Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


VALDEMORO CELEBRÓ SU TERCER ANIVERSARIO DE LA ENTRONIZACIÓN DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO EN ADORACIÓN PERPETUA

LO HIZO CON LA EUCARISTÍA CELEBRADA POR EL OBISPO AUXILIAR DE MÓSTOLES MONS. D. JOSÉ RICO PAVÉS.

Fue el 14 de febrero pasado en la capilla perteneciente a las Hermanas Clarisas. La capilla ha sido la segunda en la Diócesis. Actualmente Getafe cuenta con tres capillas de Adoración Perpetua.

A continuación la homilía del Sr. Obispo.

\"Que mande obreros a su mies\".

En la fiesta de los santos Cirilo y Metodio, la Iglesia nos propone las lecturas que acabamos de escuchar, en ellas se nos invita a encontrar una manera concreta de plantear nuestra propia vida. Los santos ―nos dice la liturgia― son un modelo, es decir, una referencia. Aprendiendo de la vida de los santos podemos nosotros, también, orientar nuestra propia vida, y son también intercesores. Ellos no se nos presentan, sin más, desde la distancia en el pasado, sino que entre ellos y nosotros hay un vínculo que es más fuerte que la muerte: el vínculo de caridad, viviendo él del amor de Dios, nos haremos partícipes del beneficio de su acción en favor nuestro, en favor de los que se purifican para disfrutar de la plena visión de Dios. Es importantísimo en nuestra vida, por tanto, que adquiramos amistad con los santos, que nos hagamos amigos de ellos, porque de esta manera aprendemos a responder con fidelidad al Señor.

En la fiesta de los santos Cirilo y Metodio, estas lecturas ensanchan nuestro corazón, nos quieren hacer partícipes de la solicitud del Señor por todos los hombres. No ha muerto Jesucristo por una causa o por la humanidad en abstracto o en general, sino por todos y cada uno, hasta tal punto el Padre nos ama que ha enviado a su propio Hijo. Y así, sabiéndonos de esta manera amados podemos dar sentido a nuestra propia vida, porque reconocemos nuestro origen, hemos nacido del amor de Dios, identificamos con Él nuestra vida, hemos sido elegidos en Cristo para ser santos e irreprochables ante Él por el amor. Si conocemos el origen podemos orientar nuestros pasos con rectitud.

Ensancha nuestro corazón porque nos recuerda que la solicitud, que el Señor pone, en aquellos que le aman alcanza a todos, y así, en la Primera Lectura encontramos los titubeos de la primera generación cristiana: \"¿hemos de predicar el Evangelio a los que no pertenecen al pueblo elegido?, pues saber que nosotros iremos a los gentiles\". Y éstos se llenan de gran alegría. También el Señor les tiene presente, también el Padre ha enviado a su Hijo por ellos.

Y vemos, en la Segunda Lectura, cuál es la consigna que Jesucristo en el Evangelio ofrece a los que envía por delante. Si nos fijamos con detalle es algo sorprendente: envía de dos en dos a los lugares donde Él piensa ir después, les da una serie de consejos prácticos para saber orientar sus tareas, y, precediendo estos consejos, como primero de todos, la oración \"rogad al dueño de la mies que envíe obreros a su mies\". El mismo Señor hace consciencia a los que envía de la grandeza de la misión ―la mies es abundante―, de la insuficiencia de las fuerzas humanas ―solos, con vuestro esfuerzo, no podéis alcanzar la meta―, y abriéndoles los ojos les recuerda que la primera tarea que deben llevar a cabo no consiste en pensar estrategias para, mediante técnicas publicitarias, llegar a muchos ―podríamos pensar humanamente que, quizás, esta habría sido nuestra solución―, sino lo primero que deben hacer es \"orar al dueño de la mies\". La oración no es un complemento prescindible de la vida de los enviados por el Señor, sino el punto de partida, aquello que no puede faltar en su vida para que sean verdaderamente seguidores de Cristo y apóstoles suyos en medio del mundo. Esa oración les hace más sensibles a las necesidades que les rodean, les hace sobre todo sensibles al latido del corazón del Señor por todos. El Padre envía a su Hijo, por todos se entrega, a todos hemos de llegar.

Recordar estas enseñanzas a partir de la Palabra de Dios es de gran importancia para dar sentido a la celebración que nos reúne esta tarde: III Aniversario de la Adoración Perpetua aquí, en Valdemoro. A los ojos del mundo esto puede parecer una locura; visto desde la fe es la respuesta humilde al deseo del Señor: orar sin interrupción. La Iglesia refiere este mandato de su Señor como si de una sola persona se tratase, y aunque son muchos los que concurren a la adoración es una la Iglesia la que se hace presente, y así, refleja a los ojos del mundo la belleza de la vida de la Iglesia. Y en esta oración, en este ejercicio de adoración, de simple respuesta a la llamada primera del Señor, nos encontramos unas veces presentándole nuestras inquietudes, aquello que nos preocupa; otras veces le presentamos nuestras alegrías, compartimos con Él el gozo de saber plantear la vida desde la fe. Siempre recibimos abundancia de amor para comunicarlo a los demás. El que adora pone en ejercicio su corazón para recibir amor del Señor y a repartirlo con otros. Por eso, también la adoración, es el punto de partida de toda acción caritativa en la Iglesia.

