Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


EUCARIST√ćA Y SANACI√ďN Conferencia transcrita del P. NICOLAS BUTTET dada en el Congreso Internacional sobre la Adoraci√≥n Eucar√≠stica Adoratio 2011 (20 de junio de 2011) en el Salesianum de Roma. Hemos mantenido el estilo oral de la ense√Īanza

El P. Nicolas Buttet, jurista de formaci√≥n y ex diputado en Suiza, es sacerdote. En 1992, se retir√≥ durante cinco a√Īos como ermita√Īo. A su regreso, en 1997, funda la Fraternidad Eucharistein, centrada en Cristo Eucarist√≠a. La comunidad recibe a j√≥venes que quieren hacer experiencia de oraci√≥n y vida comunitaria y tambi√©n a j√≥venes con severos problemas de droga, alcohol o depresi√≥n para su restauraci√≥n como personas. La conferencia, de estilo coloquial, est√° enriquecida por experiencias de vida y toca importantes temas teol√≥gicos y antropol√≥gicos de modo directo y simple. A continuaci√≥n la √≠ntegra transcripci√≥n:

¬°Hola a todos y cada uno!

Me pidieron que hablara hoy sobre el tema de la Eucaristía y la sanación. Tema delicado y me gustaría tal vez hacer cinco observaciones preliminares antes de abordar el meollo de la cuestión.

El primer punto: existe ahora una cierta confusi√≥n entre la salud y la salvaci√≥n. En muchos idiomas, hay una correspondencia entre estas dos palabras. Nos damos cuenta de que en un mundo que ha perdido el sentido de Dios, la salud se convierte en una obsesi√≥n. Aquello que una vez fue la obsesi√≥n del coraz√≥n humano: la salvaci√≥n, la redenci√≥n, la vida eterna, hasta el punto de arriesgar todo por alcanzar ese tesoro fue hoy reemplazado por la salud. Vemos una b√ļsqueda casi religiosa con ritos, rituales, magia incluso, en torno a la salud. Benedicto XVI dijo a los j√≥venes prisioneros en la c√°rcel de Casal del Marmo, aqu√≠ en Roma, el 18 de marzo 2007: "Os recordamos que Dios nos ama: esa es la fuente de la verdadera alegr√≠a. Mientras que todo lo que se quiere a veces resulta triste. Por el contrario, uno podr√≠a verse despojado de todo, hasta de la libertad o de la salud y estar en paz y alegr√≠a, si Dios est√° en nuestro coraz√≥n. As√≠ que ah√≠ est√° el secreto: siempre que Dios est√° en el primer lugar en nuestras vidas ". (Traducci√≥n del italiano)

Antes que √©l, San Agust√≠n hab√≠a dicho: "A veces, el m√©dico se equivoca prometi√©ndole al enfermo la alud f√≠sica. Dios te da una sanaci√≥n cierta y gratuita: la salvaci√≥n." Este es el primer punto: la confusi√≥n entre la salud y la salvaci√≥n. No nos equivoquemos, busquemos la salvaci√≥n y el resto vendr√° por a√Īadidura ...

Segundo punto: ¬ŅQu√© significa en la Biblia ser sanado o estar enfermo? O incluso estar vivo o muerto? Vemos a Jes√ļs hablando con los muertos: "¬°L√°zaro, sal fuera de la tumba!" Estamos acostumbrados porque a menudo lo o√≠mos. Pero, hablarle a un muerto, ¬°eso es demasiado! Tengan en cuenta que Jes√ļs se qued√≥ en silencio ante gente que le dirig√≠an la palabra porque de algo de ellos estaba muerto. La Biblia contiene relatos de salvaci√≥n totalmente parad√≥jicos. En los cuentos, las historias en el mundo, nos enteramos de que los h√©roes eran j√≥venes, hermosos, fuertes y part√≠an para una aventura. En la Biblia, eran viejos, est√©riles, de edad muy avanzada, discapacitados los que Dios eleg√≠a. Por ejemplo, Abraham y su esposa Sara. Comienza siempre con nosotros a trav√©s de nuestra realidad! Lo que es importante en la Biblia no es tanto estar sano o enfermo sino estar con Dios. Se es sano y santo cuando se est√° con Dios y viene √Čl a encontrarnos en nuestras heridas. El lugar de nuestra herida, de nuestra vulnerabilidad, es el lugar donde Dios se encuentra con nosotros.

Un amigo m√≠o muri√≥ de SIDA, Philippe. Seis meses antes de morir me escribi√≥ una carta diciendo: "Quiero morir viviente". Y se esta carta me conmovi√≥: morir viviente de la verdadera vida que me espera. Porque se muere muerto generalmente! √Čl quer√≠a morir viviente porque hab√≠a otra vida m√°s importante que penetraba su vulnerabilidad.

Madre Teresa en su hospital cuando ella acababa de pasar por su tercer ataque al coraz√≥n, estando bajo asistencia respiratoria, y siendo visitada por un sacerdote y un m√©dico hind√ļ, dijo el m√©dico al sacerdote: "Padre, vaya pronto a buscar la peque√Īa caja". El sacerdote replic√≥: "La caja de medicamentos? la caja de qu√©? ". "No, la cajita. Usted sabe, cuando est√° con ella, la Madre Teresa queda totalmente tranquila." Y el sacerdote comprende que se trata del sagrario. El m√©dico hind√ļ agrega: "Cuando esa peque√Īa caja est√° en su habitaci√≥n, ella no hace m√°s que mirarla y mirarla". Ven ustedes, enfermo o sano, no tiene nada que ver con lo que uno se imagina!

Tercer punto: Cristo nos dice: "Venid a mí todos vosotros que estáis cansados y fatigados que yo os restauraré." Bien, creo yo que la adoración eucarística es como el lugar de la encarnación de las palabras de Cristo: "Venid a mí".

"Para vosotros que tem√©is su nombre, -dice el profeta Malaqu√≠as- el sol de justicia brillar√° llevando en sus rayos vuestra sanaci√≥n." Esta es una de las √ļltimas palabras de la primera Alianza, del Antiguo Testamento. El profeta Malaqu√≠as concluye la historia de la preparaci√≥n de la venida del Mes√≠as con este anuncio prof√©tico y profundamente conmovedor: "El Sol de justicia brillar√° llevando en sus rayos vuestra sanaci√≥n." Este sol de justicia es la sagrada Hostia expuesto en nuestros altares. Y dicho esto me gustar√≠a destacar otro punto. A menudo se ha opuesto la adoraci√≥n a la oraci√≥n contemplativa. Para quien ha comprendido el significado de la oraci√≥n de contemplaci√≥n, "ese di√°logo de amor con Dios en el que nos sabemos amados y en el que queremos devolver amor," no hay oposici√≥n posible entre uno y otro. Hay una modalidad puede ser un poco diferente de entrar en intimidad con Dios, pero, en ambos casos, se trata de la misma actitud de un hombre, de un ser humano que se proyecta y se echa en los brazos de un padre para vivir el amor que nos une a √Čl por la gracia de Cristo y el Esp√≠ritu Santo.

