Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


DE LA OSCURIDAD A LA LUZ EN LA EUCARIST√ćA EST√Ā LA SALVACI√ďN

Conmovedor testimonio de conversión

Lo que contar√© es una historia, la m√≠a, una historia de muerte. Muerte espiritual y tambi√©n f√≠sica que por gracia de Dios se transmuta en salvaci√≥n. ¬°A √Čl sea la alabanza!

Recuerdo mi vida s√≥lo a partir de la edad de doce a√Īos, al surgir una enfermedad grave progresiva y cr√≥nica. Antes, en mi infancia est√° la oscuridad.

Comenzaron para m√≠ entonces momentos de gran sufrimiento f√≠sico con internaciones urgentes en hospital, estados de pre coma y gran sufrimiento psicol√≥gico hasta llegar a pasar a√Īos en la desesperaci√≥n. Desde los catorce a los diecis√©is me dorm√≠a todas las noches llorando y me despertaba llorando. S√≥lo me consolaba y limpiaba mis heridas leer un pasaje del Evangelio, de un peque√Īo librito que me hab√≠an regalado para la confirmaci√≥n¬Ö leyendo con l√°grimas la Palabra de Dios era que sent√≠a que mi alma era acariciada.

Sin embargo, en mi entorno jam√°s escuchaba hablar de Jes√ļs, otros eran los valores tales como la profesi√≥n, el matrimonio y los hijos, pero jam√°s de los jamases o√≠ pronunciar palabras ni siquiera de rebeli√≥n que hicieran menci√≥n a Jes√ļs, nada.

Fue as√≠ que a partir de la confirmaci√≥n no fui m√°s ni a la Iglesia ni particip√© m√°s de ning√ļn sacramento.

Fue entonces que comenc√© a buscar a Dios en otras partes y a hacer de mi vida una continua b√ļsqueda porque sab√≠a con certeza que s√≥lo en √Čl habr√≠a encontrado la paz, pero aquella paz que es s√≥lo suya, no humana.

El fin de mi vida fue la b√ļsqueda de Dios y el aliviar los sufrimientos de los dem√°s.

A los 16 a√Īos empec√© la b√ļsqueda, a leer y estudiar filosof√≠as orientales, a practicar el hatha yoga y el kriya yoga, a documentarme acerca del hinduismo, los Veda, la filosof√≠a de Patanjali, el budismo, la meditaci√≥n zen e vipasana, las meditaciones tibetanas, los masajes shiatsu e tailand√©s, el tai chi chuan, il chi kung, il tao√≠smo, el reiki ¬Öy as√≠ con s√≥lo veinte a√Īos comenc√© a ense√Īar todas estas pr√°cticas y tambi√©n a aprender kung fu y karate.

Por medio de estas filosofías y disciplinas orientales encontré un mejoramiento en el cuerpo, en la mente y desapareció la desesperación y sobre todo, creía estar en el camino que te acerca a Dios.

El sufrimiento de los dem√°s me impuls√≥ tambi√©n a ocuparme de los enfermos terminales de SIDA, psiqui√°tricos y al acompa√Īamiento a la muerte de los agonizantes, dedicando d√≠as y a veces tambi√©n noches a coloquios con personas desesperadas o aterrorizadas por el miedo de morir. Participaba cada a√Īo, al menos durante dos semanas, a retiros de silencio y a trabajos sobre el propio cuerpo, siempre seg√ļn el Oriente, el silencio me inmerg√≠a en una llamada que rechazaba, y era siempre al final de esos d√≠as, porque me repet√≠a una frase que siempre dec√≠a mi padre: ¬ďesa no esa la vida que hacen todos¬Ē.

Luego de unos quince a√Īos de estas pr√°cticas diarias y de trabajo corp√≥reo y mental sobre m√≠, comenc√© a percibir aquellas entidades que mi maestro de orientalismo me ense√Īaba a distinguir como negativas o m√°s o menos peligrosas, bajo diversas formas, que deb√≠a ¬ďcombatir o eliminar¬Ē inmediatamente con ciertas t√©cnicas para que no pudiesen dominarme.

Me explicaban que aquello era también una etapa absolutamente a superar y sobre la cual no había que detenerse so pena de desviar el itinerario espiritual hacia la Magia Negra en lugar de continuar con el camino que conducía a Dios.

