Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


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Milagros eucarísticos

Alcalá de Henares / El Escorial / Faverney / Huesca / Siena / Pezilla-la-Riviere / Burdeos / San Juan Bosco / Isla de Reunión-Océano Índico / Manzanede / Tumaco / Bui-Chu / Betania / Recientemente en Estados Unidos

La Eucaristía, milagro vivo (VI), por Ángel María Rojas, S.J.


Alcalá de Henares

En el mes de mayo del año 1597 llegó un forastero a la iglesia de los jesuitas, hoy de Santa María. Le atendió el Padre Juan Juárez, al cual le comunicó que había robado en una iglesia sus vasos sagrados con las sagradas Hostias. Arrepentido, le entregó las veinticuatro Formas envueltas en un paño.

El Padre Juárez informó de este hecho a su Superior, P. Gabriel Vázquez, el cual, por conocer que por este método habían sido envenenados otros sacerdotes en Segovia, Murcia y otros lugares, decidió no consumir esas Hostias, sino guardarlas. Las pusieron en una cajita de plata con la siguiente nota; "Léase esta nota y hágase lo que se dice. Una vez descompuestas háganse desaparecer en el fuego o en el agua".

Pasados once años, las sagradas Hostias permanecían frescas, por lo que, en 1608, el Provincial de los jesuitas, P. Luis de Palma, ordenó que fueran colocadas junto a otras veinticuatro formas sin consagrar en un subterráneo húmedo con el fin de acelerar su descomposición. 

Transcurridos unos meses, se comprobó que estas últimas se habían estropeado mientras que las otras se mantenían en buen estado.

Seis años después el P. La Palma hizo que fueran examinadas por el Doctor García Carrero, Catedrático y Médico de Su Majestad, el cual, tras un pormenorizado estudio, declaró que aquel fenómeno no se debía a causas naturales. La Universidad de Alcalá admitió las pruebas aportadas por el Doctor. 

El 16 de julio de 1619 el Rector, Francisco Robledillo, se dirigió al Vicario general de Alcalá de Henares, Cámara y Murga, para solicitarle que declarase público el milagro, lo que se realizó en pública procesión por las calles de Alcalá. 

Cuando Carlos III expulsó de España a los jesuitas, las sagradas Formas fueron llevadas a la iglesia Magistral.

En 1936 las turbas incendiaron dicha iglesia, entre otras. Previamente tres sacerdotes habían ocultado la Custodia en que se conservaban las Hostias. Pero estos sacerdotes fueron asesinados por las hordas marxistas, por lo que no pudieron revelar dónde las habían escondido. 

Hoy no se sabe dónde están, si es que todavía se conservan.

Así lo explica el biógrafo de Alcalá de Henares, Don Anselmo Raymundo Tornero. 

El Escorial

En la sacristía del Convento del Real Monasterio de El Escorial se guarda una singular reliquia: La Sagrada Forma, de cuatro siglos de antigüedad y que se expone para la veneración de los fieles dos días al año: 29 de septiembre y 28 de octubre. 

Esta reliquia llegó al Monasterio el 7 de noviembre de 1597, procedente de la ciudad alemana de Gorkum. 

La Iglesia de Gorkum había sido profanada por un grupo armado de protestantes, llamados "zeeguezen" o "mendigos del mar", los cuales habían pisoteado las Sagradas Hostias. 

Ante el asombro de los soldados, una de ellas, tras haber sido aplastada con la suela claveteada de su bota militar, comenzó a sangrar. 

El soldado que la pisó, al ver la sangre que brotaba, se convirtió al catolicismo y entró en la Orden de los Franciscanos. Era uno de los zvinglianos, «protestantes armados», de Gorkum, que se dedicaban a profanar templos en el siglo XVI. Esta conversión se ve expresada en los medallones que rodean la sagrada Forma. 

La noticia de este milagroso suceso pronto se extendió por toda Alemania. 

Todavía hoy pueden verse las tres perforaciones de los clavos de la bota del soldado, bordeadas por unas manchas de color rojizo. 

Su traslado a España:

El párroco de la iglesia de la localidad holandesa donde sucedió el milagro, el Padre Juan Van der Delft, decidió su traslado en 1572 ante el peligro de una nueva profanación. 

