro. Gracias a estos documentos contemporáneos poseemos una relación detallada de los hechos.

El día de Pascua de 1331, muy de mañana, Messer Hugues de Baulmes, Vicario de Blanot, celebró la Misa y distribuyó la comunión. Cuando la fue a recibir Jacquette, viuda de Renaud, un trocito de la Hostia consagrada cayó de la boca de esta mujer sobre un paño sostenido por dos acólitos.

Jacquette no se dio cuenta, pero uno de los acólitos, Tommaso Caillot, vio que la Partícula estaba a punto de caer y llamó al sacerdote que ya estaba guardando el copón en el altar: “Sire, Sire, vuelva aquí, porque el Cuerpo de Nuestro Señor ha caído de la boca de esta señora en el paño”.

El celebrante vino a recoger la Partícula caída en el paño pero, de repente, la Partícula, de un tamaño de una quinta parte de una Hostia normal, del tamaño de una moneda pequeña, desapareció y en su lugar se vio que del paño surgía una gota de sangre.

"Viendo esto, -relata el proceso canónico- el Vicario lavó el paño en la sacristía. Pero tras haberlo lavado y frotado, una, dos, tres, cuatro y cinco veces, cuanto más lo lavaba, la mancha de Sangre se hacía más roja y más grande. El Vicario, maravillado y llorando, pidió un cuchillo y Tommaso Caillot le dio el suyo. Entonces cortó sobre el altar la parte del paño que estaba roja y la colocó en un relicario después de haberla mostrado a la gente diciendo: “Buena gente, podéis creer que aquí está la preciosísima Sangre de nuestro Señor Jesucristo, porque yo he tratado de todas las maneras posibles de lavarla, pero no he logrado de ninguna forma separarla de este paño”.

El culto de la reliquia

Informado el Obispo de Autun, mandó a su Oficial, Jean Javroisier a examinar el hecho. Éste llegó a Blanot acompañado del Arcipreste de Lucenay, del señor d'Effours, Ugo Chapelot y del Notario real y apostólico, Stefano Angovrand. 

Comparecieron Jacquette Renaud, el sacerdote y todos los testigos, declarando que “clara, expresa, ocular y manifiestamente ellos han visto esta partícula de la Hostia transformarse en esta gota de sangre”.

El Oficial, tras haber examinado la parte ensangrentada del paño y haber escuchado los testimonios, declaró que había que creer en el milagro. El Obispo lo aprobó. 

Al año siguiente, el Papa Juan XXII concedió indulgencias a todos los que hicieran celebrar Misas en la iglesia de Blanot o bien ofrecieran ornamentos sagrados o acompañaran a la Eucaristía en procesión. 

La reliquia se colocó en una urna de cristal. 

En el siglo XVIII el Obispo de Autun, Mons. Montazet, examinó el paño y vio que el tejido aún estaba rojo y perfectamente conservado, a pesar de la humedad de la iglesia.

Durante cuatro siglos, acudían a Blanot procesiones de los alrededores. Los párrocos las suspendieron hacia 1740, porque la gente se dedicaba después a diversiones de mal gusto.

Durante la Revolución Francesa, el sagrario fue destrozado y la iglesia asaltada y robada. Querían romper el relicario, pero un habitante de Blanot lo impidió y dos buenos cristianos, Dominique Cortel y su hermana Lazarette, se llevaron la reliquia a su casa. Los domingos y fiestas los fieles acudían para orar ante este tesoro. Pasada la tormenta revolucionaria, volvió a la iglesia.

Hoy se sigue venerando el paño con la sangre. A pesar de los siglos no se ha convertido en polvo y las manchas de sangre se siguen viendo claramente. 

Anualmente se le rinde especial veneración el día del Corpus.

Bolonia

Esto ocurrió en 1333, en la ciudad italiana de Bolonia, porque una niña de once años tenía un amor muy grande a Jesús en la Eucaristía.

La esposa del Conde Eagno Lambertini sufría por su esterilidad. Pidió insistentemente a la Virgen, con el rezo del Rosario, poder tener hijos.

En 1322 tuvo una hija, Imelda, que fue una niña muy piadosa.

A los nueve años pensó que tenía vocación consagrada.

