Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


EL 11 DE FEBRERO TOLEDO CUMPLIÓ OCHO AÑOS DE ADORACIÓN ININTERRUMPIDA AL SEÑOR

EL OCTAVO ANIVERSARIO FUE CELEBRADO CON UNA MISA PRESIDIDA POR EL VICARIO GENERAL DE LA ARCHIDIÓCESIS D. ÁNGEL FERNÁNDEZ COLLADO.

A la Eucaristía celebrada siguió la procesión con el Santísimo por las calles de Toledo. Además de los cientos de adoradores inscritos que participaron lo hicieron otros vendios de Getafe y de Torrijos.

El Vicario General en su homilía, después de aludir al llamado de Dios y a la manifestación de su presencia, que fueron las lecturas del Domingo V del Tiempo Ordinario (C) y recordar que Dios nos llama también a cada uno de nosotros para una misión precisa y que su don es gratuito y que Él obra sobre cada persona. Se refirió concretamente al aniversario, diciendo:

“Estamos celebrando el 8º aniversario de la Adoración Eucarística Perpetua en la Capilla de la Inmaculada, en Toledo. Al hacerlo queremos agradecer profundamente al Señor el gran regalo de haberse quedado muy cerca de nosotros en la Eucaristía, en el sagrario, expuesto en la custodia. El gran regalo de poder contemplarle y adorarle, de poder estar junto a Él como adoradores en silencio orante un tiempo diario o semanal. De sentir su presencia, su escucha, su amor, su consuelo, su fuerza, su misericordia y su perdón.

Ante Jesús Sacramentado, ante Jesús Eucaristía percibimos interiormente un profundo misterio de presencia divina, de entrega total, de fe y de amor. En la Eucaristía, Jesús se da a sí mismo; ofrece su cuerpo y derrama su sangre. Entrega toda su vida, manifestando la fuente originaria del amor divino. Y nuestra respuesta no puede ser otra que la contemplación, la adoración y la acción de gracias. Una adoración llena de agradecimiento, de humildad y de amor.

Con la adoración manifestamos nuestra fe en la Eucaristía, es decir, proclamamos que Jesucristo está verdadera, real y sustancialmente presente en la Hostia Consagrada con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad. Expresamos también nuestro profundo agradecimiento porque Jesús, siendo Dios, se hizo hombre y se ha quedado muy cerca de nosotros, hecho Eucaristía, pan y vino, Cuerpo entregado y Sangre derramada por nosotros y por todos los hombres para ser alimento de inmortalidad.

Jesucristo Eucaristía es siempre el punto de referencia central de la vida de un cristiano. Cristo, que se da, se ofrece, se entrega totalmente para salvarnos, se hace cercano a nosotros en los signos de pan y vino, comida y bebida de salvación. “Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene ya vida eterna”. La Eucaristía es la más bella invención del amor de Cristo. Misterio profundo de amor y presencia. Y, el amor le pide estar con nosotros, comunicarse con nosotros, ser comido por nosotros, meterse dentro de nosotros.

Jesucristo permanece con nosotros, realmente presente en la Eucaristía, en el pan y en el vino eucarísticos, en la Hostia consagrada depositada en el interior del sagrario y expuesto en la custodia. Jamás podremos dejar de adorar y agradecer este gesto sublime del amor de Cristo. La adoración eucarística no es sino la continuación obvia de la celebración eucarística, la cual es en sí misma el acto más grande de adoración de la Iglesia. Por ello debemos sentirnos contentos y agradecidos, por haber sido llamados por el Señor a ser adoradores eucarísticos, contemplativos en la vida. Debemos ofrecer este don y esta experiencia a otras personas, conscientes del bien que hace a nuestras personas, a nuestras familias, a la Iglesia y a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

La Eucaristía es el misterio de un Dios entregado, de un Dios que, siendo totalmente inocente, muere en la cruz para salvarnos; de un Dios que se queda realmente presente entre nosotros bajo las especies consagradas de pan y vino. Comemos y bebemos el pan y el vino del amor y la entrega. Y, a la vez, somos invitados a “partirnos” como el pan y alimentar a nuestros hermanos con la fe, la caridad, la entrega y ejemplo de nuestras vidas y el servicio gratuito y generoso. Somos invitados a entregarnos como Cristo, dando y dándonos; sirviendo y salvando.

Jesucristo murió, resucitó y subió a los Cielos, y está sentado a la derecha de Dios Padre. Pero también permanece en la Hostia Consagrada, expuesto en la custodia y en todos los sagrarios del mundo. Y ahí está vivo, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, es decir, con todo su ser de Hombre y todo su ser de Dios, dispuesto a escucharnos, a atender nuestras peticiones, a ayudarnos, a confortarnos, a fortalecernos, a alentarnos, a santificarnos, a amarnos.

La Eucaristía que adoramos y con la cual nos alimentamos, nos aumenta la vida de gracia y acrecienta la unión con Cristo; nos da energía para cumplir la voluntad de Dios y para evitar el pecado; nos fortalece en las tentaciones y nos impulsa a amar a Dios y a los hermanos; nos une en comunión con Cristo y con el prójimo y nos va asemejando a Jesucristo.

La Eucaristía, es el regalo más grande que Jesús nos ha dejado: es su Cuerpo y su Sangre entregados en la Cruz para ser su presencia real y viva en medio de nosotros cuando lo reconocemos y lo adoramos en la Hostia Consagrada, y para ser alimento de nuestra vida espiritual cuando lo recibimos en la Sagrada Comunión.

Que el amor a Jesucristo en la Eucaristía se acreciente en todos nosotros y que su gracia nos santifique de manera que en cada instante cumplamos la voluntad de Dios y seamos testigos vivos de su amor”.

[ 13-02-2013 ]

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