Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


EUCARISTÍA Y SANACIÓN Conferencia transcrita del P. NICOLAS BUTTET dada en el Congreso Internacional sobre la Adoración Eucarística Adoratio 2011 (20 de junio de 2011) en el Salesianum de Roma. Hemos mantenido el estilo oral de la enseñanza

El P. Nicolas Buttet, jurista de formación y ex diputado en Suiza, es sacerdote. En 1992, se retiró durante cinco años como ermitaño. A su regreso, en 1997, funda la Fraternidad Eucharistein, centrada en Cristo Eucaristía. La comunidad recibe a jóvenes que quieren hacer experiencia de oración y vida comunitaria y también a jóvenes con severos problemas de droga, alcohol o depresión para su restauración como personas. La conferencia, de estilo coloquial, está enriquecida por experiencias de vida y toca importantes temas teológicos y antropológicos de modo directo y simple. A continuación la íntegra transcripción:

¡Hola a todos y cada uno!

Me pidieron que hablara hoy sobre el tema de la Eucaristía y la sanación. Tema delicado y me gustaría tal vez hacer cinco observaciones preliminares antes de abordar el meollo de la cuestión.

El primer punto: existe ahora una cierta confusión entre la salud y la salvación. En muchos idiomas, hay una correspondencia entre estas dos palabras. Nos damos cuenta de que en un mundo que ha perdido el sentido de Dios, la salud se convierte en una obsesión. Aquello que una vez fue la obsesión del corazón humano: la salvación, la redención, la vida eterna, hasta el punto de arriesgar todo por alcanzar ese tesoro fue hoy reemplazado por la salud. Vemos una búsqueda casi religiosa con ritos, rituales, magia incluso, en torno a la salud. Benedicto XVI dijo a los jóvenes prisioneros en la cárcel de Casal del Marmo, aquí en Roma, el 18 de marzo 2007: "Os recordamos que Dios nos ama: esa es la fuente de la verdadera alegría. Mientras que todo lo que se quiere a veces resulta triste. Por el contrario, uno podría verse despojado de todo, hasta de la libertad o de la salud y estar en paz y alegría, si Dios está en nuestro corazón. Así que ahí está el secreto: siempre que Dios está en el primer lugar en nuestras vidas ". (Traducción del italiano)

Antes que él, San Agustín había dicho: "A veces, el médico se equivoca prometiéndole al enfermo la alud física. Dios te da una sanación cierta y gratuita: la salvación." Este es el primer punto: la confusión entre la salud y la salvación. No nos equivoquemos, busquemos la salvación y el resto vendrá por añadidura ...

Segundo punto: ¿Qué significa en la Biblia ser sanado o estar enfermo? O incluso estar vivo o muerto? Vemos a Jesús hablando con los muertos: "¡Lázaro, sal fuera de la tumba!" Estamos acostumbrados porque a menudo lo oímos. Pero, hablarle a un muerto, ¡eso es demasiado! Tengan en cuenta que Jesús se quedó en silencio ante gente que le dirigían la palabra porque de algo de ellos estaba muerto. La Biblia contiene relatos de salvación totalmente paradójicos. En los cuentos, las historias en el mundo, nos enteramos de que los héroes eran jóvenes, hermosos, fuertes y partían para una aventura. En la Biblia, eran viejos, estériles, de edad muy avanzada, discapacitados los que Dios elegía. Por ejemplo, Abraham y su esposa Sara. Comienza siempre con nosotros a través de nuestra realidad! Lo que es importante en la Biblia no es tanto estar sano o enfermo sino estar con Dios. Se es sano y santo cuando se está con Dios y viene Él a encontrarnos en nuestras heridas. El lugar de nuestra herida, de nuestra vulnerabilidad, es el lugar donde Dios se encuentra con nosotros.

Un amigo mío murió de SIDA, Philippe. Seis meses antes de morir me escribió una carta diciendo: "Quiero morir viviente". Y se esta carta me conmovió: morir viviente de la verdadera vida que me espera. Porque se muere muerto generalmente! Él quería morir viviente porque había otra vida más importante que penetraba su vulnerabilidad.

Madre Teresa en su hospital cuando ella acababa de pasar por su tercer ataque al corazón, estando bajo asistencia respiratoria, y siendo visitada por un sacerdote y un médico hindú, dijo el médico al sacerdote: "Padre, vaya pronto a buscar la pequeña caja". El sacerdote replicó: "La caja de medicamentos? la caja de qué? ". "No, la cajita. Usted sabe, cuando está con ella, la Madre Teresa queda totalmente tranquila." Y el sacerdote comprende que se trata del sagrario. El médico hindú agrega: "Cuando esa pequeña caja está en su habitación, ella no hace más que mirarla y mirarla". Ven ustedes, enfermo o sano, no tiene nada que ver con lo que uno se imagina!

Tercer punto: Cristo nos dice: "Venid a mí todos vosotros que estáis cansados y fatigados que yo os restauraré." Bien, creo yo que la adoración eucarística es como el lugar de la encarnación de las palabras de Cristo: "Venid a mí".

"Para vosotros que teméis su nombre, -dice el profeta Malaquías- el sol de justicia brillará llevando en sus rayos vuestra sanación." Esta es una de las últimas palabras de la primera Alianza, del Antiguo Testamento. El profeta Malaquías concluye la historia de la preparación de la venida del Mesías con este anuncio profético y profundamente conmovedor: "El Sol de justicia brillará llevando en sus rayos vuestra sanación." Este sol de justicia es la sagrada Hostia expuesto en nuestros altares. Y dicho esto me gustaría destacar otro punto. A menudo se ha opuesto la adoración a la oración contemplativa. Para quien ha comprendido el significado de la oración de contemplación, "ese diálogo de amor con Dios en el que nos sabemos amados y en el que queremos devolver amor," no hay oposición posible entre uno y otro. Hay una modalidad puede ser un poco diferente de entrar en intimidad con Dios, pero, en ambos casos, se trata de la misma actitud de un hombre, de un ser humano que se proyecta y se echa en los brazos de un padre para vivir el amor que nos une a Él por la gracia de Cristo y el Espíritu Santo.