Estuvo en distintas ciudades: Malinas, Amberes, Viena y después Praga. 

Su llegada a España se produce por deseo de Felipe II. 

El embajador español en Austria, el barón Maximiliano II, estaba casado con doña Margarita de Cardona quien, al enviudar, envía la sagrada Forma a su hija, casada con el Marqués de Navárrez. Así llega a Madrid en 1594, veintidós años después de su salida de Gorkum. 

Esta reliquia está acompañada de documentos acreditativos de los testigos de estos traslados, incluido el del Padre holandés Juan Van der Delft. 

La Sagrada Hostia se encuentra en la sacristía de El Escorial, tras el cuadro de Claudio Coello, que representa a Carlos II adorándola. 

Faverney

La Abadía francesa en cuya iglesia sucedió este milagro fue fundada por San Gude en el siglo VIII. Se estableció bajo la Regla de San Benito y se denominó “Notre Dame de la Blanche”.

La vida espiritual en torno al 1600 no era excesivamente fervorosa. El influjo protestante estaba haciendo mucho daño. Para mantener la fe del pueblo los monjes introdujeron la adoración del Santísimo el día de Pentecostés y el lunes siguiente.

En la noche del Domingo de Pentecostés de 1608, cuando los monjes cerraron la iglesia y se retiraron a descansar, dejaron dos lámparas ardiendo ante el Santísimo, que estaba en el altar en Exposición Menor. 

El día siguiente, lunes, 26 de mayo, cuando fue a abrir las puertas el sacristán, Dom Garnier, encontró la iglesia llena de humo y llamas en torno al altar. Corrió a avisar a los monjes, que acudieron inmediatamente. Mientras apagaban el incendio, un joven novicio, el Hermano Hudelot, se dio cuenta de que el Ostensorio estaba suspendido en el aire, y ligeramente inclinado hacia ellos.  

La noticia de este prodigio corrió rápidamente y pronto vinieron de todos los pueblos cercanos, incluidos los frailes Capuchinos de Vesoul. 

Durante el resto del día y la noche todos los que quisieron pudieron comprobarlo, moviéndose libremente en la iglesia. 

A las primeras horas del martes, los sacerdotes de los pueblos vecinos celebraron la Misa en turnos sin interrupción mientras el prodigio continuaba. 

Hacia las 10 de la mañana, en el momento de la Consagración de la Misa celebrada por el P. Nicolás Aubry, Párroco de Menoux, todos vieron que el Ostensorio dejaba su inclinación para tornar a una posición vertical y descendía suavemente al altar que había sido puesto para sustituir al que había sido destruido por el fuego. 

El Ostensorio estuvo suspendido en el aire al menos 33 horas.

El 31 de mayo, el Arzobispo Ferdinand de Rye ordenó una investigación. Se reunieron 54 testimonios entre los monjes, sacerdotes y habitantes. Aún existe en la iglesia el documento firmado por los testigos. Declararon entre otras cosas que la suspensión del Ostensorio no fue alterada por las vibraciones de la gente que se movía alrededor, ni de los que entraban y salían continuamente, ni por los que tocaban la verja, ni por el trabajo de los monjes para quitar los restos del fuego y colocar provisionalmente un altar en el mismo sitio.

Dos meses más tarde, el 30 de julio, tras estudiar los informes y el material reunido, el Arzobispo declaró el hecho como milagroso. 

Otros datos sobre el Milagro:

El altar fue reducido a cenizas por el fuego. Incluso un candelabro que lo decoraba se fundió derretido. Sin embargo, el Ostensorio no padeció ningún daño. Las dos Hostias que estaban en él quedaron intactas. Tampoco sufrieron daño los objetos que estaban dentro de un tubo de cristal sujeto al Ostensorio, entre los que estaban una reliquia de Santa Águeda, una proclamación papal de indulgencias y una carta del Obispo.  

En el lugar en que estuvo suspendido el Ostensorio se colocó una placa de mármol, en la que se lee: “Lieu Du Miracle” (Lugar del Milagro)  

En diciembre de ese mismo año, una de las dos Hostias que estaban en el Ostensorio fue solemnemente llevada a la ciudad de Dole, entonces capital de la región. 

