Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


SEGUNDA PARTE DE LA DISERTACIÓN DE MONS. D. JUAN ANTONIO REIG PLA, OBISPO DE ALCALÁ DE HENARES EN EL IV ENCUENTRO DE LA ADORACIÓN PERPETUA DE ESPAÑA

En esta segunda parte de la alocución trata de la bendición como movimiento descendente de Dios hacia nosotros y la respuesta ascendente de nosotros hacia Dios. En ella se inserta la adoración.

Segunda parte de la alocución

Han acabado la adoración del Santísimo con lo que llamamos las letanías de desagravio: Bendito sea Dios. Bendito sea su Santo Nombre, etcétera. Es justo lo que significa la palabra Eucaristía. \\\"Eukharistia\\\", lo traducimos normalmente por \\\"acción de gracias\\\", y la acción de gracias siempre viene después del conocimiento, y, por tanto, es un re-conocimiento. Es justo toda la oración que atraviesa la Sagrada Escritura, Antiguo y Nuevo Testamento, esto lo llaman en hebreo las \\\"Berâkâh\\\", las bendiciones, o \\\"Berajot\\\" (la \\\"Berâkâh\\\", la bendición; \\\"Berajot\\\", las bendiciones). Es la única manera de orar y atraviesa todo el lenguaje -digo- del Antiguo Testamento, del Nuevo Testamento, fundamentalmente los Salmos. Si esta mañana habéis rezado Laudes habéis dicho: \\\"Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo\\\", habéis utilizado la palabra \\\"bendito\\\". La misma palabra, después dicha en griego, está en \\\"Proclama mi alma la grandeza del Señor [...] porque se ha fijado en la humildad de su esclava\\\".

La oración de bendición siempre arranca desde la iniciativa de Dios. Dios, que viene a conocernos, (conocernos en la Biblia significa \\\"hacerse uno con nosotros\\\", \\\"amarnos\\\"), Dios que se deja conocer, o sea, se deja conocer por la Palabra de Dios que penetra; se deja conocer por la Eucaristía donde se ha quedado de manera singular; se deja conocer por los acontecimientos de nuestra vida, porque es el Dios de la Historia, Él nos habla en lo que pasa cada día, lo que vivimos; Dios se hace presente en el prójimo, que es presencia de Jesucristo, que ha querido quedarse en cada uno de nosotros; Dios está presente en el mismo sacerdote, en la Eucaristía, en varias presencias, en la misma Asamblea: donde dos o tres estéis reunidos en mi nombre... Dios se hace presente porque está en todas partes, y nos visita: \\\"Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo\\\".

La oración de bendición comienza siempre \\\"Dios que viene\\\", y que viene a estar con cada uno de nosotros y hacerse cargo de nuestra propia situación. Ante esa presencia de Dios que nos conoce y nos ama, se hace presente y viene con amor siempre, Dios no viene como enemigo nunca -Dios no viene nunca como enemigo-, es posible que su visita vaya acompañado de temas dolorosos (una enfermedad, una muerte, una falta de concordia, momentos de falta de trabajo, de dificultades con los hijos...), las circunstancias son varias, Dios, al menos, las permite, pero a través de ellas, habla. Y de manera particular habla con altavoces altos en el sufrimiento. Cuando uno sufre de verdad, Dios habla más potentemente. No viene como enemigo. No quiere tu destrucción, pero sí habla en todas las circunstancias. Cuando tú reconoces la presencia de Dios, entonces, el movimiento es reconocerle... Es como una pelota: que cae y rebota, pues Dios viene, Juan Antonio lo reconoce en los acontecimientos de su vida, en la Eucaristía que celebro diariamente, en la Palabra que escucha, etc. Y ese reconocimiento se trasforma en alabanza, en bendición. O sea, no es una bendición simplemente descendente, de Dios que viene a nosotros y ya está, como cuando solemos bendecir los alimentos..., no, no. Es, Dios que viene, nosotros que lo reconocemos y surge, espontáneamente de nosotros, la bendición y la alabanza: \\\"Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo\\\". \\\"Proclama mi alma la grandeza del Señor...\\\". Cualquiera de los Salmos, tienen: los históricos, los personales, los que hablan de situaciones concretas, los que ensalzan a Jerusalén como ciudad, etc., Tienen y están atravesados por lo que llamamos la oración de bendición.

