Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


SEGUNDA Y ÚLTIMA PARTE DEL ARTÍCULO DE LA REVISTA VALENCIANA “ADORATIO”

Publicamos la segunda y última parte del artículo aparecido en el primer número de “Adoratio”, en la que el autor trata sobre las condiciones y tipos de adoración así como los frutos y, luego, refiriéndose a la Adoración Eucarística Perpetua hace una reseña histórica.

TIPOS DE ADORACIÓN. CONDICIONES. FRUTOS

El silencio

Diversas son las modalidades de la adoración eucarísitica. Puede hacerse con exposición del Santísimo, que es la más importante, o frente al sagrario. Puede ser ocasional, continua o bien perpetua (que es sin ninguna interrupción y siempre). Puede ser guiada, con cantos o en silencio. Aún siendo guiada es importante respetar el silencio, guardar grandes espacios de silencio para adentrarse en la propia meditación y en la escucha atenta en la que la presencia divina en la Eucaristía le habla a nuestro silencio.

Es sólo en el silencio que el corazón entabla un diálogo de amor entre lo más profundo del yo y el Tú infinito y eterno de Dios.

Vida espiritual fructífera

La adoración eucarística nos permite recuperar el asombro ante este misterio, volver a descubrirlo en la celebración de cada Misa, y penetrar más profundamente en él. Toda la vida espiritual de la Iglesia se nutre de la Eucaristía, donde reconoce su fuente y su cúlmine. ¿Qué significa su fuente? Que todo parte de la Eucaristía. Sin Eucaristía no hay Iglesia, no hay sacrificio redentor, no hay salvación. Toda la vida espiritual parte y se funda en la Eucaristía que no conoce nada más alto que ella, pues su cúlmine es Dios mismo.

Adorar es el sublime modo de permanecer en el amor del Señor. “El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5b). Por la adoración nuestra vida puede ser fecunda.

La acogida de Dios en nuestras vidas lleva necesariamente a la acogida del otro y de la cercanía a Dios, del encuentro íntimo con Él se reciben las fuerzas que da el Espíritu para ir hacia el otro, hacia quien más necesitado está.

Estar con el Señor en adoración es centrar nuestra vida personal y de Iglesia en Cristo.

Vínculo entre la Eucaristía y el Sagrado Corazón

Quien adora la Eucaristía está adorando al Sagrado Corazón de Jesús, a toda su persona centrada en su Amor Redentor. Adora a ese corazón eternamente abierto que no conoce límites de amor ni de perdón. Ese Corazón es la Puerta de ingreso al Cielo. Quien lo adora alcanza su cielo en la tierra. “Contemplarán al que han traspasado” (Jn 19:37). También del Santísimo salen sangre y agua del Salvador. La adoración, por eso, purifica y alimenta el alma. Es restaurada el alma y saciada en Cristo presente en el Santísimo como fuente de vida que apaga la sed de eternidad e infinito, de trascendencia.

Adoración eucarística perpetua

La adoración perpetua, que es adorar al Santísimo Sacramento expuesto en una custodia, día y noche y todos los días sin interrupción, es la respuesta a “Dios con nosotros” siempre. Él ha decidido permanecer con nosotros para siempre en el augusto Sacramento y nosotros respondemos con nuestra permanente adoración. Perduramos el encuentro personal comunitariamente y así pasamos el testimonio de unos a otros. Testimonio de su presencia viva entre nosotros. Y lo hacemos todos los días, a toda hora. Es decir, entre todos, con lo poco de cada uno, construimos una cadena de adoración, de fe y de amor, en torno a Jesús Eucaristía. De ese modo, el culto terrenal que nunca se interrumpe se une al del Cielo, donde “día y noche”, sin cesar, se adora, se bendice, se rinde honor y gloria al Cordero y al que está en el Trono (Cf. Ap 4:8-11).

Sólo Jesucristo pudo adorar al Padre infinitamente, sólo él –que era uno con el Padre- pudo estar permanentemente en actitud adorante, por eso Él –la Cabeza del Cuerpo Místico que somos nosotros su Iglesia- es nuestro modelo de adoración perpetua.

La adoración eucarística perpetua va dirigida a Dios y al mismo tiempo en beneficio propio y de los hermanos por quienes se intercede o quienes se acercan por el mero hecho que nosotros estamos ahí, como fieles custodios, permitiendo que las puertas estén abiertas.

