Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


Reparación e intercesión eucarística

Urge reparar e interceder ante el Santísimo Sacramento y para ello nada mejor que la adoración perpetua, ya que por medio de ella el Señor en su presencia eucarística es adorado día y noche, siempre. Por tanto, es posible reparar e interceder sin interrupción.

A quien desee saber el porqué de tal urgencia se lo invita a leer lo que sigue.

Hay una necesidad imperiosa por reparar las ofensas y sacrilegios gravísimos que a diario y cada vez con mayor número, se cometen contra Dios y contra todo lo santo. Por otro lado, cuando más necesario es reparar menos se advierte a los fieles sobre esa exigencia y menos también se amonesta para que dejen de ofender al Señor. La resignación y la claudicación ante el combate espiritual y la permisividad y tolerancia con el pecado son los principales causantes de tal triste paradoja.

Cuando quienes deberíamos hablar callamos entonces el Cielo clama y clama reparación y junto a ella, intercesión a favor de los que tanto ofenden a Dios. Si la reparación es exigencia de la Justicia de Dios, la intercesión por los pobres pecadores lo es de su Divina Misericordia.

Para fundamentación de lo anterior basta repasar algunas de las tantas intervenciones celestiales en la reciente historia de las revelaciones aprobadas por la Iglesia. Así, en el siglo XVII, a santa Margarita María Alacoque el Señor le devela el misterio de su Sagrado Corazón, y el 16 de Junio de 1675 le da el siguiente mensaje:

"Mira este Corazón que tanto ama a los hombres y que nada ha dejado para sí, hasta llegar aún a consumirse y agotarse él mismo, para dar testimonio de su amor. Y, como pago, he recibido mayormente sólo ingratitud, por sus irreverencias y sacrilegios, y por la frialdad y desprecio que manifiestan hacia Mí en el Sacramento de Amor (el Santísimo Sacramento) . Y lo que es más penoso para Mí es que ellos son corazones consagrados a Mí".

Nuestro Señor pide reparación y promete grandes gracias para aquellos que practiquen la devoción a su Sagrado Corazón.

El 24 de noviembre de 1843, recibe la Hermana Marie de Saint-Pierre el siguiente mensaje del Señor:

"La tierra está cubierta de crímenes. La violación de los tres primeros Mandamientos de Dios ha irritado a mi Padre. El Santo Nombre de Dios es blasfemado y el Día Santo del Señor profanado, lo que colma la medida de iniquidades. Estos pecados se han elevado hasta el Trono de Dios y provocado Su ira, la que pronto se desatará si Su justicia no es apaciguada. En ninguna época estos crímenes llegaron a tal magnitud." Esto era advertido hace 165 años atrás.

Con anterioridad se le había presentado el Señor a la monja diciéndole que las continuas blasfemias, que hasta los niños proferían, herían profundamente su Divino Corazón. La blasfemia es una flecha envenenada que hiere Su Divino Corazón (1).

También a la Hermana Marie de Saint-Pierre le fue pedido comuniones de reparación por la profanación del Domingo (pecado contra el tercer Mandamiento).

Tres años más tarde, el 19 de Septiembre de 1846, aparecía la Santísima Virgen a los niños pastores Maxim y Melanie en La Salette, Francia.

También en La Salette la Virgen nos advierte sobre la profanación del Día del Señor y el crimen de blasfemia. Es decir los pecados contra el segundo y el tercer Mandamiento.

Dijo la Virgen:

"Si mi pueblo no vuelve a Dios por la penitencia, me veré forzada a dejar caer la Mano de mi Hijo, que ahora está tan pesada que escasamente logro mantenerla por mucho tiempo."

En Lourdes, en 1858, Nuestra Señora advirtió a la humanidad que tenía que hacer penitencia.

También a finales del siglo XIX y ya en el XX, hubo revelaciones de Nuestro Señor a la Hermana Marie Chambon acerca de la devoción a las Santas Llagas. Él mismo fue quien dictó la siguiente oración:

"Padre Eterno, te ofrezco las Santas Llagas de nuestro Señor Jesucristo en reparación por mis pecados y los pecados de todo el mundo."

