Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


PADRE LUIS CEREZO

Falleció el Padre Luis, el 29 de mayo durante la mañana. El Jueves 30 de Mayo, día en que Roma y varias iglesias celebran la solemnidad de Corpus Christi, tiene lugar su funeral. Todo un signo. Todo un signo para quienes hemos conocido a este entrañable sacerdote de Cristo, enamorado de la Eucaristía y de la Santísima Virgen, enamorado de la Iglesia.

Su pequeña parroquia del Purísimo Corazón de María, en Cancelada, barriada de Estepona, en la diócesis de Málaga, fue la primera -de toda la serie que siguieron y que, a la fecha de escribir esta nota, son ya más de treinta en todo el territorio español- que entronizó al Señor en Adoración Perpetua.

Cuando nos conocimos, en el verano del 2003, en un retiro para sacerdotes, hacía ya siete años que el P. Luis estaba detrás de la Adoración Perpetua. Fue todo providencial como providencial es el signo que su funeral sea el día del Corpus. Y llevado de la mano de la Santísima Virgen, Nuestra Señora del Santísimo Sacramento y Reina de la Paz.

Fue el último día del retiro, cuando en una mañana muy calurosa habíamos rezado y meditado el Via Crucis en la montaña y en la cima nos habíamos todos confesado. Éramos unos cuatrocientos sacerdotes. En la última estación, el sacerdote franciscano que guiaba las meditaciones, el P. Jozo Zovko, había pedido al Señor que concediera a sus sacerdotes lo que ellos tenían en su corazón. Y el Señor no se hizo esperar, porque menos de una hora después, conversando por vez primera con el P. Luis, en una mesa del bar donde habíamos ido a apagar nuestra sed, otra sed mucho mayor apagaba el Señor a dos deseos. El mío de tener una nueva misión en Europa, que en ese momento no tenía. La del P. Luis el de realizar su sueño de que fuera el Señor adorado día y noche en su parroquia. Sí, fue todo muy rápido. Nos presentamos. Le dije que era misionero para la Adoración Perpetua y ante mí vi dos ojos abiertos y emocionados y oí su voz que decía: “Pues es lo que yo busco ¡desde hace siete años!”

Poco tiempo después comenzaba la misión. No era fácil porque si en verano muchos eran los fieles que concurrían en todas las Misas de la parroquia y de las capillas anexas, la gran mayoría eran veraneantes que habitaban muy lejos de allí. No se podía contar con ellos. Parroquianos pocos. Casi todos se apuntaron, pero no alcanzaban para cubrir todas las horas. Al P. Luis se le ocurrió una gran idea: ir casa por casa a anunciar la Buena Nueva y buscar más adoradores. Y así lo hicimos. La gente no podía creerlo: dos sacerdotes católicos llamando a la puerta. En cada casa nos recibían encantados. Recuerdo un solo caso de una persona que no nos hizo pasar. Era pura evangelización a partir de la necesidad que Dios sea adorado en el Santísimo Sacramento.

Luego yo partí para México y siguió el P. Luis con tanto entusiasmo y amor que todas las horas se cubrieron y se pudo partir. Como decía él: “Cada día es un milagro”. Un milagro que se viene repitiendo todos los días, a cada hora, desde aquel 17 de enero del 2014.

Los milagros son signos de Dios y signo esperanzador es para nosotros que su funeral sea el día dedicado a honrar la Divina Presencia en el Cuerpo y Sangre del Señor de la Eucaristía, signo que el P. Luis que contempló en sus horas santas de adoración veladamente el Rostro del Señor en el Santísimo Sacramento, esté ahora viéndolo cara a cara para siempre.

P. Justo Antonio Lofeudo MSE

[ 30-05-2013 ]

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