Hay un momento en el que el pueblo de Israel que ha sido llamado por Dios al exilio ya no tiene el Templo de Jerusalén y, entonces dice: \\\"Señor, no tenemos Templo, no tenemos Sacerdotes, no tenemos Profetas, estamos en el exilio\\\". -En España ¿dónde estamos?: en el exilio, en el destierro. Nuestra tierra, aquí estamos exiliados, la cultura no es la nuestra-. ¿Y cómo vas a aceptar nuestros sacrificios si no tenemos el templo para ofrecerte allí los sacrificios rituales. Ahí nace la prehistoria de la Eucaristía. Porque como no tenemos templo, como no tenemos Sacerdotes, como no tenemos Profetas, acepta, Señor, nuestro corazón. Ese será el verdadero sacrificio, la verdadera ofrenda. Ya no serán los machos cabríos, ya no serán los corderos, ya no serán las palomas, sino acepta nuestro corazón contrito. Y el corazón se hace altar y desde ahí surge, reconociendo que es Dios que pedagógicamente nos hace vivir en esta situación de extrañeza -no estamos en nuestra tierra, no tenemos nuestro templo, no podemos bendecirte allí, en Jerusalén, la Ciudad Santa- acepta nuestro corazón, acepta nuestra alabanza que surge de reconocer que eres tú quien lleva mi vida y lleva mi historia.

Prolongado esto, por decirlo rápidamente, Jesús, en la Última Cena, le da todo el contenido a este corazón, de tal manera que se da enteramente en su Cuerpo y en su Sangre, que cumplirá esa donación, anunciada en la Última Cena el Viernes Santo, fuera de las murallas de la ciudad, porque viene a instaurar un sacerdocio nuevo, no tiene nada que ver con el del Antiguo Testamento, Él es sacrificado fuera de las murallas de la ciudad e instaura un Sacerdocio nuevo.

La Eucaristía nace del Viernes Santo, ha sido instituida en la Última Cena, el Jueves, cuando lo celebramos en el Triduo Pascual, nace en el Viernes Santo y florece en el Domingo de Resurrección. Este sacrificio de mi voluntad: acepta, Señor, mi ofrenda, que es mi persona -nadie ama más a sus amigos que aquel que da la vida por ellos- el Padre responde con la Resurrección. Y ahí se realiza, por antonomasia, la gran oración de bendición: Dios que nos visita en Jesucristo; Jesucristo que es nuestra humanidad que reconoce la visita de Dios hasta el extremo de cargar con toda nuestra penuria y nuestros pecados y se hace ofrenda, y el Padre le bendice resucitándolo.

Ahora, la Eucaristía, guarda los dos momentos, tanto es memorial de la Pasión como es la Pascua de la Resurrección. La Eucaristía guarda los dos aspectos. Más todavía, prolonga la Encarnación, porque todo ha ocurrido en un cuerpo, nacido de las entrañas purísimas de María, prolonga la Encarnación pero ya en el cuerpo glorioso de Jesucristo, que se hace presente y oferta de salvación en la Eucaristía, de manera permanente, en la celebración de la Eucaristía prolongado en la adoración.

Bueno, pues es la primera palabra que quería deciros: Eucaristía, la oración litúrgica de la plegaria eucarística, la Eucaristía celebrada. Y la prolongación de la Eucaristía: la adoración, es una gran oración de bendición. ¿Por qué lo he dicho?, no pensaba empezar así, pero como os he visto decir \\\"Bendito sea Dios\\\", y como sé que algunos tienen preocupación de que si eso es litúrgico o está fuera de ahí, ¿y por qué tenemos que poner esas Letanías de Desagravio y poner en medio a San José, a la Virgen?, ¿qué tendrá que ver con ese misterio tan grande como es la Eucaristía?, porque es una oración de bendición. Y es que no ha venido flotando en el aire, es que ha venido del cuerpo de María y ha tenido por padre a San José, que ha sido el que Dios ha puesto como hombre justo para custodiar a María y al Niño, por tanto, no tengáis nunca ningún reparo en hacer las Letanías de Desagravio, porque son la gran oración de bendición, la que atraviesa toda la Sagrada Escritura. Reconocemos al Señor, que está presente en el Santísimo Sacramento del Altar, y le bendecimos.