En mi cuarto punto, me gustar√≠a recordar la diferencia entre sanar y curar. La curaci√≥n es un arte, dice Santo Tom√°s de Aquino, y es el arte medicinal que obra una serie de acciones sobre una persona enferma. Un m√©dico puede curar, nunca sanar. La fuerza de la sanaci√≥n es un principio interior, sigue diciendo Santo Tom√°s de Aquino. Tenemos que hacer esta distinci√≥n. A veces buscamos ser curados en nuestra vida espiritual, viendo a Jes√ļs como el m√©dico sustituto y no el m√©dico que sana el coraz√≥n del hombre profundamente herido. El es el principio interior de mi vida y de la vida en abundancia que me fue prometida y que es la verdadera Vida. En el libro del Eclesi√°stico (Sir 38,11) leemos: "Hijo m√≠o, cuando est√°s enfermo, no te pongas nervioso (Es del todo normal pues todo lo hacen, pero √©l lo dice para recordarlo), ruega al Se√Īor y √Čl te sanar√°, renuncia a sus pecados, mant√©n las manos limpias de todo pecado, purifica tu coraz√≥n, ofrecer incienso y un memorial de flor de harina (la Eucarist√≠a), luego recurre al m√©dico, porque el Se√Īor tambi√©n lo ha creado, no lo excluyas porque t√ļ tienes necesidad de √©l". Esto ilustra claramente acerca de la distinci√≥n de la sanaci√≥n que viene de Dios y la cura que proviene del m√©dico. Si no estamos claros en esto, vamos a hacer una gran confusi√≥n cuando se trata de orar al Se√Īor, cuando vayamos a encontrarnos con Dios en la adoraci√≥n.

Y el quinto punto se refiere a lo que sigue de mi exposici√≥n. Quiero hablar fundamentalmente de la Eucarist√≠a, no de todo el misterio de la Eucarist√≠a como el misterio del sacrificio que vimos ayer en la liturgia y lo que significaba, sino de este dogma particular de la presencia real que es puesto a la luz por la adoraci√≥n eucar√≠stica. En la adoraci√≥n eucar√≠stica, nosotros damos testimonio, profesamos que Cristo es realmente, corporalmente, substancialmente presente en el Sant√≠simo Sacramento. Se trata de la presencia real de alguien con quien nos encontramos. No habr√≠a ninguna raz√≥n para ir a adorar a Cristo si no est√° presente en el Sant√≠simo Sacramento. Si no fuera as√≠ estar√≠amos locos, enfermos, deber√≠amos ser tratados en ese momento por un m√©dico. Pero si Cristo est√° all√≠, ¬°estamos en lo correcto! La Beata Dina B√©langer, esa santa canadiense extraordinaria, dijo: "Si se diese cuenta la gente de la presencia de Cristo se necesitar√≠an guardias delante de las iglesias, porque se tomar√≠an por asalto para ir a ver al Rey de reyes (...)¬Ľ

Ahora voy a desarrollar este tema de la Eucaristía y la sanación desde cuatro perspectivas: un aspecto teológico, un aspecto antropológico, un aspecto histórico y un aspecto escatológico.

I. El aspecto teológico en primer lugar.

La adoraci√≥n invierte completamente el orden del mundo, o mejor dicho, pone el mundo en orden. Santo Tom√°s de Aquino define el pecado como "aversi√≥n (alejamiento) de Dios y conversi√≥n (acercamiento) hacia la criatura." La adoraci√≥n inculca en el alma el movimiento totalmente contrario: alejarse de la criatura para volverse al Creador. La adoraci√≥n est√° en el mismo coraz√≥n de la redenci√≥n del mundo. Ciertamente por medio del sacrificio eucar√≠stico, pero quiero insistir en la especificidad de la adoraci√≥n eucar√≠stica que a√ļn no ha sido plenamente desarrollada en la Iglesia. A√ļn si desde el siglo XII, la Iglesia adora, es necesario profundizar m√°s. (Adorar implica) una inversi√≥n completa del movimiento, un √©xtasis del hombre, no un √©xtasis en el sentido m√≠stico del t√©rmino sino un salir de s√≠ mismo. Los fil√≥sofos distinguen dos tipos de m√≠stica: la m√≠stica de la √©ntasis, en el que nos cerramos en nosotros mismos, esto se ve sobre todo con el budismo, y la del √©xtasis, por el cual nos volvemos hacia Dios (NT: se sale de uno para ir hacia Dios). Se puede vivir la adoraci√≥n al estilo budista, cuando se es un cat√≥lico practicante ante el Sant√≠simo Sacramento y cerrado en s√≠ mismo. Es necesario salir de s√≠, estar en √©xtasis, o sea en el √©xodo de s√≠ mismo, para entrar en la tierra prometida. Salir de la tierra de la esclavitud para ir a la tierra prometida. Este camino pasa el desierto, por la ascesis, por el murmullo (no demasiado tiempo porque se pierde mucho tiempo cuando se susurra!). A veces pasa por una profundizaci√≥n del ese misterio ...

El segundo punto: la adoraci√≥n eucar√≠stica es la respuesta providencial al primer deber moral del hombre, que est√° unido a la virtud de la justicia y sobre todo la virtud de la religi√≥n. El primer deber moral, filos√≥fico, del ser humano en la virtud de la religi√≥n es adorar a Dios, reconocer a Dios como el Creador de todas las cosas. Creo que aqu√≠ hay una novedad a desenterrar. Se ha dicho, lo que es absolutamente cierto teol√≥gicamente, que la adoraci√≥n eucar√≠stica es la celebraci√≥n del misterio como una prolongaci√≥n de la acci√≥n de gracias de la comuni√≥n y como una preparaci√≥n para la pr√≥xima comuni√≥n. Benedicto XVI, en 2005, record√≥ este orden de perfecci√≥n de alguna manera, si se me permite decirlo, del primado de la adoraci√≥n sobre todas las cosas. Antes mismo que el sacrificio eucar√≠stico, est√° la adoraci√≥n de Dios. Y esta adoraci√≥n encuentra, gracias al don de la Eucarist√≠a, una forma de expresi√≥n sublime, extraordinaria y √ļnica. Vean ustedes, en un mundo que ha olvidado a Dios, proclamar el deber moral del hombre de adorar a Dios por un gesto no m√°s interior sino exterior, manifiesto, que consiste en prosternarse delante de la Hostia, se vuelve una suerte de revoluci√≥n prof√©tica . Es necesario verdaderamente profundizar en el misterio de la adoraci√≥n como una expresi√≥n del primer deber del coraz√≥n del hombre hacia el Dios Creador. Podemos vivirlo, nosotros de manera teologal, pero en primer lugar desde un punto de vista moral. Es importante dar a Dios ese culto de adoraci√≥n. Y ese culto de adoraci√≥n, antes que cualquier otra cosa, antes que el origen de los or√≠genes, incluso antes de que la Palabra se hiciese carne, encontrar√° su expresi√≥n en la adoraci√≥n eucar√≠stica. Benedicto XVI dijo en la Navidad de 2005: "Precisamente en un mundo donde los criterios rectores est√°n progresivamente faltando y donde existe la amenaza de que cada uno hace por s√≠ mismo su propio criterio, es fundamental subrayar la adoraci√≥n." Citando a San Agust√≠n: "Nadie come esta carne sin antes haberla adorado. Pecar√≠amos si no la ador√°semos. " Esta forma de adoraci√≥n me parece esencial para a√Īadir en la teolog√≠a de la adoraci√≥n eucar√≠stica.

