Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


OTRAS INTERVENCIONES EN EL CONGRESO DE ROMA SOBRE ADORACIÓN EUCARÍSTICA

Son las correspondientes a los talleres del 22 de junio pasado, de Don Carlos Alonso Núñez, párroco de San José Obrero, de la diócesis de Burgos y del P. Justo Antonio Lofeudo, misionero de la Santísima Eucaristía.

A continuación ofrecemos la disertación de Don Carlos Alonso y a continuación la del P. Lofeudo.

De D. Carlos Alonso Núñez:

El tema que me presentaron para este taller es: “¿LA EUCARISTÍA, INSTITUIDA PARA SER COMIDA O PARA SER ADORADA?”. Me recuerda a la pregunta, poco acertada, que nos hacían de pequeños: ¿a quién quieres más, a papá o a mamá?. Deberíamos quitar esta “o” alternativa por la “y” que une e integra la una en la otra.

El domingo pasado bauticé al hijo de unos amigos en un pueblito de la Rioja...llegué en el momento de la procesión del Corpus (lo celebraban una semana adelantada) y con dolor comprobé que aquella Eucaristía era ni celebrada ni adorada… Tengo la impresión que muchos entran en la iglesia con sensación de vacío y que creen que son ellos los que la llenan, cuando el que realmente lo llena todo es Cristo, presente en el Sagrario.

El lunes, esperando en el aeropuerto de Santander, rezando el oficio divino leí la lectura de ISam 17,1-10.32-51 y, debo confesar que todos mis miedos sobre este taller desaparecieron: no tenía que vestirme de “guerrero” (de teólogo) sino sólo ponerme el traje de pastor (de sacerdote) y contar lo que el Señor me ha regalado vivir.

Recién ordenado fui nombrado párroco de Manzanedo (en 1989 tenía 24 personas). Allí, cada domingo, el Sr. Silvino tocaba las campanas media hora antes de la Misa para convocar a la celebración pero volvía a tocarlas en el momento de la consagración, en la elevación. Me comentó que lo hacía para los de fuera con el fin de recordarles que el Señor ya estaba sobre el altar.

En mi 2º destino, Mecerreyes, viví intensamente el año de la Eucaristía. En aquel año de gracia, compramos una Custodia buena…en la primera colecta los fieles entregaron 3000 euros (el pueblo tenía unas 300 personas censadas).

En 2006 me enviaron a una parroquia de la ciudad, San José Obrero. Le pregunté al Sr. Obispo: “ ¿Por qué me envía allí?.

Me contestó: “para que le des vida”.

Volví a preguntarle “¿cómo se hace eso…?”

“¡Rézalo!” –así acabó su consejo.

El día que tomé posesión, al abrir el Sagrario vi dos copones grandes, negros por fuera, descuidados… me parecieron dos ollas que se habían ennegrecido al fuego… recordé aquella frase de Juan Pablo II que la Iglesia sólo se reformará cuando se ponga la Eucaristía en el centro.

El primer domingo, por la tarde, le pregunté mil veces al Señor en mi oración: ¿qué hago Señor aquí? ¿Qué quieres de mí? Ese día le nombré a Él párroco y yo me conformé con ser su “zagal”.

El segundo domingo suprimí una Misa y anuncié que todos los domingos habría una hora de adoración de 18:30 a 19:30 de la tarde.

No tardó el Señor en “decirme” que para caminar, para dar vida a la parroquia, necesitaría las dos piezas: la adoración y la caridad (pero el Señor me hizo trampa: se le olvidó decirme que necesitaría también la cachaba de la cruz).

Al mes de estar en Burgos me visitó un sacerdote jubilado acompañado por un profesor universitario joven. Este me propuso instalar una capilla de adoración perpetua en la Parroquia. Le contesté, dándole largas, excusándome que estaba recién llegado y que no era prudente hacer cambios. Él me insistió y me retó a acompañarle a Roma para ver cómo funcionaba allí, (al profesor se lo olvidó decirme que en Roma tenía su novia…pero el Señor lo recicla todo).

En febrero de 2007 ya estaba en Roma para ver esta realidad de Adoración perpetua en Santa Anastasia. EI primer rato de oración fue a las 6 de la tarde; vi un grupo de gente relativamente mayor adorando… ¡no me conmovió demasiado!, pero al salir le propuse al profesor volver al día siguiente a las 11 de la noche…

Allí estábamos y después de más de una hora en la capilla había más de 25 personas y la inmensa mayoría jóvenes. ¡¡Sí, sí, esto lo quiero para Burgos!!

En noviembre de 2006 también me mandó el Señor “una mensajera” para orientar la vertiente de la caridad a través de un albergue de acogida cristiana del Camino de Santiago.