En mi cuarto punto, me gustaría recordar la diferencia entre sanar y curar. La curación es un arte, dice Santo Tomás de Aquino, y es el arte medicinal que obra una serie de acciones sobre una persona enferma. Un médico puede curar, nunca sanar. La fuerza de la sanación es un principio interior, sigue diciendo Santo Tomás de Aquino. Tenemos que hacer esta distinción. A veces buscamos ser curados en nuestra vida espiritual, viendo a Jesús como el médico sustituto y no el médico que sana el corazón del hombre profundamente herido. El es el principio interior de mi vida y de la vida en abundancia que me fue prometida y que es la verdadera Vida. En el libro del Eclesiástico (Sir 38,11) leemos: "Hijo mío, cuando estás enfermo, no te pongas nervioso (Es del todo normal pues todo lo hacen, pero él lo dice para recordarlo), ruega al Señor y Él te sanará, renuncia a sus pecados, mantén las manos limpias de todo pecado, purifica tu corazón, ofrecer incienso y un memorial de flor de harina (la Eucaristía), luego recurre al médico, porque el Señor también lo ha creado, no lo excluyas porque tú tienes necesidad de él". Esto ilustra claramente acerca de la distinción de la sanación que viene de Dios y la cura que proviene del médico. Si no estamos claros en esto, vamos a hacer una gran confusión cuando se trata de orar al Señor, cuando vayamos a encontrarnos con Dios en la adoración.

Y el quinto punto se refiere a lo que sigue de mi exposición. Quiero hablar fundamentalmente de la Eucaristía, no de todo el misterio de la Eucaristía como el misterio del sacrificio que vimos ayer en la liturgia y lo que significaba, sino de este dogma particular de la presencia real que es puesto a la luz por la adoración eucarística. En la adoración eucarística, nosotros damos testimonio, profesamos que Cristo es realmente, corporalmente, substancialmente presente en el Santísimo Sacramento. Se trata de la presencia real de alguien con quien nos encontramos. No habría ninguna razón para ir a adorar a Cristo si no está presente en el Santísimo Sacramento. Si no fuera así estaríamos locos, enfermos, deberíamos ser tratados en ese momento por un médico. Pero si Cristo está allí, ¡estamos en lo correcto! La Beata Dina Bélanger, esa santa canadiense extraordinaria, dijo: "Si se diese cuenta la gente de la presencia de Cristo se necesitarían guardias delante de las iglesias, porque se tomarían por asalto para ir a ver al Rey de reyes (...)»

Ahora voy a desarrollar este tema de la Eucaristía y la sanación desde cuatro perspectivas: un aspecto teológico, un aspecto antropológico, un aspecto histórico y un aspecto escatológico.

I. El aspecto teológico en primer lugar.

La adoración invierte completamente el orden del mundo, o mejor dicho, pone el mundo en orden. Santo Tomás de Aquino define el pecado como "aversión (alejamiento) de Dios y conversión (acercamiento) hacia la criatura." La adoración inculca en el alma el movimiento totalmente contrario: alejarse de la criatura para volverse al Creador. La adoración está en el mismo corazón de la redención del mundo. Ciertamente por medio del sacrificio eucarístico, pero quiero insistir en la especificidad de la adoración eucarística que aún no ha sido plenamente desarrollada en la Iglesia. Aún si desde el siglo XII, la Iglesia adora, es necesario profundizar más. (Adorar implica) una inversión completa del movimiento, un éxtasis del hombre, no un éxtasis en el sentido místico del término sino un salir de sí mismo. Los filósofos distinguen dos tipos de mística: la mística de la éntasis, en el que nos cerramos en nosotros mismos, esto se ve sobre todo con el budismo, y la del éxtasis, por el cual nos volvemos hacia Dios (NT: se sale de uno para ir hacia Dios). Se puede vivir la adoración al estilo budista, cuando se es un católico practicante ante el Santísimo Sacramento y cerrado en sí mismo. Es necesario salir de sí, estar en éxtasis, o sea en el éxodo de sí mismo, para entrar en la tierra prometida. Salir de la tierra de la esclavitud para ir a la tierra prometida. Este camino pasa el desierto, por la ascesis, por el murmullo (no demasiado tiempo porque se pierde mucho tiempo cuando se susurra!). A veces pasa por una profundización del ese misterio ...

El segundo punto: la adoración eucarística es la respuesta providencial al primer deber moral del hombre, que está unido a la virtud de la justicia y sobre todo la virtud de la religión. El primer deber moral, filosófico, del ser humano en la virtud de la religión es adorar a Dios, reconocer a Dios como el Creador de todas las cosas. Creo que aquí hay una novedad a desenterrar. Se ha dicho, lo que es absolutamente cierto teológicamente, que la adoración eucarística es la celebración del misterio como una prolongación de la acción de gracias de la comunión y como una preparación para la próxima comunión. Benedicto XVI, en 2005, recordó este orden de perfección de alguna manera, si se me permite decirlo, del primado de la adoración sobre todas las cosas. Antes mismo que el sacrificio eucarístico, está la adoración de Dios. Y esta adoración encuentra, gracias al don de la Eucaristía, una forma de expresión sublime, extraordinaria y única. Vean ustedes, en un mundo que ha olvidado a Dios, proclamar el deber moral del hombre de adorar a Dios por un gesto no más interior sino exterior, manifiesto, que consiste en prosternarse delante de la Hostia, se vuelve una suerte de revolución profética . Es necesario verdaderamente profundizar en el misterio de la adoración como una expresión del primer deber del corazón del hombre hacia el Dios Creador. Podemos vivirlo, nosotros de manera teologal, pero en primer lugar desde un punto de vista moral. Es importante dar a Dios ese culto de adoración. Y ese culto de adoración, antes que cualquier otra cosa, antes que el origen de los orígenes, incluso antes de que la Palabra se hiciese carne, encontrará su expresión en la adoración eucarística. Benedicto XVI dijo en la Navidad de 2005: "Precisamente en un mundo donde los criterios rectores están progresivamente faltando y donde existe la amenaza de que cada uno hace por sí mismo su propio criterio, es fundamental subrayar la adoración." Citando a San Agustín: "Nadie come esta carne sin antes haberla adorado. Pecaríamos si no la adorásemos. " Esta forma de adoración me parece esencial para añadir en la teología de la adoración eucarística.