Tercer aspecto teol√≥gico de la adoraci√≥n eucar√≠stica: la tragedia del pecado original. La cat√°strofe del pecado original nos ha hecho perder la dignidad de hijos de Dios: la gracia santificante. Lo que nos vuelve a dar Cristo es esa dignidad de hijo de Dios, esa capacidad de ser como Jes√ļs, de ser cristificado y de poder decirle a Dios con el poder del Esp√≠ritu Santo: "Abba , Padre ". Hay entonces en la adoraci√≥n eucar√≠stica este misterio que debe ser vivido. Juan Pablo II y Benedicto XVI, ambos, han subrayado que Pentecost√©s no fue simplemente un acontecimiento hist√≥rico, sino un acontecimiento permanente y que este Pentecost√©s se realiza en la Eucarist√≠a. Hay dos Pentecost√©s en las Sagradas Escrituras: el Pentecost√©s de Juan, ju√°nico, que es el del Coraz√≥n abierto de Cristo, el √ļltimo aliento de Jes√ļs, que se convirti√≥ en el primer aliento del creyente. Ese de Jes√ļs que sopla sobre los ap√≥stoles en la noche de su resurrecci√≥n. El don del Esp√≠ritu Santo en san Juan es un don que hace de nosotros hijos de Dios. Dios estaba tan ansioso por devolver a la humanidad, y a trav√©s de ella todo el cosmos (cf. carta a los romanos) ese retorno filial, que lo expir√≥. Este coraz√≥n abierto es el don del Esp√≠ritu Santo. D√≥nde palpita hoy este coraz√≥n para que podamos vivir el Pentecost√©s jo√°nico? Y bien, el Coraz√≥n de Cristo late en el Sant√≠simo Sacramento del Altar. Toda la teolog√≠a del Coraz√≥n de Cristo apunta al Coraz√≥n Eucar√≠stico de Cristo con P√≠o IX y P√≠o XI, quien luego retom√≥ el tema. Entonces, estamos realmente en la apoteosis del misterio del Coraz√≥n de Cristo revelado a Santa Gertrudis de Helfta en la Edad Media, pasando por Margarita Mar√≠a Alacoque en la revelaci√≥n de Paray-le-Monial, para llegar al Coraz√≥n Eucar√≠stico. ¬ŅPero por qu√© es tan importante este coraz√≥n? Porque es all√≠ que es donado el Esp√≠ritu Santo para vivir como hijos de Dios. Y cuando Benedicto XVI, entonces Cardenal Ratzinger, coment√≥ el tercer secreto de F√°tima, dijo: "Pero ¬Ņc√≥mo puede uno imaginar el triunfo del Inmaculado Coraz√≥n de Mar√≠a? No en los signos y prodigios extraordinarios, sino en el retorno filial a Dios. Por ello, la primera cualidad del Coraz√≥n de Mar√≠a fue "Fiat", s√≠ a la voluntad del Padre. En la adoraci√≥n eucar√≠stica, vivimos un kair√≥s. La tragedia del mundo de hoy es el alejamiento del Coraz√≥n de Dios. El esp√≠ritu filial es la oraci√≥n del "Padre Nuestro". Es el lenguaje de la esperanza. Vivimos en un mundo que ha perdido la esperanza y entonces cay√≥ en los pecados graves, que son las caricaturas o lo contrario de la esperanza: la presunci√≥n y la desesperaci√≥n. La humanidad oscila entre la presunci√≥n: querer saber por s√≠ misma, alcanzar el logro por su ciencia, su tecnolog√≠a, en esa ideolog√≠a del progreso perpetuo, donde la salvaci√≥n ser√≠a el final de ese progreso. Se ha perdido el radiante futuro, nos queda la globalizaci√≥n feliz, se cree que a trav√©s de ella el hombre crear√° un mundo de felicidad y perfecci√≥n: tr√°gico error. Por el contrario, se tiene la desesperaci√≥n: una sociedad depresiva plagada de sinsentido. Traducido de otro modo, una sociedad ¬ďadolec√©ntrica¬Ē que rechaza al padre (es la presunci√≥n), una sociedad hu√©rfana que ignora que tiene un padre (es la desesperaci√≥n). Permanece en el centro de la cresta de la esperanza: ¬°Abba, Padre, nuestro Padre que est√°s en los cielos.

En la adoraci√≥n eucar√≠stica, con la efusi√≥n del Esp√≠ritu Santo que brota del Coraz√≥n Eucar√≠stico de Cristo, estamos llamados a entrar en el misterio de nuestra dignidad de hijos de Dios. En la confianza del ni√Īo, en el idioma del ni√Īo, no en las palabras sino en la actitud filial hacia el Padre. Debemos volvernos a lo que somos gracias al bautismo y entonces luchar prof√©ticamente contra la presunci√≥n y la desesperaci√≥n que corroen nuestra sociedad de hoy.

A continuaci√≥n, el cuarto punto que plantear√© en este aspecto teol√≥gico de la adoraci√≥n: la humanidad, gracias a la adoraci√≥n eucar√≠stica, tiene finalmente un lugar done prosternarse. La humanidad puede por fin prosternarse ante Dios presente en el Sant√≠simo Sacramento. Y cito aqu√≠ un texto conmovedor, la homil√≠a de Benedicto XVI en la fiesta de Corpus en 2008, "arrodillarse en adoraci√≥n ante el Se√Īor. Adorar al Dios de Jesucristo, quien se convirti√≥ en pan partido por amor, es el remedio m√°s valioso y radical contra las idolatr√≠as de ayer y de hoy. Arrodillarse ante la Eucarist√≠a es una profesi√≥n de libertad: quien se inclina ante Jes√ļs no puede y no debe postrarse ante ning√ļn poder terreno, no importa cu√°n fuerte sea. Nosotros, los cristianos no nos arrodillamos m√°s que ante Dios, ante el Sant√≠simo Sacramento, porque en √©l sabemos y lo que creemos que est√° presente el √ļnico Dios verdadero, que cre√≥ el mundo y de tal manera lo am√≥ como para dar a su Hijo √ļnico (cf. Jn 3, 16). Nos postramos ante un Dios que primero se inclin√≥ al hombre, como un buen samaritano, para ayudarle y devolverle la vida, y se arrodill√≥ ante nosotros para lavar nuestros pies sucios. Adorar el Cuerpo de Cristo quiere decir creer que all√≠, bajo la apariencia de un trozo de pan, realmente se encuentra Cristo, que da verdadero sentido a la vida, al inmenso universo como a la criatura m√°s peque√Īa, a toda la historia humana como la m√°s corta existencia. "

Ahí es donde creo que tenemos la revolución contra las idolatrías. El mundo que no está en la adoración a Dios es necesariamente idólatra. El hombre no puede dejar de adorar! La adoración de falsos dioses: el ego, el dinero, el poder, el sexo, todas esas idolatrías de nuestro mundo moderno, no podrán ser cambiados más que por la adoración profética del Dios verdadero.

