Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


TALAVERA CELEBRÓ SU SEXTO ANIVERSARIO DE ADORAR AL SEÑOR EN ADORACIÓN PERPETUA

Cuando nosotros después de la celebración Eucarística marchemos a la capilla de la adoración perpetua, no estamos haciendo simplemente un acto de devoción, estamos diciéndole a todos que el Señor está en medio de su pueblo y que allí está a nuestra disposición. Son palabras que el Sr. Arzobispo de Toledo, D. Braulio Rodríguez Plaza pronunción durante su homilía.

La transcribimos a continuación.

“Mis queridos hermanos. Son bastante interesantes estas Lecturas, todas en realidad, pero nos pueden ayudar a ver un aspecto de lo que significa justamente la adoración a Cristo.

Nos dicen muchas veces los pontífices, los teólogos, que no es bueno separar la celebración de la Eucaristía de la adoración, como si fueran realidades que no tienen que ver una con la otra. Y ver también cómo en la celebración de la Eucaristía, la primera Mesa, con la que nos alimenta el Señor, Su Palabra, está íntimamente inserta en lo que después se desarrolla en la segunda parte de la Eucaristía, o bien la que llamamos la Mesa del Sacramento, donde el Señor nos alimenta de otra manera, de una manera que jamás podríamos haber descubierto por nosotros mismos si no es que el mismo Hijo de Dios nos lo hubiera dado a conocer.

Imaginaos lo que nos narra el libro de Nehemías. Históricamente estamos -para que comprendamos un poco el contexto- en un momento de la historia de Israel, donde una parte de los que fueron deportados a Babilonia (Babilonia es donde está hoy Iraq, entre los dos grandes ríos, el Tigris y el Éufrates, ahí se alza. Ha habido una civilización de muchísimos siglos). Allá fueron, hacia el siglo VIII antes del nacimiento de nuestro Señor, deportados los más cualificados -diríamos- de Israel. Fue llevado el rey y fueron llevadas las cosas del Templo de Jerusalén después de haber sido destruido y allí estuvo el pueblo de Israel, al menos, setenta años de exilio.

Vuelven, no todos, porque fue una época de durísima experiencia, como tantas veces pasa en la historia humana. Como digo, vuelven unos cuantos, pocos. Piden permiso del rey de Persia, que fue quien dominó, después de los babilonios, toda aquella región y, por tanto, todo lo que llamamos nosotros ahora Medio Oriente. Es decir donde está la tierra de Jesús. Y hay una reconstrucción, un intento de reconstruir el Templo, y es en ese momento del gobernador Nehemías y de Esdras, el sacerdote y escriba -como se nos ha dicho-, donde se descubre una copia de la Ley \"trajo el libro de la Ley ante la asamblea\". Mejor dicho, se vuelve a leer de nuevo ante un pueblo muy necesitado de esperanza.

El Libro de la Ley es lo que para nosotros constituye el núcleo del Antiguo Testamento, que son los cinco primeros Libros, donde se narran episodios sobre Abrahán, los Patriarcas, después Moisés en el tiempo en el que, estando en Egipto, Dios les saca y les libra de la esclavitud.

Es interesante volver a la primera lectura donde dice: \"el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley\" cuando eran pronunciadas -dice aquí- en un púlpito de madera que habían hecho para esta ocasión, en un sitio alto, como yo estoy ahora, como los que han leído las Lecturas, los que las han proclamado.

¿Por qué os narro esto? Porque aquellas personas que vieron cómo se restablecía todo lo que les habían narrado setenta, ochenta años antes, sus padres, de aquellos que fueron deportados a Babilonia, vuelve a darse y realizarse y alaban a Dios. Es que Dios nunca se arrepiente de su Alianza, constantemente la está haciendo con nosotros.

