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Milagros eucarísticos

Conclusión

La Eucaristía, milagro vivo (VII), por Ángel María Rojas, S.J.


Al llegar al final me pregunto si lo escrito servirá para el fin pretendido: no he recopilado estos hechos pensando en satisfacer curiosidades, sino con el único deseo de despertar más y más nuestra fe en el Misterio eucarístico.

A un cristiano no le puede dar lo mismo leer en el periódico las actuaciones de los políticos, cantantes o futbolistas que las que Dios realiza en la Eucaristía. 

Podemos leer las noticias de la prensa por mera curiosidad, aunque muchas veces son cosas que ni nos incumben, ni dependen de nosotros, ni nos afectan. Pero la Eucaristía nos concierne a todos y cada uno de una forma directa y personal. 

Si a lo largo de tantos siglos Dios ha tenido tantas actuaciones extraordinarias en torno a Ella, no podemos quedarnos indiferentes, pues Dios no actúa sólo para una persona o grupo concreto, sino para todos. Es decir, que cuando Dios realizó cada uno de esos prodigios citados lo hizo pensando también en cada uno de nosotros.

Por eso, lo más importante de este escrito es la reacción del lector: ¿Qué conclusiones saco? 

A primera vista se me ocurren varias, si bien la gracia de Dios despertará muchas más en quien se acerque con fe viva al Misterio.

La primera es confirmar la presencia real del Cuerpo y Sangre de Cristo, así como de su Alma y Divinidad, en la Eucaristía, tras la Consagración de la Misa, que perdura mientras permanecen las especies de pan y de vino. 

Muchos de estos prodigios fueron realizados precisamente para confirmar dicha presencia, que se comenzó a negar en torno al siglo XV y que hoy vuelve a ser abiertamente atacada.

La segunda recuerda el respeto que debemos tener. Si los Ángeles se postran en adoración ante la Eucaristía, nuestra actitud debe ser de enorme veneración. 

Toda muestra de respeto, tanto interna como en sus manifestaciones externas, es siempre pequeña ante el Sacramento de los Sacramentos, ante el mayor Prodigio, ante la Obra Maestra del Amor de Dios.

La tercera es que no le somos indiferentes al Señor. Él es sensible a las actitudes que tenemos para con Él. Le duelen las ofensas que le hacemos, le entristecen nuestras indiferencias, olvidos, falta de amor y de correspondencia al suyo. “¡Tú, al menos, ámame!”. 

Le agrada infinitamente hasta la menor delicadeza de amor para con la Eucaristía y la agradece concediendo muchos dones.

La cuarta puede ser la de aprovechar las gracias que el Señor sigue hoy derramando en los lugares en que se venera alguna de estas Hostias en las que Él ha obrado prodigios. Los ha hecho a lo largo de los siglos y hoy los sigue realizando en favor de aquellas personas que acuden en peregrinación con fe y devoción. 

¿Otras conclusiones? Sin duda, pues Dios sigue siempre actuando en su Iglesia. 

Si a lo largo de veinte siglos ha intervenido de formas tan frecuentes y prodigiosas, especialmente en momentos de crisis, no hay razón para indicar que hoy no vaya seguir haciéndolo, y más que vivimos en momentos de intensa crisis específicamente eucarística. 

El Espíritu Santo quiere promover y renovar la fe en la Eucaristía en las personas, en las familias, en los grupos, en las parroquias… ¡en toda la Iglesia! 

No olvidemos que la Eucaristía es, en sí, un “Milagro vivo”. ¿Por qué?

Porque en Ella Jesús está presente, actuando en las almas que se acercan con fe y amor. 

Porque en Ella Cristo “supera el espacio y el tiempo.”  (Juan Pablo II, 25-05-96).

Porque "este modo de presencia supera las leyes de la naturaleza y constituye en su género el mayor de los milagros" (Pablo VI: Encíclica "Mysterium Fidei").

Porque es “el más grande de todos los milagros” (Sto. Tomás, Cfr. Juan Pablo II, 25-05-96).

Porque “la Eucaristía es don infinito de amor. Es el misterio que resume todas las maravillas que Dios realizó por nuestra salvación.” (Juan Pablo II, 25-06-00; cf. Santo Tomás de Aquino, De sacr. Euch., cap I).

Porque todos los milagros de la Historia hayan su culmen en el que Dios realiza en cada Misa, que vale más que el universo entero y es la Obra más grande de Dios.

Y tengamos en cuenta que los “prodigios” más grandes no son precisamente los más espectaculares, sino los que se obran en el interior de las almas. 