Durante la Revolución Francesa, el Ostensorio del milagro fue destruido, pero la Hostia fue guardada por los miembros del Ayuntamiento de Faverney, que la escondieron mientras duró el peligro. Más tarde, se hizo una reproducción del Ostensorio, basándose en pinturas anteriores.  

En el nuevo Ostensorio está la misma Hostia que se mantuvo milagrosamente suspendida en el aire durante más de 33 horas, tras haber sobrevivido a un incendio tan fuerte que hasta redujo a cenizas los mismos candelabros.

Huesca

La noche del 29 de noviembre de 1648 entraron en la Catedral de Huesca unos ladrones robando, entre otras cosas, un copón con Hostias consagradas.

Cuando el día 30 subió el campanero para tocar las campanas, anunciando la primera Misa, vio que en un estercolero, próximo al Seminario, había algo que brillaba de forma extraordinaria. Fueron él y el sacristán a ver qué era aquello. Llegados al estiércol, comprobaron que luz procedía del interior del montón. Excavando en aquel punto encontraron el copón con las Hostias robadas la noche anterior.

La noticia corrió por toda la ciudad, que acudió al lugar, y acompañó en procesión al Santísimo, que fue devuelto a la Catedral.

Siena

En 1730 Siena ya no era la ciudad devota de los tiempos de Sta. Catalina y San Bernardino. La Europa renacentista se ocupaba más del arte y la cultura que del amor a la Eucaristía y a la Virgen. Se necesitaba una gracia de Dios para la renovación espiritual. 

Historia del Milagro 

En las Misas del 14 de agosto, víspera de la Asunción, los sacerdotes de las iglesias de Siena consagraron Hostias abundantes, previendo la gran muchedumbre que recibiría la Comunión al día siguiente. 

Unos ladrones entraron en la Basílica de San Francisco, abrieron el Sagrario y se llevaron el copón de oro, que contenía 351 Hostias consagradas.

Nadie se dio cuenta del sacrilegio hasta la mañana siguiente, cuando fueron a celebrar la Misa de la Asunción. 

El Arzobispo pidió oraciones públicas para que aparecieran y no fueran profanadas las Hostias. 

Dos días más tarde, el 17 de agosto, mientras oraba en la Iglesia de Santa María en Provenzano, muy cerca de la Basílica de San Francisco, un hombre notó que había algo de color blanco dentro de la caja de limosna para los pobres. Tenía forma redonda y brillaba. Le informaron al Arzobispo, quien mandó a uno de sus oficiales.

Abrieron la caja y encontraron en ella las 351 Hostias.

Hubo un suspiro de alivio y de alabanza al Señor. El temor que todos tenían era que las hubieran tirado en cualquier basurero.

Las llevaron en procesión a la Iglesia de San Francisco, donde las expusieron para adoración y reparación. 

La historia del robo se extendió por todo el país y muchos empezaron a peregrinar a la Iglesia de San Francisco para orar ante las Hostias Consagradas. No fueron distribuidas en comunión para que la gente que acudía pudiera verlas y adorarlas.

Lo normal es que, con el tiempo, se hubieran deteriorado, en cuyo caso la Presencia real del Señor hubiera desaparecido. Pero, ante el asombro de todos, las Hostias se mantenían frescas y con olor muy agradable. Los Franciscanos comprobaron que se estaba realizando un milagro continuo de preservación.

Investigaciones

Cincuenta años después, se realizó una investigación oficial. 

El General de la Orden Franciscana, P. Carlo Vipera, examinó las Hostias el 14 de abril, de 1780, consumiendo una y comprobando que estaba fresca e incorrupta. Ordenó que las 230 Hostias restantes fueran colocadas en un nuevo copón y prohibió que continuaran distribuyéndose. 

Nueve años después, en 1789, el Arzobispo de Siena mandó hacer una investigación más detallada, incluyendo teólogos y otros especialistas. La Comisión declaró que estaban perfectamente intactas y no mostraban signo de descomposición, ni cambio de color. En esta investigación el Arzobispo ordenó que una cantidad de hostias sin consagrar se colocaran en un envase herméticamente sellado, por diez años, en la oficina de la Cancillería. Las Hostias Milagrosas se guardaron en un Copón, no sellado herméticamente, sino como habían estado reservadas los últimos 59 años. Pasados los 10 años, abrieron el envase de las hostias no consagradas en presencia del Arzobispo y varios oficiales: Estaban descoloridas, desfiguradas y deterioradas. Revisaron las Hostias milagrosas y comprobaron que estaban en perfecto estado. 