Uno o dos años antes que apareciese la Santísima Virgen en Fátima, hacia 1916 o 1917, el Ángel de la Paz se les presentó a los tres pastorcitos enseñándoles a reparar por los atroces crímenes cometidos contra Dios y también a interceder por los pobres pecadores; y ambas, reparación e intercesión, fueron hechas ante el Santísimo Sacramento.

Ocho años más tarde a Sor Lucía el Niño Jesús le mostraría el Corazón Inmaculado de su Madre y se le revelaría la devoción de los cinco primeros sábados en reparación por las injurias cometidas con el Inmaculado Corazón.

En el siglo pasado, hacia los años 30 el Señor se manifiesta a santa Faustina Kowalska. Se trata de las apariciones y conocida devoción de la Divina Misericordia. También habla en ellas del castigo que exige su justicia ante los tantos y graves pecados del mundo, y da a los a los hombres la posibilidad de evitarlos mediante la confianza que se ponga en su Divina Misericordia y la misericordia que se practique sobre los demás. Además, el Señor le enseña a la santa la oración de la Coronilla de la Divina Misericordia en la que se ofrece al Padre el sacrificio del Hijo, en términos eucarísticos, como propiciación por los pecados propios y de todo el mundo.

En los años 50, el Cielo nuevamente hace revelaciones a una religiosa, la Venerable Madre María Elena Aiello, nacida en 1895 y fallecida en 1961. Sus revelaciones están aprobadas por la Iglesia y su causa de beatificación está avanzada.

La religiosa, alma víctima, estigmatizada sufrió los padecimientos de la Pasión del Señor, con efusión de sangre, todos los viernes de Cuaresma desde 1923 hasta su muerte en el 61.

Cuando murió, L'Osservatore Romano escribió un bello artículo sobre la mística calabresa.

Las revelaciones a la religiosa confirman el mensaje de Fátima y son de las más conmovedoras de los últimos tiempos. Nuevamente, el Cielo llama a la conversión y a la reparación y advierte acerca de castigos.

El 8 de Diciembre de 1956 se le aparece la Virgen triste llorando y le dice: "La gente está ofendiendo demasiado a Dios . . . "

Luego, agrega: "Este gran manto que tú ves, es la expresión de mi misericordia para cubrir a los pecadores y salvarlos. Los hombres, en cambio, se cubren ellos mismos con más inmundicia todavía y no quieren confesar sus faltas. Por ello, la justicia de Dios pasará sobre el mundo pecador para purificar la humanidad de tantos pecados abiertamente cometidos, y ocultos, especialmente esos que corrompen a la juventud!

"Para salvar a las almas, deseo que sea propagado en el mundo la consagración al Corazón Inmaculado de María, Mediadora de los hombres unido a la Misericordia de Dios y a la Reina del Universo.

"Una vez más, el mundo se verá afligido de una gran calamidad, con revoluciones sangrientas, con grandes terremotos, con hambrunas, con epidemias, con terribles huracanes, con inundaciones de ríos y mares. Pero, si los hombres no vuelven a Dios, fuego purificador caerá de los cielos, como tormentas de nieve; sobre esas gentes, y una gran parte de la humanidad será destruida.

"Los hombres ya no hablan de acuerdo al verdadero espíritu del Evangelio. La inmoralidad de este tiempo ha llegado a un pico. Pero, los hombres no escuchan mis advertencias maternales, por eso el mundo debe ser pronto purificado." Luego profetiza guerras y momentos de gran tribulación para la Iglesia y el mundo.

"El único medio válido para aplacar la Justicia Divina es orar y hacer penitencia, volviendo a Dios con dolor sincero por las faltas cometidas, y entonces el castigo de la Divina Justicia será mitigado por misericordia. La humanidad nunca encontrará paz si no regresa a mi Inmaculado Corazón como Madre de Misericordia y Mediadora de los hombres, y al Corazón de mi Hijo Jesús".