Este era el primer punto: la Eucaristía, la Plegaria Eucarística, la adoración eucarística es una gran plegaria de bendición. Ahora, si os lo preguntara a cada uno de vosotros ¿qué es una oración de bendición?, Dios que viene, nos visita y nos redime, la pelota que cae y vuelve todo a Dios, y vuelve ¿cómo?, hecho alabanza: gracias, Señor, porque me has visitado y redimido, lleva a término la obra que has empezado en nosotros. Ven, Señor Jesús, clamamos ahora en el tiempo Adviento. Ven, porque te hemos pregustado, hemos conocido tu visita, hemos paladeado lo dulce que es tu amor y lo deseamos en plenitud. La Eucaristía tiene un sentido escatológico: Ven, Señor, Jesús. Cuanto antes. Ven, Señor, Jesús. Maranatha. Primer punto de la oración de bendición.

Ahora, miren lo que hay ahí en la pizarra (AD-ORATIO- PROSKYNESIS). El Papa, cuando puso por primera vez en las Jornadas Mundial de la Juventud -en Colonia, recuerden- el Santísimo para los jóvenes les explicó la adoración con estas dos palabras.

La palabra adoración viene tanto del latín como del griego. Del latín con esta palabra AD (preposición) y ORATIO. Dice que significa esto: beso, abrazo, diálogo, comunión... Ahora ponte tú, en el turno que te toca delante del Santísimo, estás arrodillada o sentadita o sentadito en el banco, estás con la Palabra de Dios, o con lo que en la hora te corresponde, es un momento de abrazo, un abrazo singular, es el cielo que abraza la tierra y que te abraza a ti. La Eucaristía es acción. Cuando entramos en la Pascua del Señor, que es la celebración de la Eucaristía, entramos en el tiempo de Dios, eso que decimos en el Padrenuestro: hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo, y cuando en la tierra hacemos tu voluntad entramos en el cielo. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Pues allí justo, en esa hora, tú estás delante del Señor, esta primera acepción -AD-ORATIO- es un abrazo al Señor, un dejarse abrazar por Él, un dejarse besar por Él, un unirse cielo y tierra en tu corazón y, por tanto, en ese momento, diremos, te hace el Señor capaz de entrar en comunión con todo. Con todo ¿qué significa?, que desde la capilla donde estás adorando, puedes llegar a Singapur, puedes llegar a Mozambique, puedes llegar a Finlandia, puedes llegar... ¿por qué?, has entrado en comunión con el que está en todas partes, y por tanto esa oración es un beso, es un diálogo, es un abrazo que en ti se hace bendición y puede alcanzar a todas partes; la posibilidad de comunión con el Todo, eso sólo lo puede hacer, no nuestro cuerpo que está ahí, no puede estar en otro sitio, pero sí nuestro espíritu unido a la Eucaristía donde el Señor se hace presente para unirse a nosotros. Entonces, sí que tienes que entrar en comunión con Él. La comunión no es estar uno al lado del otro, esto es yuxtaposición. Comunión sólo puede hacer el espíritu, o sea los cuerpos, si se hace en un lenguaje del amor, son un lenguaje para la comunión, si no, son yuxtaposición, uno al lado del otro, ¡ah!, cuando dos esposos se aman en el lecho nupcial, realizan el acto conyugal, donde el cuerpo expresa a la persona, eso es -diríamos- un acto de liturgia cuasi eucarística, es extraordinario, porque entonces le has dado al cuerpo la dimensión del lenguaje de la persona, el lenguaje amoroso de donación. Ahí puedes entrar en comunión con todo a través del espíritu, y ser sanada y sanado en esa rebeldía inicial que hay en todos nosotros para afirmarnos en nuestra autonomía frente a Dios. Ahí es donde tú, siendo abrazado por Dios, te sientes dependiente de la sabiduría más hermosa e infinita que te abraza y te hace entrar en el cielo, y tú ya no deseas otra cosa. Cuando uno conoce ese amor, uno es capaz de vender todos sus bienes para alcanzar ese tesoro, está en un campo escondido, ya no deseas nada más.