En 1850, 61 años más tarde, se hizo una prueba similar, obteniendo los mismos resultados. Las hostias sin consagrar se reducían a polvo y las Hostias milagrosas mantenían su frescor. 

Se hizo otra investigación en 1914, a petición del Papa Pío X. Seleccionaron investigadores, científicos y profesores de Siena y Pisa, así como teólogos y oficiales eclesiásticos. 

Sacaron en conclusión que las Hostias robadas habían sido hechas de harina de trigo cernido, preparadas sin precauciones científicas, y guardadas bajo condiciones ordinarias que deberían haber causado su rápido deterioro. Pero estaban tan perfectamente preservadas que, tras 184 años, podían ser consumidas. 

En 1922 se llevó a cabo otra investigación en presencia de los Obispos de Siena, Montepulciano, Folignno y Grosseto. 

Los resultados fueron similares. No había explicación natural para que las Hostias permanecieran sin corromperse por un período de tiempo tan largo (192 años). Lo proclamaron como hecho milagroso.

En 1950, sacaron las Hostias Milagrosas de su antiguo copón y las colocaron en uno más artístico y costoso que llamó la atención de otro ladrón, que en la noche del 5 de agosto de 1951 se llevó el copón, dejando las Hostias en una esquina del sagrario. Después de contar 133 Hostias, el Arzobispo las guardó selladas en un precioso relicario, en el cual se encuentran hoy.

Estas Hostias se exponen en varias ocasiones, pero especialmente el 17 de cada mes, conmemorando el día que fueron encontradas en el año 1730. 

En la fiesta del Corpus se llevan en procesión por las calles de Siena. 

Los viernes, tras la Misa, se da la Bendición con Ellas.

Entre los muchos que han visitado las Hostias milagrosas para adorar al Señor, están San Juan Bosco y el Beato Juan XXIII. Los Papas Pío X, Benedicto XV, Pío XI y Pío XII hicieron declaraciones oficiales de gran interés y admiración.

El 14 de septiembre, de 1980, el Papa Juan Pablo II fue a Siena para adorar al Señor en las Sagradas Hostias del Milagro Eucarístico, al celebrarse el 250 Aniversario del Milagro de las Hostias.

Unánimemente, los fieles, sacerdotes, obispos, cardenales y Papas han adorado las sagradas Hostias, reconociendo que en ellas se da un milagro permanente, que ha durado más de 270 años. Las Hostias han permanecido en perfecto estado y con el olor característico del pan sin levadura.

Pezilla-La-Riviere

La Revolución Francesa y su Reinado del Terror provocó una violenta persecución religiosa. Fueron asesinados muchos sacerdotes, religiosos y fieles, por el hecho de ser católicos.

El septiembre de 1793, como otros muchos, el P. Pérone, párroco de la localidad francesa de Pezilla-la-Rivière, próxima a Perpignan, tuvo que abandonar precipitadamente su parroquia. Con la prisa olvidó cinco Hostias en la Custodia del altar mayor. 

Durante los años de la Revolución, la iglesia fue ocupada para las Asambleas republicanas. 

El P. Pérone, temiendo la profanación de las Hostias consagradas, desde su exilio en Figueras, hizo saber a amigos fieles del pueblo que debían recuperarlas a toda costa. 

Con la colaboración de Jean Bonafos, Alcalde reaccionario muy conocido del Comité de Salud Pública por sus sentimientos religiosos y sus convicciones monárquicas, Rose Lorena, una joven del pueblo se introdujo a escondidas en la iglesia. Su piadoso intento fue coronado por el éxito y envió a Bonafos la custodia de plata y las Hostias. Bonafos le pidió que guardara cuatro de ellas en su casa. 

Rose, con respeto y amor, las colocó en la vajilla más lujosa que tenía. Era un azucarero de cristal. Lo cubrió con un pañuelo y lo cerró en el armario más escondido de la casa. 

Siete años más tarde, en diciembre de 1800, pudo regresar el clero a Pezilla. El primer sacerdote que volvió fue D. Honoré Siuroles, cuya primera preocupación fue recuperar la custodia y las Hostias. 