Tercer aspecto teológico de la adoración eucarística: la tragedia del pecado original. La catástrofe del pecado original nos ha hecho perder la dignidad de hijos de Dios: la gracia santificante. Lo que nos vuelve a dar Cristo es esa dignidad de hijo de Dios, esa capacidad de ser como Jesús, de ser cristificado y de poder decirle a Dios con el poder del Espíritu Santo: "Abba , Padre ". Hay entonces en la adoración eucarística este misterio que debe ser vivido. Juan Pablo II y Benedicto XVI, ambos, han subrayado que Pentecostés no fue simplemente un acontecimiento histórico, sino un acontecimiento permanente y que este Pentecostés se realiza en la Eucaristía. Hay dos Pentecostés en las Sagradas Escrituras: el Pentecostés de Juan, juánico, que es el del Corazón abierto de Cristo, el último aliento de Jesús, que se convirtió en el primer aliento del creyente. Ese de Jesús que sopla sobre los apóstoles en la noche de su resurrección. El don del Espíritu Santo en san Juan es un don que hace de nosotros hijos de Dios. Dios estaba tan ansioso por devolver a la humanidad, y a través de ella todo el cosmos (cf. carta a los romanos) ese retorno filial, que lo expiró. Este corazón abierto es el don del Espíritu Santo. Dónde palpita hoy este corazón para que podamos vivir el Pentecostés joánico? Y bien, el Corazón de Cristo late en el Santísimo Sacramento del Altar. Toda la teología del Corazón de Cristo apunta al Corazón Eucarístico de Cristo con Pío IX y Pío XI, quien luego retomó el tema. Entonces, estamos realmente en la apoteosis del misterio del Corazón de Cristo revelado a Santa Gertrudis de Helfta en la Edad Media, pasando por Margarita María Alacoque en la revelación de Paray-le-Monial, para llegar al Corazón Eucarístico. ¿Pero por qué es tan importante este corazón? Porque es allí que es donado el Espíritu Santo para vivir como hijos de Dios. Y cuando Benedicto XVI, entonces Cardenal Ratzinger, comentó el tercer secreto de Fátima, dijo: "Pero ¿cómo puede uno imaginar el triunfo del Inmaculado Corazón de María? No en los signos y prodigios extraordinarios, sino en el retorno filial a Dios. Por ello, la primera cualidad del Corazón de María fue "Fiat", sí a la voluntad del Padre. En la adoración eucarística, vivimos un kairós. La tragedia del mundo de hoy es el alejamiento del Corazón de Dios. El espíritu filial es la oración del "Padre Nuestro". Es el lenguaje de la esperanza. Vivimos en un mundo que ha perdido la esperanza y entonces cayó en los pecados graves, que son las caricaturas o lo contrario de la esperanza: la presunción y la desesperación. La humanidad oscila entre la presunción: querer saber por sí misma, alcanzar el logro por su ciencia, su tecnología, en esa ideología del progreso perpetuo, donde la salvación sería el final de ese progreso. Se ha perdido el radiante futuro, nos queda la globalización feliz, se cree que a través de ella el hombre creará un mundo de felicidad y perfección: trágico error. Por el contrario, se tiene la desesperación: una sociedad depresiva plagada de sinsentido. Traducido de otro modo, una sociedad “adolecéntrica” que rechaza al padre (es la presunción), una sociedad huérfana que ignora que tiene un padre (es la desesperación). Permanece en el centro de la cresta de la esperanza: ¡Abba, Padre, nuestro Padre que estás en los cielos.

En la adoración eucarística, con la efusión del Espíritu Santo que brota del Corazón Eucarístico de Cristo, estamos llamados a entrar en el misterio de nuestra dignidad de hijos de Dios. En la confianza del niño, en el idioma del niño, no en las palabras sino en la actitud filial hacia el Padre. Debemos volvernos a lo que somos gracias al bautismo y entonces luchar proféticamente contra la presunción y la desesperación que corroen nuestra sociedad de hoy.

A continuación, el cuarto punto que plantearé en este aspecto teológico de la adoración: la humanidad, gracias a la adoración eucarística, tiene finalmente un lugar done prosternarse. La humanidad puede por fin prosternarse ante Dios presente en el Santísimo Sacramento. Y cito aquí un texto conmovedor, la homilía de Benedicto XVI en la fiesta de Corpus en 2008, "arrodillarse en adoración ante el Señor. Adorar al Dios de Jesucristo, quien se convirtió en pan partido por amor, es el remedio más valioso y radical contra las idolatrías de ayer y de hoy. Arrodillarse ante la Eucaristía es una profesión de libertad: quien se inclina ante Jesús no puede y no debe postrarse ante ningún poder terreno, no importa cuán fuerte sea. Nosotros, los cristianos no nos arrodillamos más que ante Dios, ante el Santísimo Sacramento, porque en él sabemos y lo que creemos que está presente el único Dios verdadero, que creó el mundo y de tal manera lo amó como para dar a su Hijo único (cf. Jn 3, 16). Nos postramos ante un Dios que primero se inclinó al hombre, como un buen samaritano, para ayudarle y devolverle la vida, y se arrodilló ante nosotros para lavar nuestros pies sucios. Adorar el Cuerpo de Cristo quiere decir creer que allí, bajo la apariencia de un trozo de pan, realmente se encuentra Cristo, que da verdadero sentido a la vida, al inmenso universo como a la criatura más pequeña, a toda la historia humana como la más corta existencia. "

Ahí es donde creo que tenemos la revolución contra las idolatrías. El mundo que no está en la adoración a Dios es necesariamente idólatra. El hombre no puede dejar de adorar! La adoración de falsos dioses: el ego, el dinero, el poder, el sexo, todas esas idolatrías de nuestro mundo moderno, no podrán ser cambiados más que por la adoración profética del Dios verdadero.