La parroquia que recibí estaba ruinosa en lo material y, por desgracia, también en lo espiritual. Al final del año 2007 comenzaron las obras para adaptar los espacios para la capilla de adoración y para el albergue. Las obras duraron un año entero… y allí llegó la cruz en forma de incomprensiones…

En aquella tempestad, en la que me sentí poco querido por mis hermanos sacerdotes decidí –sin decírselo absolutamente a nadie– que ese año no iría a la Misa Crismal (quería evitar los encuentros sacerdotales)… pero el Señor salió al paso:

Quince días antes de la Misa Crismal, una religiosa de clausura después de la confesión me dijo: “¿puedo hablar un poco con usted?” –Por supuesto, le contesté– y ella siguió: “me ha dicho el Señor que le diga que no deje de ir a la Misa Crismal y que vaya con la cabeza alta”. ¡Se me estremeció todo el cuerpo! Yo le pregunté quién le había dicho que no iba a ir a la Misa Crismal porque no se lo había dicho a nadie… me dijo que ella no sabía.

A los 15 días volví a confesarla y le volví a hacer la misma pregunta. Ella me contestó: “Padre, yo no sabía ni siquiera lo que era la Misa Crismal y después de decirlo tuve que preguntarlo a la Madre”.

¡Si, llegó la cruz pero el Señor no escaseó en carantoñas! Unos meses antes de todo, en septiembre de 2008 viví un nubarrón especial de dudas por si me había equivocado, como si no fuera idea de Dios, sino calentura mía. En esta oscuridad estaba metido cuando fui a Madrid con varios más, a la parroquia San Jorge, a una charla de Sor Emmanuel sobre Medjugorje. Cuando llegué a la Iglesia ya estaba ocupada del todo (yo no puedo estar mucho tiempo de pie, quieto, por mis lesiones en la espalda) y mientras seguía dando vueltas a mis dudas (sin escuchar a Sor Emmanuel) vi que abrían el coro. Me di prisa por subir y me senté en un reclinatorio. Las dudas y oscuridades seguían haciendo su labor hasta que levanté la cabeza y vi tres vidrieras a mi izquierda: la primera era San Román portando al Señor en una Custodia, la segunda era Santiago Apóstol vestido de peregrino y la tercera vidriera era el Señor, “soy yo”. Aquella visión de la vidriera ahuyentó las dudas, quise entender que el mismo Señor –no yo– quería la Adoración y el albergue.

Por aquellos días, una señora me entregó un papelito que decía: “cuando estés de rodillas, muchos vendrán a mí”. La señora me comentó que eso le había dicho el Señor para mí.

En enero del 2009 vino el P. Justo para abrir la capilla de Adoración perpetua; ya en verano habíamos tenido un encuentro con el Sr. Arzobispo y los vicarios y habíamos quedado que el primer trimestre de 2009 sería el tiempo oportuno.

Comenzó el P. Justo a anunciarlo y se desataron las dificultades; tantas que el Sr. Arzobispo decidió aplazarlo.

En el momento no comprendí la postura… pero el Señor me ha hecho entender que los dos años de espera han sido realmente tiempo de gracia. A lo largo de este tiempo hemos tenido dos horas de adoración diarias, además de las vigilas de adoración de los viernes al sábado… ¡lo hemos pedido, lo hemos llorado!. Y cuando se cumplió el plazo hemos visto que ha sido gracia de Dios. Un tiempo para aprender a adorar. Fue el Señor educándonos para la adoración.

Muchas clausuras apoyaron con horas de adoración para que llegara el 13 de febrero.

Y desde el 13 de febrero es un torrente de gracia. La capilla de Adoración perpetua está dentro del edificio de la Parroquia San José Obrero, antiguo seminario de Misiones extranjeras. Aquel seminario duró 22 años, se cerró y se vendió. Treinta y nueve años más tarde ha querido el Señor que allí comenzara una nueva misión desde la Adoración.

¿Cómo se suscitó la vocación a la adoración en mí?

Me gusta el texto de San Juan que sabe señalar la hora en que se encontró por primera vez con Jesús: “eran las 4 de la tarde”.

Mis “cuatro de la tarde” sucedió en Mecerreyes. Un día entré en la capilla, saludé al Señor haciendo la genuflexión y rápidamente, sin entrar en oración, me puse a abrir las ventanas para ventilarla… en aquel momento resonó con fuerza en mi alma: “¡déjame decirte que te quiero!”. Aquel “déjame decirte que te quiero” se hace eco cada vez que me postro ante el Señor.

En la capilla tenemos, a los pies del Sagrario, un libro donde uno escribe la oración que desea… entresaco algunas de ellas.

