Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


ALGUNOS TESTIMONIOS DE LA ADORACIÓN PERPETUA EN ESPAÑA

Son algunos de los muchísimos testimonios que se recogen a lo largo y ancho de España en las capillas de Adoración Perpetua. Ninguno de estos está en las páginas de este sitio dedicado a los testimonios y que aprovechamos para invitarles leer.

TESTIMONIO RECIENTE DE MURCIA:

“¡Alabado sea Jesucristo! Bendito su Santo Espíritu que mueve tantos corazones a la generosidad . En esta última madrugada de 2012 y primera de 2013, el Señor ha estado muy acompañado. A las doce menos cuarto había más de 30 personas, daba gozo ver con qué recogimiento acompañaban al Señor.

A las 3 estábamos más de 20 personas. El Señor recompensará a las personas que, con su ayuda, hacen posible esta obra de fe y de amor”.

TESTIMONIO SOBRE HIJOS DE ADORADORES:

DE VITORIA: “Estamos en el mes de Julio, con mis hijos de vacaciones. A mi mujer le toca adorar de 2 a 4 de la madrugada. Cuando nos vamos a ir a la cama llega nuestro hijo de 11 años y nos dice que él también quiere ir a la capilla para adorar.

Yo hago de \"abogado del diablo\" y le digo que 2 horas es mucho tiempo, que le va a costar levantarse, que le va a entrar el sueño, que en realidad va a estar fuera de casa 3 horas, porque tenemos que ir en coche y tardamos media hora... pero sólo consigo que se afiance en su propósito: \"Yo quiero ir a adorar de 2 a 4 de la madrugada\".

Y la realidad es que se levantó a la primera, estuvo muy despierto las 2 horas que estuvo en la capilla, estuvo adorando, rezando el rosario y leyendo La Biblia.

Él vino muy contento de su adoración en la madrugada.

Esto se ha repetido otras veces durante el verano. Otro de los días, también le acompañó su hermano de 14 años.

El ejemplo de su padre y de su madre, adorando de madrugada ha podido influir algo, pero lo evidente es que Dios toca el alma de cada uno como mejor le parece.

Damos muchas gracias a Dios por todos los frutos de la capilla de AEP”.

DE TOLEDO:

Parecido es lo que le ocurrió a Pedro que solía traer a los niños a la adoración en su hora de madrugada. Uno de ellos quiso venir con él a la capilla y estaba tan ansioso que a cada rato iba a llamar al padre para ver si era ya la hora.

DE OVIEDO:

¡Diez días! Diez días de dolor inmenso en cuello y hombro que bajaba por el brazo hasta llegar al codo. Diez días de incapacidad para mover el brazo, de utilizarlo, de insomnio causado por el dolor. De malestar general, apatía, desgana.

Y he aquí que llega el día y la hora de la madrugada en que se ha hecho un compromiso con el Señor: El ir a estar con Él y acompañarlo en la capilla abierta a la Adoración Eucarística Perpetua.

¿Ir en este estado, cuando cuesta tanto hasta vestirse? ¿Ir con este dolor insoportable que dificulta la vida hasta el extremo...? ¿Y, no ir….?

Surgen voces en el interior que tratan de justificar el no acudir a la cita y que insinúan que no pasa nada por pedir a otra persona que ocupe ese lugar. Pero al mismo tiempo una voz interior más fuerte anima a asistir.

Y allí está el Señor. ¿Qué sentirá viendo a su “creaturita” con su collarín cervical que poco le alivia su dolor? Es la madrugada, y esa creaturita está a solas con Dios. “Señor, si quieres puedes curarme” Y se queda tranquila sabiendo que si el Señor quiere puede sentir el alivio.

Y finaliza su tiempo de encuentro personal con el Señor y se va a su casa. Y cuando llega a su puerta observa que con su brazo antes inmóvil ahora puede utilizarlo para abrir la puerta. Y observa que lo mueve y que ha desaparecido el terrible dolor. Y pasan los días el dolor se ha ido.

¿Cómo no contarlo para dar gloria a Dios? ¿Y cómo no alzar la voz dándole las gracias?

I.M.

DE MADRID:

El comienzo de esta pequeña presencia mía en la Parroquia de la Encarnación del Señor de Madrid para hacer un turno en la Adoración Eucarística Perpetua (AEP) fue motivada por los agravios y ultrajes que se le vienen haciendo al Señor y a la Virgen. Por esta razón, pedí a la Adoración Nocturna -ellos me remitieron a la (AEP)- que se intentara difundir al máximo esta Adoración en las parroquias y las personas. Como es natural me respondieron que hacían lo que podían y que es muy difícil conseguir que el Señor esté acompañado en todos los momentos. Por otra parte, me invitaron a que ayudara yo también. Como es lógico era lo menos que podía hacer.