Por tanto, ¿quién curará nuestra cultura de desarraigada autonomía y rebeldía frente a Dios?: la adoración perpetua. Estamos llamando a la evangelización. Aquí ha entrado de pleno la nueva evangelización. Y ¿qué significa en estos momentos en que tú estás delante del Santísimo?, que estás llevado de la Virgen María Inmaculada en su concepción haciendo la réplica de Eva y Adán. Ahora sí que tienes delante el verdadero Árbol de la ciencia del bien y del mal. Y tú, llevada de su gracia, llevado de su gracia, no vas a autoafirmarte en rebeldía frente a Dios con la tentación \\\"y serás como Dios\\\", sino todo lo contrario. Todo lo contrario, lo que quieres es a abandonarte en el amor de Dios, cumplir las palabras hermosas del Salmo: Israel -nunca nuestra oración es la de un simple individuo, siempre oramos como miembros bautizados en la Iglesia y, por tanto, toda la Iglesia ora en nosotros (ella es la Esposa, Cristo es el Esposo)-, Israel, la Iglesia, ahora representada por ti es como un niño en brazos de su madre. Así expresa el salmista. ¿Quién eres tú?, pues eres la Iglesia -donde estás tú está la Iglesia siempre-, nunca oramos como seres individuales al margen de la Iglesia, somos bautizados y somos, por tanto, miembros del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Y cuando está un cristiano orando, pone en comunión con toda la Iglesia que se siente Esposa delante del Esposo, para besarle, abrazarle, para abandonarse en Él, para llegar, en expresión última, ese abandono como Israel, como un niño en brazos de su madre. Tienes delante el verdadero Árbol de la ciencia del bien y del mal para adquirir la verdadera sabiduría, saber medir y reglar la estatura de tu persona, y saber que tienes delante a Aquel que con su gracia va a redimir tu corazón, Aquel que va a hacer de ti un verdadero adorador, en espíritu y en verdad, y con la adoración te regala la verdadera sabiduría. Nosotros hemos sido creados por Dios para la adoración.

Nosotros hemos sido creados por Dios para la adoración. La adoración es el punto máximo, la cúspide, la cima, del espíritu humano. No se puede más. Hay también otras cosas, pero son menos. La más alta, la más elevada, donde el espíritu se enerva y sale dirigido como una saeta a los cielos es la adoración, y por tanto has encontrado la perla preciosa, has encontrado el tesoro escondido, ¡qué bien se está aquí!, hagamos tres tiendas, no es necesario que mires el reloj, puede ser ese momento -y lo es- la eternidad. La eternidad centrada en el tiempo, con el cuerpo glorioso de Jesucristo, y por tanto, tú, delante del cuerpo glorioso has entrado en la eternidad, el cielo ya ha comenzado, la vida eterna ya ha comenzado; quien cree en mí tiene vida eterna, no \\\"la tendrá\\\", \\\"tiene\\\".

Por tanto, veamos la réplica de lo que decía al principio: una cultura que se autoafirma frente a Dios, que no ha pedido ser medida ni reglada por la infinita sabiduría de Dios, encuentra su réplica, encuentra su verdadera respuesta en la adoración. Por tanto, la adoración no es restauración de algo que tenía la Iglesia y lo había perdido en la etapa postconciliar, puede ser algo de esto también, pero eso no habría ningún inconveniente. No es capricho de unas personas que quieren mantener a toda costa la Eucaristía más allá de la Eucaristía celebrada y prolongarla en la adoración del Santísimo, no, no, parte de que se reclama mutuamente, Eucaristía celebrada-Eucaristía adorada, es la cumbre a donde Dios te quiere conducir.