Al pie del altar apareció esta carta:

• Hace varios meses, probablemente fruto de la desesperación sin duda consecuencia de falta de confianza en la Providencia Divina y en la Divina Misericordia, escribí una carta a Satanás solicitando una serie de “favores” a cambio yo le ofrecí mi alma. No sé el tiempo que permanecí en esta propuesta, lo cierto es que lo hice y ello me produce una inquietud grande pese a que me he confesado en dos ocasiones de dicha acción. Los términos de la carta no los recuerdo con precisión; lo que si entiendo es que nada de lo que solicité se cumplió con lo cual creo no tener ningún vínculo con él.

No sé si estará así en mi corazón pero me arrepiento profundamente de haberlo hecho, la sensación que tengo es que este arrepentimiento se produce más por temor de Dios que por Amor a Él (me gustaría que fuera al revés y que mi arrepentimiento fuera perfecto).

En cualquier caso entiendo que el hecho de haberme confesado perdona, por la Misericordia de Dios, esta terrible ofensa aún así como por escrito pequé, por escrito quiero pedir perdón y renovar las promesas que en mi bautismo hicieron por mí mis padrinos.

- ¿Renuncias a Satanás?

SI RENUNCIO

- ¿Y a todas sus seducciones?

SI RENUNCIO

- CREO EN DIOS, PADRE TODOPODEROSO CREADOR DEL CIELO Y DE LA TIERRA

- CREO EN JESUCRISTO , SU ÚNICO HIJO, NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO QUE NACIÓ Y PADECIÓ POR NOSOTROS

- CREO EN EL ESPÍRITU SANTO, LA SANTA IGLESIA CATÓLICA, LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS, EL PERDÓN DE LOS PECADOS, LA RESURRECIÓN DE LA CARNE Y LA VIDA ETERNA.

• Un niño de once años, que acude semanalmente a la cita de adoración con su madre escribe «SEÑOR JESÚS ayuda a mi mamá para que pueda conseguir un hombre bueno que la quiera ¡oh Señor Todopoderoso! Ayúdala. Gracias». «Señor, necesito tu sangre y tu amor para que me vaya bien y para que mi mamá consiga un hombre bueno y que la quiera. Y dame el entendimiento en los exámenes y en los problemas de matemáticas. Amen». Pero un día añadió a su oración: «Señor Jesús, todopoderoso, te pido para mi mamá un hombre que la haga feliz y por mí no te preocupes, creo que me las puedo apañar sólo».

• «¡Hola nuevamente! ¡Qué gran suerte tenerte aquí, saber que me esperas, que siempre me esperas! Y yo, nunca hubiera pensado que anhelara tanto que llegara esta hora para estar un poco más cerca de ti»

• Una constante es la oración por los sacerdotes, por la santidad de los sacerdotes, por las vocaciones sacerdotales: «Por nuestros sacerdotes, mantén en ellos firme la llama de tu amor». «Toca también a muchos sacerdotes fríos, débiles, rutinarios, su corazón enfriado y con poco amor a Ti». «Mi Jesús te pido bendigas a todos los santos sacerdotes que han oficiado la Santa Misa durante este mes en esta Tu Capilla, a todos los sacerdotes que hayan venido a adorarte; a todos y cada uno de los Adoradores junto a todos sus familiares y a todos aquellos que hayan pasado algún tiempo en tu presencia. Gracias». «Regálanos vocaciones sacerdotales». «Bendice a los seminaristas y sacerdotes». «Quiero pedirte por los sacerdotes». «Jesús te pido aquí a tus pies por las vocaciones sacerdotales, más fidelidad de los sacerdotes. Por la paz en el mundo, y en especial por mi sobrino que se va a tierras en guerra, cuídalo»

• «Renueva Señor, en nuestra Parroquia el Espíritu que enviaste en Pentecostés. Te necesitamos, y como sacerdote lo necesito particularmente y te pido por todos mis feligreses. Gracias Carlos por darnos la oportunidad de renovar nuestros deseos en medio de este pueblo. Que el Señor te bendiga»

• «Sólo quería mostrar lo que mi corazón sintió al enterarse de esta capilla»

• «Hace ocho días te imploraba tu ayuda y protección para toda la Comunidad, hoy tengo que darte gracias porque “HAS ESTADO GRANDE CON NOSOTROS”. Nos has dado más de lo que podríamos esperar. GRACIAS. Sólo con tu ayuda podemos llevar a cabo el deseo de nuestra revitalización y reorganización. Tú sabes mejor que yo lo que necesito para llevar a cabo mi misión. Todo lo pongo en tus manos, sólo tu fuerza me ayudará a “cambiar lo que debo cambiar primero en mi y después en la Comunidad”. Me confío en ti y en ti me apoyo. Gracias»