Estoy también admirado ante tantas personas que se acercan a todas las horas a adorar. Sólo recuerdo una ocasión en la que me he quedado solo con el Señor. Me viene a la cabeza que una de las cosas que más movieron a la santa judía Edith Stein a convertirse al catolicismo fue el hecho, tan corriente, de señoras que iban o venían de la compra y se acercaban a saludar o a hacer compañía al Señor. A mí también me resulta conmovedor y estoy seguro que a Jesucristo le pasa lo mismo.

Si la Adoración Perpetua llegara a ser algo normal en la mayoría de los templos, pienso que la sociedad mejoraría y habría más: paz entre los pueblos, unidad y fidelidad en las familias, generosidad en la fecundidad matrimonial, aumento de la caridad y preocupación por los más necesitados y desde luego una mayor felicidad de todos.

Si fuéramos conscientes de la inmensa suerte que tenemos de poder estar con El que ha creado todas las cosas de la nada y las mantiene en el ser en cada instante; estaríamos dichosísimos de poder estar con este Dios que se ha querido quedar tan pequeño y tan dependiente de nosotros y que necesita muchas veces de nuestra compañía para no ser atacado y si fuera necesario, con la Gracia de Dios, dar la vida por defenderLe.

Por último decir que a veces pienso también que los momentos más importantes son esos en los que puede haber aridez delante de El y cuando el sentimiento parece que no acompaña. Ese es el tiempo de hacer más actos de fe ante quien es Todopoderoso y no puede ni engañarse ni engañarnos.

Fernando

DE ADORANDO AL SEÑOR. AUTOR. CARLOS JARIOD BORREGO APARECIDO EN RELIGIÓN EN LIBERTAD, SOBRE LA AEP DE TOLEDO:

Adorar a Dios es reconocer, con respeto y

sumisión absolutos, la “nada de la criatura”

Catecismo, nº 2097

En un post anterior apuntaba la radical inanidad de nuestro ser en comparación con el del Creador. Hay ciertas actitudes que expresan públicamente el reconocimiento del hombre creyente ante la inmensidad de Dios. Basta entrar en una iglesia para fijarnos cómo muchos fieles oran ante el Señor manifestando, sin palabras, un reconocimiento de su poquedad humana. Gestos como arrodillarse, inclinar con unción la cabeza, recogerse corporalmente en silencio en el banco informan a todos los presentes no sólo del respeto ante el Padre, sino que revelan una actitud de necesaria humildad cuando pisamos un templo sagrado.

Si lo pensamos bien, el modo más humano para relacionarnos con el Señor es adorándolo. Por ello hemos estado de enhorabuena en la ciudad de Toledo al celebrar recientemente el séptimo aniversario de la Capilla de la Adoración Perpetua. Sólo Dios sabe el número de bendiciones que nuestra Capilla ha difundido entre adoradores y fieles. Una capilla abierta todo el día y toda la noche todos los días del año para que nuestro Dios sea adorado por nosotros, pobres humanos. ¿No es maravilloso?

Deseo dar un testimonio personal de lo que es para mí la adoración.

Lo primero que hago cuando me arrodillo ante el Señor es darle gracias por permitirme una semana más estar acompañándole. Así es: el Señor no está expuesto a nuestra visita para que nosotros le honremos con nuestra presencia haciéndole un favor (“para que no está solo”, decimos a veces). El Señor quiere nuestra compañía para hacerse más presente en nuestro corazón. Quien adora ha sido llamado por el Espíritu para acercarse físicamente a Él y adquirir, con actitud de profunda humildad, una intimidad fraguada por la oración, el silencio y la veneración piadosa a su Amor redentor. “Gracias, Señor, por permitirme estar a tu lado una vez más”. Son mis primeras palabras de adorador. No soy yo quien se acerca a Él, sino Él quien se acerca a mí y yo lo acojo con mi visita. El movimiento del adorador no es nunca iniciativa suya; es respuesta humana a una llamada divina que busca un encuentro íntimo con Dios. De ahí que ser adorador es una gracia, porque no todos están llamados a serlo. Aunque la adoración es una forma de oración imprescindible en cualquier cristiano, el adorador hace de la adoración al Señor Sacramentado un signo visible de su vida cristiana. Diría más: la adoración – es mi caso- es el modo predilecto de orar, que aúna y perfecciona los demás tipos de oración.

Para mí la adoración pide silencio. En las Capillas de Adoración Perpetua se adora al Señor. Es sabido que la Adoración Nocturna combina tiempos de palabra y silencio. Sin embargo, la Adoración Perpetua invita a los fieles al silencio recogido y personal; el silencio no es una característica sin más de la adoración, sino que sin silencio no hay adoración propiamente dicha. El silencio acalla nuestras voces interiores: sólo Dios basta, como decía la santa. Mejor dicho: sólo nos debe bastar el silencio de Dios.

