Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


FULTON SHEEN HABLA DE SU HORA SANTA DE CADA D√ćA. PARA LEER Y RELEER

Mons. Fulton J. Sheen fue un conocid√≠simo obispo por sus predicaciones y por su obra evangelizadora por medio de la TV de los Estados Unidos. Durante veinte a√Īos tuvo programas radiales antes de pasar a la TV y hacer famoso su programa ¬ďLa vida vale la pena vivirla¬Ē. Es Venerable de la Iglesia con un reciente milagro que ha abierto la causa de su beatificaci√≥n. Fue reputado te√≥logo y conocido como el ap√≥stol de la Hora Santa. Falleci√≥ el 9 de diciembre de 1979. A continuaci√≥n ofrecemos un pasaje de su libro autobiogr√°fico.

"En el día de mi Ordenación, tomé dos decisiones:

1. Que ofrecería la Sagrada Eucaristía todos los sábados, en honor a la Santa Madre, para implorar su protección sobre mi sacerdocio. (La Epístola a los Hebreos ordena al sacerdote ofrecer sacrificios no sólo por los demás, sino también por sí mismo, ya que sus pecados son mayores debido a la dignidad de su oficio).

2. Resolv√≠ tambi√©n que todos los d√≠as pasar√≠a una Hora Santa en presencia de Nuestro Se√Īor en el Sant√≠simo Sacramento.

He mantenido ambas decisiones en el curso de mi sacerdocio. La Hora Santa se origin√≥ en una pr√°ctica que desarroll√© un a√Īo antes de ser ordenado. La capilla grande del Seminario de San Pablo cerraba a las seis de la tarde; todav√≠a hab√≠a capillas privadas disponibles para devociones privadas y oraciones nocturnas. Esa tarde en particular, durante el recreo, camin√© durante casi una hora, de un lado a otro, por la parte de afuera de la capilla mayor. Un pensamiento me surgi√≥ ¬Ė¬ŅPor qu√© no hacer una Hora Santa de adoraci√≥n en presencia del Sant√≠simo Sacramento?- Empec√© al d√≠a siguiente, hoy la pr√°ctica ya lleva m√°s de sesenta a√Īos.

Expondré brevemente algunas razones por las que he mantenido esta práctica, y por lo que la he fomentado en los demás.

Primero, la Hora Santa no es una devoci√≥n; es una participaci√≥n en la obra de la Redenci√≥n. En el Evangelio de san Juan, Nuestro Sant√≠simo Se√Īor us√≥ las palabras ¬īhora¬ī y ¬īd√≠a¬ī en dos connotaciones totalmente diferentes. ¬īD√≠a¬ī pertenece a Dios; la ¬īhora¬ī pertenece al maligno. Siete veces en el Evangelio de san Juan, se usa la palabra ¬īhora¬ī, y en cada instancia se refiere al demonio, y a los momentos en los que Cristo ya no est√° en las Manos del Padre, sino en las manos de los hombres. En el huerto de Getseman√≠, Nuestro Se√Īor contrast√≥ dos ¬īhoras¬ī ¬Ėuna era la hora del mal ¬īesta es vuestra hora¬ī¬Ė con la que Judas pudo apagar las luces del mundo. En contraste, Nuestro Se√Īor pregunt√≥: ¬ī¬ŅNo pueden velar una hora Conmigo?¬ī En otras palabras, √Čl pidi√≥ una hora de reparaci√≥n para combatir la hora del mal; una hora de uni√≥n v√≠ctima con la Cruz para sobreponernos al anti-amor del pecado.

En segundo lugar, la √ļnica vez que Nuestro Se√Īor les pidi√≥ algo a sus Ap√≥stoles, fue la noche de su agon√≠a. No se lo pidi√≥ a todos... tal vez porque sab√≠a que no pod√≠a contar con su fidelidad. Pero al menos esperaba que tres le fueran fieles, Pedro, Santiago y Juan. Desde ese momento, y muy seguido en la historia de la Iglesia, el mal est√° despierto, pero los disc√≠pulos est√°n durmiendo. Es por eso que de Su angustiado y solitario Coraz√≥n sali√≥ el suspiro:

¬ī¬ŅNo pueden velar tan solo una hora Conmigo?¬ī.

El no rogaba por una hora de actividad, sino por una hora de compa√Ī√≠a.

