Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


ADORACI√ďN EUCAR√ćSTICA PERPETUA Y ESCATOLOG√ćA IV Encuentro de la AEP de Espa√Īa

La siguiente ponencia fue expuesta en el curso del IV Encuentro de la Adoraci√≥n Eucar√≠stica Perpetua de Espa√Īa que tuvo lugar los d√≠as 7, 8 y 9 de Diciembre en El Pardo. Su autor, el P. Justo Antonio Lofeudo, trata el tema de los √ļltimos tiempos y qu√© significa la adoraci√≥n en ese contexto.

Lo que inmediatamente sigue no pretende ser una historia de los √ļltimos tiempos de la Iglesia sino una suerte de repaso muy esquem√°tico de algunos acontecimientos para luego entrar en el tema.

Un poco de historia

Antes del CV II algunos ya observaban que se hab√≠a ca√≠do en ritualismos, que el pueblo segu√≠a los ritos, pero no entend√≠a por lo que su participaci√≥n era nula. Era com√ļn ver a personas que durante la Misa rezaban el Rosario porque no desconoc√≠an el lat√≠n. Por otra parte, tambi√©n se hab√≠a ca√≠do en devocionismos perjudiciales porque algunas devociones rozaban la superstici√≥n.

Aires nuevos tenían que venir y este fue el espíritu que inspiró al Papa Juan XXIII para abrir las ventanas de la Iglesia, llamando a un nuevo Concilio.

Sin embargo, al abrir las ventanas con los aires nuevos entró un vendaval de reformas y en muchos se generó la idea que a partir de ese Concilio nacía una nueva Iglesia.

El modernismo, que hab√≠a sido condenado por el Magisterio, se introdujo en la Iglesia con las consecuencias que estamos hoy padeciendo. En los hechos, se ense√Ī√≥ una falsa teolog√≠a que se difundi√≥ ampliamente, incluso en institutos pontificios. Se contest√≥ la autoridad del Papa y de todo el Magisterio. La Iglesia que es Cat√≥lica, es decir Universal, en muchas partes se volvi√≥ regionalista sino nacionalista y la autoridad de los obispos se vio sustituida por la colegialidad de las Conferencias Episcopales. Visto ahora desde la perspectiva del hoy, podemos ver la equivocaci√≥n cometida al no reprimir de inmediato a quienes difund√≠an perniciosos errores doctrinales y abusos lit√ļrgicos se gener√≥ una desobediencia incontestada y la rebeli√≥n fue en aumento. Rebeli√≥n en algunas partes manifiesta y en otras oculta. Hoy simples temas como revocar la licencia de la comuni√≥n en la mano o la introducci√≥n del lat√≠n en algunas partes importantes de la Misa podr√≠an llegar hasta a ser motivos de un cisma. Mientras tanto vemos con tristeza que contin√ļa la desacralizaci√≥n y cosificaci√≥n de la Eucarist√≠a, los abusos lit√ļrgicos y las profanaciones y sacrilegios dentro de la misma Iglesia. ¬°Cu√°ntas veces escucho acerca de los derechos de los fieles pero nunca del derecho de Dios de ser respetado, honrado, adorado!

Ya poco despu√©s de finalizado el Concilio, el 15 de noviembre de 1972, Pablo VI dec√≠a que por alguna grieta hab√≠a entrado el humo de satan√°s en la Iglesia. Unos meses antes, el 29 de junio, en San Pedro, se hab√≠a preguntado: ¬ď¬ŅC√≥mo se ha podido llegar a esta situaci√≥n?¬Ē ¬ďSe cre√≠a que, despu√©s del Concilio, el sol habr√≠a brillado sobre la historia de la Iglesia. Pero, en lugar del sol, han aparecido las nubes, la tempestad, las tinieblas, la incertidumbre.¬Ē ¬ďUna potencia hostil ha intervenido. Su nombre es el diablo, ese ser misterioso del que san Pedro habla en su primera Carta. ¬ŅCu√°ntas veces, en el Evangelio, Cristo nos habla de este enemigo de los hombres?¬Ē El mal que existe en el mundo es el resultado de la intervenci√≥n en nosotros y en nuestra sociedad de un agente oscuro y enemigo, el Demonio. El mal no es ya s√≥lo una deficiencia, sino un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa. Se sale del marco de la ense√Īanza b√≠blica y eclesi√°stica todo aquel que reh√ļsa reconocerla como existente; e igualmente se aparta quien la considera como un principio aut√≥nomo, algo que no tiene su origen en Dios como toda creatura; o bien quien la explica como una pseudorealidad, como una personificaci√≥n conceptual y fant√°stica de las causas desconocidas de nuestras desgracias.¬Ē