Sin atender a las múltiples razones de familiares, entró decidida en el Monasterio de las Dominicas de Val-di-Pietra.

Desde pequeña amaba muchísimo a la Eucaristía. No entendía cómo la gente no moría de amor al recibir la Comunión. 

Su mayor deseo era comulgar, pero no tenía todavía doce años, que era la edad requerida entonces para hacer la Primera Comunión.

El  Señor le quiso hacer un regalo: En la Fiesta de la Ascensión, el 12 de mayo de 1333, al acabar la Misa, Imelda se quedó orando, desconsolada por no haber podido comulgar. En un momento dado, el coro se iluminó y se llenó de un perfume suavísimo que, esparciéndose por el convento, atrajo otra vez a la Comunidad. Vieron aparecer frente a Imelda una Hostia suspendida en el aire. 

Comprendieron que el Señor quería darse en Comunión a la niña. Llamaron a un sacerdote y se la administró. Ésta juntó las manos, cerró los ojos y se concentró en oración. 

Como ésta se prolongaba mucho, las monjas se acercaron y comprobaron que la niña, que seguía arrodillada ante el altar, había muerto en éxtasis.

Murió de amor al recibir su Primera Comunión. 

Comenzó una gran devoción a Imelda. Su cuerpo incorrupto descansa en la iglesia de San Segismundo, cerca de la Universidad de Bolonia. El Papa S. Pío X la nombró Protectora de los que hacen la Primera Comunión.

Alboraya

En una noche de verano de 1348, el párroco de Alboraya, (pequeño lugar cercano a Valencia) llevaba el Viático a un moribundo, llamado Masamardá, que vivía en una alquería al otro lado del barranco de Carraixet. 

Como era un sacerdote muy fervoroso, no se arredró ante la tormenta que amenazaba.

Cuando regresaba, descargó una fuerte tormenta. El sacerdote agarró el Copón fuertemente junto a su pecho. 

La tormenta arreciaba y el camino estaba oscuro y embarrado. Al llegar al barranco de Carraixet, el agua, que estaba muy subida, hizo perder el equilibrio a la mula que montaba, y cayó el Copón al torrente.

Aunque se lanzó valientemente al agua para rescatar las tres Hostias que llevaba, fue inútilmente: Las aguas se tragaron el Copón.

Fue al pueblo para avisar y se presentaron muchos hombres, trabajando toda la noche para ayudar al rescate. Sólo encontraron el Copón, pero vacío. ¡Se habían perdido las tres Hostias que contenía!  

Los vecinos de Alboraya, sin desanimarse, redoblaron sus esfuerzos. Llegaron hasta su desembocadura en el mar, y allí vieron con asombro tres grandes peces que, con las cabezas levantadas, mostraban en sus bocas las Formas que tan afanosamente venían buscando.

Mientras unos caían de rodillas, otros corrieron a llamar al párroco. 

Los tres peces siguieron inmóviles en medio de la corriente hasta que el sacerdote, revestido de ornamentos sagrados, se acercó a la ribera. 

Mientras todos cantaban al Señor, los tres peces, uno tras otro, fueron depositando las tres Formas en un hermoso cáliz que doña Teresa Gil de Vidaurre, tercera esposa del rey D. Jaime el conquistador, había regalado a la iglesia de Alboraya.

Organizaron espontáneamente una procesión para trasladar el Santísimo hasta la iglesia del pueblo. 

El párroco celebró a continuación una solemne Misa, en la que consumió las Formas.

Al terminarla, dio cuenta del milagroso suceso a D. Hugo de Fenollet, Obispo de Valencia, quien mandó formar el correspondiente informe ante Notario eclesiástico, que confirmaron más tarde Escolano, Ballester y otros cronistas que se inspiraron en el proceso original instruido en el año 1349.  

El Copón del milagro se conserva todavía como perpetuo recuerdo del milagro. En él se han grabado las siguientes palabras: "¿Quién negará de este Pan el Misterio, cuando un mudo pez nos predica la fe?"

Macerata

La ciudad italiana de Macerata se llama la "Ciudad del Santísimo Sacramento" porque allí ocurrió un Milagro Eucarístico y porque fue una de las primeras ciudades del mundo en organizar la "Confraternidad en honor al Santísimo Sacramento.”