La tercera raz√≥n por la que mantengo la Hora Santa es para crecer m√°s y m√°s a semejanza de √Čl. Como lo plantea san Pablo: ¬īNos transformamos en aquello en lo que fijamos nuestra mirada¬ī. Al contemplar el atardecer, la cara toma un resplandor dorado. Al contemplar al Se√Īor Eucar√≠stico una hora, transforma el coraz√≥n de un modo misterioso, as√≠ como el rostro de Mois√©s se transform√≥ luego de Su compa√Ī√≠a con Dios en la monta√Īa. Nos pasa algo parecido a lo que les pas√≥ a los disc√≠pulos de Emaus, el domingo de Pascua por la tarde, cuando el Se√Īor los encontr√≥. √Čl les pregunt√≥ por qu√© estaban tan tristes, y despu√©s de pasar alg√ļn tiempo en Su presencia, y o√≠r nuevamente el secreto de la espiritualidad ¬Ė¬īEl Hijo del Hombre debe sufrir para entrar en Su Gloria¬ī¬Ė el tiempo de estar con √Čl termin√≥, y sus ¬īcorazones ard√≠an¬ī.

La Hora Santa. ¬ŅEs dif√≠cil? Algunas veces parecer√≠a ser dif√≠cil; podr√≠a significar tener que sacrificar un compromiso social, o levantarse una hora m√°s temprano, pero en el fondo nunca ha sido una carga, s√≥lo una alegr√≠a. No quiero decir que todas las Horas Santas hayan sido edificantes como, por ejemplo, aquella en la Iglesia de San Roch en Par√≠s. Entr√© en la Iglesia alrededor de las tres de la tarde, sabiendo que ten√≠a que tomar un tren a Lourdes dos horas m√°s tarde. S√≥lo hay unos diez d√≠as al a√Īo en los que puedo dormir durante el d√≠a; y este era uno de esos. Me arrodill√©, y rec√© una oraci√≥n de adoraci√≥n, y luego me sent√© a meditar e inmediatamente me qued√© dormido. Al despertar le dije al Buen Se√Īor:¬ī¬ŅHabr√© hecho una Hora Santa?¬ī Pens√© que Su √°ngel me dec√≠a: ¬īBueno, esa es la forma en la que los Ap√≥stoles hicieron su primera Hora Santa en el huerto de Getseman√≠, pero no lo hagas otra vez¬ī.

Una Hora Santa dif√≠cil que recuerdo fue cuando tom√© un tren de Jerusal√©n a El Cairo. El tren parti√≥ a las cuatro de la ma√Īana; eso signific√≥ levantarse muy temprano. En otra ocasi√≥n en Chicago, una tarde a las siete, le ped√≠ permiso al p√°rroco para entrar a su iglesia para hacer una Hora Santa, ya que la iglesia estaba cerrada. M√°s tarde √©l se olvid√≥ de que me hab√≠a dejado entrar, y me pas√© alrededor de dos horas tratando de encontrar una manera de escapar. Finalmente salt√© por una peque√Īa ventana y aterric√© en la carbonera. Esto asust√≥ al casero, que vino en mi auxilio.

Al principio de mi sacerdocio hac√≠a la Hora Santa durante el d√≠a o a la tarde. Al acumularse los a√Īos, me volv√≠ m√°s ocupado, y hac√≠a la Hora temprano a la ma√Īana, generalmente antes de la Santa Misa. Los sacerdotes, como todas las personas, se dividen en dos clases: gallos y b√ļhos. Algunos trabajan mejor por la ma√Īana, otros durante la noche.

El objetivo de la Hora Santa es fomentar un encuentro personal y profundo con Jesucristo. El santo y glorioso Dios nos invita constantemente a acercarnos a √Čl, conversar con √Čl, para pedirle las cosas que necesitamos y para experimentar la bendici√≥n de la amistad con √Čl. Cuando reci√©n nos ordenamos, es f√°cil darnos por entero a Cristo, porque el Se√Īor nos llena entonces de dulzura, de la misma manera en que una madre le da un caramelo a su bebe para animar su primer paso. El entusiasmo, sin embargo, no dura mucho; r√°pidamente aprendemos el costo del apostolado, que significa dejar redes y barcos, y contar mesas. La luna de miel termina pronto, como tambi√©n el engreimiento de o√≠r por primera vez aquel estimulante t√≠tulo de ¬īPadre¬ī.

El amor sensible o amor humano disminuye con el tiempo, pero el Amor Divino no. El primero concierne al cuerpo, que responde cada vez menos a los est√≠mulos, pero en el orden de la gracia, la respuesta de lo Divino, a lo peque√Īo, los actos humanos de amor se intensifican.