Un a√Īo antes de su muerte volvi√≥ sobre el tema en otra audiencia general: ¬ďNo hay que extra√Īarse de que nuestra sociedad vaya degrad√°ndose, ni de que la Escritura nos advierta con toda crudeza que ¬ďtodo el mundo (en el sentido peyorativo del t√©rmino) yace bajo el poder del Maligno¬Ē, de aquel al que la misma Escritura llama ¬ďel Pr√≠ncipe de este mundo¬Ē¬Ē. ¬ŅA qu√© se refer√≠a el Papa? Fundamentalmente a los abusos que vinieron a caballo de la reforma lit√ļrgica y que hoy, lo pat√©tico es que aparecen como algo normal. Seg√ļn el Cardenal No√©, quien fuera Prefecto del Culto Divino, el Papa se refer√≠a a sacerdotes, obispos y cardenales que no adoraban correctamente a Dios al celebrar mal la Santa Misa debido a una interpretaci√≥n equivocada de la reforma. Esos sacerdotes denigraron la Misa en nombre de la creatividad distorsionando los c√°nones lit√ļrgicos de la ceremonia eucar√≠stica. El Papa Pablo VI dec√≠a que la Iglesia se hab√≠a protestantizado y condenaba la sed de protagonismo y el delirio de omnipotencia. Nadie es ¬ďDominus¬Ē de la Misa, dec√≠a. Y agregaba que La Santa Misa es una ceremonia sagrada y todo debe ser preparado y estudiado adecuadamente respetando los c√°nones.

Juan Pablo II notaba que ¬ęlos cristianos de hoy, en gran parte, se sienten extraviados, confusos, perplejos, e incluso desilusionados. Se han esparcido a manos llenas ideas contrarias a la verdad revelada y ense√Īada desde siempre. Se han propalado verdaderas y propias herej√≠as en el campo dogm√°tico y moral¬Ľ (6-2-1981).

Nuestro actual Papa, siendo a√ļn Cardenal, hab√≠a detectado que la gran crisis de la fe pasaba por la decadencia de la liturgia. Lex orandi lex credendi. La fe cat√≥lica es antes que nada fe eucar√≠stica. En el post concilio se negaba la adoraci√≥n porque dec√≠an que la Eucarist√≠a hab√≠a sido dada para ser comida no adorada. A esto respond√≠a el Cardenal Ratzinger en su libro ¬ďEl esp√≠ritu de la liturgia¬Ē diciendo: ¬ďQue nadie diga ahora: la Eucarist√≠a est√° para comerla y no para adorarla. No es, en absoluto, un pan corriente, como destacan, una y otra vez, las tradiciones m√°s antiguas. Comerla es un proceso espiritual que abarca toda la realidad humana. Comerlo significa adorarle. Comerlo significa dejar que entre en m√≠ de modo que mi yo sea transformado y se abra al gran nosotros, de manera que lleguemos a ser uno solo con √Čl. De esta forma, la adoraci√≥n no se opone a la comuni√≥n, ni se sit√ļa paralelamente a ella. La comuni√≥n alcanza su profundidad s√≥lo si es sostenida y comprendida por la adoraci√≥n. La presencia eucar√≠stica en el tabern√°culo no crea otro concepto de Eucarist√≠a paralelo o en oposici√≥n a la celebraci√≥n eucar√≠stica, m√°s bien constituye su plena realizaci√≥n. Pues esa presencia es la que hace que siempre haya Eucarist√≠a en la Iglesia¬Ē.