Me es imposible imaginar una experiencia de adoración sin gustar del silencio de Dios. Adorar es disfrutar del silencio de Dios. Cuando estoy ante él sé que me escucha, que me mira, que me conoce. Y calla. En muchas ocasiones, mi oración es un estar en su presencia sin más, con un recogimiento corporal que expresa un estar en Él sin apenas palabras. Otras veces me limito a decir su Nombre. Otras paladeo una de mis oraciones favoritas, la oración de Jesús. A diferencia de muchos, que quieren oír a Dios, yo de lo que tengo hambre es de su silencio. El adorador es amante del silencio de Dios, que nada tiene que ver con la falta de comunicación, sino con la acogida amorosa del Padre al pecador.

Sólo adora quien se sabe mendigo. La adoración es el mayor gesto de humildad humana. El adorador viene a decir: “Te necesito, sin ti no soy nada. Ten piedad de mí”. El adorador sabe que todo es un don. Cuando, después de toda una semana dura, adoro al Señor, el mundo cambia, pues todo es para Él y recuerdo que lo pasado hasta ese momento en mi vida son dones recibidos de lo Alto. Sumergido en la marea humana de los días, olvido con demasiada rapidez que la vida es un don y que todo lo que soy y tengo es un regalo inmerecido. Ante Él, recuerdo agradecido lo acontecido en los últimos días y lo ofrezco al Señor como signo de alabanza. La adoración me preserva del egoísmo, de la hipocresía, de la indiferencia. Me recuerda que el dueño de mi vida no soy yo y que mis cruces es lo más preciado que tengo. Por eso ser adorador es una bendición.

Por lo anterior la adoración nos libera de nosotros mismos. Adorar me ayuda a relativizar los problemas y a confiar su solución a Él. Cuando hoy día tanto se habla de métodos de liberación personal –que aminoran el estrés, la ansiedad o las prisas-, la adoración es la mejor terapia contra la dispersión de nuestra ajetreada vida. En las capillas de Adoración Perpetua se respira la paz de Dios. Entrar en ellas supone para el visitante abrirse a una atmósfera distinta que invita al recogimiento y al diálogo. Yo a solas con Él. Él a solas conmigo. Invito a tener esa experiencia en las horas nocturnas en las que el silencio de la noche propicia un diálogo silencioso con nuestro Señor. Experiencia irrepetible.

¿Qué es lo que busca el adorador? Nada. Lo que busca es a Alguien. ¿Para qué? Para nada. Simplemente para estar con Él. Con esta actitud de desprendimiento el adorador se convierte en magnífico intercesor. Pone ante el Señor las necesidades de muchos que piden oraciones, curaciones, conversiones. Tengo una lista de personas que siempre pongo ante la presencia de Dios. Es el mejor servicio que puedo hacer por ellas, aunque no las vea desde hace años.

La mejor adoradora fue y es La Virgen María. En ella encuentro todo lo necesario para vivir mi pobreza en actitud de adoración. A ella me acojo.

MÁS TESTIMONIOS DE ESPAÑA:

Pertenecer a la adoración perpetua para mí supuso un gran reto.

Tenía dos chicos adolescentes, uno de ellos conflictivo y con muchos problemas. Para mí esta hora estaba llena de paz, tranquilidad y sobre todo mucha esperanza, esperaba tanto de la vida, de mis hijos…

Siempre pedía por ellos, pero a la vez día a día iba dando gracias. Hoy después de estos años, puedo decir que he recobrado la paz que tanto necesitaba. Mis hijos van cumpliendo años y van muy despacio, pero con el paso firme.

En resumen mi vida ha cambiado tanto y para bien que creo que sin esta hora y este lugar mi vida no tendría sendito.

Gracias por todo Santísimo Sacramento del Altar, seas por siempre bendito y alabado.

Paloma, una adoradora inscrita.

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La adoración es para mí un milagro, no tengo palabras.

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En cada hora que venimos a estar con nuestro Señor, recibimos un poquito de Él para que luego podamos compartirlo con los demás.

La hora que cada uno hemos elegido para estar con nuestro Señor no la hemos pedido nosotros, sino que Él nos ha comunicado que le necesitamos ese ratito, para compartir nuestras cosas, darle gracia por todo lo que nos da día a día, y sobre todo agradecerle que nos halla elegido para compartir este momento con Él y con nuestra Madre la Virgen María.

Gracias por dejar compartir y estar contigo, Señor..

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Dice el Señor a Salomón en el libro 2 Crónicas, cap. 16: “He elegido y santificado este templo para que mi Nombre esté en él eternamente”. Y a renglón seguido nos hace una promesa de amor que cierta y continuamente probada y comprobada por mi y que quiero testificar, dice el Señor:”Mis ojos y mi corazón estará en él todo los días”.

¡Que cierto, Señor, que cierto! Llegar a la capilla y sentir tus ojos puestos sobre mi, dulces, acogedores y sentir abierto tu corazón a mí, ya no son un pensamiento. Son una realidad, una vivencia constante.

Un adorador

[ 06-01-2013 ]

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