Ni el conocimiento teol√≥gico, ni la acci√≥n social sola, son suficientes para mantenernos en amor con Jesucristo, a menos que ambos est√©n precedidos por un encuentro personal con √Čl.

Mois√©s vio la zarza ardiendo en el desierto que no se alimentaba de ning√ļn combustible. La llama, sin alimentarse de nada visible, continuaba existiendo sin destruir la madera. Una dedicaci√≥n tan personal a Cristo no deforma ninguno de nuestros dones naturales, disposiciones o car√°cter; s√≥lo renueva sin matar. Como la madera se transforma en fuego, y el fuego perdura, as√≠ nos transformamos en Cristo y Cristo perdura.

He descubierto que lleva alg√ļn tiempo enfervorizarse rezando. Esta ha sido una de las ventajas de la Hora diaria. No es tan corta como para no permitir al alma abismarse, y sacudirse las m√ļltiples distracciones del mundo. Sentarse ante Su Presencia es como exponer el cuerpo al sol para absorber sus rayos. El silencio en la Hora es como un t√™te-√†-t√™te con el Se√Īor. En esos momentos, uno no saca tanto oraciones escritas, sino que escucha m√°s. No decimos: ¬īOye, Se√Īor, porque Tu siervo habla¬ī, sino ¬īHabla, Se√Īor, que Tu siervo escucha¬ī.

He buscado muchas veces una manera de explicar el hecho de que nosotros los sacerdotes debemos conocer m√°s a Jesucristo, que m√°s sobre Jesucristo. Muchas traducciones de la Biblia usan la palabra ¬īconocer¬ī para indicar la uni√≥n carnal de dos-en-uno. Por ejemplo:¬īSalom√≥n no la conoc√≠a¬ī, lo que significaba que no hab√≠a tenido relaciones carnales con ella. La Santa Madre le dijo al √Āngel en la Anunciaci√≥n:¬īNo conozco ning√ļn hombre.¬ī San Pablo exhorta a los maridos a poseer a sus mujeres en ¬īconocimiento¬ī. La palabra ¬īconocer¬ī aqu√≠ indica unidad carnal de dos-en-uno. La cercan√≠a de esa identidad proviene de la cercan√≠a de la mente con cualquier objeto que conozca. Ning√ļn cuchillo podr√≠a separar mi mente de la idea que ella tiene de una manzana. La uni√≥n ext√°tica de marido y mujer descrita como ¬īconocimiento¬ī debe ser el fundamento de ese Amor por el cual el sacerdote ama a Cristo.

Intimidad es... apertura sin reservas, que no guarda ning√ļn secreto, y revela el coraz√≥n abierto a Cristo. Demasiadas veces los amigos son s√≥lo ¬ďdos barcos que pasan en la noche¬Ē. El amor carnal, a pesar de que parece √≠ntimo, a menudo puede ser un intercambio de ego√≠smos. El ego se proyecta en la otra persona, y lo que se ama no es la otra persona, sino el placer que la otra persona brinda. He notado a lo largo de mi vida que cuando yo retroced√≠a ante las demandas que el encuentro me hab√≠a impuesto, me volv√≠a m√°s ocupado, y m√°s preocupado con actividades. Esto me daba una excusa para decir: ¬īNo tengo tiempo¬ī, como un marido que puede absorberse en el trabajo, y olvidarse del amor de su mujer.

Es imposible para m√≠ explicar lo √ļtil que fue la Hora Santa para preservar mi vocaci√≥n. La Escritura brinda una considerable evidencia para probar que un sacerdote comienza a fallar en su sacerdocio cuando falla en el amor a la Eucarist√≠a. Demasiado seguido se asume que Judas cay√≥ porque amaba el dinero. La avaricia es rara vez el principio del error, y la ca√≠da de un embajador. La historia de la Iglesia prueba que hay muchos con dinero que se han quedado en ella. El principio de la ca√≠da de Judas, y el fin de Judas, ambos giran en torno a la Eucarist√≠a. La primera vez que se menciona que Nuestro Se√Īor sab√≠a qui√©n era el que lo iba a traicionar, es al final del cap√≠tulo seis de san Juan, que es la anunciaci√≥n de la Eucarist√≠a. La ca√≠da de Judas lleg√≥ la noche que Nuestro Se√Īor instituy√≥ la Eucarist√≠a, la noche de la Ultima Cena.