El 5 de diciembre acudió a la casa de la familia Lorens. Al abrir el armario, todos comprobaron que, bajo el pañuelo, el sencillo azucarero estaba dorado, como si infinidad de granitos de oro hubieran sido introducidos en el cristal. 

El doble milagro (conservación de las Hostias durante siete años y el dorado del azucarero) fue comprobado por el Obispo de Carcassonne. 

Muchos especialistas han estudiado este dorado, sin poder explicárselo. Los especialistas no sabrían hacer un trabajo así.

Los fieles del pueblo decidieron construir un edificio digno de tal intervención divina, que fue consagrado en 1893.

Desde hace más de doscientos años las Hostias están en una custodia con cinco viriles: uno en el centro, grande, para la Hostia grande, y cuatro laterales, más pequeños, para las Hostias menores

Todas conservan el mismo aspecto fresco del primer día.  

Burdeos

Tras la Revolución Francesa, hubo una renovación vigorosa de la fe cristiana y brotaron nuevas comunidades religiosas. Una de ellas, la Sagrada Familia de Burdeos, fue la sede de este prodigio.

En 1822 un Sacerdote exponía el Santísimo a las Religiosas de la Comunidad. En un momento dado, no solamente él, sino también la Madre Superiora, el monaguillo y otros testigos vieron el busto del Señor, vivo, en el centro de un círculo que le rodeaba como un marco. 

Así lo testificaron y el Arzobispo de Burdeos lo aprobó. 

El Papa León XII reconoció el hecho y estableció la Fiesta de la Sagrada Familia conmemorando este evento.

Cada año, en las casas de la Congregación de la Sagrada Familia, se celebra el milagro.  

San Juan Bosco

En la vida de Don Bosco se cuentan varios casos de multiplicación de panes, avellanas, etc., para sus jóvenes. 

En una ocasión se multiplicaron las Hostias en la comunión. El Padre Festa, testigo presencial, lo narra así:

“En la ocasión de una solemne celebración en el Oratorio, Don Bosco tenía que distribuir la Comunión a 650 niños. Comenzó la Misa creyendo que había suficientes Hostias consagradas en el copón que estaba en el santuario. Pero había muy pocas. El Padre Buzzetti, que estaba a cargo de la sacristía, se había olvidado de traer más y ahora era ya tarde. Don Bosco se dio cuenta cuando tomó el copón. Levantó sus ojos al cielo y empezó a dar la comunión. Todos los niños la recibieron. Hubo Hostias para cada uno. La noticia cundió rápidamente, y fue confirmada por Don Bosco.”

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Isla de Reunión, Océano Índico

En 1905, el P. Lacombe, sacerdote de la Iglesia de San Andrés, expuso el Santísimo para la Práctica de las Cuarenta Horas. 

En la Misa, durante la cual Nuestro Señor permanecía expuesto, el P. Lacombe vio en la Custodia el Rostro de Cristo en la Agonía. Temiendo que hubiera sido una ilusión óptica, no dijo nada, pero no podía quitar la imagen de su cabeza. 

Después de la Misa, un hombre se acercó al Padre pidiéndole que le bendijera una medalla. Para probar si la imagen de Cristo en la Hostia era una ilusión, el Padre le envió a mirar la Custodia. El hombre volvió corriendo, diciendo que había visto la cara de un Hombre en el Ostensorio. Los monaguillos, a los que el Padre envió también, volvieron asustados diciendo lo mismo. Una chica que también vio el Rostro, dijo: “Yo no puedo olvidar lo que he visto. Siempre recordaré el Rostro de Nuestro Señor. Ha supuesto una marca imborrable en mi vida”. 

La noticia del milagro del Santo Rostro de Cristo corrió por la isla y la gente acudió a la iglesia para contemplarlo. 

A mediodía la imagen se transformó en la de un crucificado. Se congregaron multitudes para adorar a Nuestro Señor. 

Mientras cantaban el “Tantum ergo” la imagen del Crucificado desapareció.

El Obispo mandó conservar la Hostia del Milagro. 

Manzanede

El día 20 de abril de 1905, los fieles se encontraban reunidos en la iglesia de la pequeña ciudad española de Manzanede (Orense), ante el Santísimo Sacramento expuesto en la Custodia. Predicaba el Padre Mariscal, Redentorista. El Párroco, Pedro Martínez, se encontraba junto al altar. 