Un Desafío

Llegando al final, me atrevo a  retar al lector: 

Pide a la Virgen que te dé una profunda fe eucarística. 

La que formó en su seno al Jesús eucarístico, está deseando formarlo en tu corazón. 

La que le adoró en el primer Tabernáculo de la Historia (su seno virginal), en la humildad y pobreza de las pajas de Belén, en su niñez, infancia y madurez, al pie de la Cruz y Resucitado, está deseando, no sólo que le adores tú también como Ella, sino adorar a Jesús eucarístico en ti. 

La que recibió la Primera Comunión de la Historia el día de la Encarnación, y recibiría tantas veces la Comunión de manos del Apóstol San Juan, está deseando que le recibas frecuentemente, con sus mismas disposiciones: un corazón limpio, humilde, lleno de amor. 

La que tomó parte activa en la “Primera Misa” del Calvario, desea que tú también participes de forma activa, consciente y fervorosa (SC 11; 48) en el Sacrificio eucarístico.   

Y aquí viene el “desafío”: Si lo haces así, tú mismo podrás comprobar en tu vida cómo los prodigios que has leído quedan pequeños ante los que Dios irá realizando en ti mismo. Los citados hasta aquí son manifestaciones externas que no tienen comparación con las maravillas que Dios realizará en ti si, movido por tu fe y tu amor al Señor, pones la Eucaristía en el centro de tu vida y te conviertes en un corazón eucarístico. 

¿Aceptas el reto? Hasta aquí nadie ha podido demostrarme que no es así… ¡Ni podrá en el futuro!

Que María, “Madre de la Eucaristía”, nos conceda la inmensa gracia de conocer y asimilar en nuestra vida el mayor regalo que Dios ha podido hacernos: Su presencia viva y actuante entre nosotros (“¡Emmanuel!”) en la Eucaristía.

Quiero terminar con las mismas palabras con las que Juan Pablo II concluye su Encíclica “Ecclesia de Eucharistia”:

Aquí está el tesoro de la Iglesia, el corazón del mundo, la prenda del fin al que todo hombre, aunque sea inconscientemente, aspira. Misterio grande, que ciertamente nos supera y pone a dura prueba la capacidad de nuestra mente de ir más allá de las apariencias. Aquí fallan nuestros sentidos –« visus, tactus, gustus in te fallitur », se dice en el himno Adoro te devote–, pero nos basta sólo la fe, enraizada en las palabras de Cristo y que los Apóstoles nos han transmitido. Dejadme que, como Pedro al final del discurso eucarístico en el Evangelio de Juan, yo le repita a Cristo, en nombre de toda la Iglesia y en nombre de todos vosotros: « Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna » (Jn 6, 68).” (nº 59). 

 “Al dar a la Eucaristía todo el relieve que merece, y poniendo todo esmero en no infravalorar ninguna de sus dimensiones o exigencias, somos conscientes de la magnitud de este Don. A ello nos invita una tradición incesante que, desde los primeros siglos, ha sido testigo de una comunidad cristiana celosa en custodiar este « Tesoro ». 

Impulsada por el amor, la Iglesia se preocupa de transmitir a las siguientes generaciones cristianas, sin perder ni un solo detalle, la fe y la doctrina sobre el Misterio eucarístico. 

No hay peligro de exagerar en la consideración de este Misterio, porque « en este Sacramento se resume todo el misterio de nuestra salvación ». (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, III, q. 83, a. 4 c.).

Hagamos nuestros los sentimientos de santo Tomás de Aquino, teólogo eximio y, al mismo tiempo, cantor apasionado de Cristo eucarístico, y dejemos que nuestro ánimo se abra también en esperanza a la contemplación de la meta, a la cual aspira el corazón, sediento como está de alegría y de paz:

“Buen pastor, Pan verdadero,

oh Jesús, ten piedad de nosotros:

nútrenos y defiéndenos,

llévanos a los bienes eternos

en la tierra de los vivos. 

Tú que todo lo sabes y puedes,

que nos alimentas en la tierra,

conduce a tus hermanos

a la mesa del cielo,

a la alegría de tus santos”. 

Prodigios eucarísticos más conocidos

En este breve elenco de prodigios eucarísticos he indicado solamente algunos de ellos. Evidentemente, es una relación incompleta. Existen muchos más. Unos no les he descrito por no tener datos suficientes. Otros por ser muy similares a algún otro ya explicado. Otros, especialmente más actuales, por estar aún en estudio por la Iglesia. 

A continuación cito los principales en orden cronológico. 

