Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


El 30 de JUNIO PARTI脫 LA ADORACI脫N PERPETUA EN ZARAGOZA. HOMIL脥A DEL CARDENAL CA脩IZARES EN LA INAUGURACI脫N SOLEMNE DE LA CAPILLA DE SAN PASCUAL BAIL脫N

En Misa solemne en la Bas铆lica de Nuestra Se帽or del Pilar, presidida por el Sr. Cardenal D. Antonio Ca帽izares y concelebrada por el Sr. Arzobispo de Zaragoza D. Manuel Ure帽a, el Arzobispo em茅rito, y otros obispos y sacerdotes, fue inaugurada la Adoraci贸n Perpetua de la Eucarist铆a de la capilla de San Pascual Bail贸n. Dijo el Cardenal. "Es en la adoraci贸n al que es Amor de los Amores, al Dios que est谩 ah铆 en las especies sacramentales, y que nos ama con su sacrat铆simo Coraz贸n traspasado, donde est谩 la grandeza y la verdad del hombre. No hay nada m谩s importante que la adoraci贸n. La destrucci贸n y p茅rdida de la adoraci贸n destruye y extrav铆a al hombre."

TEXTO COMPLETO DE LA HOMIL脥A

Zaragoza, 30 de junio de 2011

V铆spera de la fiesta del Sagrado Coraz贸n de Jes煤s

Querido Sr. Arzobispo de Zaragoza,

querido Sr. Arzobispo em茅rito,

queridos Sres. Obispos D. Carmelo, D. Victorio, y P. Eusebio de Tarazona,

queridos sacerdotes,

queridos hermanos y hermanas en el Se帽or:

Llenos de alegr铆a y de acci贸n de gracias al Se帽or, en el atardecer como en Ema煤s, el Se帽or sale a nuestro encuentro y, una vez m谩s, nos muestra el inmenso amor con que nos ama. Nos muestra hoy este amor suyo sin medida al invitarnos a compartir su Cuerpo que se entrega por nosotros am谩ndonos as铆 hasta el extremo; nos lo muestra en la v铆spera misma del d铆a en que la Iglesia entera contempla y adora el Sacrat铆simo Coraz贸n de Cristo, en el que se nos descubre a todos la inmensidad de ese inmenso amor que es Dios; nos lo muestra con una se帽al clara e inequ铆voca al suscitar que hoy esta Capilla del zaragozano San Pascual Bail贸n, el grande y humilde, sencillo, santo franciscano eucar铆stico, se dedique a la Adoraci贸n Perpetua de la Eucarist铆a. El Se帽or est谩 grande con nosotros y estamos alegres; no dejaremos de cantar y alabar incesantemente la misericordia de Dios que no tiene l铆mites.

Jes煤s nos muestra el secreto insondable de Dios, que es Amor: en esto hemos conocido el amor, en que Dios ha enviado su Hijo en carne al mundo, no para condenarlo, sino para que se salve y tenga vida por 脡l. Su sacrat铆simo Coraz贸n, inseparable de su Cuerpo y de su Sangre, nos desvela el abismo de amor que es Dios mismo, que nos entrega en el Hijo, de quien nada ni nadie podr谩 separarnos jam谩s.

Cinco d铆as despu茅s de la fiesta del Cuerpo y de la sangre de Cristo, sacramento de la caridad de Dios, adoramos tambi茅n su Sagrado Coraz贸n. En el lenguaje b铆blico el coraz贸n indica el centro de la persona, la sede de sus sentimientos y de sus intenciones. En el Coraz贸n de Cristo Redentor, reconocemos y adoramos el amor de Dios a la humanidad, su voluntad de salvaci贸n universal, su infinita misericordia, que se hace verdadera, real y sustancialmente presente en el Sant铆simo Sacramento del Altar para que lo comamos y vivamos de 脡l. Rendir culto, como hace la Iglesia en esta solemnidad al Sagrado Coraz贸n de Jes煤s, significa adorar aquel coraz贸n de hombre con que nos am贸 Jes煤s hasta el fin, aquel coraz贸n que, despu茅s de habernos amado hasta el extremo y de habernos dado a comer su Carne que se entrega por nosotros, fue traspasado por una lanza y, desde lo alto de la Cruz, derram贸 sangre y agua, fuente inagotable de vida nueva y eterna, esa sangre y esa agua que se perpet煤an en el altar eucar铆stico.