En el siglo XIV se discutía si la presencia del Señor permanecía igual en la Hostia consagrada a partir del momento en que el sacerdote la parte y pone una pequeña parte en el cáliz, con el Vino consagrado. Este milagro es la respuesta. 

En la mañana del 25 de abril de 1356, se celebraba Misa en la Iglesia de las monjas Benedictinas. En la consagración, el sacerdote dudó de la presencia real de Jesús en la Eucaristía y de su permanencia en las partes de la Hostia partida. 

En el momento que partía la Hostia consagrada, comenzó a brotar y derramarse Sangre fresca de los bordes de la Hostia. El sacerdote comenzó a temblar de tal modo que la Sangre del Señor cayó fuera del Cáliz, manchando el corporal.

Al concluir la Misa se apresuró a informar de lo sucedido al Obispo, Nicolo di St. Martino, el cual ordenó que se llevara a la catedral el corporal manchado de Sangre y que se investigara lo acontecido. 

La Comisión canónica estudió el hecho y lo declaró auténtico. 

Colocaron el Corporal Milagroso en la Catedral. 

El primer domingo después de Pentecostés se llevaba en procesión, a la que asistían personas de las ciudades vecinas.

La exposición del Corporal y las procesiones continuaron a través de los años, hasta 1807, en que Napoleón suprimió las confraternidades y prohibió las procesiones tradicionales. Entonces escondieron el santo Corporal en un armario detrás de un altar en la catedral. 

Pasada la persecución francesa, los Corporales fueron nuevamente expuestos para la veneración en 1932, en un relicario de cristal en la capilla del Santísimo Sacramento.

Durante la Segunda Guerra Mundial el Corporal fue nuevamente escondido. Terminada ésta, fue devuelto nuevamente a la Catedral de Macerata, donde se conserva.

En la Fiesta de Corpus se expone junto al altar principal. 

Las manchas de sangre que tienen más de 600 años pueden todavía distinguirse, aunque últimamente se han descolorido un poco.

Bruselas

Un banquero judío que vivía en Enghien, consiguió por medio de otro judío un copón robado en una iglesia de Bruselas, con varias Hostias consagradas. Las profanó, con sus amigos. Dos semanas después fue asesinado.

Su viuda entregó las sagradas Hostias a los judíos de Bruselas. 

Ocho de ellos se reunieron el Viernes Santo, 4 de abril de 1370, pusieron las Hostias en una mesa y las clavaron con cuchillos. Vieron atónitos cómo de ellas comenzaba a salir Sangre. Para deshacerse de ellas, se las dieron a una mujer que las entregó al Párroco de Nuestra Señora de la Chapelle.

Se abrió un proceso y los judíos confesaron la verdad de los hechos.

Tres de estas Hostias se conservan en Bruselas, en la Colegiata de Santa Gúdula.

Middleburg - Louvain

En 1374, un joven belga fue a comulgar con un pecado grave. Cuando puso el sacerdote la Hostia en su lengua, se convirtió en Carne,  y no pudo tragarla. La sangre caía de sus labios y manchó el paño colocado en el comulgatorio. El sacerdote retiró la Forma y la colocó en un recipiente sobre el altar.

La noticia del hecho corrió por toda Bélgica y la Hostia milagrosa fue lleva a Colonia y colocada en un Ostensorio. 

En 1803, llevaron un trozo del mantel manchado de sangre a Lovaina, así como una parte de la Hostia. Se puede distinguir perfectamente que es carne. 

Los documentos sobre las reliquias están en el archivo de la iglesia de Santiago.

Boxtel - Hoogstraten

Este milagro ocurrió en la iglesia de San Pedro de la ciudad holandesa de Boxtel, poco antes del año 1379. 

Durante la Consagración de la Misa, el Padre Van de Aker perdió el equilibrio y vertió el contenido del cáliz sobre el corporal y el mantel del altar. Por razones desconocidas había usado vino blanco para la Misa, pero lo que estaba sobre el corporal y los manteles del altar era sangre roja. 