Y así llegamos a hoy, cuando la Iglesia está en el momento crítico de su historia. La crisis de la Iglesia es la de la fe, y el mundo está sumido en la gran apostasía. Lo vemos a cada rato: cómo se rechaza a Cristo, cómo se quitan crucifijos so pretexto que ofende las conciencias (sic!), cómo se legisla con leyes inicuas, sacrílegas, homicidas, contrarias a la Ley de Dios, cómo se ha rechazado reconocer las raíces cristianas de Europa, silenciando esa indiscutible verdad en la constitución europea. Sin embargo, lo peor está dentro: cómo se trata la Eucaristía, cómo se lo trata a Dios. Cómo se celebra, cómo se comulga.

Un tiempo nuevo

Este panorama sucintamente descripto, siniestro y real, est√° provocando reacciones. Y aunque algunas de ellas tard√≠as, no menos por eso positivas. He o√≠do que en el √ļltimo S√≠nodo sobre la Nueva Evangelizaci√≥n un Cardenal dijo d√≥nde est√° la soluci√≥n: en las iglesias f√≠sicamente abiertas y tambi√©n a todos en acogida de las distintas realidades eclesiales y, atenci√≥n, sobre todo en centralidad en la Eucarist√≠a y en la Adoraci√≥n Eucar√≠stica. Iglesias abiertas + Adoraci√≥n Eucar√≠stica a m√≠ me suena a Adoraci√≥n Eucar√≠stica Pereptua.

Dicen en Italia y a m√≠ me gusta repetirlo: ¬ďHace m√°s ruido un √°rbol que cae que un bosque que crece¬Ē. Mientras las tinieblas, el humo de satan√°s, penetraba por las grietas, el Esp√≠ritu Santo suscitaba nuevas comunidades y espiritualidades, renovados y hasta nuevos carismas. Hubo y hay una verdadera renovaci√≥n en el Esp√≠ritu, por ejemplo, en nuevas comunidades que pasan la criba de lo que podr√≠a ser entusiasmo inicial y se afianzan como Emmanuel, Bienaventuranzas, Nuovi Orizzonti, Cenacolo, Can√ßao Nova, Shalom, todas esas y otras muchas m√°s de corte carism√°tico. Junto a esas se ha dado renuevos de viejas √≥rdenes mendicantes como Franciscanos de la Inmaculada, Hermanitos del Cordero, etc.

Pero, por sobre todo, se eleva el sol de la gracia que anuncia el Nuevo D√≠a, el tiempo nuevo de la restauraci√≥n y este es el Sant√≠simo entronizado en Adoraci√≥n Perpetua. Definitivamente, la AEP es el don de Dios para este tiempo. Es por la AEP que llueven gracias extraordinarias ¬Ėy la primera es tener capillas de AEP- sobre el mundo. La Beata Madre Teresa dec√≠a que la Adoraci√≥n Perpetua salvar√≠a al mundo.

La AEP es la adoraci√≥n de estos tiempos, que son √ļltimos y por eso la podemos llamar escatol√≥gica. Pero, antes querr√≠a aclarar el tema de los tiempos en la historia de la salvaci√≥n. En esta historia que es la de Dios que viene al hombre para rescatarlo hay distintos tiempos. Primero el tiempo de la elecci√≥n de un hombre, Abraham, de quien descender√≠a todo un pueblo y del cual vendr√≠a el Salvador. Luego, el tiempo de Israel, el pueblo escogido por Dios, con sus patriarcas, profetas, su Ley. En la plenitud de los tiempos nace el Mes√≠as. Nada menos que Dios mismo asumiendo nuestra humanidad. Desde el momento de la Resurrecci√≥n de Cristo y su Ascensi√≥n al Cielo entramos en el tiempo de la Iglesia o en los √ļltimos tiempos. Pues, estos tiempos tendr√°n un final antes de la Parus√≠a y la Escritura da a conocer signos y acontecimientos preparatorios. Pues, en ese sentido hablo de escatolog√≠a. Por eso, la Adoraci√≥n Perpetua es la adoraci√≥n propia del Reino que debe venir. Es la anticipaci√≥n de la incesante adoraci√≥n celestial descripta en el Apocalipsis. En el Cielo el Cordero que se sienta en el Trono es alabado y adorado; y a √Čl y a su Sant√≠simo Nombre se le da la gloria (Cf. Ap 5:11-14).