Acogemos en nuestra comunidad a j√≥venes que han pasado por las drogas, el alcohol, la depresi√≥n, la violencia. Y la verdadera sanaci√≥n, aut√©ntica sanaci√≥n se hace de rodillas ante el Sant√≠simo Sacramento. Recuerdo a un joven que vino una noche a encontrarme y me dijo: "Nicol√°s, no puedo m√°s, es necesario que vaya a tomar hero√≠na, no puedo m√°s." Yo le digo: "Oye no puedo ponerte las esposas, no te puedo atar, s√≥lo puedo hacer una cosa: orar contigo ante el Sant√≠simo Sacramento¬Ē. Vamos los dos a la capilla, toda la noche, desde las 11 a las 6 de la ma√Īana. Se aferr√≥ al altar, justo debajo de la custodia, y si hubiera podido plantar las u√Īas en el altar lo habr√≠a hecho. Se agarraba as√≠ (hace el gesto) del altar mirando a Jes√ļs. Despu√©s de eso, nunca m√°s tuvo tentaci√≥n de tomar hero√≠na. Ven, √©l estaba ah√≠, delante de Jes√ļs presente.

Otra joven, que est√° en las drogas, que hab√≠a hecho cinco intentos de suicidio, tres a√Īos de droga, con palos contra la polic√≠a. Viene un d√≠a y me dice: "Yo no creo en esta historia, en absoluto." Pas√≥ una hora ante el Sant√≠simo Sacramento, despu√©s que hab√≠a pasado horas gritando, hurlando. "Si t√ļ Jes√ļs no muestras que eres t√ļ, parto, es el fin, me suicido, mi vida no tiene ning√ļn sentido." Una hora de cron√≥metro en mano. En el momento que se levanta para irse, para decir que se acab√≥, me dice: "No s√© que pas√≥." La vi a la salida de la capilla. Se ten√≠a el coraz√≥n y dijo: "Tengo mi coraz√≥n, Nicolas". Le dije: ¬ďVayamos al hospital, r√°pidamente." "No, es el amor", replic√≥ ella. ¬ďEn el momento que le dije a Jes√ļs, me voy, parto, no s√© qu√© pas√≥, pero mi coraz√≥n fue atravesado por la ternura de Dios. Entonces supe que √©l estaba all√≠, que me amaba y que mi vida ten√≠a un sentido. " Ahora termina su maestr√≠a en ciencia pol√≠tica, despu√©s de estar en el fondo de la droga, de esa manera. Ven?, Jes√ļs est√° all√≠. Ante la idolatr√≠a del mundo no hay m√°s que adorar al Dios verdadero. De rodillas ante Dios para poner al hombre en pie. La gloria de Dios es el hombre en pie, el hombre vivo. S√≥lo la postraci√≥n ante Dios permite alzar al hombre.

II. He aquí algunos puntos de los aspectos antropológicos de la Adoración:

La primera enfermedad del coraz√≥n del hombre, la enfermedad tr√°gica y horrible del coraz√≥n del hombre: "la fuente de todas las enfermedades, dec√≠a San Agust√≠n es el orgullo." Lo contrario de la soberbia humana es el abajamiento de Dios. √Čl est√° desnudo en el pesebre, est√° desnudo en la cruz, est√° desnudo en la hostia, hasta el punto que Juan Pablo pudo decir en "Fides et Ratio", la enc√≠clica de los intelectuales: "Desde esta perspectiva, parece que la primera tarea de la teolog√≠a es la comprensi√≥n de la kenosis de Dios. " La k√©nosis, palabra griega, significa vaciar: un Dios que se abaja, que se vac√≠a. Esta presente en el himno a los Filipenses: "Quien siendo de condici√≥n divina, no codici√≥ ser igual a Dios, sino que se despoj√≥ de s√≠ mismo toman do condici√≥n de esclavo¬Öse rebaj√≥ a s√≠ mismo haci√©ndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz " (Flp 2,6-8)... Todo el trabajo de la teolog√≠a es profundizar el misterio de la k√©nosis de Dios. Y Benedicto XVI tuvo esta sentencia conmovedora en la Navidad de 2005: "Su modo de ser Dios pone en crisis nuestro modo de ser hombre". Su modo de ser de Dios es el de un ni√Īo en un pesebre entre el buey y un burro; un crucificado entre dos ladrones; una pieza inerte de pan en el altar. Su modo de ser Dios pone en crisis nuestro modo de ser humano. La sanaci√≥n de la soberbia est√° en la contemplaci√≥n de Cristo en la Eucarist√≠a. Si el profeta Isa√≠as puede decirnos que en la pasi√≥n, Cristo no tiene rostro humano ni rasgos, ni apariencia de un hijo de Ad√°n, comprendemos que estas palabras no se aplican con propiedad a la pasi√≥n, sino que corresponden, con toda su fuerza, a la Eucarist√≠a. All√≠ no tiene rostro humano, no tiene rasgos de hijo de Ad√°n, √©l tiene la apariencia, de un pedazo de pan! Y Dios est√° all√≠! En esas horas de adoraci√≥n que pasamos, que estamos ah√≠ para reivindicar a√ļn qu√© cosa? ¬ŅC√≥mo nuestro orgullo todav√≠a puede resistir ante Cristo, presente en la pobreza de la Eucarist√≠a? Todo estalla! ¬ŅQu√© tienes t√ļ que no hayas recibido? Si lo has recibido, ¬Ņpor qu√© te das gloria como si no lo hubieras recibido? ¬ŅQui√©n podr√≠a rebajarse hasta el punto de hacerse presente bajo la apariencia de un material inerte? ¬ŅQui√©n podr√≠a abaj√°ndose llegar tan lejos? Nuestro Dios ha ido hasta all√≠! El orgullo estalla, se rompe ante esta manera de ser Dios, que consiste en presentarse a nosotros en la pobreza radical de la Eucarist√≠a.

Segundo aspecto de la sanación: el egoísmo, el replegarse sobre sí mismo:

Juan Pablo II había dicho en Polonia, después de la caída del Muro de Berlín: "Tenemos necesidad de una escuela eucarística de libertad." Una escuela que nos hable el lenguaje de la donación. La gran tragedia de nuestro mundo es el replegarse sobre sí, esa posesión de sí mismo. Este es el hombre que quiere guardarse para sí mismo. El antídoto es el Don.

Cuando nos presentamos ante el Sant√≠simo Sacramento, la Eucarist√≠a, nos habla ese lenguaje del Don. √Čl se ha donado, se ha librado a la vulnerabilidad total. Se lo puede tomar. Se lo puede cambiar de lugar. √Čl deja hacer. No s√≥lo se da, sino que se entrega como quien dice se da como pasto a las fieras. Y para aquellos que quieren nutrirse, se convierte en alimento para la Vida eterna. Pero para aquellos que quieren profanar, se vuelve un acto de sacrilegio ... Se ech√≥ en manos a quien sea y deja hacer. De la Eucarist√≠a aprendemos cu√°l es la l√≥gica del don.