La adoración perpetua es la manera que tenemos de dar una respuesta constante en el tiempo hacia Quien no deja de ser Dios y de amarnos de amor eterno. Es la fuente de agua viva que sacia la sed de vida de todo hombre.

En tiempos en los que nuestras iglesias, por motivos de seguridad, están a menudo cerradas, una capilla siempre abierta, para quienquiera allegarse a cualquier hora del día o de la noche, es el signo de los brazos siempre abiertos de Jesús, dispuesto a acoger y a sanar a todo aquel que lo busca.

Los adoradores que se suceden día y noche ofrecen un testimonio de fe y de amor hacia la presencia real del Señor en la Eucaristía. Es testimonio que interpela al mundo, atrae a aquellos que están en la búsqueda de Dios y llama la atención a quien está lejos del Señor para que se acerque a Él.

La adoración eucarística perpetua es silenciosa; sin interrupción y en un sentido es personal que trasciende lo personal para volverse comunitaria, porque crea una fraternidad eucarística, de la que todos se saben miembros y viven la fe cada uno en su intimidad pero todos formando parte de una sola comunidad de adoradores.

Los adoradores reunidos y unidos en torno al Santísimo, que se suceden y coinciden en el tiempo, es la figura de la vid y los sarmientos de las que nos habla el Señor, todos unidos en y a Él, permaneciendo en su amor para dar mucho fruto (cf Jn 15). La Adoración Perpetua nos muestra cómo ser Iglesia, cómo vivir la comunión de amor en el Señor.

Lo que hace única a la Adoración Perpetua es que el Señor es adorado día y noche, se elevan plegarias, alabanzas, se rinde honor a su majestad, se da testimonio de amor y de fe en su presencia única, y se repara día y noche ante el Santísimo por todas las blasfemias, los sacrilegios, las profanaciones, las in- diferencias que se cometen contra la divinidad y todo lo que es santo.

Noche y día se eleva a Dios, como diría san Gregorio Nacianceno, un himno de silencio.

Por otra parte, la Adoración Eucarística Perpetua es una acción de la Iglesia y por eso toman parte todos los movimientos. Todas las realidades espirituales y eclesiales están representadas. Todos nos re- unimos en torno al sacramento de amor y de unidad.

En definitiva, Adoración Eucarística Perpetua es sinónimo de iglesia siempre abierta, y del Señor siempre adorado. Esto es lo especial y único.

La capilla de la adoración perpetua es la puerta abierta al Cielo que permanece abierta, es el faro de luz que orienta el camino en las tinieblas y la noche de la humanidad, es un oasis de paz y de silencio en medio del aturdimiento y de la intranquilidad del mundo.

UN POCO DE HISTORIA ACERCA DE LA ADORACIÓN Y ACTUALIDAD

La historia comienza muy probablemente en los primeros tiempos del cristianismo aún cuando las noticias que se tenga al respecto sean tardías. La adoración eucarística es consecuencia de la reserva que ya de los primeros siglos se hacía del Santísimo. En las celebraciones quedaba siempre pan consagrado para llevar luego a aquellos que por alguna razón estaban impedidos, generalmente por enfermedad o porque estaban encarcelados de asistir a la fracción del pan (como se llamaba a la celebración eucarística).

Un ejemplo de lo anterior lo encontramos en el martirologio romano con san Tarcisio. La Iglesia venera la memoria de Tarcisio, joven acólito de la Iglesia de Roma del siglo III, que llevaba la Sagrada Eucaristía a otros cristianos presos por la fe cuando fue interceptado por quienes querían profanarla. La defendió con su vida convirtiéndose en el primer mártir de la Eucaristía. Su cuerpo fue sepultado en las catacumbas de san Calixto.

Tener al Señor presente fuera de la Misa trajo como consecuencia el honrarlo y adorarlo.

En los monasterios y conventos de la Alta Edad Media se bendecía con el Santísimo Sacramento.

En la vida se san Basilio (+ 379) se hace referencia a la adoración eucarística.

En el siglo XIII es cuando aparece difundida la práctica de la adoración en Francia. Hubo adoración pública en la celebración y acción de gracias por la victoria contra los herejes cátaros. En aquel tiempo, en Orleans el obispo hizo que hubiera adoración continua e incesante y este es el antecedente de la adoración perpetua. Luego el Papa Honorio III ratificó formalmente la devoción de la adoración continua y ésta se fue difundiendo por distintas partes.