Acabada la Misa, el sacerdote trató de lavar el corporal y el mantel del altar. Tras muchos intentos, no lo consiguió. Entonces puso el mantel en una pequeña caja y lo escondió.

Poco después, ya en su lecho de muerte, en 1379, confesó a su Párroco el hecho y le indicó dónde había escondido los corporales y el mantel, todavía manchado de rojo por la sangre que se había derramado sobre ellos. 

En 1380, el Cardenal Pileo decretó que fuera expuesta la precisa reliquia de la Sangre el 25 de junio de cada año.

En 1652, el corporal y el mantel del altar fueron llevados a Hoogstraten, en la frontera belga. 

En 1924, el corporal fue devuelto a Boxtel, pero el mantel permanece en Hoogstraten. Todavía hoy se hace la procesión del milagro en Boxtel en la Fiesta de la Sma. Trinidad. El pueblo nunca vaciló en su devoción por su Señor en la Eucaristía.

Bagno di Romagna

En 1412 Don Lazzaro tuvo una duda sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristía mientras celebraba Misa.

Tras consagrar el vino pudo ver que en el cáliz bullía Sangre viva, que se expandía y salía fuera, hasta empapar los corporales. 

Hoy Don Lázaro tiene el título de Venerable, a causa de su piadosa vida a partir de ese milagro. 

En 1912, con ocasión del 500º aniversario del milagro, hubo una gran celebración. 

En 1958 una investigación confirmó que los corporales contienen sangre humana.

Guadalupe (Cáceres)

El protagonista de este prodigio es el Venerable Padre Cabañuelas, que fue uno de los que ilustraron con su virtud la incipiente vida religiosa en el monasterio guadalupense en los primeros tiempos de su ocupación por la Orden de San Jerónimo, en 1389.

Fue uno de los discípulos del Venerable Fray Fernando Yáñez de Figueroa, primer Prior del monasterio, que brillaron por su santidad. Quedaron inmortalizados por el pincel en los once lienzos de Zurbarán, que decoran la sacristía del Santuario de Guadalupe.

El Padre Cabañuelas entró religioso siendo muy joven. Siempre se distinguió por su devoción a la Sagrada Eucaristía, en cuya contemplación y meditación empleaba gran parte de las horas del día y de la noche. 

Quiso el Señor aquilatar su fe eucarística, permitiendo al demonio que perturbara su imaginación con grandes dudas sobre la presencia real de Cristo en el Sacramento del Altar, que le producían tremenda angustia mientras celebraba el Santo Sacrificio. 

El suceso que disipó todas sus dudas para el resto de su vida se sitúa hacia 1420, cuando él tenía 50 años de edad

Él mismo nos lo refiere, en tercera persona, en una relación de su puño y letra:

"A un fraile de esta Casa, le sucedió que un sábado, celebrando la Santa Misa, después que consagró el Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, vio una cosa como nube que cubrió el ara y el cáliz, de manera que no veía otra cosa sino un poco de la cruz que estaba detrás del ara: lo cual le inculcó gran temor y rogó al Señor con muchas lágrimas, que le tuviera piedad y le manifestara qué cosa era eso y que lo librase de tan gran peligro. Estando muy atribulado y espantado, poco a poco se fue quitando aquella nube, y cuando se quitó no halló la Hostia consagrada y vio la hijuela que estaba sobre el cáliz, quitada, y al ver el cáliz lo vio vacío. Al ver esto, comenzó a llorar fuertemente, demandando misericordia a Dios y encomendándose devotamente a la Virgen María.

Estando así afligido, vio venir la Hostia consagrada puesta en una patena muy resplandeciente, y se colocó en la boca del cáliz. Entonces comenzaron a salir de ella gotas de sangre que caían en tanta cantidad en el cáliz que se llenó como antes estaba. Una vez que el cáliz se llenó puso la hijuela encima del cáliz y la Hostia sobre el ara como antes estaba. El fraile que aún estaba espantado y llorando, oyó una voz que le dijo: Acaba tu oficio, y ten en secreto lo que viste."