Tengo un amigo que vivi√≥ nueve a√Īos y medio en los gulags. Alexander Ogorodnikov fue torturado, golpeado, violentado. Yo le dije: pero, ¬Ņc√≥mo hiciste para resistir tantos horrores, tantos sufrimientos? A√ļn cuando es muy discreto acerca de lo que vivi√≥, me explic√≥ en privado que algunos torturas a las que fue sometido le hicieron sufrir. Pero seg√ļn √©l, sin la gracia de Dios, es imposible soportarlas. Dijo: "T√ļ sabes que cuando uno ha dado todo a Dios hasta la √ļltima c√©lula de nuestro cuerpo, ya no hay nada que podamos tomar para nosotros, incluso cuando nos desgarran la carne ya eso ha est√° dado." Ante esto uno se arrodilla. Hay que pasar de la esclavitud del yo a la libertad de la donaci√≥n de uno mismo. Aprendemos esta libertad con La Eucarist√≠a, ante el Sant√≠simo Sacramento.

Tercer aspecto de la adoración eucarística: siempre desde el lado antropológico o psicológico.

Nuestra sociedad vio muchos trastornos por la autoestima, enfermedades del rechazo a vivir, porque las miradas puestas sobre nosotros fueron miradas sin amor, de falta de amor, de acusaci√≥n, de rechazo. Muchas personas no han tenido m√°s que esa mirada, que da fundamento a lo que el psiquiatra Eric Ericsson dijo: el fundamento de la confianza primera, primordial, es la mirada de amor posada en nosotros, en los primeros a√Īos de nuestra vida, por el padre, por la madre, por los abuelos. Es una tragedia no haber recibido esa confianza primera! Sin embargo, esto no es un callej√≥n sin salida. Dios ha puesto su mirada en m√≠ en la Eucarist√≠a.

Malika, una joven que estaba en la droga, hab√≠a desaparecido. Finalmente, se la encontr√≥ a la noche en un peque√Īo oratorio de una gran casa religiosa donde hab√≠a poca gente. Se le pregunt√≥ lo que hac√≠a all√≠. "Pas√© mi d√≠a aqu√≠, ante el Sant√≠simo Sacramento." Delante del tabern√°culo abierto y Jes√ļs expuesto, dijo, "√Čl me ha mirado durante todo el d√≠a! ". Nos explic√≥ que hab√≠a querido escapar, pero la mirada de Cristo la hab√≠a retenido. Jean-Paul Sartre, cuando va a rechazar a Dios vivir√° esta experiencia. Hab√≠a hecho una necedad y dijo: "Yo estaba entre los que podr√≠a hacer santos. Pero un d√≠a quem√© la alfombra en la casa y de repente Dios me estaba mirando. Trat√© de escapar a su mirada. Corr√≠ al cuarto de ba√Īo para esconderse debajo de la pileta, pero √©l siempre me miraba! Y yo empec√© a jurar como mi abuelo: el nombre sagrado de Dios, nombre de Dios, nombre de Dios, no me mirar√°s m√°s! "

Hay dos heridas en la humanidad actual. La primera es la de no haber sido visto y la segunda es la de rechazar ser mirado. La Eucarist√≠a permite sanar una y otra. La primera es existencial, la segunda es filos√≥fica y est√° vinculada a la libertad. Vamos a tener que dejar que Dios nos mire. La Eucarist√≠a es el lugar donde Dios me mira y me devuelve mi dignidad. Me hace ad-venir, que yo acontezca. No es una mirada que se clava en m√≠. Voy a ser capaz de redescubrir la estima en m√≠, porque voy a mirarme como Dios me mira, no como el mundo me mira en el tener, el poder, el hacer, el saber, sino en el ser. La Eucarist√≠a me sana, "Los que lo miran quedar√°n radiantes, no habr√° sonrojo en sus semblantes. Si grita el pobre, el Se√Īor lo escucha, y lo salva de todas sus angustias¬Ē (Sal 34 (33)). San Ambrosio de Mil√°n dice sobre el encuentro de Jes√ļs y Mar√≠a Magdalena "¬ŅA qui√©n est√°s buscando?", le pregunta Cristo. "Mar√≠a, m√≠rame, mientras no me mires te llamar√© ¬Ďmujer¬í y desde que me miras te llamo ¬ĎMar√≠a¬í ".

He vivido 5 a√Īos en una ermita. Una jovencita de 15 a√Īos de edad, que hab√≠a hecho cinco intentos de suicidio, lleg√≥ hasta all√≠. Lo que no sab√≠a es que llevaba una pistola en su bolsa. All√°, sobre un farall√≥n de rocas escarpadas a 150 metros, vino y quer√≠a dispararse al borde del vac√≠o para no errar. Me dijo: "Yo no creo en Dios". Yo le dije: "hay s√≥lo una cosa que puede salvarte, esa es dejarte mirar por Jes√ļs." "Pero yo no creo en Jes√ļs" - "Pero, √©l cree en ti" - "¬Ņqu√© significa ser mirado por Jes√ļs? "-" Yo, me paso las noches adorando en la capilla. Si quieres, ven a pasar una noche de adoraci√≥n, desde las 10 de la noche a las 6 de la ma√Īana ante Jes√ļs Hostia." Se fue a paso r√°pido, pero luego regres√≥ y dijo: "Est√° bien, pero quiero pasar nueve noches ..." M√°s tarde supe que su abuela hac√≠a novenas y quer√≠a ella tambi√©n hacer una novena. Vino la primera noche a las 9 y estuvo hasta las 6 de la ma√Īana y estuvo petrificada ante Jes√ļs Hostia. Despu√©s me escribi√≥: "Al final del a√Īo escolar quer√≠a gritar a mis compa√Īeros la angustia que me corro√≠a, aquel disgusto de la vida que me empujaba a no importarme qu√© hacer. As√≠ que me decid√≠ a pasar nueve noches de adoraci√≥n. El Se√Īor me deber√° escuchar, esta vez voy a ir delante de √Čl, le voy a suplicar. Fue cuando hice nueve noches enteras de adoraci√≥n. Durante nueve noches, me dej√© mirar por Jes√ļs. Present√© mis heridas al Sant√≠simo Sacramento y Jes√ļs las san√≥. Por nueve noches, dej√© salir todas las magulladuras de mi alma y la Virgen Mar√≠a me sostuvo entre sus brazos para que me sosegase. De estas nueve noches sal√≠ transformada¬Ē. Se confirm√≥ seis meses despu√©s. Hizo su bachillerato y hoy ha completado sus estudios de medicina ... Nueve noches para salvar un alma. Jes√ļs la mir√≥, ella se sent√≠a fea, nula y, perd√≥n por la expresi√≥n, gilipollas. Ha dicho: "Me di cuenta que era hermosa, preciosa a sus ojos, que me amaba y que, lo que es importante, no es lo que yo pensaba de m√≠ , lo que mi padre pensaba de m√≠, √©l que hab√≠a dicho "te puedes morir, yo no tengo nada que hacer", o lo que mis amigos pensaran de m√≠, sino lo que Jes√ļs pens√≥ de m√≠.