Acogemos en nuestra comunidad a jóvenes que han pasado por las drogas, el alcohol, la depresión, la violencia. Y la verdadera sanación, auténtica sanación se hace de rodillas ante el Santísimo Sacramento. Recuerdo a un joven que vino una noche a encontrarme y me dijo: "Nicolás, no puedo más, es necesario que vaya a tomar heroína, no puedo más." Yo le digo: "Oye no puedo ponerte las esposas, no te puedo atar, sólo puedo hacer una cosa: orar contigo ante el Santísimo Sacramento”. Vamos los dos a la capilla, toda la noche, desde las 11 a las 6 de la mañana. Se aferró al altar, justo debajo de la custodia, y si hubiera podido plantar las uñas en el altar lo habría hecho. Se agarraba así (hace el gesto) del altar mirando a Jesús. Después de eso, nunca más tuvo tentación de tomar heroína. Ven, él estaba ahí, delante de Jesús presente.

Otra joven, que está en las drogas, que había hecho cinco intentos de suicidio, tres años de droga, con palos contra la policía. Viene un día y me dice: "Yo no creo en esta historia, en absoluto." Pasó una hora ante el Santísimo Sacramento, después que había pasado horas gritando, hurlando. "Si tú Jesús no muestras que eres tú, parto, es el fin, me suicido, mi vida no tiene ningún sentido." Una hora de cronómetro en mano. En el momento que se levanta para irse, para decir que se acabó, me dice: "No sé que pasó." La vi a la salida de la capilla. Se tenía el corazón y dijo: "Tengo mi corazón, Nicolas". Le dije: “Vayamos al hospital, rápidamente." "No, es el amor", replicó ella. “En el momento que le dije a Jesús, me voy, parto, no sé qué pasó, pero mi corazón fue atravesado por la ternura de Dios. Entonces supe que él estaba allí, que me amaba y que mi vida tenía un sentido. " Ahora termina su maestría en ciencia política, después de estar en el fondo de la droga, de esa manera. Ven?, Jesús está allí. Ante la idolatría del mundo no hay más que adorar al Dios verdadero. De rodillas ante Dios para poner al hombre en pie. La gloria de Dios es el hombre en pie, el hombre vivo. Sólo la postración ante Dios permite alzar al hombre.

II. He aquí algunos puntos de los aspectos antropológicos de la Adoración:

La primera enfermedad del corazón del hombre, la enfermedad trágica y horrible del corazón del hombre: "la fuente de todas las enfermedades, decía San Agustín es el orgullo." Lo contrario de la soberbia humana es el abajamiento de Dios. Él está desnudo en el pesebre, está desnudo en la cruz, está desnudo en la hostia, hasta el punto que Juan Pablo pudo decir en "Fides et Ratio", la encíclica de los intelectuales: "Desde esta perspectiva, parece que la primera tarea de la teología es la comprensión de la kenosis de Dios. " La kénosis, palabra griega, significa vaciar: un Dios que se abaja, que se vacía. Esta presente en el himno a los Filipenses: "Quien siendo de condición divina, no codició ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo toman do condición de esclavo…se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz " (Flp 2,6-8)... Todo el trabajo de la teología es profundizar el misterio de la kénosis de Dios. Y Benedicto XVI tuvo esta sentencia conmovedora en la Navidad de 2005: "Su modo de ser Dios pone en crisis nuestro modo de ser hombre". Su modo de ser de Dios es el de un niño en un pesebre entre el buey y un burro; un crucificado entre dos ladrones; una pieza inerte de pan en el altar. Su modo de ser Dios pone en crisis nuestro modo de ser humano. La sanación de la soberbia está en la contemplación de Cristo en la Eucaristía. Si el profeta Isaías puede decirnos que en la pasión, Cristo no tiene rostro humano ni rasgos, ni apariencia de un hijo de Adán, comprendemos que estas palabras no se aplican con propiedad a la pasión, sino que corresponden, con toda su fuerza, a la Eucaristía. Allí no tiene rostro humano, no tiene rasgos de hijo de Adán, él tiene la apariencia, de un pedazo de pan! Y Dios está allí! En esas horas de adoración que pasamos, que estamos ahí para reivindicar aún qué cosa? ¿Cómo nuestro orgullo todavía puede resistir ante Cristo, presente en la pobreza de la Eucaristía? Todo estalla! ¿Qué tienes tú que no hayas recibido? Si lo has recibido, ¿por qué te das gloria como si no lo hubieras recibido? ¿Quién podría rebajarse hasta el punto de hacerse presente bajo la apariencia de un material inerte? ¿Quién podría abajándose llegar tan lejos? Nuestro Dios ha ido hasta allí! El orgullo estalla, se rompe ante esta manera de ser Dios, que consiste en presentarse a nosotros en la pobreza radical de la Eucaristía.

Segundo aspecto de la sanación: el egoísmo, el replegarse sobre sí mismo:

Juan Pablo II había dicho en Polonia, después de la caída del Muro de Berlín: "Tenemos necesidad de una escuela eucarística de libertad." Una escuela que nos hable el lenguaje de la donación. La gran tragedia de nuestro mundo es el replegarse sobre sí, esa posesión de sí mismo. Este es el hombre que quiere guardarse para sí mismo. El antídoto es el Don.

Cuando nos presentamos ante el Santísimo Sacramento, la Eucaristía, nos habla ese lenguaje del Don. Él se ha donado, se ha librado a la vulnerabilidad total. Se lo puede tomar. Se lo puede cambiar de lugar. Él deja hacer. No sólo se da, sino que se entrega como quien dice se da como pasto a las fieras. Y para aquellos que quieren nutrirse, se convierte en alimento para la Vida eterna. Pero para aquellos que quieren profanar, se vuelve un acto de sacrilegio ... Se echó en manos a quien sea y deja hacer. De la Eucaristía aprendemos cuál es la lógica del don.