No me cabe ninguna duda que, en estos tiempos, Dios est√° llamando a los suyos, suscitando adoradores en todas partes. Donde me toca ir en misi√≥n, por m√°s que el ambiente pueda ser hostil, ap√°tico, veo que hay un pueblo que responde al llamado de la adoraci√≥n. Pero hay m√°s, porque el Se√Īor llama no simplemente a la adoraci√≥n sino a la adoraci√≥n perpetua. Es en √©sta donde se manifiesta la esencia de la adoraci√≥n celeste: adorar al Cordero sin interrupci√≥n.

Dios, al elegir a una estirpe de adoradores, los libera y los prepara para la lucha contra las potencias del mal. Al mismo tiempo, la continua adoración va purificando a quien adora.

Por eso, esta adoración implica caminar hacia la santidad, porque para adorar al Santo hay que volverse santo.

En el Apocalipsis, la adoración celestial es la de los santos, la de aquellos que endosan la vestimenta blanca de la santidad de la Esposa, es decir de la Iglesia.

No se puede entrar al Banquete escatológico, ya desde aquí en la tierra, si no se tiene el hábito, la vestimenta blanca nupcial (Cf. Mt 22:11). Es necesario reconciliarse con Dios y con el otro y revestirse de amor y de santo temor de Dios. Es la vestimenta propia del abandono confiado y del corazón generoso y purificado dispuesto al servicio de Dios.

Como en todo camino hacia la perfecci√≥n, no se parte del estado perfecto sino del deseo de llegar a ser santo, generoso, amante de Dios y de los dem√°s. En palabras del Santo Padre Benedicto XVI (5/9/07): ¬ďLa perfecci√≥n que queremos encontrar no es algo conquistado una vez para siempre; perfecci√≥n es este permanecer en camino, es una continua disponibilidad de ir hacia adelante... siempre estamos en camino¬Ē.

Combate espiritual

Es por medio de la adoración perpetua que las potencias infernales son destruidas. A través de la adoración perpetua, Dios disuelve el misterio de iniquidad.

La Iglesia que adora al Cordero sin cesar es la que refleja a la Jerusal√©n celestial; en tanto el mundo toma cada vez m√°s la imagen de la ¬ďgran Prostituta¬Ē, de Babilonia, seg√ļn el libro de la Revelaci√≥n. Babilonia es el mundo actual con sus aberraciones, mayores que las de Sodoma y Gomorra. Es el mundo con esa inundaci√≥n universal de magia, sectas, idolatr√≠as, New Age y ahora Next Age, esoterismos, aberraciones sexuales, ataques al sacro, droga, satanismo.

Este es el tiempo profetizado del combate escatológico, cuando el Dragón vomita el caos, el río de agua, detrás de la Mujer para arrastrarla con su corriente, y la tierra viene en su auxilio, es decir los hijos de la Mujer que la siguen, absorben el caos. Ese río es la doctrina de los demonios, las falsas doctrinas, herejías, errores de dentro de la Iglesia y por los que quiere destruir a la Iglesia.

La tierra viene en auxilio de la Mujer abriendo sus fauces y tragando el r√≠o que el Drag√≥n hab√≠a vomitado de su boca. La tierra, nosotros, responderemos al ataque, restaurando a la Iglesia la verdad en la divina presencia en la Eucarist√≠a, adorando el Se√Īor en adoraci√≥n perpetua, d√≠a y noche, con una vida de testigos verdaderamente fieles a Jes√ļs.

La verdadera Iglesia es la que se une en adoración, y es la que, en medio de la tribulación, en la adoración experimenta una gran alegría y paz, y una fuerza que suscita reacciones y contragolpes tremendos del Enemigo así como del mundo que ha elegido ser Babilonia.