• «Te echo muchísimo de más mi Jesús»

• «Señor Jesús. Sé que estás loco de amor por cada uno de nosotros; sé que te llenamos de alegría cuando nos ponemos a tu alcance y nos dejamos amar, ¡sin resistencias! Aquí me tienes Señor… ¡me tienes a tiro! Mira en esta noche a todos estos maravillosos hermanos que tienen en su alma el “virus de la adoración” Cólmalos de tu amor Señor sigue llamando a muchos más ¡más, más, Señor! A este encuentro. Señor que no corran tan deprisa los minutos en tu presencia. Gracias Señor porque me amas tanto, por ese empeño en no dejar nunca de amarme ¡¡aunque no me entere!! Gracias, Señor. Yo también quiero amarte, a lo loco ¡¡sin juicio!! Gracias mi Jesús Sacramentado»

• « ¡Señor mío y Dios mío! ¡Cómo me gustaría en esta noche tener la fe de Santo Tomás…postrarme en tierra y reconocer que estoy ante el mismo Señor resucitado! ¡Concédeme-concédenos vivir el asombro de tu Amor. Saber que nos amas tanto, tanto…es suficiente para seguir aquí! ¡¡Saber que me amas y a tu modo!! ¡Loco! yo también te quiero, con locura pero desde mi pequeñez»

• «Señor te aconsejo vayas al otorrino. En todo caso, gracias por tu sí firme. Te quiero aunque a veces pienso que lo mereces»

• «Noche de Pascua…noche a la que hemos cantado como maravillosa por ser la única que contempló el maravilloso milagro de la Resurrección del Señor…noche más hermosa que el mismo día. Te presento, Señor, a todos los adoradores de noche ¡Aumenta el número de ellos! Concede a muchos hermanos disfrutar del gozo de romper el sueño para gozar de tu Amor, de tu compañía…que no se interrumpa esta forma de amor.

Señor en esta primera noche de Pascua concédeme-concédenos una Pascua personal, concédenos experimentar tu triunfo sobre todas nuestras muertes, sobre todas nuestras noches…¡que quiero creer cada vez más en ti! Señor, compréndenos que no estamos acostumbrados a la Resurrección. Queremos instalarnos en la Pascua. ¡Creo, Señor! ¡Espero, Señor! ¡Te amo, Señor!»

• «Señor te pido que te entienda, que vea lo que tú me pides, que sepa hacer bien la oración y que vea el trabajo que me conviene»

• «Señor te pido por José Antonio, para que venza los respetos humanos y se atreva a venir a la adoración»

• «Señor, en esta noche, en esta hora de intimidad que me regalas, quiero ser una gran Patena que recoja todas las oraciones que mis hermanos te dirigen; quiero ser una ACCIÓN de GRACIAS inmensa, universal; te quiero dar gracias en todo y por todos y en especial por el derroche de amor con cada uno de nosotros ¡¡aunque no nos entendemos!!; quiero recoger y entregarte todos los sufrimientos, los deseos santos de santidad y apostolado; las ganas inmensas de estar más cerca de ti y adorarte. Te presento, Señor, la capilla 21 de Adoración perpetua en España que se abrirá el próximo viernes 25, día de la Anunciación, en Vitoria. Sé que va a ser un “antes y después” en esa tierra: ¡¡Manifiesta tu poder y tu amor!!

Señor haznos muy santos a los sacerdotes, cierra la herida que sangra en tu Iglesia por nuestros pecados…Haz fecunda nuestra oración y regala abundantes vocaciones la Seminario… ¡Despierta vocaciones en la Parroquia! Gracias, Señor, porque ya me has escuchado. ¡Concédeme un corazón enamorado de ti! »

• «Aquí estoy Señor con mi canasto ofreciéndote todas las miserias de este mundo y en especial las mías; se Señor que las transformarás en frutos de vida eterna. Gracias mi Señor por tantas y tantas bendiciones que me das cada día. Te pido con todo mi corazón por los sacerdotes misioneros y religiosos; dígnate darnos vocaciones sacerdotales SANTAS. Recuerda el encuentro juvenil ya próximo, ellos son nuestra esperanza. Gracias por escuchar mi oración»

• « ¡Ves, lo hiciste! Tú puedes, Mi Señor. Eternas gracias»

• «Antes de pedir nada, dar gracias por todo, Señor. Hoy, jueves, pongo ante Ti mis debilidades, pero también el celo ardiente que no ceja de pedirte prósperas y santas vocaciones al sacerdocio y vida consagrada, al estado religioso laical, fiel y perseverante y a cualquier estado de la sociedad. Por los enfermos, los que sufren y, en especial, por los cristianos perseguidos en la actualidad, tu Iglesia Señor»

• «Señor, aquí estoy otra vez, a pesar de mis dolores y cansancio, o tal vez gracias a ello, no lo sé»

• «Jesús, hoy me pides un beso, tómalo, aquí lo dejo…»

• «Señor te pido la salud necesaria y los medios suficientes para poder encauzar de nuevo mi vida, tal vez quieras concederme esa oportunidad o no, yo no lo sé, sólo sé que vengo aquí, a tu presencia, tal vez inicialmente por necesidad, pero quisiera también venir por Amor»

Y esto, sólo acaba de empezar…

Muchas gracias.