Cuarto punto: la antropología de la emotividad.

Parad√≥jicamente, el racionalismo del siglo XVII ha perdido la raz√≥n a la humanidad. El racionalismo ha lanzado un romanticismo emocional que ha tomado formas diferentes a lo largo de los siglos, pero que era una especie de ¬ďemocionalizacion¬Ē hasta una ¬ďemocionalizaci√≥n¬Ē de la conciencia (cf. Juan Pablo II Persona y Actos), una suerte de la vida personal al nivel simplemente emocional y una vida social en el que la √©tica misma se define en t√©rminos de la emoci√≥n. Por lo tanto, se pierde el sentido de la raz√≥n. Si es cierto que creer en la existencia de Dios es ante todo un acto de la raz√≥n antes de que sea un acto de fe en cuanto a qui√©n es este Dios, tambi√©n es cierto que hoy en d√≠a, cuesta mucho trabajo acceder a Dios por la sola raz√≥n. He aqu√≠ un imperativo categ√≥rico: que Jesucristo le devolver√° a la raz√≥n sus t√≠tulos de nobleza. La adoraci√≥n nos despoja de una emocionalidad para hacernos vivir una vida teologal de fe, de esperanza y Caridad. Si pasas honestamente tres horas ante la Sagrada Hostia, en la que Jes√ļs est√° presente, sin nada hacer m√°s que mirarlo, no digo en silencio sino delante de √Čl, entonces necesariamente deber√°s llevar a cabo actos de fe, de esperanza y Caridad. De lo contrario, partes hacia el sue√Īo o el imaginario. La adoraci√≥n eucar√≠stica nos obliga a vivir de una manera teologal, que es la √ļnica manera de tocar a Dios, es decir, la Fe, la Esperanza y la Caridad. La adoraci√≥n se resume en la simplicidad m√°s desarmada haciendo actos de Fe, Esperanza y Caridad.

El otro d√≠a est√°bamos con los ni√Īos ante el Sant√≠simo Sacramento. Yo les digo, ¬ďvosotros pod√©is hacer oraciones¬Ē. Hab√≠a un peque√Īito all√≠ que no reaccionaba. Todos rezaron por una intenci√≥n. Entonces, le digo a este peque√Īo que ten√≠a unos 3 a√Īos: "¬ŅQuieres t√ļ rezar por alguien? " "Jes√ļs Te amo", dijo. He ah√≠ el acto de caridad. √Čl hab√≠a tocado a Dios a trav√©s de ese acto de caridad. "Jes√ļs, T√ļ est√°s ah√≠", Dios es tocado por un acto de fe. "Jes√ļs, un d√≠a te ver√© cara a cara" (acto de esperanza) ... Un ni√Īo peque√Īo, un d√≠a ante el Sant√≠simo Sacramento, dijo: "Jes√ļs, T√ļ no me ves pero yo s√© que est√°s aqu√≠!" Se dir√≠a que su fe super√≥ a la de Dios ... La Eucarist√≠a nos va a restituir nuestra dignidad primera: ser seres racionales, no racionalistas, no racionalistas sino racionales, perfeccionados por la gracia de la fe, de la esperanza y la caridad. Es una sanaci√≥n de una emotividad desviada por una aut√©ntica vida teologal, que devuelve a la emoci√≥n y a los sentimientos su leg√≠timo lugar en el sitio correcto. De lo contrario, uno se enfrenta a dos tentaciones: la de perderse en la emoci√≥n, o rechazarla de plano; lo que en ambos casos es una tragedia para la humanidad y para la persona. Rechazar la emoci√≥n o perderse en ella. S√≥lo una vida aut√©ntica teologal devuelve a la afectividad humana el lugar leg√≠timo que le corresponde, comprendiendo en eso a la devoci√≥n.

Quinto punto del aspecto antropológico de la adoración eucarística: la sanación de las peores enfermedades espirituales: la acedia, la tristeza espiritual.

Esa especie de dejarse ir, ese letargo, m√°s hambre, m√°s sed, cansado, m√°s deseo de Jes√ļs, todo se vuelve pesado, la oraci√≥n se pesada, la lectura, el oficio divino se hace pesado. Esta es una enfermedad muy frecuente y la adoraci√≥n eucar√≠stica puede ser una cura. Ante el Sant√≠simo Sacramento, puedo presentar actos de deseo. "Mi alma tiene sed del Dios vivo, como la cierva anhela las corrientes de agua as√≠ mi alma tiene sed de ti, Se√Īor." Tendremos que tener hambre y sed de √Čl.

En el pasado, sol√≠a escalar la monta√Īa y fuimos un d√≠a, cerca de Marsella a los arroyos. No ten√≠amos nada para comer. Por la noche, ten√≠amos un poco de pan que hab√≠amos terminado y quedaban cuatro naranjas. √Čramos cuatro y nos dijimos: "hagamos la escalada temprano ma√Īana por la ma√Īana. Al llegar a la cima comeremos las naranjas." S√≥lo que la v√≠a que hab√≠amos tomado era demasiado dif√≠cil. Uno de los amigos se hab√≠a quedado sin fuerzas y se qued√≥ bloqueado por la mitad. En lugar de llegar a la cumbre a las 8 como esper√°bamos, llegamos a las 2 de la tarde. Tuvimos que tirarlo arriba. Hab√≠amos guardado su naranja. Cuando vio a la naranja, sus ojos abrieron as√≠, ¬Ņven? (adem√°n de abrir grandes los ojos). Al igual que en las dibujos animados, se arrastr√≥ hasta la naranja y se comi√≥ con la piel. As√≠ es como se debe ir ante el Sant√≠simo Sacramento, no f√≠sicamente, sino con el deseo. Te voy a comer Se√Īor y la adoraci√≥n eucar√≠stica es siempre una comuni√≥n de deseo. Eres T√ļ Se√Īor, mi alma tiene sed de Ti. Saint-Pierre-Julien Eymard dec√≠a: "nuestra adoraci√≥n tiene tan pocos frutos, porque siempre empezamos por nosotros mismos y no comenzamos por Dios." No vamos a √©l con ese deseo y entonces se puede caer tr√°gicamente en la acedia en tanto se adora. Y no s√≥lo porque los ojos caen de cansados, sino porque mi coraz√≥n deja de velar. Si duermo y mi coraz√≥n vela, eso est√° bien. Pero si duermo y mi coraz√≥n no vela, eso es ¬°una cat√°strofe! Hay una teolog√≠a de sue√Īo a desarrollar y es la de tener el coraz√≥n en vela. La acedia es una verdadera tragedia y por lo tanto vamos a tener que curar la acedia con el hambre y la sed, el deseo de Dios, el deseo de ver a Dios, el deseo de Cristo. La alegr√≠a ser√° el resultado de esta hambre y esta sed. Mi coraz√≥n tiene hambre y sed del Dios vivo, y mi alegr√≠a, nutrida de esta fuente de Vida que brota del Coraz√≥n de Cristo, glorificar√° a Dios. Y yo descubrir√© la aut√©ntica alegr√≠a.