Fue en aquel período que empecé con las prácticas de adivinación como las cartas, la astrología, el rune, el I Ching, las conchillas por medio de las cuales podía, a las personas que me lo pedían, prever parte de su futuro, siempre con el objetivo de poder ayudarles.

La telepatía y la percepción de cosas y, sobre todo, de pensamientos referidos a las personas se desarrollaron muchísimo en mí, bastaba que visualizase a las personas o que sólo pensase para que pudiera percibir lo que estuvieran pensando o el humor que tenían.

Todo esto, seg√ļn las filosof√≠as orientales, era llamado ¬ďsiddhi¬Ē o poderes pero en los que no hab√≠a que detenerse sino ir m√°s all√° de ellos. Era absolutamente necesario separarse para proceder hacia la meta final de la uni√≥n del alma individual con el alma universal conocida tambi√©n como samadhi.

Cuando llegu√© a los cuarenta y dos a√Īos comenz√≥ a ir todo mal en mi vida afectiva. Lo √ļnico que me quedaba era el trabajo, que era mi vida, pero excepto esto todo comenz√≥ a derrumbarse y cada vez que me levantaba me sent√≠a m√°s cansada, hasta el punto que, recuerdo, un d√≠a casi llegando a casa detuve el coche y llor√© durante media hora porque sent√≠a que si regresaba a aquella casa estar√≠a muerta, no f√≠sicamente sino que nunca m√°s me levantar√≠a.

Quedé esa media hora llorando con ese sentido de muerte interior devastador y totalizante. Luego, con la fuerza de la voluntad anulé todo recuerdo y entré en casa.

Desde aquel momento y durante los diez meses que siguieron en mi alma se cre√≥ el desierto: todo se cerraba, toda relaci√≥n de amistad, la relaci√≥n afectiva con una persona que pensaba amar much√≠simo, todo y con todos. Pero, cuando me puse a pensar que deb√≠a tambi√©n terminar con los enfermos que tanto representaban en mi vida, entonces all√≠ comprend√≠ que me estaba sucediendo algo que, sin embargo, no comprend√≠a y ni tampoco adonde me llevar√≠a todo aquello. Me dec√≠a a m√≠ misma que deb√≠a cerrar ese ciclo con los enfermos pero que volver√≠a a ellos en un modo diferente, pero ¬Ņen cu√°l? ¬ŅQu√© quer√≠a decir? No lo sab√≠a.

Era un desierto, nada y nadie más dentro de mí. Vivía vagabundeando en la oscuridad.

Hasta que un d√≠a mi prima, a quien no ve√≠a desde que era una ni√Īa, me pidi√≥ que fuese con ella a ver a un sacerdote, con carismas particulares, para rezar el rosario, la Misa y recibir bendiciones.

Ya ten√≠a 45 a√Īos y desde el tiempo de la confirmaci√≥n no iba a Misa ni me confesaba; nada de nada. En realidad, no s√© c√≥mo hice para decirle que s√≠, pero este fue el comienzo de mi renacer y de mi salvaci√≥n interior.

En aquella iglesia en la que entr√© con mi prima, habremos sido unas quinientas personas. Me arrodill√© y empezamos a recitar el Rosario y desde aquel momento y durante todo el Rosario sent√≠ que una corriente de paz me inundaba y era tal que descendiendo me lavaba y llevaba a una tal paz que me dije ¬ďeste es mi camino¬Ē, pero ¬Ņcu√°l camino?¬ŅDe cu√°l camino hablaba?

Desde aquel preciso instante acab√© de un golpe con todas las disciplinas orientales y pr√°cticas adivinatorias y, desde entonces, nunca m√°s volv√≠ a ellas ni siquiera con el pensamiento. En los dos a√Īos siguientes me inmerg√≠ en todos los sacramentos, en confesar toda mi vida pasada y sobre todo en acercarme a la Eucarist√≠a.

Dos a√Īos m√°s tarde comenz√≥ a nacer en m√≠ la b√ļsqueda del silencio, pero de un preciso silencio que no sab√≠a de qu√© se trataba ni, sobre todo, d√≥nde ir a buscarlo.

Espont√°neamente o a√ļn despert√°ndome con el despertador lo buscaba en la noche, me despertaba hacia las 2 y me sentaba en la cama y escuchaba¬Ö me deten√≠a a escuchar aquel silencio como si esperase algo o alguien.