Tengo un amigo que vivió nueve años y medio en los gulags. Alexander Ogorodnikov fue torturado, golpeado, violentado. Yo le dije: pero, ¿cómo hiciste para resistir tantos horrores, tantos sufrimientos? Aún cuando es muy discreto acerca de lo que vivió, me explicó en privado que algunos torturas a las que fue sometido le hicieron sufrir. Pero según él, sin la gracia de Dios, es imposible soportarlas. Dijo: "Tú sabes que cuando uno ha dado todo a Dios hasta la última célula de nuestro cuerpo, ya no hay nada que podamos tomar para nosotros, incluso cuando nos desgarran la carne ya eso ha está dado." Ante esto uno se arrodilla. Hay que pasar de la esclavitud del yo a la libertad de la donación de uno mismo. Aprendemos esta libertad con La Eucaristía, ante el Santísimo Sacramento.

Tercer aspecto de la adoración eucarística: siempre desde el lado antropológico o psicológico.

Nuestra sociedad vio muchos trastornos por la autoestima, enfermedades del rechazo a vivir, porque las miradas puestas sobre nosotros fueron miradas sin amor, de falta de amor, de acusación, de rechazo. Muchas personas no han tenido más que esa mirada, que da fundamento a lo que el psiquiatra Eric Ericsson dijo: el fundamento de la confianza primera, primordial, es la mirada de amor posada en nosotros, en los primeros años de nuestra vida, por el padre, por la madre, por los abuelos. Es una tragedia no haber recibido esa confianza primera! Sin embargo, esto no es un callejón sin salida. Dios ha puesto su mirada en mí en la Eucaristía.

Malika, una joven que estaba en la droga, había desaparecido. Finalmente, se la encontró a la noche en un pequeño oratorio de una gran casa religiosa donde había poca gente. Se le preguntó lo que hacía allí. "Pasé mi día aquí, ante el Santísimo Sacramento." Delante del tabernáculo abierto y Jesús expuesto, dijo, "Él me ha mirado durante todo el día! ". Nos explicó que había querido escapar, pero la mirada de Cristo la había retenido. Jean-Paul Sartre, cuando va a rechazar a Dios vivirá esta experiencia. Había hecho una necedad y dijo: "Yo estaba entre los que podría hacer santos. Pero un día quemé la alfombra en la casa y de repente Dios me estaba mirando. Traté de escapar a su mirada. Corrí al cuarto de baño para esconderse debajo de la pileta, pero él siempre me miraba! Y yo empecé a jurar como mi abuelo: el nombre sagrado de Dios, nombre de Dios, nombre de Dios, no me mirarás más! "

Hay dos heridas en la humanidad actual. La primera es la de no haber sido visto y la segunda es la de rechazar ser mirado. La Eucaristía permite sanar una y otra. La primera es existencial, la segunda es filosófica y está vinculada a la libertad. Vamos a tener que dejar que Dios nos mire. La Eucaristía es el lugar donde Dios me mira y me devuelve mi dignidad. Me hace ad-venir, que yo acontezca. No es una mirada que se clava en mí. Voy a ser capaz de redescubrir la estima en mí, porque voy a mirarme como Dios me mira, no como el mundo me mira en el tener, el poder, el hacer, el saber, sino en el ser. La Eucaristía me sana, "Los que lo miran quedarán radiantes, no habrá sonrojo en sus semblantes. Si grita el pobre, el Señor lo escucha, y lo salva de todas sus angustias” (Sal 34 (33)). San Ambrosio de Milán dice sobre el encuentro de Jesús y María Magdalena "¿A quién estás buscando?", le pregunta Cristo. "María, mírame, mientras no me mires te llamaré ‘mujer’ y desde que me miras te llamo ‘María’ ".

He vivido 5 años en una ermita. Una jovencita de 15 años de edad, que había hecho cinco intentos de suicidio, llegó hasta allí. Lo que no sabía es que llevaba una pistola en su bolsa. Allá, sobre un farallón de rocas escarpadas a 150 metros, vino y quería dispararse al borde del vacío para no errar. Me dijo: "Yo no creo en Dios". Yo le dije: "hay sólo una cosa que puede salvarte, esa es dejarte mirar por Jesús." "Pero yo no creo en Jesús" - "Pero, él cree en ti" - "¿qué significa ser mirado por Jesús? "-" Yo, me paso las noches adorando en la capilla. Si quieres, ven a pasar una noche de adoración, desde las 10 de la noche a las 6 de la mañana ante Jesús Hostia." Se fue a paso rápido, pero luego regresó y dijo: "Está bien, pero quiero pasar nueve noches ..." Más tarde supe que su abuela hacía novenas y quería ella también hacer una novena. Vino la primera noche a las 9 y estuvo hasta las 6 de la mañana y estuvo petrificada ante Jesús Hostia. Después me escribió: "Al final del año escolar quería gritar a mis compañeros la angustia que me corroía, aquel disgusto de la vida que me empujaba a no importarme qué hacer. Así que me decidí a pasar nueve noches de adoración. El Señor me deberá escuchar, esta vez voy a ir delante de Él, le voy a suplicar. Fue cuando hice nueve noches enteras de adoración. Durante nueve noches, me dejé mirar por Jesús. Presenté mis heridas al Santísimo Sacramento y Jesús las sanó. Por nueve noches, dejé salir todas las magulladuras de mi alma y la Virgen María me sostuvo entre sus brazos para que me sosegase. De estas nueve noches salí transformada”. Se confirmó seis meses después. Hizo su bachillerato y hoy ha completado sus estudios de medicina ... Nueve noches para salvar un alma. Jesús la miró, ella se sentía fea, nula y, perdón por la expresión, gilipollas. Ha dicho: "Me di cuenta que era hermosa, preciosa a sus ojos, que me amaba y que, lo que es importante, no es lo que yo pensaba de mí , lo que mi padre pensaba de mí, él que había dicho "te puedes morir, yo no tengo nada que hacer", o lo que mis amigos pensaran de mí, sino lo que Jesús pensó de mí.