Ahora viene la segunda palabra: PROSKYNESIS, esto significa postrarse, ponerse de rodillas, esta palabra que traducimos también por adoración, significa postrarse, ponerse de rodillas. Ponerse de rodillas y postrarse ante el Santísimo es un acto interior, no sólo -diríamos- exterior del cuerpo, pero, claro, aquí somos una unidad cuerpo-espíritu, el cuerpo ora también, no oramos simplemente con un acto mental, nuestro cuerpo también ora, es decir, ora Juan Antonio, ora cada uno de vosotros y el cuerpo se hace también adoración. Si uno va así viendo todas las veces que aparecieron y se postraron o se pusieron de rodillas, el Evangelio está lleno de estos momentos, bien en curación de enfermos... Yo sólo voy a tomar dos textos para ilustrar lo que sería PROSKYNESIS. Ahora viviremos dentro de poco el tema de los Reyes Magos -que estos días está comentado por el libro del Papa Benedicto XVI sobre la infancia de Jesús-, llegaron, vieron al Niño, se pusieron de rodillas, se postraron, y adoraron. A continuación les dieron sus dones, eso toda una catequesis, forma parte también..., Éstos, que significan los gentiles -nosotros-, pues todos los que no eran el pueblo de Israel, están representados por estos tres personajes, ven al Niño, en la humildad de su carne, podían haber regresado, podían haber..., se pusieron de rodillas y adoraron. La adoración está manifestada en la unidad cuerpo-espíritu, por ponerse de rodillas, y por reconocer, es una actitud íntima del alma. La adoración nace de lo más íntimo de nosotros, es el reconocimiento de que Él es, en este caso, el Rey de reyes, al que buscamos siguiendo una estrella, reconocido como soberano, que les dará la medida para después juzgar y regir según justicia y, por tanto, es todo un acto de reconocimiento, en este caso, de las naciones, que es el lenguaje propio que utiliza la Sagrada Escritura, tantos Salmos hablan de las naciones, el Antiguo Testamento El tema de las naciones, todos los pueblos están representados en estos tres personajes. Unen la postura corporal con la actitud íntima del alma. Eso que ha hecho el P. Justo cuando ha acabado o cuando iba a Reservar, que ha inclinado su cabeza, la ha abandonado ahí en el altar ..., el cuerpo ayuda para adorar.

Otro pasaje -hay muchísimos ¿eh?-, pero otro pasaje, por ponerlo, así, rápidamente: Pedro ve a Jesús, cuando la barca va zozobrando, venir sobre las aguas, y le llama: \\\"ven\\\". Él lo va mirando -sabéis la historia-, en la medida en que duda empieza a hundirse, Jesús llega a la barca, el reproche \\\"¡hombres de poca fe!\\\". Amaina el viento. ¿Cuál es el asombro de los discípulos en la barca ante un gesto que muestra -diríamos- pedagógicamente la divinidad del Señor y su poder ante el mar -el abismo-, todo lo que significa el mar, que indica el texto? (buscarlo, está en el capítulo 10 de San Mateo) y se arrodillaron: tú eres el Hijo de Dios. Ante el asombro de la magnificencia del que viene sobre las aguas y puede amainar el viento, ante el atisbo de la debilidad de Jesús, inmediatamente la reacción es el reconocimiento poniéndose de rodillas -dicen-: \\\"tú eres el Hijo de Dios\\\". Son dos textos que nos pueden ayudar para saber exactamente lo que hacemos cuando se nos invita a la adoración perpetua.

Por tanto, la adoración tiene esa doble dimensión de abrazo, del cielo a la tierra, del Esposo a la esposa, del diálogo amoroso y del reconocimiento de su señorío sobre nosotros que es nuestro bien y nos enseña, con la postura corporal, a aprender algo que en nuestra rebeldía nos cuesta mucho, y es que la obediencia es la libertad. La obediencia a la verdad; la obediencia es la sabiduría de Dios; la obediencia a la sabiduría de Dios predicada por la Iglesia, el catecismo, la enseñanza de los apóstoles: la verdad nos lleva a la libertad y por eso, la verdadera libertad es obediencia, y la reconocemos, la expresamos, incluso con la postura corporal: poniéndonos ante el Señor y reconociéndolo como nuestro verdadero Bien, reconociéndolo como verdadero Señor y curando de raíz el mal que, de cada uno de nosotros, que es esa propensión a la autonomía radical que nos hace, incluso, a enfrentarnos con Dios y tenerlo por rival. (continúa en la tercera y última parteI

[ 18-12-2012 ]

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