El hecho fue pronto conocido y divulgado por toda la nación, y hasta los mismos reyes de Castilla, don Juan II y su esposa doña María de Aragón, con el príncipe don Enrique (futuro Enrique IV) acudieron a Guadalupe para conocer y tratar al siervo de Dios, elegido ya Prior del monasterio, quedando tan prendados de su virtud, que la reina le eligió por su consejero espiritual, y mandó en su testamento que, cuando trajeran sus restos al Santuario, colocaran a su lado los del Padre Cabañuelas, como en efecto se hizo.

El Padre Cabañuelas murió el 20 de marzo de 1441 en olor de santidad. 

Tenemos un precioso testimonio de la Misa milagrosa: los corporales y la hijuela, con unas gotas de Sangre.

Tras ser reconocidos ante el Notario apostólico en el siglo XVII, fueron declarados auténticos, y hoy son la reliquia más preciada del monasterio de Guadalupe.

En 1926, con ocasión del Congreso Eucarístico de Toledo, fueron expuestos a la veneración de los fieles.

Zurbarán representó en el lienzo este milagro en uno de sus mejores cuadros, por la belleza de su composición, expresión de los rostros, luminosidad y colorido

Zaragoza

En 1427, una mujer, cansada de aguantar el mal carácter de su marido, se fue a visitar a un moro brujo, para que éste hiciera algún brebaje para cambiar la forma de ser de su esposo. El moro dijo que podía hacerlo, pero necesitaba una Hostia consagrada. La mujer fue a la iglesia de San Miguel donde, tras comulgar, puso la Forma en una cajita que llevaba preparada. 

Al abrir la caja en casa del moro, en vez de la Hostia, encontraron un Niño lleno de resplandor. El moro pidió que lo tirase al fuego, y así lo hizo ella. La cajita se quemó en un momento, pero el Niño se conservó intacto, sonriente. 

La mujer quería acabar con Él, y fue precisamente el moro el que aconsejó a la mujer que fuera a la Seo para comunicarlo a los sacerdotes. 

El Arzobispo, Don Alonso Arbuello, nombró una comisión que estudiara el hecho. El dictamen fue positivo. 

Se organizó una procesión para llevar la Hostia a la iglesia. Asistió toda la ciudad. El mismo Arzobispo, bajo palio, llevaba la Forma en una patena. Todos siguieron viendo al Niño. Aquella tarde quedó expuesta la Hostia en el altar, continuando el prodigio. 

Al día siguiente, domingo, el Prelado celebró Misa en ese altar y, al llegar al ofertorio, desapareció el Niño de la vista de todos, quedando sólo la Hostia normal, que el Arzobispo sumió en la Comunión.

Los documentos que acreditan este hecho se conservan en el Archivo del Cabildo Metropolitano, y su recuerdo se perpetúa en las pinturas que decoran la capilla de Santo Domingo del Val.

Avignon

Para poder entender el significado del milagro eucarístico de Avignon (Francia), ocurrido en 1433, tenemos que remontarnos al año 1226. 

La herejía Albigense se propagaba por todo el sur de Francia. Rechazaban todos los sacramentos, especialmente el matrimonio y la Eucaristía. Aunque fue condenada por la Iglesia desde el siglo XI, sólo fue puesta en práctica esta condena cuando los albigenses empezaron a atacar seriamente otras ciudades desde sus fortalezas.

En 1226 los albigenses llegaron a ser muy poderosos, especialmente en el Sur de Francia, donde se encuentra Avignon. 

Para rebatir sus ataques contra la Presencia de Jesús en la Eucaristía, el Rey Luis VIII, padre de San Luis, construyó una iglesia cerca del río Sorgue en honor del Santísimo Sacramento. Además, el 14 de septiembre de 1226, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, hizo un acto público de reparación por los sacrilegios cometidos por los albigenses. Se hizo una procesión con el Santísimo Sacramento por toda la ciudad, terminando en la nueva iglesia de la Santa Cruz. El Rey iba en la procesión de penitente, vestido de saco, con una soga ceñida a su cintura y una vela en su mano. A su lado estaba el Cardenal Legate, toda su corte y muchos fieles. El Santísimo permaneció expuesto varios días, hasta que el Obispo decidió que el Santísimo debería quedarse perpetuamente expuesto. 

Esta costumbre fue continuada por sus sucesores y aprobada por el Santo Padre. 