De repente la gente comenzó a agitarse: unos se levantaban y otros se ponían de pie en los bancos y las sillas.

Admirado de lo que sucedía, el predicador recomendaba calma, sin conseguirlo. 

Entonces se oyó la voz de una niña de 7 años, Eudoxia Vege: "Yo también quiero ver al Niño Jesús".

El Padre Mariscal se vuelve hacia el altar, hacia donde toda la gente miraba, y pudo contemplar cómo en lugar de la Custodia, se veía al Niño Jesús, de unos 6 ó 7 años de edad, vestido con un vestido tan blanco como la nieve, extendiendo las manitas hacia la gente. De su Rostro, de encantadora belleza, se desprendían rayos de luz vivísima, mientras que sus ojos centelleaban como dos estrellas. En el pecho tenía una herida y un Corazón, del cual salía un hilito de sangre, que escurría por el vestido, tiñéndolo de rojo.

La aparición duró algunos minutos. Después quedó sólo la Hostia blanca en la Custodia. 

Esta aparición fue vista por los Padres y por toda la gente presente. 

Los periódicos y revistas de España y de todo el mundo narraron este acontecimiento.

Ese día los confesionarios estuvieron llenos de gente hasta la media noche, para confesarse y poder recibir la Comunión.

Tumaco

Este suceso ocurrió el 31 de enero de 1906, en el pueblo de Tumaco, situado en una isla occidental de Colombia, bañada por el océano Pacífico. 

Estaba de misionero Fray Gerardo Larrondo de San José. Su auxiliar era Fray Julián Moreno de San Nicolás de Tolentino, ambos Recoletos.

Hacia las diez de la mañana comenzó a sentirse un largo y fuerte terremoto, tan intenso que todas las imágenes de la iglesia cayeron al suelo. Todo el pueblo, lleno de pánico, se agolpó en la iglesia, suplicando a los Padres organizasen inmediatamente una procesión. 

Entonces vieron que, como efecto del terremoto, el mar se alejaba de la playa, dejando en seco hasta kilómetro y medio de terreno de lo que antes cubrían las aguas, las cuales se iban acumulando mar adentro, formando como una montaña que, al descender de nivel, se convertiría en una enorme ola, que barrería por completo el pueblo, que se halla a más bajo nivel que el del mar.

Aterrado el Padre Larrondo, se lanzó precipitadamente hacia la iglesia y sumió a toda prisa las Formas, reservándose solamente la Hostia grande. A continuación, vuelto hacia el pueblo, llevando a Jesucristo Sacramentado, exclamó: “Vamos, hijos míos, vamos todos hacia la playa y que Dios se apiade de nosotros”. 

Como electrizados por la presencia de Jesús, y ante la imponente actitud de su ministro, marcharon todos llorando y clamando a Dios que tuviera misericordia de ellos.

Al llegar el Padre Larrondo a la playa, aquella montaña formada por las aguas comenzó a moverse hacia el continente. Las aguas avanzaban como impetuoso aluvión, sin que poder alguno de la tierra fuera capaz de contrarrestar aquella arrolladora ola, que amenazaba destruir en un instante el pueblo de Tumaco.

El fervoroso religioso no se intimidó, sino que descendió a la playa y, colocándose dentro de la zona ocupada normalmente por las aguas, en el instante mismo en que la ola estaba ya llegando y crecía hasta el terror y la ansiedad de la muchedumbre, levantó con mano firme y con el corazón lleno de fe la sagrada Hostia a la vista de todos, y trazó con ella en el espacio la señal de la Cruz. ¡Momento solemne! La ola avanza un paso más y, sin tocar el sagrado copón que permanece elevado, se estrella contra el sacerdote, alcanzándole el agua solamente hasta la cintura. 

Apenas se ha dado cuenta el Padre Larrondo de lo que acaba de suceder, cuando oye al padre Julián, que se hallaba a su lado, y luego a todo el pueblo en masa, que exclamaban como enloquecidos por la emoción: ¡Milagro!  ¡Milagro! 