Sexto punto, sanación del punto de vista antropológico: la tentación del superhombre

Nuestro mundo vive ahora en una l√≥gica de perfecci√≥n exterior y no de santidad. La santidad es ante todo una pobreza a acoger y en la que se sumerge la gracia misericordiosa de Dios. Ante la Eucarist√≠a no tengo que aparentar, no tengo que representar un papel sociol√≥gico. Puedo ser pobre ante el Sant√≠simo Sacramento. En Friburgo tenemos la adoraci√≥n perpetua del Sant√≠simo Sacramento y, a veces, paso la noche en adoraci√≥n. Se trata de encuentros conmovedores. Un d√≠a a las 4 de la ma√Īana vi a un hombre pol√≠tico ante el Sant√≠simo Sacramento. Lo vi de rodillas como yo, sin ninguna diferencia. Cuando Alfonso de Ligorio que, se dec√≠a, era la persona mejor vestida de toda Roma y San Benito Jos√© Labre que met√≠a las pulgas dentro de su camisa para que no tomaran fr√≠o en invierno, adoraban juntos, uno al lado del otro, el Sant√≠simo Sacramento durante 40 horas, tenemos ante nosotros el hombre en su dignidad m√°s sublime en presencia de su Dios. No era la apariencia, no era su dignidad de abogado c√©lebre o de pobre mendicante lo que hac√≠a la diferencia entre uno y otro; ellos eran √ļnicos, hijos de Dios. El Sant√≠simo Sacramento me ense√Īar√° a aceptar mi vulnerabilidad, mi pobreza, mi miseria, mi pecado, mi nada.

Tengo un amigo que hab√≠a ido a acompa√Īar a su esposa a la adoraci√≥n que hab√≠amos organizado. Cuando fue la procesi√≥n del Sant√≠simo Sacramento, dijo: "Ten√≠a deseos de gritar: ¬°no se pongan de rodillas, est√°n locos! Eso es cualquier cosa, no crean a esos charlatanes de sacerdotes que les hacen creer que Dios est√° ah√≠. No me he atrevido a decirlo para no avergonzar a mi esposa." √Čl mismo hab√≠a tenido un grave accidente de coche y no pod√≠a doblar las rodillas. De pronto, se sinti√≥ proyectado de rodillas delante del Sant√≠simo Sacramento. Se revolc√≥ por tierra y se dio cuenta que no le dol√≠an m√°s las rodillas. De resultas, tuvo que convertirse y todas las ma√Īanas a las 5, antes de ir a trabajar, hac√≠a una hora de adoraci√≥n.

Un d√≠a, ante el Sant√≠simo Sacramento, Jes√ļs le dijo a un hombre de negocios "a prop√≥sito de tus impuestos, ¬Ņen d√≥nde est√°s?" √Čl dijo: "Se√Īor, estamos aqu√≠ para adorar ¬°no para hablar de los impuestos!" El Se√Īor le dice: "Eso me interesa mucho, ¬°tus impuestos y tu declaraci√≥n de impuestos!¬Ē Y √©l dice:" No, no, Se√Īor, estamos en consideraciones m√°s elevadas!" Y bien, tuvo que ir a ver a su agente del fisco para corregir su declaraci√≥n de impuestos, y el Se√Īor no la solt√≥ hasta que enfrentar la verdad en su declaraci√≥n de impuestos delante del Sant√≠simo Sacramento. El Se√Īor nos obliga a ir hasta el final de nuestra miseria, de nuestra pobreza, de nuestro pecado cuando estamos ante el Sant√≠simo Sacramento. Ser pobre es nuestro t√≠tulo de nobleza.

Séptimo tema de la sanación: la dependencia afectiva

Vivimos en un mundo emocional y as√≠ con profundas carencias afectivas que se manifiestan en desviaciones sexuales. Yo creo que la adoraci√≥n es el lugar para adquirir la virtud de la castidad. En primer lugar, Jes√ļs dice, "el ojo es la ventana de tu alma. Guarda pura tu mirada para que tu coraz√≥n sea puro." Posando mi mirada en el Cuerpo eucar√≠stico de Cristo, soy llamado, poco a poco, a no poner mi mirada en otra parte. O a ver las cosas, la gente, con una mirada purificada por la adoraci√≥n eucar√≠stica. Ese cuerpo de Cristo, esa carne de Cristo, me obliga a mirar a mi propia carne y a la del otro de manera diferente. La forma de ver, de tocar la carne del Hijo del hombre, ese cuerpo sagrado de Jes√ļs, me obligar√° a repensar la manera en la que toco mi cuerpo, a vivir mi cuerpo, de mirar el cuerpo del otro, de tocar el cuerpo del otro. Hay un modo de vivir el cuerpo a trav√©s de la adoraci√≥n eucar√≠stica. Hay una manera de redescubrir mi dependencia radical con respecto a Dios. El ser humano es un ser de relaci√≥n necesariamente dependiente. Si yo no dependo radicalmente de Cristo en esa intimidad vivida en la adoraci√≥n depender√© entonces afectivamente de los seres humanos. ... Es as√≠ como la adoraci√≥n eucar√≠stica es el lugar para adquirir la virtud de castidad, la vulnerabilidad experimentada por la pobreza vivida el mendigo que clama y que poco a poco ser√° transformado por su mirada en su carne, en esa relaci√≥n al cuerpo de Cristo, al cuerpo del otro. En el hospicio de la Madre Teresa era bello ver en el cuarto de ba√Īo, donde se lavan las personas que han sido recogidas en la calle, escrito en grande "The Body of Christ", "el Cuerpo de Cristo" .