La Iglesia fue custodiada por los Penitentes Grises, de la Orden Franciscana 

A los 217 años de adoración perpetua ocurrió el milagro que nos ocupa.

A fines de noviembre de 1433 hubo una gran inundación del río Sorgue, que pasa por la ciudad de Avignon. Fue una de las peores conocidas. 

En las noches del 29 y el 30 de noviembre, el nivel del agua subió a gran altura. 

Los Penitentes Grises de la Orden Franciscana pensaron que la pequeña iglesia de la Santa Cruz se habría inundado y decidieron ir para salvar la Eucaristía y traerla a tierra seca. 

Dos de los superiores se subieron en un bote y remaron hasta la iglesia. 

Cuando llegaron, descubrieron que el agua había subido hasta la mitad de la altura de la puerta de la entrada. 

Sin embargo, cuando abrieron la puerta encontraron que el agua de dentro de la iglesia se había acumulado en los laterales, formando dos paredes de agua, a derecha e izquierda del pasillo, a algo más de un metro de altura, de forma que el pasillo central, desde la puerta hasta el altar, estaba completamente seco. 

Nuestro Señor, en la Hostia Consagrada en la custodia, permanecía completamente seco sobre el altar.

Los Penitentes Grises recordaron cómo el Mar Rojo se abrió al entrar en él los israelitas y más tarde el río Jordán, al pasar por él el arca de la Alianza. 

Buscaron a otros dos Frailes para que verificaran el milagro. 

Los cuatro oraron juntos y llevaron la custodia con el Santísimo a una Iglesia Franciscana en tierra seca. 

Una vez colocada la custodia en el altar, leyeron del libro del Éxodo, donde se narra la división del Mar Rojo (Ex 14,21): Moisés tendió su mano sobre el mar y Dios hizo soplar toda la noche un fortísimo viento solano, que secó el mar, y se dividieron las aguas. Los hijos de Israel entraron en medio del mar, sin mojarse los pies, mientras las aguas formaban una muralla a derecha e izquierda. 

Los Franciscanos escribieron el testimonio en los registros de su comunidad, donde se conservan hasta hoy día.

Entonces comenzó una tradición que todavía hoy sigue en práctica. El 30 de noviembre de cada año, en la capilla de la iglesia de Avignon, los Penitentes Grises se ponen una soga alrededor del cuello, y arrastrándose de rodillas, repiten el episodio, recordando los pasos que siguieron sus antepasados, por el mismo camino que siguieron la noche del milagro.

Hoy los frailes le siguen dando gracias a Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento por haberles dado una señal tan clara de su Presencia real en la Eucaristía. 

Los Peregrinos siguen visitando la pequeña iglesia a la orilla del río, para venerar y dar gracias al Señor por este regalo.

Ettiswyl

El párroco de Ettiswyl, cantón de Lucerna (Suiza), un día de fuertes lluvias llevó el Santo Viático a un enfermo que moraba en el campo. Llegó a un sitio en que el camino estaba convertido en un verdadero pantano, donde tropezó y cayó. En su caída se abrió el portaviático, y la Santa Hostia desapareció entre el barro, sin que pudiese encontrarla. En este trance, exclamó entre sollozos: “¡Señor, tened piedad de mí!  No me levantaré de este lugar hasta que me mostréis donde se encuentra el Santísimo Sacramento...”

En ese momento, del fango brota una plantita terminada en un botón. Ante la sorpresa del sacerdote, crecen planta y botón rápidamente; el botón se abre y se transforma en una hermosa flor de bellos colores y suave perfume, dentro de la cual apareció, brillante e inmaculada, la Sagrada Forma que se había caído, y que, sin duda, habían recogido los ángeles para honrar al que en las Escrituras es llamado "Flor de los campos y Lirio de los valles".

Con alegría recogió el Sacramento tan milagrosamente conservado y siguió su camino hacia la morada del moribundo.

Frómista

En 1452 se incendió el hospital de San Martín de Frómista (Palencia). 

Su mayordomo, Pedro Fernández, pidió dinero prestado para reconstruirlo a un judío de los muchos que poblaban la villa, llamado Matutiel Salomón. 

Al vencer el plazo no pudo pagar el préstamo y el judío le denunció a la justicia eclesiástica, que excomulgó al mayordomo. 