De P. Justo Antonio Lofeudo:

LA ADORACIÓN EN EL RECIENTE MAGISTERIO

Y POR QUÉ LA ADORACIÓN EUCARÍSTICA PERPETUA

Entre las ideas equivocadas acerca de la adoración está aquella que dice que se trata de una forma de pietismo. Viene de la falsa hermenéutica de mediados y fines de los 60, que dio el fruto amargo del actual decaimiento litúrgico y de la fe (dos términos co-implicantes, ya que lex orandi lex credendi). Sin embargo el Magisterio de la Iglesia no ha cambiado. Ni Juan XXIII, ni Pablo VI, ni Juan Pablo II ni Benedicto XVI. Sólo para mencionar algunos documentos allí están Mysterium fidei, Ecclesia de Eucharistia, Redemptionis Sacramentum, Sacramentum Caritatis.

Benedicto XVI: “nosotros los cristianos sólo nos arrodillamos ante Dios o ante el Santísimo Sacramento porque sabemos y creemos que el verdadero Dios está presente en él, el Dios que creó el mundo y que tanto lo amó que dio su Hijo Unigénito (Cf. Jn 3: 16). Nos postramos ante un Dios que primero se inclinó hacia el hombre como el Buen Samaritano para asistirlo y restaurar su vida, y que se arrodilló ante nosotros para lavarnos nuestros pies sucios. Adorar el Cuerpo de Cristo significa que allí, en ese trozo de Pan, Cristo está realmente presente y da verdadero sentido a la vida, al inmenso universo como a la más pequeña criatura , al total de la historia humana como a la más breve existencia. La adoración es oración que prolonga la celebración y la comunión eucarísticas y en la que el alma continúa a ser nutrida: alimentada con amor, verdad, paz; nutrida con esperanza, porque Aquel ante quien nos postramos no nos juzga, no nos aplasta sino que nos libera y nos transforma”.

Adorar es estar sujeto al Amor, como lo explicó Benedicto XVI partiendo de las etimologías: “Diferentes significados de la palabra “adoración” en griego y en latín. La palabra griega proskýnesis significa el acto de sumisión, el reconocimiento de Dios como nuestra verdadera medida y cuya ley estamos de acuerdo en acatar. La palabra latina adoratio, por otra parte, denota el contacto físico del beso, del abrazo, que implícitamente lleva la idea de amor. El aspecto de sumisión prevé una relación de unión porque a quien nos sometemos es Amor”.

Citando al decreto del CV II Prebysterorum Ordinis, dice Juan Pablo II en la introducción de su encíclica Ecclesia de Eucharistia, que «la sagrada Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu Santo». Y agrega: “Por tanto la mirada de la Iglesia se dirige continuamente a su Señor, presente en el Sacramento del altar, en el cual descubre la plena manifestación de su inmenso amor”. Pues la mirada de la Iglesia a su Señor en la Eucaristía, en el SS, es mirada de contemplación y de adoración.

Se lamentaba el Papa: “hay sitios donde se constata un abandono casi total del culto de adoración eucarística. A esto se añaden, en diversos contextos eclesiales, ciertos abusos que contribuyen a oscurecer la recta fe y la doctrina católica sobre este admirable Sacramento. Se nota a veces una comprensión muy limitada del Misterio eucarístico. Privado de su valor sacrificial, se vive como si no tuviera otro significado y valor que el de un encuentro convival fraterno. Además, queda a veces oscurecida la necesidad del sacerdocio ministerial, que se funda en la sucesión apostólica, y la sacramentalidad de la Eucaristía se reduce únicamente a la eficacia del anuncio. También por eso, aquí y allá, surgen iniciativas ecuménicas que, aun siendo generosas en su intención, transigen con prácticas eucarísticas contrarias a la disciplina con la cual la Iglesia expresa su fe. ¿Cómo no manifestar profundo dolor por todo esto? La Eucaristía es un don demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones”.

Eucaristía es presencia, presencia de la Persona de Cristo, presencia de su sacrificio redentor en la celebración. La Eucaristía es Jesús presente. y la Eucaristía nos fue dada para ser celebrada, contemplada, adorada.