S贸lo de esta fuente inagotable de amor que es el coraz贸n de Jes煤s, de su Cuerpo y de su Sangre, podremos sacar la energ铆a necesaria para amar, para vivir y cumplir nuestra vocaci贸n de amar. Necesitamos contemplar, admirar y adorar cuanto se contiene y entra帽a en el Sacramento de la Cruz de Cristo, de su Cuerpo y de su Sangre, y en el Coraz贸n sacrat铆simo de Jesucristo para aprender lo que es el amor y qu茅 significa amar, como nos ense帽a el ap贸stol Juan. Necesitamos beber de esta fuente inagotable de vida, de donde brotan la Iglesia y sus sacramentos, singularmente el de la Eucarist铆a, para abrirnos de par en par al misterio de Dios y de su amor, porque el amor es de Dios, y dejarnos as铆 transformar por 脡l. Necesitamos profundizar en nuestra relaci贸n con el coraz贸n de Jes煤s, del que no podemos desligar nunca el sacramento de su Cuerpo, para reavivar en nosotros la fe en el amor salv铆fico de Dios, que proclama ya en el Antiguo Testamento la primera lectura, canta el salmo con que hemos respondido a la Palabra de Dios, y manifiesta de modo admirable Juan, en la segunda lectura. Reavivamos la fe en el amor de Dios en la acogida fiel y gozosa de ese mismo amor, que hemos conocido en el Hijo de Dios enviado en carne, en su Carne, para que todos vivamos en 脡l.

Debemos recurrir a esa fuente 煤nica del Cuerpo y de la Sangre, del Coraz贸n traspasado y abrasado de Cristo para alcanzar el verdadero conocimiento de Jesucristo y experimentar m谩s a fondo su amor. As铆 podremos comprender mejor lo que significa conocer en Jesucristo el amor de Dios, experimentarlo teniendo puesta nuestra mirada y nuestra confianza en 脡l, hasta vivir por completo la experiencia de su amor, para poderlo testimoniar despu茅s a los dem谩s. Ah铆 est谩 el secreto de la vida de cada uno de los cristianos, mejor a煤n, de la vida de la Iglesia, que nace de ese coraz贸n y que es hecha por el Sacramento de la Eucarist铆a. Junto al Cuerpo entregado por nosotros y junto a la Sangre de Cristo por los hombres derramada, y, como dijo el Beato Juan-Pablo II, 聯junto al Coraz贸n de Cristo, el coraz贸n del hombre aprende a conocer el sentido verdadero de una vida aut茅nticamente cristiana, a evitar ciertas perversiones del coraz贸n humano, a unir el amor filial hacia Dios con el amor al pr贸jimo. As铆, sobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia, se podr谩 construir la civilizaci贸n del Coraz贸n de Cristo聰. Para nosotros, abandonados a nuestras solas fuerzas, ser铆a imposible, pero Dios, en su amor compasivo y misericordioso sin l铆mite ni ribera, lo hace real y posible d谩ndonos a participar del mismo Cristo, de cuyo costado brota el sacramento de su Cuerpo y Sangre por el que nos unimos a 脡l, entramos en comuni贸n de vida y amor con 脡l.

Esta es, hermanos, una espiritualidad para almas fuertes, para corazones recios, que viven de la m谩s vigorosa experiencia que pueda darse: la de ser amados por Dios como vemos y palpamos en el sacramento de la comuni贸n con Cristo, participando de su entera entrega al Padre de amor, y como contemplamos en este Coraz贸n traspasado, de ver todo como don de Dios: se nos da el don supremo y total de Dios en la Eucarist铆a, que es as铆 mismo el gesto m谩s completo de adoraci贸n. El culto del amor de Dios manifestado y entregado en el Cuerpo y Sangre del Se帽or, en el Coraz贸n traspasado de Jes煤s, unific谩ndonos con 脡l, debe ayudar a recordar incesantemente que Jes煤s carg贸 con el sufrimiento de la Pasi贸n y de la Cruz voluntariamente por nosotros, por m铆. As铆, cuando adoramos el Cuerpo y Sangre, y el Coraz贸n, de Cristo, 聯no s贸lo reconocemos con gratitud el amor de Dios, sino que seguimos abri茅ndonos a este amor de manera que nuestra vida quede cada vez m谩s modelada por 脡l聰 (Benedicto XVI).

El Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, junto con su sacrat铆simo Coraz贸n, es s铆mbolo y realidad de su amor infinito, amor que nos impulsa a acoger su amor, y as铆 amarnos los unos a los otros como 脡l nos ha amado, y hacer de nuestra vida una vida de entrega, de misericordia, de compasi贸n, de perd贸n, de gracia, de don, de Jes煤s en persona, con su sacrat铆simo y divino Coraz贸n de hombre, sacramentado, es la contemplaci贸n y reconocimiento de la presencia real de Cristo, en las sagradas especies, fuera de la celebraci贸n de la Santa Misa. Es un verdadero encuentro dialogal por el que nos abrimos a la experiencia de Dios. Igualmente un signo de comuni贸n con la Iglesia y de responsabilidad para con toda ella y su misi贸n; e igualmente un gesto de solidaridad con las necesidades y necesitados del mundo entero. Por la adoraci贸n entramos en una real comuni贸n con Cristo, permanecemos en 脡l y en su amor, cuyo s铆mbolo es su Coraz贸n, sin el que nada podemos hacer, ni ser谩 posible ning煤n fruto de vida eterna, de amor, de misericordia, de paz y de justicia.

Es en la adoraci贸n al que es Amor de los Amores, al Dios que est谩 ah铆 en las especies sacramentales, y que nos ama con su sacrat铆simo Coraz贸n traspasado, donde est谩 la grandeza y la verdad del hombre. No hay nada m谩s importante que la adoraci贸n. La destrucci贸n y p茅rdida de la adoraci贸n destruye y extrav铆a al hombre. En el contexto de la adoraci贸n perdida, y, por tanto, del rostro perdido de la dignidad humana, 聯nos corresponde de nuevo a nosotros comprender la prioridad de la adoraci贸n y hacer que los j贸venes -as铆 como nosotros mismos y nuestras comunidades- sean conscientes de que no se trata de un lujo de nuestro tiempo confuso, que tal vez no nos podemos permitir, sino de una prioridad. Donde no hay adoraci贸n, donde no se tributa a Dios el honor como primera cosa, ni siquiera las realidades del hombre pueden progresar聰 (Benedicto XVI).

Por esto, 隆qu茅 importancia tan grande tiene la adoraci贸n perpetua!, qu茅 largo alcance entra帽a el que promovamos esta adoraci贸n -ahora en la Inmortal Zaragoza, con el Pilar en su centro-. Lo primero que esperamos y pedimos de esta adoraci贸n perpetua en Zaragoza, providencialmente abierta en las V铆speras de la solemnidad del Sagrado Coraz贸n y en la capilla del santo eucar铆stico San Pascual Bail贸n, es sencillamente que Dios-Amor sea reconocido, adorado, amado, alabado, contemplado en el rostro de su Hijo, crucificado y con el costado traspasado, que sea servido, por encima de todo; que se muestre que de 脡l viene toda misericordia y salvaci贸n ; y que, con su Hijo y su Coraz贸n Sagrado, no busquemos otra cosa que su voluntad -amar con su mismo amor-, que nos ofrezcamos unidos a Jes煤s en expiaci贸n por los pecados del mundo, y que nos postremos ante 脡l para sacar de ah铆 todo el amor que renueve y transforme nuestro mundo. Que Dios bendiga y 聯pague聰 a los adoradores que se han ofrecido en esta querida ciudad de Zaragoza, a quienes agradezco de todo coraz贸n su generosidad y su testimonio, y animo a perseverar y no echarse nunca a tras, a que prosigan el camino con la mirada siempre puesta en el Se帽or.

Que la Sant铆sima Virgen del Pilar, Mujer eucar铆stica y primera adoradora de su Hijo, el Se帽or, bendiga y proteja esta obra y a toda la di贸cesis de Zaragoza. Que cont茅is siempre con el auxilio y el est铆mulo de San Pascual Bail贸n, que tambi茅n es de vuestra tierra, inseparable del Pilar que nos sustenta.

聠 Antonio Ca帽izares Llovera

Cardenal

[ 08-07-2011 ]

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