Más tarde, éste obtuvo dinero y pagó al judío, pero no se confesó. 

El mayordomo cayó gravemente enfermo y pidió confesarse con el cura de San Martín, Fernández Pérez de la Monja. 

Después de confesarse pidió comulgar. Cuando el sacerdote le fue a administrar la Comunión, comprobó con asombro que la sagrada Forma estaba fuertemente adherida a la patena y no podía despegarla. 

El sacerdote pidió quedarse a solas con el enfermo y le preguntó si había dejado de confesar algún pecado. 

El mayordomo se acordó entonces de lo que había sucedido con el judío y así se lo explicó al confesor, quien le absolvió y le dio otra Forma para comulgar, porque la del Milagro se quedó allí para ejemplo. 

La patena con la Hostia del milagro fue llevada a la iglesia, donde se conservó incorrupta hasta 1573.

En la casa del mayordomo un mojón lo recuerda todavía. Por eso a esta localidad se la conoce con el sobrenombre de "La Villa del Milagro".

San Lorenzo de Munt

El 7 de mayo de un año de mediados del siglo XV, el sacristán del Monasterio Benedictino de San Lorenzo de Munt (Barcelona) preparaba por la noche los ornamentos para la Misa del día siguiente. Sin darse cuenta, dejó una vela encendida dentro del armario. 

Cuando fueron los monjes a la iglesia por la mañana, encontraron el armario totalmente quemado. La cruz de bronce y los cálices de plata que había en él habían quedado fundidos por el fuego. 

Removiendo las cenizas, encontraron la caja de plata en la que conservaban tres Hostias consagradas. Tras enfriarla con agua, lograron abrirla, encontrando totalmente quemados los corporales. Sin embargo, las tres Formas estaban intactas. 

Se construyó una capilla, en la que conservaban las Hostias en una urna de cristal. 

El Papa, enterado del caso por el Rey Alfonso V de Aragón, escribió al Arzobispo de Tarragona y al Abad del Monasterio, invitándoles a propagar el hecho, para que “los devotos se confirmen en su devoción, y los que no lo son, sean excitados sinceramente a la devoción y a la firmeza de la fe”. 

Turín

A mediados del siglo XV varios países europeos estaban en guerra. 

El año 1453, Mohammed II aprovechó uno de estos conflictos, y conquistó Constantinopla, asesinando atrozmente a cientos de miles de cristianos. Su plan era continuar su conquista por toda Europa.

Los italianos estaban tan envueltos en la guerra de Milán, que no prestaron atención a las intenciones de Mohammed.

Francesco Sforza, Duque de Milán, tenía como único aliado en Italia a Florencia, pero no era suficiente y pidió ayuda a otras potencias extranjeras. El Duque de Anjou y Lorraine, que quería poseer el Reino de Nápoles y Sicilia, consintió ayudarle a cambio de este Reino.

El ejército de Anjou y Lorraine marchó hacia Milán en defensa de Sforza. Tenía que pasar por Piamonte, que estaba gobernado por los enemigos de Milán. Por tanto cuando el ejército se acercó a Piamonte, tuvieron que luchar. Tras una batalla sangrienta, las tropas de Anjou se retiraron. Esto sucedió en las afueras de Exiles, donde ocurrió nuestro milagro.

Al acercarse ambos ejércitos, los habitantes de esa zona huyeron.

Los soldados de Piamonte saquearon las casas e Iglesias de la ciudad. 

Un soldado entró en la Iglesia de Exiles, forzó la puerta del sagrario y robó la custodia, junto con la Hostia Consagrada que estaba en ella. Lo echó en su saco, y lo puso sobre su burro.

El animal se caía continuamente. Por ello, el soldado quiso deshacerse de lo que había robado, y vendió el saco y su contenido al primer mercader que cruzó su camino, que iba camino de Turín.

Éste entró en la ciudad el 6 de junio con el burro cargando el saco. Frente a la Iglesia de San Silvestre el burro tropezó y cayó. Su dueño trató de levantarlo, pero el animal se negó a moverse. El dueño empezó a pegarle y se juntó una muchedumbre. Cuanto más aumentaba la muchedumbre, más frustrado se sentía el mercader y golpeaba al burro más fuerte. El burro se movía de un lado a otro tratando de escapar a los latigazos de su amo. En esos movimientos, el saco resbaló y cayó al suelo, esparciéndose por la calle todo su contenido.