Nosotros no adoramos en abstracto sino concretamente a la presencia eucarística del Señor, de su Persona Divina.

Desde hace tiempo constatamos en celebraciones y comuniones banalización de la Eucaristía. Muchos “comulgan” como si fueran a coger un objeto cualquiera, ni siquiera un objeto religioso o precioso. Se ha perdido toda noción del misterio. La comunión dejó de ser un banquete sacro y un encuentro personal con Dios, Creador y Salvador para convertirse en una comida entre iguales con marginal referencia a Dios.

La adoración propende a despertar la conciencia, que es despertar la fe que ilumina, primero que hay misterio y luego la mayor profundización del misterio. La fe de quien sabe que ahí está el Señor, el Emmanuel. Para quien adora el Señor jamás es un extraño.

Por eso, la adoración y la perpetua en particular evangeliza despertando la fe, interpelando a todos, contagiando.

El que adora es como la lámpara del sagrario que está ahí para dar testimonio de la Presencia del Señor. Y la AEP es el testimonio constante, como la lámpara, porque es la respuesta permanente, que perdura, de fe y de amor hacia quien no deja nunca de ser Dios y de amarnos de amor eterno. Como la lámpara arde y como la zarza ardiente no se consume.

Benedicto XVI: “Cuando en adoración miramos a la Hostia consagrada, el signo de creación nos habla. Y así, hallamos la grandeza de este don; pero también encontramos la Pasión, la Cruz de Jesús y su Resurrección. A través de esta mirada de adoración, nos conduce hasta Él, dentro de su misterio, a través del cual quiere transformarnos como transformó la Hostia”.

En la adoración se cruzan las miradas del adorador y del Señor adorado. Por la adoración nos dejamos abrazar, abarcar y también abrasar por el Amor de Dios. Lo miro, lo amo, entablo un coloquio de amor. “¿Cómo pudiste hacerte tan pequeño, tan frágil para estar conmigo? Para que no tema tu absoluto poder y tu tremenda Majestad. Tú no viniste ni en el trueno, ni en el fuego, ni el viento huracanado o la tempestad cuando te manifestaste a Elías ,sino en la brisa. Pues, a mí te presentas en el suave suspiro del amante, suspiro que exhala como perfume de la Hostia Santa e Inmaculada.

Sí, aquí estás. Te veo. Te amo. Te adoro.

Como la paloma del Cantar de los cantares, que se esconde en la hendidura de la roca, mi alma se hunde en el abismo de tu Corazón traspasado por amor y descubre el abismo infinito de tu misericordia.

Benedicto XVI: “la adoración no es un lujo”. No, no lo es. “Es una prioridad”. Es lo primero, lo que no debemos dejar nunca de lado, lo necesario, lo que no nos ha de ser quitado. Fijémonos que la primera pregunta de la mujer samaritana, apenas intuye que está ante un gran hombre de Dios, quizás el mismo Mesías, es acerca de la adoración. Esa es la relación primera, espontánea, innata ante Dios. En aquel pasaje del evangelio de Juan, Jesús responde a la samaritana que no se adorará más en el templo sino que llega la Hora de adorar en espíritu y en verdad. Ya no más el templo de Jerusalén ni ningún otro donde haya sacrificios de animales. que no pueden justificarnos ni salvarnos. Cristo, su Cuerpo, es el nuevo templo que ha de ser destruido y reconstruido al tercer día y quedará para siempre. Es la Eucaristía que había nacido el día antes que su Corazón fuera abierto por la lanza, rasgando el velo del templo de arriba abajo porque Dios no era ya un Dios inaccesible sino que se develaba (quitaba el velo) para mostrarse en Jesús de Nazaret en la cruz que luego resucitaría. Nacía el nuevo culto de adoración verdaderamente donde Dios está presente, en la Eucaristía, culto espiritual por excelencia.

Pero, junto a las sombras está la luz y ahora hay un renacer, un redescubrir la gracia de la adoración. Hoy estamos viviendo dice el Papa, una primavera eucarística.

Papa Benedicto XVI, en carta al General de los jesuitas: “El verdadero conocimiento del amor de Dios es sólo posible en la oración humilde, de generosa disponibilidad. La mirada fija en su costado. traspasado por la lanza, se vuelve silenciosa adoración”. Esa contemplación adorante nos permite confiar en el amor misericordioso y salvador de Dios y nos fortalece y nos hace partícipes en la obra de salvación..”

Juan Pablo II en Dominicae Cenae: “La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico”. Y nos exhorta a la adoración y adoración perpetua cuando agrega: “Jesús nos espera en este sacramento del amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las faltas graves y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración. (Juan Pablo II, lit. Dominicae Cenae, 3)”.