En efecto, como impulsada por una fuerza superior al poder de la naturaleza, aquella ola se había parado en un instante, y la enorme montaña de agua, que amenazaba arrasar el pueblo de Tumaco, iniciaba su movimiento de retroceso para desaparecer, mar adentro, volviendo a recobrar su ordinario nivel y natural equilibrio.

A las lágrimas de terror siguieron las del más grande alborozo y a los gritos de angustia siguieron los de agradecimiento y de alabanza. Por todas partes y de todos los pechos brotaban fuertes vivas a Jesús Sacramentado.

Mandó entonces el Padre Larrondo que trajeran de la iglesia la Custodia, y, colocando en ella la Sagrada Hostia, se organizó una solemnísima procesión, que recorrió todas las calles del pueblo, hasta ingresar Su Divina Majestad con toda pompa y esplendor en su santo templo, de donde tan pobre y precipitadamente había salido momentos antes. 

Como el terremoto no tuvo lugar sólo en Tumaco, sino en gran parte de la costa del Pacífico, viendo los grandes daños y trastornos que aquella ola causó en otros puntos de la costa, incluso menos expuestos que Tumaco a ser destruidos por el mar, se calcula el beneficio que Jesús dispensó a aquel cristiano pueblo, que probablemente hubiera desaparecido con todos sus habitantes, por estar a nivel más bajo que el del mar.

El suceso de Tumaco tuvo gran resonancia en todo el mundo.

Bui-Chu

Este hecho, ocurrido en Vietnam del Norte, fue narrado por l'Osservatore Romano el 16 de diciembre de 1954.

Un soldado comunista entró en el Convento de las Carmelitas para hacer un registro. Cuando estaba en la capilla, una religiosa le dijo: “En este lugar está Dios, al que hay que tratar con respeto”.

- “¿Dónde está vuestro Dios? Preguntó el soldado.”

- “Ahí”, respondió la religiosa indicando el sagrario. 

El soldado cogió el fusil, apuntó al Sagrario y disparó. La bala atravesó el copón y dispersó las Hostias. Pero el soldado quedó inmóvil, abrazado a su fusil, sin poder hacer ningún movimiento y con los ojos perdidos. Una parálisis total le había trasformado en un bloque inanimado, ante el altar que acababa de profanar.

Betania

Este prodigio ocurrió en Betania (Venezuela), el día de la Inmaculada del año 1991.

Una Hostia consagrada comenzó a sangrar. 

El equipo médico que lo estudió concluyó que era sangre humana. 

El Obispo local lo declaró como una prueba de la transubstanciación, diciendo: “Dios está tratando de manifestarnos que nuestra fe en la Hostia consagrada es auténtica”.

Recientemente, en Estados Unidos

El Padre Jordi Rivero, escribe desde Norteamérica sobre el huracán de 1992:

“Nadie podía imaginar la devastación del huracán, el más destructivo en la historia de Estados Unidos. Sin embargo allí ocurrieron también milagros. Fui testigo de estos sucesos: La parroquia católica de Santa Ana estaba en el paso del ojo del huracán. Árboles grandes en su contorno fueron arrancados de raíz, la Iglesia sufrió daños muy graves. En el centro juvenil, la estatua del Sagrado Corazón quedó en pie, intacta, a pesar que en todo su contorno cayeron inmensos troncos y ramas, tan sólo a unos centímetros de distancia. 

Y añade en el año 2.002: El noreste de EE.UU. no es zona de tornados.  Sin embargo allí, en el estado de Maryland,  el 28 de abril del 2002, se formó un tornado monstruo, con vientos de 300 millas por hora.  Dejó a su paso una senda de asombrosa  destrucción en 30 millas. Unas mil casas, tiendas e iglesias fueron dañadas o destruidas. 

La escuela católica Archbishop Neale quedó  deshecha. Sus ladrillos se despedazaron como mantequilla.  Sin embargo, en medio de aquella destrucción  se dan dos acontecimientos extraordinarios: 1- Una estatua de la Virgen María, de tamaño natural, que estaba frente a la escuela, quedó de pie, intacta, mientras a su alrededor el  tornado arrasó árboles con sus raíces.  2- El Sagrario con el Santísimo Sacramento,  dentro de la capilla de la escuela, quedó intacto en su pedestal, aunque el resto de la capilla quedó hecha pedazos.