Todos los ojos de los espectadores se fijaron en la custodia: La Hostia que estaba en ella brillaba tanto que tenían que apartar los ojos a causa del resplandor. 

La Custodia se elevó en el aire unos cuatro metros, y así quedó. La muchedumbre estaba muy impresionada. 

Uno de los testigos, don Bartolomeo Coccono, corrió para dar la noticia al Obispo Lodovico dei Marchesi di Romagnano. 

El Obispo acudió inmediatamente. Cuando llegó, la custodia se abrió y cayó al suelo, quedando la Hostia suspendida en el aire y rodeada por una aureola deslumbradora. 

Todos se postraron en adoración y el Obispo oró con las mismas palabras de los discípulos de Emaús: “Quédate con nosotros”. 

El Obispo alzó un cáliz y la Hostia comenzó a descender lentamente, depositándose en él.

Todos siguieron al Obispo en procesión hasta la Catedral, donde bendijo al pueblo, agradeciendo a Dios este prodigio eucarístico, que mereció para Turín el título de “Ciudad del Santísimo Sacramento”.

Inmediatamente comenzó la veneración de este Milagro Eucarístico. 

Todo Turín se conmovió ante este Milagro. Pusieron una señal donde ocurrió el milagro, que se convirtió en un lugar de peregrinación tan visitado que los peregrinos no cabían en esa pequeña área. 

En el lugar donde cayó el burro en 1453 se erigió un sagrario de mármol.

En el año 1584, llegó de la Santa Sede la orden de que el Milagro Eucarístico debía de ser consumido. La razón dada por el Vaticano fue para no obligar a Dios a mantener este Milagro Eucarístico sin corromperse por siempre.

La Hostia Sagrada fue entonces consumida, tras estar perfectamente conservada durante 131 años. 

En 1598, una plaga amenazó, durante otra sangrienta guerra entre Piamonte y Francia. 

Los turineses hicieron una promesa al Señor: si libraba a la ciudad de esa enfermedad mortal, le construirían una iglesia nueva en honor del Santísimo Sacramento. El Señor escuchó las oraciones y la plaga terminó.

Se construyó una nueva iglesia. A la derecha del altar hay una zona cercada por una barandilla que corresponde al lugar donde cayó el burro. Hay una placa con una inscripción en latín. San Juan Bosco la tradujo así:

Aquí, el 6 de junio, de 1453, cayó el burro que llevaba el Cuerpo del Señor.

Aquí la Sagrada Hostia, libre de sus ataduras, se elevó en el aire.

Aquí descendió suavemente a las manos suplicantes de los Turinenses.

Aquí, por lo tanto, recuerden el milagro, arrodíllense en el suelo, veneren y miren con temor un lugar sagrado. 

En los diferentes Centenarios de la Fiesta han tenido lugar procesiones solemnes y diversas celebraciones. 

En 1853, San Juan Bosco escribió acerca de la fiesta y de los grandes preparativos que se hacían. 

A estas fiestas asistieron la Reina Adelaida, esposa de Vittorio Emmanuele II, y la Reina María Teresa, viuda de Carlos Alberto. 

Muchos Papas han reconocido el Milagro de Turín: Pío II, Gregorio XVI, Clemente XIII, Benedicto XIV, San Pío X, Pío XI y Juan Pablo II.

Asti

En la mañana del 25 de julio de 1535, durante la Misa que se celebraba en la iglesia de San Segundo (Asti, Italia), en el momento de la fracción del Pan, de las dos partes de la Hostia consagrada salieron gotas de Sangre, que cayeron sobre el cáliz y sobre la patena, empapando también los dedos del celebrante. 

A diferencia de otros casos similares, tras algunos minutos todo desapareció y hoy no tenemos ningún signo visible del prodigio. 

Morrovalle

El milagro eucarístico de Morrovalle consiste en la perfecta conservación de una Hostia consagrada, aunque la iglesia donde se conservaba ardió.