Benedicto XVI: “Donde Dios no tiene un lugar en el que es honrado, donde no es reconocido y no se le rinde culto como Bien Supremo, la humanidad está en peligro. Por tanto es urgente “redescubrir” el auténtico rostro de Dios, quien se nos revela a sí mismo en Jesucristo. De ese modo, la humanidad de nuestro tiempo podrá caer sobre sus rodillas y adorarlo.

Celebración de la Misa, comunión y adoración

Benedicto XVI:

• “La comunión es verdaderamente un encuentro entre dos personas, permitiendo a nuestras vidas ser penetrados por la vida de quien es el Señor, quien es mi Creador y Redentor. Esta comunión implica adoración”. Hasta tal punto esto es así, agregamos, que si no hay adoración no se puede decir que haya habido comunión.

• “Sin la adoración la comunión pierde su profundidad así como su humana riqueza”.

El Cardenal Mauro Piacenza, en su mensaje para el Jueves Santo, de este año, dirigido a los sacerdotes dijo:

“No es suficiente la recuperación de la adoración junto a la celebración de la Eucaristía -que también es una cosa apropiada y recomendable-, pero es necesario que para todos, sean sacerdotes, sean fieles laicos, la misma celebración Eucarística se convierta en adoración”… “Que la misma celebración eucarística comunitaria, es decir de la Iglesia, se comprenda y se viva como culto de adoración a Dios…”Se celebra la Eucaristía adorándola y se la adora celebrándola”

En Sacramentum Caritatis el Papa Benedicto XVI dedica tres párrafos a la adoración de la Sagrada Hostia, son los números 66 al 68.

• “Fueron los Apóstoles quienes, en la intimidad de la Última Cena, recibieron el don de la Eucaristía de parte del Señor, pero estaba este don destinado a todos, para todo el mundo. Es por esto que debía ser la Eucaristía proclamada y expuesta a la vista”.

• Juan Pablo II en la Encíclica EE, el número 25, dice: „ El culto que se da a la Eucaristía fuera de la Misa es de un valor inestimable en la vida de la Iglesia. Dicho culto está estrechamente unido a la celebración del Sacrificio eucarístico. La presencia de Cristo bajo las sagradas especies que se conservan después de la Misa –presencia que dura mientras subsistan las especies del pan y del vino [45]–, deriva de la celebración del Sacrificio y tiende a la comunión sacramental y espiritual [46]. Corresponde a los Pastores animar, incluso con el testimonio personal, el culto eucarístico, particularmente la exposición del Santísimo Sacramento y la adoración de Cristo presente bajo las especies eucarísticas [47].

Es hermoso estar con Él y, reclinados sobre su pecho como el discípulo predilecto (cf. Jn 13, 25), palpar el amor infinito de su corazón. Si el cristianismo ha de distinguirse en nuestro tiempo sobre todo por el «arte de la oración» [48], ¿cómo no sentir una renovada necesidad de estar largos ratos en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor, ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento? ¡Cuántas veces, mis queridos hermanos y hermanas, he hecho esta experiencia y en ella he encontrado fuerza, consuelo y apoyo!

Numerosos Santos nos han dado ejemplo de esta práctica, alabada y recomendada repetidamente por el Magisterio [49]. De manera particular se distinguió por ella San Alfonso María de Ligorio, que escribió: «Entre todas las devociones, ésta de adorar a Jesús sacramentado es la primera, después de los sacramentos, la más apreciada por Dios y la más útil para nosotros» [50]. La Eucaristía es un tesoro inestimable; no sólo su celebración, sino también estar ante ella fuera de la Misa, nos da la posibilidad de llegar al manantial mismo de la gracia. Una comunidad cristiana que quiera ser más capaz de contemplar el rostro de Cristo, en el espíritu que he sugerido en las Cartas apostólicas Novo millennio ineunte y Rosarium Virginis Mariae, ha de desarrollar también este aspecto del culto eucarístico, en el que se prolongan y multiplican los frutos de la comunión del cuerpo y sangre del Señor”.

Benedicto XVI:

• “La celebración eucarística (la Santa Misa) es el acto más grande de adoración de la Iglesia”.

• “Recibir la Eucaristía significa adorar al que recibimos”.

• “La adoración fuera de la santa Misa prolonga e intensifica lo acontecido en la misma celebración litúrgica”.