Por eso mismo, por ser la AEP lo que es, por ser tan importante, es que siempre ser√° atacada y contestada, desde fuera y desde dentro. Por eso, debemos ser sensatos y prudentes para no caer en la trampa de la desuni√≥n. ¬°Cuidado con los malentendidos, cuidado con las susceptibilidades, cuidado con la tentaci√≥n del poder! Que cada uno, sobre todo los que est√°n en funci√≥n de coordinaci√≥n, se pregunte (yo lo hago siempre) si en algo es impedimento a la obra del Se√Īor. Recordad el consejo de san Agust√≠n: ¬ďEn lo necesario unidad, en lo contingente libertad y en todo caridad¬Ē.

Hace ya mucho tiempo, le√≠ a un rabino, convertido al cristianismo, que dec√≠a (cito de memoria): ¬ďal final de los tiempos habr√° un nuevo diluvio, pero √©ste ser√° de apostas√≠a, y s√≥lo se salvar√°n los anawin, los pobres de Yahv√©, que canten sus alabanzas en el Monte Si√≥n¬Ē.

Podr√≠amos traducir como que esos anawin son los peque√Īos, aquellos que para el mundo nada valen porque nada hacen de ¬ďgrande¬Ē. Los que pasan ¬ďin√ļtilmente¬Ē su tiempo en adoraci√≥n y oraci√≥n, los que tienen puestos los ojos y el coraz√≥n en Dios. Esos son los que adoran en el Monte Si√≥n, ante el Sant√≠simo expuesto en adoraci√≥n perpetua, d√≠a y noche sin interrupci√≥n dando testimonio de su fe y de su amor. Esos mismos salvar√°n a otros porque dar√°n el triunfo al Coraz√≥n Inmaculado de la Mujer y traer√°n el Reino Eucar√≠stico a la tierra.

Porque el combate escatol√≥gico, que se libra de rodillas ante el Sant√≠simo en perpetua adoraci√≥n, es el que llevar√° al colapso y a la ca√≠da de las potencias de las tinieblas y ha de atar al ¬ďhombre fuerte¬Ē. ¬ďNuestra batalla no es contra criaturas de sangre y de carne, sino contra los principados y potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los esp√≠ritus del mal que habitan en las regiones celestes¬Ē (Ef 6:12).

Por eso, que no nos escandalice el tener que sufrir arbitrariedades, el estar en medio de contradicciones y de ataques furibundos, y que nos desprecien y quieran por todos los medios desanimarnos en nuestra misi√≥n. Nuestra Sant√≠sima Madre est√° con nosotros, abriendo caminos de salvaci√≥n, acompa√Ī√°ndonos en la subida al Monte. Nuestro Se√Īor tiene su mirada fija sobre nosotros y su Sagrado Coraz√≥n nos protege.

No caigamos en disputas con los que nos atacan (la disputa no es nuestra arma) ni en desuniones entre nosotros, en nada que debilite la concreción y la continuación de este proyecto de amor de Dios.

Que lo que pueda aparecer como contrariedad se convierta ya mismo, por medio de nuestro abandono confiado en la Virgen y en el Se√Īor y por medio de nuestra aceptaci√≥n y entrega, en victoria.

Recordemos que mediante la adoraci√≥n, por la adoraci√≥n, el alma es divinizada. M√°s se adora m√°s la naturaleza humana se enriquece y potencia de dones, de gracias espirituales, de carismas. Dios se apropia cada vez m√°s de toda la persona. Y si Dios est√° con nosotros ¬Ņqui√©n estar√° contra nosotros? (Cf. Rom 8:31)

Nuestra consigna es el abandono confiado y dejar que el Se√Īor obre en nosotros y a trav√©s de nosotros. Para eso, unidad entre nosotros, unidad con la Iglesia, esp√≠ritu de verdadera comuni√≥n eclesial, amor rec√≠proco y en la humildad del coraz√≥n nunca dejar de adorar.

P. Justo Antonio Lofeudo MSE

[ 14-01-2013 ]

Volver