Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


ÚLTIMA AUDIENCIA GENERAL DE UN PAPA LUMINOSO

En una mañana fría de invierno pero soleada, en un clima de serenidad y agradecimiento, y también de tristeza, en su última audiencia general, este 27 de febrero de 2014, el Papa Benedicto XVI comenzó diciendo:

“Queridos hermanos y hermanas … en este momento mi ánimo se ensancha para abrazar a toda la Iglesia esparcida en el mundo, y doy gracias a Dios por las “noticias” que en estos años del ministerio petrino pude recibir acerca de la fe en el Señor Jesucristo, y de la caridad que circula en el Cuerpo de la Iglesia y le hace vivir en el amor, y de la esperanza que nos abre y nos orienta hacia la vida en plenitud, hacia la patria del Cielo”.

Siguió diciendo: “ En este momento hay en mí una gran confianza, porque sé, todos nosotros sabemos, que la Palabra de verdad del Evangelio es la fuerza de la Iglesia, es us vida. El Evangelio purifica y renueva, porta fruto, donde sea que la comunidad de creyentes lo escucha y acoge la gracia de Dios en la verdad y vive en la caridad. Esta es mi confianza, esta es mi alegría.

También anunció a los fieles que «no regreso a la vida privada, a una vida de viajes, encuentros recepciones, etc. No abandono la cruz sino que permanezco de un modo nuevo junto al Señor Crucificado».

En su último acto público, iniciado con un recorrido en «papamóvil» para que todos los fieles pudiesen verle de cerca, Benedicto XVI afirmó que a partir de la noche del jueves «dejaré de llevar la potestad de gobierno, pero permanezco en el entorno de san Pedro con el servicio de la plegaria».

Sereno y sonriente, el Santo Padre reconoció haber tenido momentos «de gloria y de luz» y momentos «de aguas agitadas y viento contrario» a lo largo de estos casi ocho años, «pero en ningún momento me he sentido solo».

El Papa agradeció la ayuda recibida de los cardenales de todo el mundo y de la Curia vaticana, así como la ayuda de los embajadores, y también de los periodistas.

Agradeció también las cartas recibidas estas dos semanas, subrayando que, además de mensajes de jefes de Estado y personajes importantes, ha recibido muchos de simples fieles «que me escriben como hermanos y hermanas, como hijos e hijas, con el sentido de una relación familiar muy afectuosa».

Su última lección de eclesiología fue comentar que en esas cartas y mensajes de personas sencillas «se puede tocar lo que es la Iglesia: no es una organización, no es una asociación para fines religiosos o humanitarios, sino un cuerpo vivo, una comunión de hermanos y hermanas en el Cuerpo de Jesucristo».

El Papa reiteró que ha dado el paso de renunciar «en la plena conciencia de su gravedad y de su novedad, pero también con una profunda serenidad de ánimo», pues «amar a la Iglesia significa tener la valentía de tomar decisiones difíciles, dolorosas, teniendo siempre delante el bien de la Iglesia y no el propio».

Mensajes en español

Como siempre, el Papa resumió su catequesis en español: Eran sus últimas palabras en nuestro idioma:

«Queridos hermanos y hermanas:

Muchas gracias por haber venido a esta última audiencia general de mi pontificado. Asimismo, doy gracias a Dios por sus dones, y también a tantas personas que, con generosidad y amor a la Iglesia, me han ayudado en estos años con espíritu de fe y humildad».

«Agradezco a todos el respeto y la comprensión con la que han acogido esta decisión importante, que he tomado con plena libertad. Desde que asumí el ministerio petrino en el nombre del Señor he servido a su Iglesia con la certeza de que es Él quien me ha guiado. Sé también que la barca de la Iglesia es suya, y que Él la conduce por medio de hombres».

«Mi corazón está colmado de gratitud porque nunca ha faltado a la Iglesia su luz. En este Año de la fe invito a todos a renovar la firme confianza en Dios, con la seguridad de que Él nos sostiene y nos ama, y así todos sientan la alegría de ser cristianos».

«Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y de los países latinoamericanos, que hoy han querido acompañarme».

«Os suplico que os acordéis de mí en vuestra oración y que sigáis pidiendo por los Señores Cardenales, llamados a la delicada tarea de elegir a un nuevo Sucesor en la Cátedra del apóstol Pedro. Imploremos todos la amorosa protección de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia».

«Muchas gracias. Que Dios os bendiga».

[ 27-02-2013 ]

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