• “Sólo en la adoración puede madurar una acogida profunda y verdadera. En efecto, « sólo en la adoración puede madurar una acogida profunda y verdadera. Y precisamente en este acto personal de encuentro con el Señor madura luego también la misión social contenida en la Eucaristía y que quiere romper las barreras no sólo entre el Señor y nosotros, sino también y sobre todo las barreras que nos separan a los unos de los otros ». La Eucaristía es sacramento de unidad y de caridad, o según la exclamación de san Agustín: “sacramento de piedad, signo de unidad y vínculo de caridad”. Todo ello encerrado en la Eucaristía, en la Presencia viva del Señor. A este propósito la Beata Madre Teresa decía que toda la misión de las Misioneras de la Caridad nacía de la intensa vida eucaristía que ellas tienen.

• “La adoración del Santísimo Sacramento nos permite entrar en comunión con Cristo, y a través de Él con la totalidad de la Trinidad”.

• “La Eucaristía no es una comida con amigos. Es el misterio de una alianza”.

• “La Eucaristía es un encuentro de personas y un acto unificador”. Pero, atención, “Tal acto unificador sólo puede ser realizado por medio de la adoración”. Es decir, que sólo puedo unirme a Dios si hay adoración, entonces sí hay comunión. Sino seguirá Él estando presente pero quien no lo adora ausente.

• “Recibir la Eucaristía significa adorar a Quien recibimos”.

• “La comunión alcanza su profundidad sólo cuando es sostenida y comprendida desde la adoración. La práctica de arrodillarse para tomar la Santa Comunión es también un signo de adoración especialmente expresivo, totalmente apropiado frente a la Presencia verdadera, substancial de Nuestro Señor Jesucristo bajo las especies consagradas”.

• Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI exhortan a las Adoración Perpetua. Así dicen: “Donde fuera posible, especialmente en zonas densamente pobladas, sería apropiado establecer iglesias u oratorios para la adoración perpetua”.

Exhortación a la catequesis..

• “Recomiendo que en sus clases catequéticas y, especialmente, en sus preparaciones para la Primera Santa Comunión, a los niños les sea enseñado el significado y la belleza de pasar tiempo con Jesús, y ayudarles a cultivar el sentido de estupor ante su presencia en la Eucaristía”.

• “Gran beneficio se recabaría de una adecuada catequesis que explicara la importancia de este acto de culto que permite al fiel experimentar más completamente y con mayor fruto la celebración litúrgica”.

…y a la formación..

• “Aprecio especialmente el hecho que sobre el tema de la formación en la fe de todo el Pueblo de Dios la Asamblea Plenaria también ponga particular atención a los seminaristas para aumentar el crecimiento en un espíritu de auténtica adoración eucarística”.

y la adoración individual y comunitaria

• “Además de alentar a los creyentes individualmente a tomar tiempo para una oración personal ante el Sacramento del altar, siento la obligación de urgir a las parroquias y a otros grupos de la Iglesia a establecer tiempos para la adoración comunitaria”.

• “Recomiendo de corazón a los pastores de la Iglesia y al Pueblo de Dios la práctica de la adoración eucarística, tanto individual como comunitaria”.

“Debería haber en todo el mundo un aumento de iniciativas de oración y especialmente de adoración eucarística para la santificación del clero y para vocaciones al sacerdocio.”

El entonces Prefecto de la Congregación para el Clero, Cardenal Claudio Hummes, en una carta dirigida a todos los obispos del mundo, enviada el 8 de Diciembre del 2007, manifiesta la ferviente esperanza que haya un movimiento espiritual que, tomando mayor consciencia del vínculo ontológico entre Eucaristía y Sacerdocio y de la especial maternidad de María hacia todos los sacerdotes, origine una cadena de adoración perpetua, para la santificación del clero.

El silencio

• “En la vida de hoy, a menudo ruidosa y dispersiva, es más importante que nunca recuperar la capacidad del silencio interior y del recogimiento. La adoración eucarística permite esto no sólo centrado en el “yo” sino más en la compañía de aquel “Tú” pleno de amor que es Jesucristo, “el Dios que está cerca de nosotros”. Para favorecer el silencio interior es necesario el silencio exterior.

Porqué Adoración Perpetua:

Lo podemos resumir en los siguientes puntos que la hacen realmente única. Ante todo es el culto incesante, “así en la tierra como en el Cielo”, que damos a Dios quien es adorado día y noche, sin solución de continuidad. Al mismo tiempo estamos dando como comunidad un testimonio permanente de fe y de amor hacia la presencia del Señor en el Augusto Sacramento. Ello permite que la capilla o el oratorio donde se adora esté siempre abierto y que otras personas, además de los adoradores inscritos, puedan acercarse y rendir culto al Señor así como encontrar alivio a sus agobios y nuevas fuerzas. La Adoración Perpetua al Santísimo Sacramento es una fuente continua de gracias que recibe quien se acerca a cualquier hora del día o de la noche.

[ 29-07-2011 ]

Volver