Cuarto punto: la antropología de la emotividad.

Paradójicamente, el racionalismo del siglo XVII ha perdido la razón a la humanidad. El racionalismo ha lanzado un romanticismo emocional que ha tomado formas diferentes a lo largo de los siglos, pero que era una especie de “emocionalizacion” hasta una “emocionalización” de la conciencia (cf. Juan Pablo II Persona y Actos), una suerte de la vida personal al nivel simplemente emocional y una vida social en el que la ética misma se define en términos de la emoción. Por lo tanto, se pierde el sentido de la razón. Si es cierto que creer en la existencia de Dios es ante todo un acto de la razón antes de que sea un acto de fe en cuanto a quién es este Dios, también es cierto que hoy en día, cuesta mucho trabajo acceder a Dios por la sola razón. He aquí un imperativo categórico: que Jesucristo le devolverá a la razón sus títulos de nobleza. La adoración nos despoja de una emocionalidad para hacernos vivir una vida teologal de fe, de esperanza y Caridad. Si pasas honestamente tres horas ante la Sagrada Hostia, en la que Jesús está presente, sin nada hacer más que mirarlo, no digo en silencio sino delante de Él, entonces necesariamente deberás llevar a cabo actos de fe, de esperanza y Caridad. De lo contrario, partes hacia el sueño o el imaginario. La adoración eucarística nos obliga a vivir de una manera teologal, que es la única manera de tocar a Dios, es decir, la Fe, la Esperanza y la Caridad. La adoración se resume en la simplicidad más desarmada haciendo actos de Fe, Esperanza y Caridad.

El otro día estábamos con los niños ante el Santísimo Sacramento. Yo les digo, “vosotros podéis hacer oraciones”. Había un pequeñito allí que no reaccionaba. Todos rezaron por una intención. Entonces, le digo a este pequeño que tenía unos 3 años: "¿Quieres tú rezar por alguien? " "Jesús Te amo", dijo. He ahí el acto de caridad. Él había tocado a Dios a través de ese acto de caridad. "Jesús, Tú estás ahí", Dios es tocado por un acto de fe. "Jesús, un día te veré cara a cara" (acto de esperanza) ... Un niño pequeño, un día ante el Santísimo Sacramento, dijo: "Jesús, Tú no me ves pero yo sé que estás aquí!" Se diría que su fe superó a la de Dios ... La Eucaristía nos va a restituir nuestra dignidad primera: ser seres racionales, no racionalistas, no racionalistas sino racionales, perfeccionados por la gracia de la fe, de la esperanza y la caridad. Es una sanación de una emotividad desviada por una auténtica vida teologal, que devuelve a la emoción y a los sentimientos su legítimo lugar en el sitio correcto. De lo contrario, uno se enfrenta a dos tentaciones: la de perderse en la emoción, o rechazarla de plano; lo que en ambos casos es una tragedia para la humanidad y para la persona. Rechazar la emoción o perderse en ella. Sólo una vida auténtica teologal devuelve a la afectividad humana el lugar legítimo que le corresponde, comprendiendo en eso a la devoción.

Quinto punto del aspecto antropológico de la adoración eucarística: la sanación de las peores enfermedades espirituales: la acedia, la tristeza espiritual.

Esa especie de dejarse ir, ese letargo, más hambre, más sed, cansado, más deseo de Jesús, todo se vuelve pesado, la oración se pesada, la lectura, el oficio divino se hace pesado. Esta es una enfermedad muy frecuente y la adoración eucarística puede ser una cura. Ante el Santísimo Sacramento, puedo presentar actos de deseo. "Mi alma tiene sed del Dios vivo, como la cierva anhela las corrientes de agua así mi alma tiene sed de ti, Señor." Tendremos que tener hambre y sed de Él.

En el pasado, solía escalar la montaña y fuimos un día, cerca de Marsella a los arroyos. No teníamos nada para comer. Por la noche, teníamos un poco de pan que habíamos terminado y quedaban cuatro naranjas. Éramos cuatro y nos dijimos: "hagamos la escalada temprano mañana por la mañana. Al llegar a la cima comeremos las naranjas." Sólo que la vía que habíamos tomado era demasiado difícil. Uno de los amigos se había quedado sin fuerzas y se quedó bloqueado por la mitad. En lugar de llegar a la cumbre a las 8 como esperábamos, llegamos a las 2 de la tarde. Tuvimos que tirarlo arriba. Habíamos guardado su naranja. Cuando vio a la naranja, sus ojos abrieron así, ¿ven? (ademán de abrir grandes los ojos). Al igual que en las dibujos animados, se arrastró hasta la naranja y se comió con la piel. Así es como se debe ir ante el Santísimo Sacramento, no físicamente, sino con el deseo. Te voy a comer Señor y la adoración eucarística es siempre una comunión de deseo. Eres Tú Señor, mi alma tiene sed de Ti. Saint-Pierre-Julien Eymard decía: "nuestra adoración tiene tan pocos frutos, porque siempre empezamos por nosotros mismos y no comenzamos por Dios." No vamos a él con ese deseo y entonces se puede caer trágicamente en la acedia en tanto se adora. Y no sólo porque los ojos caen de cansados, sino porque mi corazón deja de velar. Si duermo y mi corazón vela, eso está bien. Pero si duermo y mi corazón no vela, eso es ¡una catástrofe! Hay una teología de sueño a desarrollar y es la de tener el corazón en vela. La acedia es una verdadera tragedia y por lo tanto vamos a tener que curar la acedia con el hambre y la sed, el deseo de Dios, el deseo de ver a Dios, el deseo de Cristo. La alegría será el resultado de esta hambre y esta sed. Mi corazón tiene hambre y sed del Dios vivo, y mi alegría, nutrida de esta fuente de Vida que brota del Corazón de Cristo, glorificará a Dios. Y yo descubriré la auténtica alegría.

