Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


LA ADORACIÓN A DIOS: PRIORIDAD DEL HOMBRE

Nosotros hemos sido creados por Dios para la adoración. En la adoración estamos viviendo ya la vida eterna del cielo. Haciéndolo ya en la tierra estamos adelantando lo que será nuestro futuro: Contemplar a Dios por años sin término, estar en su presencia, alabarle, darle las gracias, bendecirle, glorificarle, e interceder también por los necesitados de nuestras oraciones.

Estamos, en la adoración, revistiéndonos del traje nupcial, del engalanamiento de la gracia, del necesario para poder gozar y participar del banquete celestial. Nos ha sido dado el Tesoro más grande que pueda haber y el mayor de los privilegios del que pueda gozar el hombre: Tener la presencia de Dios entre nosotros en el Santísimo Sacramento y saber con plena certeza que Dios cuenta con nosotros como íntimos amigos. ¡Somos amigos de Dios! ¡Nosotros! ¡Íntimos de Dios! A poco que reparemos en el infinito amor que Dios nos tiene –¡infinito!– caeremos en la cuenta de que Dios tiene sed de nosotros. Sed de nuestra amistad, de nuestro encuentro con Él, de nuestros abrazos, de nuestro cariño, de nuestra conversación con Él, de nuestros detalles humanos. Desea vernos subidos a su regazo como niños pequeños que se agarran con pasión a su padre y esconden su cabeza en su pecho. Quiere tenernos en torno a Él como esos polluelos que buscan el refugio de su madre escondiéndose bajo sus alas.

Dios es majestad, es grandeza, es poder, pero también es ternura. Tanta ternura siente por nosotros que se queda a nuestro lado como si de pan se tratase, dejándose comer, entrando en nosotros. ¡En nosotros, Dios!

Quizás nos convenga recordar cuánto ha de ser nuestro agradecimiento a Dios y nuestro cariño por Él en estos momentos de nuestra historia en que en la sociedad se ha producido el “Eclipse de Dios”. A Dios no solamente se le ha olvidado sino que se le ha rechazado, excluyéndolo de la vida de los hombres. ¡A Él, que ha dado su vida por nosotros!

Cuando nos postremos ante Él en la adoración pongamos empeño en amarle con todo nuestro corazón, con un corazón ensanchado de amor en el que estén todos aquellos que no le aman, y amándole por ellos. Vayamos a adorarle con sed verdadera, lanzándonos efusivamente a sus brazos, estrechándolo con todas nuestras fuerzas, diciéndole palabras amorosas, acariciándole. A Dios hecho hombre le gustan las delicadezas. Tratémosle bien. Mimémosle. Y aquellos que ya seáis adoradores de la Adoración Eucarística Perpetua –¡qué gran testimonio cristiano sería el que lo fuéramos todos! Nos recuerda el Papa Benedicto XVI, gran amante de la Adoración Eucarística Perpetua, que en estos tiempos quizás sea la mejor forma de dar testimonio al mundo de que Dios existe, que contribuís no solamente a adorar a Dios sino también a tener las puertas abiertas de una capilla para que cualquier persona pueda encontrarse con Dios en cualquier hora del día y de la noche, recordad que estáis uniendo la tierra con el cielo para ofrecer al Señor una alabanza de forma permanente y perpetua. ¡Y cómo se lo merece!

INÉS MORÁN

Coordinadora General de la Adoración Perpetua de Oviedo (extraído de Dignidad Digital

[ 29-12-2012 ]

Volver