Y yo me pregunto, hermanos... Fijaos, ahora mismo nos está diciendo la Iglesia, a través, sobre todo del Papa, pero también a través de vuestro Obispo y vuestros Sacerdotes: hay que darse cuenta lo que tenemos, qué Tesoro hay en nosotros y tenemos que darlo a conocer y ¡qué tesoro es este! Vayamos al Evangelio. Empieza con estas palabras -no sé si alguna vez os habréis dado cuenta de esto-, el Evangelio de San Lucas empieza: \"Excelentísimo Teófilo\". ¿Quién es este? Es alguien a quien dedica el evangelista su escrito. Ese nombre no aparece sólo aquí sino que en el principio del Libro llamado \"Los Hechos de los Apóstoles\" también aparece Teófilo. Teófilo es un nombre que significa \"amado de Dios\", \"dedicado a Dios\", que \"quiere a Dios\". Puede ser un nombre ficticio, puede ser, pero es una manera de cómo se empezaban a ver los discípulos en la historia de hace veinte siglos. San Lucas es alguien concienzudo, que hace las cosas pensadas, y él nos dice:

Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros [...].

¿Qué será eso, el relato de los hechos que se han verificado entre nosotros? ¿A qué se refiere? A Jesús, su vida y su historia. \"Lo que ha sucedido entre nosotros\". ¿Qué nos ha sucedido? Pues sencillamente, que Dios ha tenido misericordia de nosotros y ha enviado a su Hijo, y Él ha hablado y ha dicho cosas inauditas y, sobre todo, ha abierto una manera de vivir y de relacionarse con los demás, única, de manera que a eso se refiere, pero también -y todavía más importante- a lo que llamamos el núcleo central de nuestra fe, lo principal cristiano, que es justamente: la Muerte, Sepultura y la Resurrección y la Ascensión del Señor. A eso se refiere.

De tal manera que, sigue san Lucas, “[...] siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra”.

Muchos creen -los que no tienen nuestra fe- que los cristianos somos \"tontitos\" (perdonarme la expresión) y que esta fe, que lleva XX siglos y que ha sido capaz de transformar muchas vidas, se basa en \"cuentos\", que decimos (los cuentos siempre son bonitos; ya sabemos lo que queremos decir cuando decimos la palabra \"vivir del cuento\" ¿eh?, ya lo sabéis muy bien). Pues no, hermanos, nuestra fe está arraigada en una realidad hecha, vivida, de personas que han visto lo que ha ocurrido con Jesús, y que después se han preocupado de poner por escrito relatos, por ejemplo de parábolas, por ejemplo de milagros del Señor, por ejemplo de controversias que había entre Jesús y sus adversarios, y más tarde llega este momento, como en un segundo momento, san Lucas o los demás evangelistas escriben el Evangelio. Pero escribir el Evangelio no es escribir una cosa fría, es algo que ya se está viviendo. Cuando dice \" siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares\", es decir, los apóstoles y los primerísimos cristianos. Aquí está, sin duda ninguna, refiriéndose san Lucas a la Virgen, para que verdaderamente sintamos que se transmite esta fe. Primero porque hay hombres y mujeres que la han aceptado, la han vivido y la han hecho carne suya, y después, porque el Espíritu Santo ha acompañado. Todas esas realidades con la fuerza que da la vida que ha traído Jesucristo. Porque el Señor no ha hecho simplemente una fundación que se llama Iglesia, distinta de una fundación que se llamaba antes la Sinagoga o el Templo de Jerusalén. No. Ha creado un ser vivo. Y ¿quién es ese ser vivo?: su Cuerpo, es decir, la Iglesia, y Él es la cabeza de ese Cuerpo, por tanto, su Presencia está garantizada. En el momento aquél en el que Él, de su costado abierto en la cruz, crea los Sacramentos. La Iglesia es Sacramento, después tenemos esos Siete Sacramentos, pero eso ¿qué significa?: momentos en los que nosotros podemos encontrarnos con Cristo. ¿Quién tiene esto? Entre todas las religiones de nuestro mundo, nadie, nada más que los cristianos. Como digo hay, como un \"cierto barrunto\", por decirlo de alguna manera, o si queréis, un sacramento, en todo lo que es el Antiguo Testamento, pero la plenitud ha llegado mucho después. De manera que para nosotros, un acto de adoración al Señor, cuando nos levantamos de nuestra cama, cuando damos el inicio a nuestro trabajo, cuando nos ponemos juntos a comer, cuando en un momento de dificultad me dirijo al Señor, eso no está separado de lo que llamamos con toda propiedad Presencia de Cristo que yo adoro, bien en la celebración o bien en su prolongación. Por eso, cuando nosotros después de la celebración Eucarística marchemos de nuevo a la capilla de la adoración perpetua en Talavera, no estamos haciendo simplemente un acto de devoción, estamos diciéndonos a nosotros mismos y a aquellos con quien nos vamos a encontrar, que el Señor está en medio de su pueblo y que está a nuestra disposición.