De nuevo mi prima me preguntó si quería ir de noche a adorar fuera de nuestra ciudad, de las 3 a las 4 de la madrugada y nuevamente dije que sí.

Entr√© en aquella iglesia y estaba expuesto el Sant√≠simo Sacramento. Estaba contenta porque hab√≠a silencio pero a√ļn no lo reconoc√≠, hasta que hacia las tres y cuarto el silencio de su Presencia llen√≥ toda la iglesia. Aquel silencio pleno y vivo que es la Presencia real de Dios.

Permanec√≠ inm√≥vil hasta las 4, extasiada porque hab√≠a encontrado aquel ¬ďsilencio¬Ē que estaba buscando. Aquel ¬ďsilencio¬Ē que era todo Presencia, Presencia de Dios en la Eucarist√≠a.

Después de aquella primera adoración no tuve más duda alguna que ése era mi camino: la adoración eucarística.

Después de aquella primera noche encontré -y reconocí de inmediato- en un congreso a quien sería mi padre espiritual, lo escuché hablar y le pedí aceptase de hacerme de guía espiritual.

Desde entonces me ha estado siempre cercano y me sigue con infinita paciencia; me ha sostenido e iluminado siempre en mi camino de dedicación total a la adoración eucarística y a su difusión.

Pero, a√ļn no estaba terminado mi atadura con el pasado o mejor las consecuencias de 24 a√Īos de pr√°cticas orientales y adivinatorias.

Acudí a una conferencia de un sacerdote exorcista francés que hablaba de medianidad y de ataduras con el demonio, y así quise tener una cita con él.

Mientras que todas las pr√°cticas que hab√≠a yo hecho, me dijo, que hab√≠an desarrollado en m√≠ la medianidad ¬Ėque es una de las cinco puertas abiertas al demonio- el Reiki, en cambio, representaba propiamente una atadura con el demonio.

Pas√© por cuatro exorcismos y me indic√≥ qu√© hacer para cerrar la puerta de la medianidad al demonio, que es la √ļnica puerta en la que para cerrarla no son necesarios exorcismos ni oraciones ni Misas. Me advirti√≥ que los primeros meses ser√≠an los m√°s dif√≠ciles porque el demonio habr√≠a de rebelarse y, en efecto, por un a√Īo y medio, viv√≠ la rebeli√≥n del demonio con sufrimientos especialmente interiores y, sobre todo, viviendo horas ante el Sant√≠simo donde encontraba sost√©n y consolaci√≥n.

La presencia real, verdadera, √ļnica de Dios en la Sant√≠sima Eucarist√≠a me salv√≥, fue mi Rocafuerte, mi apoyo seguro que me sostuvo continuamente en la lucha con el mal y es la paz de mi alma.

Nunca dej√© la adoraci√≥n cotidiana y cada vez que me presento ante Jes√ļs Eucarist√≠a me digo ¬ďsi todos pudiesen conocer el don de Dios: la Eucarist√≠a. Salvador y M√©dico de todas las almas¬Ē.

He recibido tanto pero tanto que para dar gracias a nuestro Se√Īor y por el amor infinito a √Čl, me consagr√© en una orden cuyo carisma es la adoraci√≥n perpetua y despu√©s de 10 a√Īos puedo a√ļn decir que he encontrado al Amor de mi vida: Jes√ļs Eucarist√≠a, aquel Dios buscado desde siempre y encontrado real, vivo, operante en la Eucarist√≠a.

¬ŅEs mejor buscar una se√Īal de Dios o a Dios mismo?

¬ŅPara qu√© buscar se√Īales de Dios cuando tenemos a Dios realmente y substancialmente presente en el Sant√≠simo Sacramento?

Nosotros buscamos se√Īales cuando debemos aumentar e radicar nuestra fe en la Eucarist√≠a.

SI TODOS CONOCIERAN EL DON DE DIOS.

Doy gracias a Dios siempre presente en mi vida y gracias infinitas a mi padre espiritual, instrumento de amor de nuestro Se√Īor, nuestro Sumo y √önico Bien.

M. M.

(Traducido del sitio italiano www.adorazioneucaristicaperpetua.it por JAL)

[ 29-03-2014 ]

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