La Eucarist√≠a es tan esencial para nuestra uni√≥n con Cristo, que ni bien Nuestro Se√Īor la anunci√≥ en el Evangelio, comenz√≥ a ser la prueba de fidelidad de Sus seguidores. Primero, perdi√≥ las masas, porque era muy duro en sus palabras, y ya no lo siguieron. En segundo lugar, perdi√≥ algunos de sus disc√≠pulos: ¬īEllos ya no caminaron m√°s con √Čl¬ī. Tercero, dividi√≥ su grupo de ap√≥stoles, ya que aqu√≠, Judas es anunciado como el traidor.

Por lo tanto, la Hora Santa, m√°s all√° de sus beneficios espirituales, previno mis pies de deambular muy lejos. Estar atado a un Sagrario, la propia soga no es tan larga para encontrar otras pasturas. Esa tenue l√°mpara del tabern√°culo, aunque p√°lida y difusa, tiene una misteriosa luminosidad para oscurecer el brillo de ¬īlas luces brillantes¬ī. La Hora Santa se volvi√≥ como un tanque de ox√≠geno para revivir el soplo del Esp√≠ritu Santo en el medio de la sucia y hedionda atm√≥sfera del mundo. A√ļn cuando parec√≠a tan poco provechoso, y carente de intimidad espiritual, todav√≠a ten√≠a la sensaci√≥n de ser al menos como un perro en la puerta de su amo, listo en caso de que me llamase.

La Hora, también, se volvió un magisterio, y una maestra, ya que aunque antes de amar a alguien debemos conocer a esa persona, sin embargo, después sabemos, que es el Amor el que aumenta el conocimiento. Las convicciones teológicas no sólo se obtienen de las dos coberturas de un libro formal, sino de dos rodillas sobre un reclinatorio ante un Sagrario.

Finalmente, haciendo una Hora Santa cada día constituía para mí un área de la vida en la que podía predicar lo que practicaba. Muy pocas veces en mi vida prediqué ayunar en una manera muy rigurosa, ya que siempre el ayuno me pareció extremadamente difícil; pero podía pedirle a otros que hagan la Hora Santa, porque yo lo hacía.

Algunas veces me hubiera gustado haber llevado un registro de las miles de cartas que he recibido de sacerdotes y laicos cont√°ndome c√≥mo hab√≠a sido la pr√°ctica de la Hora Santa. Cada retiro para sacerdotes que predicaba ten√≠a la Hora Santa como resoluci√≥n pr√°ctica. Demasiadas veces los retiros son como las conferencias sobre salud. Hay un acuerdo general sobre la necesidad de salud, pero falta una recomendaci√≥n espec√≠fica sobre c√≥mo ser saludable. La Hora Santa se transform√≥ en un desaf√≠o para los sacerdotes del retiro, y despu√©s cuando los videos de mis retiros estaban disponibles para los laicos, era edificante leer sobre los que respond√≠an a la gracia, cumpliendo una hora diaria frente al Se√Īor. Un monse√Īor, por debilidad ante el alcohol, y el consecuente esc√°ndalo, se le ordena dejar su parroquia, y fue puesto a prueba en otra di√≥cesis, de donde vino a mi retiro. Respondiendo a la Gracia de Dios, dej√≥ el alcohol, fue restituido efectivamente en su sacerdocio, sigui√≥ haciendo la Hora Santa todos los d√≠as, y muri√≥ en Presencia del Sant√≠simo Sacramento.

Como ejemplo de la gran amplitud de efectos de la Hora Santa, una vez recib√≠ una carta de un sacerdote en Inglaterra que dec√≠a, son sus propias palabras:¬ďDej√© el sacerdocio, y ca√≠ en un estado de degradaci√≥n.¬Ē Un sacerdote amigo lo invit√≥ a o√≠r el cassette sobre la Hora Santa de un retiro que hab√≠a predicado. Respondiendo a la Gracia, fue restituido nuevamente al sacerdocio, y se le confi√≥ el cuidado de una parroquia. La Divina Misericordia produjo en √©l, un cambio, y recib√≠ esta carta:

¬īLa semana pasada tuvimos nuestra Solemne Exposici√≥n anual del Sant√≠simo Sacramento. Anim√© a bastantes personas a venir y velar todo el d√≠a, y todos los d√≠as, y as√≠ no ten√≠amos que reservar el Sant√≠simo Sacramento por la falta de personas para velar. La ultima tarde,organic√© una procesi√≥n con los Primeros Comulgantes, tirando p√©talos de rosas delante del Se√Īor. Los hombres de la parroquia formaron una Guardia de Honor. El resultado fue sorprendente: hab√≠a m√°s de 250 personas presentes para la procesi√≥n fina, y la Hora Santa. Estoy convencido de que nuestra gente est√° buscando muchas de las viejas devociones que muchas de las parroquias han sacado, y esto pasa porque nosotros los sacerdotes no podemos ser molestados con incomodidades. El a√Īo que viene espero que la Exposici√≥n Solemne sea aun con m√°s cantidad de gente ya que ahora se est√° conociendo la noticia. El √ļltimo par de semanas he empezado un grupo de estudio de la Biblia; esto es para animar a nuestra gente a leer la Palabra de Dios. Comienzo con la lectura de las Escrituras que meditamos esa tarde; luego tenemos una breve exposici√≥n del Sant√≠simo Sacramento, y meditaci√≥n hasta el momento de la Bendici√≥n. He empezado tambi√©n a recorrer las calles alrededor de la parroquia, y rezo Misa cada semana en una casa de cada cuadra, e invito a toda la gente de esa calle a venir y participar. La respuesta ha sido bastante buena, teniendo en cuenta que reci√©n empiezo. No me quiero convertir en un sacerdote activista, as√≠ que me levanto temprano hago mi Hora Santa. Aun tengo mis problemas personales para controlar, pero he tomado coraje de sus palabras: ¬ītendr√°s que combatir muchas batallas, pero no te preocupes porque al final ganar√°s la guerra ante el Sant√≠simo Sacramento ¬ī

Muchos laicos que han leído los libros u oído los casettes, también están haciendo la Hora Santa.

Otro de los frutos de la Hora Santa es la sensibilidad a la Presencia Eucar√≠stica de Nuestro Divino Se√Īor. Me acuerdo de haber le√≠do en Lacordaire, el famoso orador de la Catedral de Notre Dame en Par√≠s: ¬īdame un joven que pueda atesorar por d√≠as, semanas y a√Īos, el regalo de una rosa, o el apret√≥n de la mano de un amigo¬ī.

Viendo al principio de mi sacerdocio que cuando la sensibilidad y la delicadeza se pierden, los matrimonios se destruyen y los amigos se separan, tome varias medidas para conservar esa responsabilidad. Reci√©n ordenado, y como estudiante en la Universidad Cat√≥lica de Washington, nunca entraba a clase, sin antes subir la escalera hasta la capilla en Caldwell Hall para hacer un peque√Īo acto de amor a Nuestro Se√Īor en el Sant√≠simo Sacramento. Mas tarde en la Universidad de Louvain en B√©lgica, entraba a visitar a Nuestro Sant√≠simo Se√Īor en cada una de las iglesias por las que pasaba para llegar a clase. Cuando segu√≠ el trabajo de graduaci√≥n en Roma, y fui a la Angelicum y Gregoriana, visitaba cada iglesia en el camino desde la zona del Trastevere donde viv√≠a. Esto no es nada f√°cil en Roma, porque hay iglesias en casi todas las esquinas. Fred Allen dijo una vez que Roma tiene una iglesia en una esquina, para que se pueda rezar antes de cruzar la calle, y la iglesia en la otra esquina, para agradecer a Dios de haberlo logrado.

Tiempo despu√©s como profesor en la Universidad Cat√≥lica en Washington, arregl√© para poner una capilla al frente de mi casa. Esto es para que siempre pudiera, antes y despu√©s de salir, ver la l√°mpara del Sagrario como una se√Īal para ir a adorar el Coraz√≥n de Jesucristo por lo menos por unos pocos segundos. He tratado de ser fiel a esta practica durante toda mi vida, y aun ahora, en el departamento en New York donde vivo, la capilla est√° entre mi estudio y mi dormitorio. Esto quiere decir que no me puedo mover de un √°rea, de mi peque√Īo departamento, a la otra sin al menos una genuflexi√≥n, y una peque√Īa jaculatoria a nuestro Se√Īor en el Sant√≠simo Sacramento.

Arzobispo Fulton J. Sheen

Autor: Fulton J. Sheen | Fuente: TREASURE IN CLAY

La hora que da sentido a mi día

Cap. XII de la Autobiografía TREASURE IN CLAY del Arzobispo Fulton J. Sheen, apóstol de la Hora Santa ante el Santísimo Sacramento

[ 22-05-2014 ]

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