Recordaba al inicio que en este año, como también se nos ha dicho en la monición de entrada, concurren en este III Aniversario las motivaciones que han de estar muy presentes en nuestro corazón, en nuestro entendimiento, cuando nos postramos delante del Señor. Estamos viviendo el Año de la Fe, ocasión preciosa para fortalecer ―en palabras del Papa― la alegría de creer y el entusiasmo de comunicar la fe. Ocasión también preciosa para volver a descubrir ―nos lo recordaba el Papa al convocar este Año― el gusto de alimentarnos de la Palabra de Dios y el Pan de Vida. Palabra de Dios: acoger las Lecturas que se proclamen en la Liturgia, retomarlas en el ámbito privado de la oración, meditarlas también en la comunidad, de los grupos apostólicos de las parroquias, esto es imprescindible para poder caminar según el Corazón del Señor. Y junto a esto, el gusto por alimentarnos de Cristo, Pan de Vida. Poner, cada vez más, en el centro de nuestra vida a Cristo Eucaristía. Que no solo de forma genérica, sino personal, podamos decir ―como el Concilio dijo de la Iglesia― que la Eucaristía es la fuente y el culmen de toda la vida cristiana. Todo en la vida de la Iglesia, en cuanto es vida verdadera, brota de la Eucaristía y tiende a Ella. Todo en la vida del cristiano, si es verdaderamente respuesta y acogida del don del Señor, encuentra su punto de partida y su punto de llegada en la Eucaristía. Podemos medir nuestra vida espiritual, nuestro crecimiento y la relación con el Señor, atendiendo sin más, a nuestro creciente amor a la Eucaristía. Esto es lo que de verdad nos hace apóstoles.

Este III Aniversario nos recuerda la importancia de recoger las indicaciones del Papa, para que también, en nuestro alrededor, por la oración de unos, otros vuelvan a la fe. Y de forma muy cercana en el tiempo, en esta semana nos ha sorprendido, a todos ―pienso―, el anuncio por parte de Benedicto XVI de su renuncia del ministerio petrino. En seguida se han hecho comparaciones entre lo realizado por Juan Pablo II y se han recordado sus palabras \"Jesús no se bajó de la Cruz\", y lo que hemos visto realizar anunciándolo por parte de Benedicto XVI. En realidad, uno y otro, nos han dado un testimonio idéntico. Las grandes personas miden su voluntad delante solo del Señor. Y así, en una decisión tomada en conciencia, solo delante de Dios, sin atender a las presiones de los hombres, de las circunstancias, el Papa, en un gesto de valentía y humildad, reconoce no tener más fuerzas. ¿Cómo debe reaccionar la Iglesia en este momento? Pues debe reaccionar reiterando la acogida de la Palabra del Señor, que nos invita ahora, con más insistencia, a orar.

Si tenía hasta ahora mucho sentido la adoración perpetua aquí, en nuestra Diócesis y en el mundo, a partir de lo que estamos viviendo podemos decir que esto se hace especialmente urgente. Es necesario que el mundo contemple ahora cómo la Iglesia se reúne, unida, en torno al Vicario de Cristo, al sucesor de Pedro. Una Iglesia unida es una Iglesia en la cual resplandece la belleza de la vida cristiana, la belleza del Evangelio, y esto es lo que el mundo sigue necesitando.

En esta tarde damos gracias a Dios por vosotros, por los adoradores. Pedimos también por vosotros, para que vuestro empeño en cumplir la voluntad del Señor contagie a otros. Dando gracias por vosotros, hacemos nuestra la Palabra del Señor y, de modo muy especial en esta tarde, rogamos al dueño de la mies que envíe trabajadores a su mies. La mies ha seguido creciendo y seguirá creciendo en el futuro. Los trabajadores siguen siendo necesarios. Evidentemente, este texto, la Iglesia lo ha leído referido a las vocaciones sacerdotales, pero también a la vida consagrada y también ―y mucho más― a los seglares que, comprometidos en el medio del mundo, van transformando las realidades temporales orientándolas hacia su Señor. Todos somos necesarios en la Iglesia. El Señor quiere contar con todos.

Pues que la celebración de esta tarde, los acontecimientos que estamos viviendo con toda la Iglesia, sea para nosotros un motivo más para acudir delante del Señor. No olvidemos esto: Lo primero que encomienda el Señor a los primeros que envía es la oración, y esto se cumple adorando.

[ 18-02-2013 ]

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