Es en 1654 que se inaugura, con el nuevo convento benedictino erigido para este propósito, la adoración perpetua en Francia. 


La devoción de las Cuarenta Horas dio inicio en Milán un siglo antes, en 1537.

La Adoración Eucarística Perpetua en el mundo.

La modalidad de la Adoración Perpetua llevada adelante por seglares comienza a expandirse a partir del final de los sesenta aunque hubo antecedentes asilados ya en los cincuenta. En estos cincuenta años el aumento ha sido exponencial. El país donde hay más capillas dedicadas a adorar el Santísimo día y noche, sin interrupción, es Estados Unidos y esto se debe al hecho que allí nació esta práctica. Luego siguió históricamente y también en número, Filipinas. Aún cuando no se cuentan con estadísticas precisas sabemos que luego siguen Corea y México en número. Hay AEP en países cristianos pero no católicos como son los casos de Rumania y Rusia y en países de mayoría musulmana e hinduista. En total se estima que son unas tres mil los lugares con Adoración Perpetua. Uno de los recientes fue Cuba donde se estableció la primer capilla en la isla, en la diócesis de Santa Clara el 2 de junio de 2013, día de Corpus Christi, al mismo tiempo que el Santo Padre tenía la Hora Santa en Roma.

La adoración perpetua se extiende por el mundo gracias a la acción de misioneros. Puedo hablar de lo que conozco más de cerca y es la sociedad Misioneros de la Santísima Eucaristía a la que pertenezco . Somos sacerdotes, algunos otros religiosos y laicos asociados con sede en Francia. Constituimos una comunidad eucarística “que tiene por finalidad el reino eucarístico” en nuestras vidas y en todo el mundo. Nuestras misiones se desarrollan en parroquias y en diócesis y además de la instauración de capillas de adoración perpetua por medio de predicaciones y formación de la organización que permitirá cuidar de la Adoración Perpetua para que se mantenga en el tiempo y para que el Señor sea adorado en todo momento sin que quede expuesto en soledad. Organizamos también conferencias, retiros y congresos como el internacional que tuvo lugar en Roma en el 2011. Fue el primer congreso sobre la adoración eucarístico de carácter internacional que llevó el nombre de Adoratio 2011. Acudieron de 38 distintos países y participaron con intervenciones seis Cardenales, varios obispos y sacerdotes y religiosas.

El objetivo de la misión es claro: que sea reconocida la presencia del Señor en la Eucaristía, y que en ella sea amado y adorado. Adorado incesantemente. De este primer objetivo se derivan otros como la misma evangelización que supone no sólo la acción de la misión en sí sino la presencia constante de Jesús que nos evangeliza a todos. El mundo tiene necesidad y urgente de adoración, de colocar a Cristo al centro de las vidas personales y de la Iglesia, porque ello le permitirá sanar de las heridas y consecuencias nefastas provocadas por la rebelión de autonomía radical del hombre ante Dios y reconocer que sólo la unión y contemplación del Salvador sanará y salvará a la humanidad.

Es de su Morada Eucarística que a todos, sin exclusión alguna, llama el Señor: “Venid a mí, vosotros que estáis agobiados y fatigados. Yo os aliviaré”.

A través de las innumerables experiencias y testimonios los misioneros somos testigos de la

misericordia de Dios, de su obra en los corazones de todas las personas y especialmente de los más alejados y de los signos evidentes que muestran la divina voluntad que se implanten y difundan por todas partes capillas de Adoración Perpetua.

No hay mejor exorcismo para una ciudad que tener una capilla de Adoración Perpetua. Por la adoración incesante la luz de la gloria del Resucitado expulsa las tinieblas. Así como por la oración de intercesión incesante de Moisés, Dios dio la victoria a Israel, así también por la adoración que no se interrumpe vendrá la victoria de la Iglesia sobre sus enemigos.

El beato Juan Pablo II, en su Carta Apostólica “Dominae Cenae” escribió: “La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad de culto eucarístico. Jesús nos espera en su sacramento de amor. Que nuestra adoración no cese jamás”.

[ 21-11-2013 ]

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