Octavo punto: la atención

Se nos dice que la gente ya no es capaz de atenci√≥n. Es el zapping! El hecho de pasar de una cosa a otra nos impide estar atentos. Los antiguos dec√≠an que la atenci√≥n era la madre de la oraci√≥n, la prosoque es la madre de la proseuque. As√≠ que hay una estrecha relaci√≥n entre la atenci√≥n y la oraci√≥n. La vista es providencial para la Eucarist√≠a, porque es el sentido que a la vez que nos extas√≠a m√°s nos proporciona mayor atenci√≥n. La Eucarist√≠a es un ante todo una mirada sobre la Hostia. Si el Sant√≠simo Sacramento se expuso a partir del siglo XII, XIII, fue en respuesta a la herej√≠a de Berengario de Tours que negaba la presencia real de Cristo en el Sant√≠simo Sacramento. El pueblo de Dios respondi√≥ primero diciendo "¬°Queremos verlo! Mu√©stranos a Jes√ļs y demostramos nuestra fe mirando la Hostia. " La adoraci√≥n es un misterio de la visi√≥n, una mirada de Cristo que se posa en m√≠, que me sana. A cambio mis ojos est√°n fijos en √©l. Yo miro a la Hostia, de lo contrario no hay necesidad de exponer el Sant√≠simo Sacramento. Con ir al Sagrario, √Čl est√° ah√≠. Incluso la mayor puerta blindada no impedir√° la radiaci√≥n de la Presencia real. Porque la adoraci√≥n eucar√≠stica es un misterio de amor. Quiero ver, porque el amor est√° en la mirada. ¬ŅHab√©is visto a dos que se aman? Se miran siempre. Se buscan. No dejan de mirarse. El amor quiere ver al ser amado. Se puede no ver a la persona amada y escucharla al tel√©fono. Pero cuando la miro eso cambia todo. Hay una persona que hab√≠a sido sanada de la ceguera de nacimiento ante el Sant√≠simo Sacramento en un lugar de peregrinaci√≥n mariana. Ella dijo: "Yo vi a mi hija por primera vez. Y Dios fue amable conmigo, tom√≥ tres meses para sanarme. Jam√°s podr√≠a haber soportado verla cara a cara de golpe, al primer momento. Tuvieron que pasar tres meses para recuperar la vista por completo. Dios ha sido bueno." Esta es la adoraci√≥n: no veo a Dios cara a cara. Y, afortunadamente, de lo contrario morir√≠a. Por tanto, la mirada es tan importante, que P√≠o X dio una indulgencia parcial a la √©poca, de 300 d√≠as, para todo el que mirase a Jes√ļs en el Sant√≠simo Sacramento en la elevaci√≥n de la Misa, diciendo: "Se√Īor m√≠o y Dios m√≠o". En aquel entonces las personas bajaban la cabeza a la elevaci√≥n y no √©se no era el prop√≥sito, hist√≥ricamente hablando, de la elevaci√≥n. Jes√ļs le dijo a Santa Gertrudis de Helfta: "Tantas veces come el hombre mira con amor la Hostia que contiene el Cuerpo y la Sangre de Cristo, tantas veces que aumenta sus m√©ritos futuros. Habr√°n delicias en el cielo para aquellos que han puesto sus ojos carnales en mi Cuerpo eucar√≠stico¬Ē.

Noveno punto antropológico: la soledad

Hay dos tipos de soledad: la soledad original, de nuestros primeros padres: "no es bueno para Adán estar solo", no se trata del hombre y la mujer, no de lo masculino y lo femenino, sino que no es bueno que el ser humano hombre esté solo. Es la soledad afectiva que vivimos en el mundo actual.

¬ŅQu√© quiere decir la soledad original? Se trata de lo que Juan Pablo II precisa diciendo que: "no pertenece a la prehistoria del hombre sino a la prehistoria teol√≥gica de cada uno de nosotros". Cada uno de nosotros debe descubrir su lugar en el mundo. S√≥lo Dios basta, y ninguna criatura podr√° llenar mi coraz√≥n. He aqu√≠ lo esencias de esta soledad, que es la condici√≥n sine qua non de toda relaci√≥n con otros seres humanos y con el mundo. Vamos a tener que ganar esta soledad originaria. S√≥lo Dios basta, ninguna criatura llenar√° mi vida. As√≠ pues, en la adoraci√≥n eucar√≠stica aprendo a vivir esta soledad original. Al mismo tiempo, soy sanado en mi relaci√≥n con los dem√°s. No s√≥lo mi soledad afectiva es llenada por la de Cristo, sino que tambi√©n soy capaz de vivir con otros en una relacionalidad aut√©ntica de ser humano a ser humano, de persona a persona, y no de √°vido afectivo a √°vido afectivo.

III. Tercer aspecto: el aspecto histórico de la Eucaristía

Jes√ļs le dijo a Santa Faustina: "Dile a todo el mundo, que el mundo no encontrar√° la paz en la tierra hasta que no regrese a mi Coraz√≥n, a mi misericordia." Adem√°s dijo Jes√ļs: "el trono de mi misericordia es el Sant√≠simo Sacramento." Lo que significa: "Dile a todo el mundo que es imposible la paz en el coraz√≥n, en las familias y en el mundo si no se adora a Jes√ļs en la Eucarist√≠a." Creo que hay un tiempo de visita a Cristo Eucar√≠stico en la adoraci√≥n, y esto es la revoluci√≥n. Se trata de la √ļnica revoluci√≥n ante la cual Lenin, Che Guevara y Mao son cr√≠os. Ellos hicieron la revoluci√≥n para la muerte del hombre. Pero la revoluci√≥n para la vida humana es la proclamaci√≥n solemne, por la adoraci√≥n eucar√≠stica, del Se√Īor√≠o de Cristo, de Dios. Pongo esta profec√≠a de Jes√ļs a sor Faustina al mismo nivel que la profec√≠a de Mar√≠a en F√°tima: "si no se convierten, habr√° una guerra a√ļn m√°s grave que estallar√° durante el pontificado de P√≠o XI." Creo que la profec√≠a a santa Faustina es de esa misma importancia. Mar√≠a dijo en F√°tima: "Si no se convierten, si no se vuelven a mi Hijo ...." De hecho, en 1917 estall√≥ una guerra, pero una a√ļn peor estalla durante el pontificado de P√≠o XI y el Anschluss (la anexi√≥n de Austria) comienza unas semanas antes de la muerte de P√≠o XI. Si no hay retorno a la Eucarist√≠a, una cat√°strofe global podr√≠a suceder. La respuesta a esta cat√°strofe que se ve nacer por todas partes del mundo, esta crisis econ√≥mica que acaba de comenzar, ser√° la adoraci√≥n eucar√≠stica, la adoraci√≥n reparadora, y la sanaci√≥n.

IV. Cuarto aspecto: el aspecto escatológico

Dos cosas m√°s todav√≠a acerca de la Eucarist√≠a: Athanasia farmacon, es la medicina, el f√°rmaco de inmortalidad. Gusto ya, en este momento, la vida eterna, la vida divina para la que fui hecho. Y el segundo punto, imploro la venida en gloria de Cristo, la parus√≠a (en griego parous√≠a significa la presencia y venida). Esperamos su venida en la gloria, pero el que viene en la gloria est√° presente en el Sant√≠simo Sacramento. Es es el mismo y ya estoy parus√≠a, en la presencia y venida en la adoraci√≥n, el cielo ya est√° ah√≠ y que no es tanto el cielo que desciende sino la tierra que se eleva al cielo en este gran movimiento ascensional. Toda la creaci√≥n est√° esperando en el sufrimiento del parto la revelaci√≥n de hijos de Dios. Ella aspira a que nos comportemos como hijos de Dios, para que todo el cosmos encuentre en Cristo su cumplimiento y terminaci√≥n. Y por lo tanto la respuesta a la crisis ecol√≥gica del mundo actual es tambi√©n la adoraci√≥n. Ya en ella, va a poder emerger esa radiaci√≥n de energ√≠a desprendida por la fisi√≥n nuclear eucar√≠stica, para usar la imagen de Benedicto XVI, y encontrar un orden del cosmos ordenado al Creador, un orden de la humanidad ordenado al Redentor, y proclamar el se√Īor√≠o de Dios sobre toda carne y sobre todo el cosmos, para que la paz de Dios puede penetrar los corazones y el mundo.

[ 16-10-2011 ]

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