S. VI

595 en ROMA (Italia)

S. VIII

700  LANCIANO (Italia)  

S. IX

887   SAN JUAN DE LAS ABADESAS (Gerona, España)

S. X

1000 TRANI (Italia) 

S. XI

1010 IVORRA (España) 

S. XIII

1153 BLAINE (Francia).

1158  ZAMORA (España) 

1171 FERRARA (Italia) 

1194 AUGSBURGO (Alemania).

S. XIII

1200 San Antonio de Padua y la mula (Italia).

1200 RIMINI (Italia)

1200 BOURGES (Francia) 

1228 ALATRI (Italia) 

1230 FIRENZE (Italia) 

1232 CARAVACA (España) 

1239 DAROCA (España) 

1247 SANTAREM (Portugal) 

1252 ASÍS, Santa Clara (Italia)

1254 DOUAI (Francia) 

1263 BOLSENA-ORVIETO (Italia)  

1273 y 1280 LANClANO-OFFlDA (Italia) 

1280 SLAVONICE, (Checoslovaquia).

1290 PARIS (Francia) 

1294 GRUARO-VALVASSONE (Italia) 

1294 VENECIA, (Italia).

1297 GERONA (España) 

1300 ANIÑÓN (España) 

1300 EL CEBREIRO (España) 

S. XIV 

1317 HERKENRODE-HASSELT (Bélgica) 

1330 SIENA-CASCIA (Italia) 

1330 WALLDURN (Alemania) 

1331 BLANOT (Francia) 

1333 BOLONIA, (Italia).

1345 AMSTERDAM (Holanda)  

1345 o 1346 BAWOL (Polonia) 

1348 ALBORAYA (España) 

1356 MACERATA (Italia) 

1369 BRUSELAS, Bélgica.

1370 CIMBALLA (España) 

1372 SIENA, (Italia)

1374 MIDDLEBURG, (Holanda).

1380 BOXTEL (Holanda) 

1384 SEEFIELD, (Austria).

S. XV 

1405 BOIS-SEIGNEUR-ISAAC (Bélgica) 

1412 POEDERLEE (Bélgica) 

1412 BAGNO DI ROMAGNA, (Italia).

1417 REGENSBURG-DEGGENDORF-ERDING, (Alemania).

1427 ZARAGOZA, (España).

1433 AVIGNON (Francia) 

1433 DIJON, (Francia).

1447 ETTISWIL (Suiza) 

1447 SAN LORENZO DE MUNT (España)

1450 LANGENWIESE, (Polonia).

1453 TORINO (Italia)  

1461 LA ROCHELLE (Francia) 

1472 VOLTERRA, (Italia).

S. XVI 

1533 MARSEILLE EN BEAUVAISIS (Francia) 

1533-1536 PONFERRADA (España) 

1535 ASTI (Italia)

1536 TRANS EN PROVENCE (Francia) 

1560 MORROVALLE (Italia) 

1570 VEROLI (Italia)

1592 GORCUM-ESCORIAL (España) 

S. XVII 

1601 LA VILUENA (España) 

1608 FAVERNEY (Francia) 

1630 CANOSIO (Italia) 

1631 DRONERO (Italia) 

1648 HUESCA (España)

1668 LES ULMES (Francia) 

1670 MIRADOUX (Francia) 

1686 SINT DENIJS - WESTREM (Bélgica) 

S. XVIII 

1710 TARTANEDO (España) 

1725 PARIGI (Francia) 

1727 BRUJAS (Holanda)

1730 SIENA (Italia) 

1732 SCALA (Italia) 

1772 PATIERNO (Italia) 

1772 NAPOLI (Italia)

1793 PEZILLA LA RIVIERE (Francia) 

S. XIX 

1822 BORDEAUX (Francia) 

1828 HARTMANNSWILLER (Francia) 

1842 ONIL (España)

1847 TURÍN (Italia)

S. XX 

         LOURDES (Francia) 

1905 SAINT ANDRÈ DE LA REUNION (Francia) 

1918 LA COURNEUVE (Francia) 

1950 BUI-CHU (Viet-Nam) 

1974 CASTELNAU DE GUERS (Francia) 

1978 LA VELINE DEVANT BRUYERES (Francia) 

          No cito los que están ocurriendo actualmente, al estar aún en estudio por la Iglesia. 

N.B. De los 89 citados, 30 están en Italia, 22 están en Francia, 18 en España, 5 en Bélgica, 4 en Holanda, 3  en Alemania, 2  en Polonia, 1 en Portugal, Suiza, 1 en Vietnam del Norte, 1 en Austria, 1 en Checoslovaquia.