Sexto punto, sanación del punto de vista antropológico: la tentación del superhombre

Nuestro mundo vive ahora en una lógica de perfección exterior y no de santidad. La santidad es ante todo una pobreza a acoger y en la que se sumerge la gracia misericordiosa de Dios. Ante la Eucaristía no tengo que aparentar, no tengo que representar un papel sociológico. Puedo ser pobre ante el Santísimo Sacramento. En Friburgo tenemos la adoración perpetua del Santísimo Sacramento y, a veces, paso la noche en adoración. Se trata de encuentros conmovedores. Un día a las 4 de la mañana vi a un hombre político ante el Santísimo Sacramento. Lo vi de rodillas como yo, sin ninguna diferencia. Cuando Alfonso de Ligorio que, se decía, era la persona mejor vestida de toda Roma y San Benito José Labre que metía las pulgas dentro de su camisa para que no tomaran frío en invierno, adoraban juntos, uno al lado del otro, el Santísimo Sacramento durante 40 horas, tenemos ante nosotros el hombre en su dignidad más sublime en presencia de su Dios. No era la apariencia, no era su dignidad de abogado célebre o de pobre mendicante lo que hacía la diferencia entre uno y otro; ellos eran únicos, hijos de Dios. El Santísimo Sacramento me enseñará a aceptar mi vulnerabilidad, mi pobreza, mi miseria, mi pecado, mi nada.

Tengo un amigo que había ido a acompañar a su esposa a la adoración que habíamos organizado. Cuando fue la procesión del Santísimo Sacramento, dijo: "Tenía deseos de gritar: ¡no se pongan de rodillas, están locos! Eso es cualquier cosa, no crean a esos charlatanes de sacerdotes que les hacen creer que Dios está ahí. No me he atrevido a decirlo para no avergonzar a mi esposa." Él mismo había tenido un grave accidente de coche y no podía doblar las rodillas. De pronto, se sintió proyectado de rodillas delante del Santísimo Sacramento. Se revolcó por tierra y se dio cuenta que no le dolían más las rodillas. De resultas, tuvo que convertirse y todas las mañanas a las 5, antes de ir a trabajar, hacía una hora de adoración.

Un día, ante el Santísimo Sacramento, Jesús le dijo a un hombre de negocios "a propósito de tus impuestos, ¿en dónde estás?" Él dijo: "Señor, estamos aquí para adorar ¡no para hablar de los impuestos!" El Señor le dice: "Eso me interesa mucho, ¡tus impuestos y tu declaración de impuestos!” Y él dice:" No, no, Señor, estamos en consideraciones más elevadas!" Y bien, tuvo que ir a ver a su agente del fisco para corregir su declaración de impuestos, y el Señor no la soltó hasta que enfrentar la verdad en su declaración de impuestos delante del Santísimo Sacramento. El Señor nos obliga a ir hasta el final de nuestra miseria, de nuestra pobreza, de nuestro pecado cuando estamos ante el Santísimo Sacramento. Ser pobre es nuestro título de nobleza.

Séptimo tema de la sanación: la dependencia afectiva

Vivimos en un mundo emocional y así con profundas carencias afectivas que se manifiestan en desviaciones sexuales. Yo creo que la adoración es el lugar para adquirir la virtud de la castidad. En primer lugar, Jesús dice, "el ojo es la ventana de tu alma. Guarda pura tu mirada para que tu corazón sea puro." Posando mi mirada en el Cuerpo eucarístico de Cristo, soy llamado, poco a poco, a no poner mi mirada en otra parte. O a ver las cosas, la gente, con una mirada purificada por la adoración eucarística. Ese cuerpo de Cristo, esa carne de Cristo, me obliga a mirar a mi propia carne y a la del otro de manera diferente. La forma de ver, de tocar la carne del Hijo del hombre, ese cuerpo sagrado de Jesús, me obligará a repensar la manera en la que toco mi cuerpo, a vivir mi cuerpo, de mirar el cuerpo del otro, de tocar el cuerpo del otro. Hay un modo de vivir el cuerpo a través de la adoración eucarística. Hay una manera de redescubrir mi dependencia radical con respecto a Dios. El ser humano es un ser de relación necesariamente dependiente. Si yo no dependo radicalmente de Cristo en esa intimidad vivida en la adoración dependeré entonces afectivamente de los seres humanos. ... Es así como la adoración eucarística es el lugar para adquirir la virtud de castidad, la vulnerabilidad experimentada por la pobreza vivida el mendigo que clama y que poco a poco será transformado por su mirada en su carne, en esa relación al cuerpo de Cristo, al cuerpo del otro. En el hospicio de la Madre Teresa era bello ver en el cuarto de baño, donde se lavan las personas que han sido recogidas en la calle, escrito en grande "The Body of Christ", "el Cuerpo de Cristo" .