Almas víctimas reparadoras han sido en estos últimos tiempos las místicas Sor Josefa Menéndez, Teresa Neumann, Marthe Robin, la Beata Alexandrinha da Costa y en España la recientemente fallecida Petrilla.

A comienzos de los años 70 la Santísima Virgen se manifiesta a una religiosa japonesa en Akita, Japón, a la Hermana Inés Sasagawa. Entre otros mensajes le dice:

"Muchos hombres en este mundo afligen al Señor. Yo deseo almas que lo consuelen para mitigar la ira del Padre Celestial. Deseo, con mi Hijo, almas que con sus sufrimientos y pobreza reparen por los pecadores e ingratos"…"Para que el mundo conozca su ira, el Padre Celestial está preparando infligir un gran castigo sobre toda la humanidad… Yo he prevenido la venida de calamidades ofreciéndole los sufrimientos del Hijo en la Cruz, Su Preciosa Sangre, y el sufrimiento de las amadas almas que Le consuelan formando una corte de almas víctimas. Oración, penitencia y heroicos sacrificios pueden mitigar la cólera del Padre”. "El Padre infligirá un terrible castigo a toda la humanidad. Será un castigo mayor que el diluvio, tal como nunca se ha visto antes". Oración y sacrificios, pide la Santísima Virgen, en reparación por tantos pecados. También pide especialmente rezar por el clero y advierte que la obra del demonio se infiltrará dentro de la Iglesia.

Las apariciones de Akita fueron aprobadas por el Obispo local y también por Roma en 1988.

Estas son sólo algunas de las advertencias dadas por el Cielo.

No caben dudas que la situación hoy es muchísimo peor que en la década de los 50 , 60 y 70. Baste pensar en los abortos legalizados, en las experimentaciones que se hacen con fetos vivos, en las que se hacen con embriones híbridos de humanos con animales, en la degeneración de las costumbres, el diluvio de inmoralidad que se propaga por televisión y otros medios, la moda altamente ofensiva a Dios, la corrupción de la juventud por medio de la música, la homosexualidad exhibida como si fuese una virtud, los ataques a todo lo que es santo, el satanismo abierto y publicitado, los sacrilegios que a diario se comenten, el uso de anticonceptivos y abortivos, todos los sacrilegios, profanaciones, pecados contra el Primer Mandamiento, la absoluta falta de conciencia de pecado y el desafío a la Ley de Dios y la falta de fe en la Iglesia en medio de un mundo de Apostasía.

Por tanto, la necesidad de reparación es más grande que nunca. Pero, no sólo de reparación sino de intercesión.

La adoración perpetua es la gracia sobreabundante de Dios para estos tiempos y es donde ante la presencia eucarística del Señor –como enseñaba el Ángel de la Paz a los niños de Fátima- podemos reparar e interceder día y noche por los pobres pecadores, aquellos que más ofenden su Divina Majestad.

También la reparación es un llamado a la santidad, puesto que seremos verdaderos intercesores y reparadores en la medida en que más santa y pura sea nuestra vida, a imagen del gran Intercesor, Jesucristo, y de su Santísima Madre.

(1) Para ello, le daba el Señor a la mística su Flecha Dorada, para sanar las heridas producidas por la malicia del pecador.

Oración de la Flecha Dorada:

"Que el Santísimo, Sacratísimo, Adorabilísimo, Misteriosísimo e Inefable Nombre de Dios sea alabado, bendecido, amado, adorado y glorificado, en el Cielo, en la tierra y bajo la tierra, por todas las criaturas de Dios, y por el Sagrado Corazón de nuestro Señor y Salvador Jesucristo en el Santísimo Sacramento del altar. Amén" .

Con esta oración se consuela a nuestro Dios y se hace reparación. El cielo pide, ante las atrocidades cometidas, constante reparación.

En 1845, el Señor le había dado a la Hermana Marie, una oración de reparación, la llamada de la Santa Faz.

[ 16-09-2008 ]

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