Hace seis años comenzasteis un grupo de adoradores, seguro que empezaríais por unos cuantos, hasta que se llegó a un número para poder estar garantizada la adoración día y noche, cuatrocientos, quinientos, setecientos, los que fuere. No lo recuerdo, porque yo sólo he asistido al inicio de una capilla de adoración perpetua en Valladolid, y en la que había setecientos cincuenta u ochocientos adoradores que se comprometieron, por supuesto, libremente. En este tiempo, el Señor, como es lógico, está en medio de nosotros, posiblemente, y únicamente en la capilla de adoración, pero el sentido y el signo que tiene en casi toda la ciudad de Talavera y para otros cristianos que puedan venir de otros lugares, es realmente importante. Porque a mí me parece que en la Iglesia se da muchas veces ese fenómeno de olvido -que le pudo pasar al pueblo de Israel- cuando en otro momento, se lee la Ley y empieza uno a recordar. Hay muchos cristianos que no se enteran de qué va la cosa, hay muchos cristianos... bueno, no les vamos a negar esa condición, que fueron bautizados pero no tienen una relación vital con Jesucristo. No saben lo que significa el que, en todas las circunstancias de nuestra vida, está Cristo. Y que yo puedo, en un momento dado pararme, reflexionar, orar... \"ir\" a adorar al Señor. Tal vez es importante, de nuevo, volver a decir a los católicos de Talavera que necesitamos continuar adorando en esta forma. Ya lo sé que existe la adoración en todas las parroquias, en todos los conventos, en los monasterios, pero también depende de vosotros, los fieles de todas y cada una de las parroquias de Talavera, el que esta hermosa realidad no falte.

Por eso, queridos hermanos, en este día en que ya adelantamos la celebración de mañana que, como sabéis, es cuando se celebra la Infancia Misionera, qué importante es que también a vuestros niños, a vuestros jóvenes -¡qué difícil es!, pero bueno, no imposible- les mostréis, como decía san Lucas (\"siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra\") la tradición: que el Señor Jesús, la noche antes de morir, se sentó a la mesa, tomó pan y dijo: Tomad y comed, esto es mi Cuerpo; tomad y bebed, esta es mi Sangre; cada vez que os reunís para celebrar esto, lo hacéis en memoria mía. Es decir, se vuelve a celebrar, vuelve a ocurrir esa realidad y cuando en la prolongación de la Eucaristía, que es la adoración, esta noche, esta hora, en este momento del día o de la noche, tenéis que sentir que formáis parte de un Cuerpo, que sois vosotros los que estáis adorando, pero que formáis parte de un Cuerpo, y que eso significa que no se trata simplemente de una acción devocional vuestra, claro que sí, porque si vosotros no queréis nadie os va a obligar, pero también en esa hora que estéis, en la que os habéis comprometido, estáis representando a todos los demás cristianos y, por tanto, sentir la alegría de ser la Iglesia del Señor, y que tenemos un Tesoro ¡tan grande!

Si aquellos lloraban al escuchar las palabras de la Ley, si les dice el sacerdote Esdras: \"Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza\". ¡Cuánto más ocurrirá esto en medio de nosotros!

Os pido, por tanto, como vuestro Obispo que no descuidéis esta realidad tan hermosa y que en esta celebración que conmemora esos seis años de adoración continua y perpetua, constante, en Talavera, en esta capilla que todos conocéis, sea una realidad que garantice para nosotros la Presencia del Señor pero, sobre todo, la respuesta vuestra a esa Presencia de Dios siempre es fiel.

Le pedimos a nuestra Señora que nos ayude a esa fidelidad y a ese sentir, verdaderamente, que la fidelidad a Dios es una constancia de la que viene una paz y una alegría interior que nadie fuera de Dios puede dar”.

[ 30-01-2013 ]

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