Octavo punto: la atención

Se nos dice que la gente ya no es capaz de atención. Es el zapping! El hecho de pasar de una cosa a otra nos impide estar atentos. Los antiguos decían que la atención era la madre de la oración, la prosoque es la madre de la proseuque. Así que hay una estrecha relación entre la atención y la oración. La vista es providencial para la Eucaristía, porque es el sentido que a la vez que nos extasía más nos proporciona mayor atención. La Eucaristía es un ante todo una mirada sobre la Hostia. Si el Santísimo Sacramento se expuso a partir del siglo XII, XIII, fue en respuesta a la herejía de Berengario de Tours que negaba la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento. El pueblo de Dios respondió primero diciendo "¡Queremos verlo! Muéstranos a Jesús y demostramos nuestra fe mirando la Hostia. " La adoración es un misterio de la visión, una mirada de Cristo que se posa en mí, que me sana. A cambio mis ojos están fijos en él. Yo miro a la Hostia, de lo contrario no hay necesidad de exponer el Santísimo Sacramento. Con ir al Sagrario, Él está ahí. Incluso la mayor puerta blindada no impedirá la radiación de la Presencia real. Porque la adoración eucarística es un misterio de amor. Quiero ver, porque el amor está en la mirada. ¿Habéis visto a dos que se aman? Se miran siempre. Se buscan. No dejan de mirarse. El amor quiere ver al ser amado. Se puede no ver a la persona amada y escucharla al teléfono. Pero cuando la miro eso cambia todo. Hay una persona que había sido sanada de la ceguera de nacimiento ante el Santísimo Sacramento en un lugar de peregrinación mariana. Ella dijo: "Yo vi a mi hija por primera vez. Y Dios fue amable conmigo, tomó tres meses para sanarme. Jamás podría haber soportado verla cara a cara de golpe, al primer momento. Tuvieron que pasar tres meses para recuperar la vista por completo. Dios ha sido bueno." Esta es la adoración: no veo a Dios cara a cara. Y, afortunadamente, de lo contrario moriría. Por tanto, la mirada es tan importante, que Pío X dio una indulgencia parcial a la época, de 300 días, para todo el que mirase a Jesús en el Santísimo Sacramento en la elevación de la Misa, diciendo: "Señor mío y Dios mío". En aquel entonces las personas bajaban la cabeza a la elevación y no ése no era el propósito, históricamente hablando, de la elevación. Jesús le dijo a Santa Gertrudis de Helfta: "Tantas veces come el hombre mira con amor la Hostia que contiene el Cuerpo y la Sangre de Cristo, tantas veces que aumenta sus méritos futuros. Habrán delicias en el cielo para aquellos que han puesto sus ojos carnales en mi Cuerpo eucarístico”.

Noveno punto antropológico: la soledad

Hay dos tipos de soledad: la soledad original, de nuestros primeros padres: "no es bueno para Adán estar solo", no se trata del hombre y la mujer, no de lo masculino y lo femenino, sino que no es bueno que el ser humano hombre esté solo. Es la soledad afectiva que vivimos en el mundo actual.

¿Qué quiere decir la soledad original? Se trata de lo que Juan Pablo II precisa diciendo que: "no pertenece a la prehistoria del hombre sino a la prehistoria teológica de cada uno de nosotros". Cada uno de nosotros debe descubrir su lugar en el mundo. Sólo Dios basta, y ninguna criatura podrá llenar mi corazón. He aquí lo esencias de esta soledad, que es la condición sine qua non de toda relación con otros seres humanos y con el mundo. Vamos a tener que ganar esta soledad originaria. Sólo Dios basta, ninguna criatura llenará mi vida. Así pues, en la adoración eucarística aprendo a vivir esta soledad original. Al mismo tiempo, soy sanado en mi relación con los demás. No sólo mi soledad afectiva es llenada por la de Cristo, sino que también soy capaz de vivir con otros en una relacionalidad auténtica de ser humano a ser humano, de persona a persona, y no de ávido afectivo a ávido afectivo.

III. Tercer aspecto: el aspecto histórico de la Eucaristía

Jesús le dijo a Santa Faustina: "Dile a todo el mundo, que el mundo no encontrará la paz en la tierra hasta que no regrese a mi Corazón, a mi misericordia." Además dijo Jesús: "el trono de mi misericordia es el Santísimo Sacramento." Lo que significa: "Dile a todo el mundo que es imposible la paz en el corazón, en las familias y en el mundo si no se adora a Jesús en la Eucaristía." Creo que hay un tiempo de visita a Cristo Eucarístico en la adoración, y esto es la revolución. Se trata de la única revolución ante la cual Lenin, Che Guevara y Mao son críos. Ellos hicieron la revolución para la muerte del hombre. Pero la revolución para la vida humana es la proclamación solemne, por la adoración eucarística, del Señorío de Cristo, de Dios. Pongo esta profecía de Jesús a sor Faustina al mismo nivel que la profecía de María en Fátima: "si no se convierten, habrá una guerra aún más grave que estallará durante el pontificado de Pío XI." Creo que la profecía a santa Faustina es de esa misma importancia. María dijo en Fátima: "Si no se convierten, si no se vuelven a mi Hijo ...." De hecho, en 1917 estalló una guerra, pero una aún peor estalla durante el pontificado de Pío XI y el Anschluss (la anexión de Austria) comienza unas semanas antes de la muerte de Pío XI. Si no hay retorno a la Eucaristía, una catástrofe global podría suceder. La respuesta a esta catástrofe que se ve nacer por todas partes del mundo, esta crisis económica que acaba de comenzar, será la adoración eucarística, la adoración reparadora, y la sanación.

IV. Cuarto aspecto: el aspecto escatológico

Dos cosas más todavía acerca de la Eucaristía: Athanasia farmacon, es la medicina, el fármaco de inmortalidad. Gusto ya, en este momento, la vida eterna, la vida divina para la que fui hecho. Y el segundo punto, imploro la venida en gloria de Cristo, la parusía (en griego parousía significa la presencia y venida). Esperamos su venida en la gloria, pero el que viene en la gloria está presente en el Santísimo Sacramento. Es es el mismo y ya estoy parusía, en la presencia y venida en la adoración, el cielo ya está ahí y que no es tanto el cielo que desciende sino la tierra que se eleva al cielo en este gran movimiento ascensional. Toda la creación está esperando en el sufrimiento del parto la revelación de hijos de Dios. Ella aspira a que nos comportemos como hijos de Dios, para que todo el cosmos encuentre en Cristo su cumplimiento y terminación. Y por lo tanto la respuesta a la crisis ecológica del mundo actual es también la adoración. Ya en ella, va a poder emerger esa radiación de energía desprendida por la fisión nuclear eucarística, para usar la imagen de Benedicto XVI, y encontrar un orden del cosmos ordenado al Creador, un orden de la humanidad ordenado al Redentor, y proclamar el señorío de Dios sobre toda carne y sobre todo el cosmos, para que la paz de Dios puede penetrar los corazones y el mundo.

[ 16-10-2011 ]

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