Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


EL 30 DE JUNIO SE INAUGURÓ LA CAPILLA DE ADORACIÓN PERPETUA EN CÁCERES.

EL OBISPO, MONS. DON FRANCISCO CERRO PRESIDIÓ LA PROCESIÓN Y ENTRONIZÓ EL SANTÍSIMO EN LA CAPILLA.

La capilla de Adoración Perpetua pertenece a la Diócesis de Coria-Cáceres. Es la primera en Extremadura. La inauguración se inició con la Misa concelebrada en el templo de la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Fátima. Catorce sacerdotes eran los concelebrantes. El templo estaba repleto de fieles y de la procesión participaron unas mil personas. Toda una fiesta para Cáceres.

A continuación la homilía pronunciada por el Misionero de la Santísima Eucaristía, el P. Justo Lofeudo.

En las lecturas de este domingo quedan enlazados la vida, la muerte y la fe. Lo primero que Dios nos dice es que Él no ha deseado ni desea la muerte. La muerte entró por la envidia del diablo.

Nosotros hemos sido llamados a la vida y la muerte se presenta como la contradicción. Esa contradicción que irrumpe y a veces imprevistamente, otras lentamente. A pesar que el tiempo nos va deshaciendo físicamente, fuimos creados para la vida, para ser salvados de la muerte por Jesucristo. No sólo de la muerte como el fin de esta vida sino de toda muerte espiritual. Él es la Resurrección y la Vida. “El que crea en mí no morirá”.

“Tu fe te ha salvado. Vete en paz”. Son la palabras de Jesús a la hemorroísa, esa pobre mujer que durante doce años padeció de flujos de sangre. Su enfermedad significaba para ella la condena de vivir aislada de todos, porque si por un lado para la cultura hebrea la sangre era la vida por el otro una mujer con flujo de sangre era impura y su presencia era contaminante. En esto estaba la gravedad de su atrevimiento: tocar el manto del Señor. El Señor la sana, la vuelve ritualmente pura pero eso a Él no le basta. Jesús busca el encuentro, y lo busca siempre. “¿Quién me ha tocado?” Quiere ver a la mujer y que ella lo mire de frente, aún cuando no tenga el valor de alzar la mirada. Nuestra adoración es también un encuentro en el que Él está expuesto y nosotros estamos expuestos a Él. Cuando lo adoramos en el Santísimo estamos contemplando a Jesús con la fe que sabe que Él verdaderamente está ahí, delante de nosotros.

“Talita kumi”. Niña, te digo, levántate. Álzate de tu sueño de muerte. Esto dice también hoy el Señor. Y lo dice a cada uno de nosotros.

Sí, Él es la Resurrección y la Vida. Él es quien dijo: “el que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo lo resucitaré el último día”. Hablaba de la Eucaristía. Del don infinito de sí mismo que nos dio, junto al sacerdocio, aquel primer Jueves Santo de la historia. La Eucaristía es Pan de Vida, Medicina de inmortalidad. Y a la Eucaristía se accede desde la fe.

Nuestro Dios, que al crearnos nos dio la vida y que nos mantiene en la existencia es Dios de la vida. Vida eterna que nos transmite en cada Eucaristía.

La muerte se enseñorea sólo en quienes pertenecen al diablo (1ra. Lectura)

La muerte para nosotros no tiene la última palabra. No es el fin. Por supuesto que supone el dolor de la separación pero no es el fin. La muerte en Dios no es el monstruo que fagocita a la vida aniquilándola sino el parto del seno terrenal a la luz inmortal.

La capilla de adoración perpetua será el lugar de encuentro con el Señor, de este Señor que ha querido plantar su Morada aquí, entre vosotros, y por eso será una capilla de vida y resurrección. ¡Cuántos recibirán nueva vida! ¡Cuántas muertes morirán! ¡Cuántos serán sanados! porque estarán ahí por fe y no tocarán el manto de Cristo, como la hemorroísa, pero sí verán más allá de las apariencias, traspasarán los velos eucarísticos y descubrirán al mismo Dios Todopoderoso. Y Él obrará el milagro y le dirá: “Tu fe te ha sanado. ¡Quédate en paz!”

Queridos hermanos, al haber acogido este don inefable el beneficio no se detiene en vosotros o en vuestros amigos y parientes. Por el vuestro sí al Señor otros podrán encontrar la puerta de la capilla y dentro de ella al Salvador. Porque, creedme, muchos vendrán de lejos, de caminos equivocados, cansados y heridos por la vida, agobiados por los propios errores, y encontrando las puertas abiertas hallarán la vida que habían perdido. Muchos serán los rescatados y los que revivirán después de sus muertes de pecado. Corazones sangrantes que no han sabido o no han podido perdonar hallarán las fuerzas para reconciliarse con Dios y con los demás.

Esta capilla que hoy inauguramos será un oasis de paz, de una paz desconocida y anhelada para los que aún no conocen a Dios, a su amor.

Cito ahora al Cardenal Vidal, un cardenal filipino, que decía: “Si hacemos sólo lo que es el bien ordinario podemos sólo esperar bendiciones normales. Pero, viviendo en tiempos extraordinarios estamos necesitados de gracias extraordinarias y esas vienen de la Adoración Eucarística Perpetua.

La Beata Madre Teresa se preguntaba: “¿Qué salvará al mundo?” “La oración”, respondía, y agregaba: “La oración a los pies de Jesús. Así creceremos en la fe y en el amor. Tenemos que postrarnos en adoración a los pies de Jesús”.

Dentro de un momento, luego de la procesión, entronizaremos el Santísimo en la capilla para adorarlo en adoración incesante, perpetua. “Entronizar” quiere decir que reconocemos al Señor como Rey, Rey de reyes. Significa entonces que inauguraremos el Reino Eucarístico aquí. Reinará Jesucristo en Cáceres día y noche. ¡Qué gracia extraordinaria! Un trozo de cielo a vuestro alcance.

Día y noche será adorado el Señor. ¡La noche! Aquellos que adoran durante las altas horas de la noche y en la madrugada atraen de Dios gracias especiales y paz en las calles de la ciudad.

Todos vosotros que pasaréis al menos una hora semanal y seguramente más, le daréis un valor nuevo a vuestro tiempo. Porque ese tiempo –como decía la Madre Teresa de Calcuta- hará que aumente vuestra unión con Dios, embellecerá vuestras almas y contribuirá a traer la paz a la tierra. Así será.

¡Alabado sea Jesucristo!

[ 06-07-2012 ]

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