Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


CONCLUYÓ EXITOSAMENTE EL QUINTO ENCUENTRO DE LA ADORACIÓN EUCARÍSTICA PERPETUA DE ESPAÑA

MUCHOS SON LOS FRUTOS ESPERADOS.

El V Encuentro de la Adoración Eucarística Perpetua, “Al nombre de Jesucristo toda rodilla se doble”, se desarrolló en El Escorial con la participación de dos Arzobispos, uno de ellos Cardenal y de tres obispos. En efecto, participaron el Señor Cardenal Don Antonio Cañizares, Arzobispo de Valencia, quien abrió el congreso con su conferencia el día 5 de febrero, y los señores obispos D. Demetrio Fernández, D. Francisco Cerro, D. José Ignacio Munilla. También habló el organizador del encuentro, el sacerdote P. Justo Antonio Lofeudo Misionero de la Santísima Eucaristía. El cierre fue con la Santa Misa del 8 de febrero presidida por Don Carlos Osoro, Arzobispo de Madrid.

A continuación algunos apuntes de las intervenciones.

Del Cardenal Antonio Cañizares:

El misterio eucarístico fue profundizado por el Magisterio post-conciliar, donde se muestra la relación evangelización-Eucaristía, y adoración-Eucaristía.

El núcleo de la Eucaristía es la verdadera adoración a Dios, para que Dios ocupe el primer lugar. La Santa Misa es la mayor adoración de la Iglesia y en la adoración fuera de la Misa se prolonga e intensifica, se hace profunda la acogida.

El Concilio Vaticano II llamó a la participación activa y fructuosa de la celebración. La Eucaristía es el Hijo de Dios que viene a nuestro encuentro. Es Él que se ofrece al Padre en obediencia total. Esto acontece en la Eucaristía. Obediencia es adoración, es postrarse y reconocer que Él es Dios.

En la celebración hay un mandato, el de la consagración “Haced esto en memoria mía”, es amarnos con su amor.

Se debe vivir la Santa Misa como adoración. Adoración es hacer lo que le agrada a Dios, es aceptarlo y hacer su voluntad.

La adoración no es un acto de piedad más, es la ofrenda total al Padre. La adoración es un acto de la Iglesia, no individual. Comulgar es adorar al que recibimos.

Es necesaria una catequesis de la adoración eucarística. Para el Papa Benedicto XVI las tres prioridades eran Eucaristía y adoración; los sacerdotes, y la familia.

Es Dios quien lleva este movimiento de adoración eucarística en toda la Iglesia. La Eucaristía es el corazón palpitante de la Iglesia. No hay Iglesia sin Eucaristía. No hay Iglesia sin adoración. No hay Eucaristía sin adoración.

Tenemos el apremio de evangelizar, de llamar a los que están lejos y esto no es posible si no adoramos. Dios nos está diciendo que éste, el de la adoración, es el camino.

La adoración eucarística es una dinamización (para no confundirla con un movimiento) que debe llevarnos a participar y a vivir la Eucaristía en nuestra vida.

De Monseñor Demetrio Fernández: La adoración es un momento de comunión eclesial.

(El tema llevaba el nombre “Se entregó por nosotros”, por eso se pregunta ¿Quién entrega a Jesús?) La primera respuesta es: Dios Padre, por amor al Hijo. Luego, Cristo se entrega a sí mismo. Es la entrega esponsal por la Iglesia (Cf. Ef 5)

Fruto del amor es la entrega. Me amó y se entregó por mí. Jesucristo me conoció en su existencia terrena. Me amó personalmente y se entregó por mí.

Su entrega, como lo muestra el Evangelio de san Juan, fue enteramente libre y soberana. En la Eucaristía está en la actitud de entregarse, de dárseme. “…este es mi Cuerpo que será entregado por vosotros”. Él se entrega, se ofrece al Padre en sacrificio redentor y en esta entrega interviene el Espíritu Santo porque es movido por el Espíritu Santo. Desde la Eucaristía, a su vez, Jesucristo nos entrega el Espíritu Santo, el fuego de su Espíritu que consume el sacrificio como consumió el sacrificio de Elías en el Carmelo. En la cruz Jesús exhala el espíritu, efunde el Espíritu Santo. Es un pequeño Pentecostés para María y para Juan. En la entrega de Jesucristo está en el fondo el Padre y el amor del Espíritu Santo, que es el motor de la entrega.

Por fin, hay otra entrega, la de Judas y con él todos los pecadores. El mismo Señor lo había anunciado, que había uno que lo entregaría. Por tanto la entrega tiene mucha trama donde está encerrado todo el misterio de la redención.

San Agustín decía que el Padre lo entregó por amor, el Hijo se entregó por amor y nosotros lo entregamos por egoísmo.

En la Eucaristía, fuente donde se nos comunica el amor, se produce el choque frontal entre el amor y nuestro pecado.

En la Eucaristía está presente el sacrificio redentor y la cruz de Cristo es la máxima expresión del amor. Jesucristo, en su corazón, es capaz de reciclar todos los egoísmos, todo el mal, el rechazo. En la Eucaristía donde se produce el choque frontal no se resuelve en contra nuestro sino que a nuestro favor, con ese amor que se llama misericordia (Dives in Misericordia).

En la Plegaria Eucarística III se dice “que Él nos transforme en ofrenda permanente”. Nuestra vida está hecha para que sea entregada, con Jesucristo al Padre en favor de todos los hombres.

La Adoración Perpetua es un grandísimo servicio que se da a la Iglesia y a la sociedad. Es signo elocuente de la Presencia de Cristo vivo en medio de su pueblo y también de fe y de amor que se le profesa al Señor. En la Eucaristía confluimos todos, en esa adoración sin prisa.

Respondió a preguntas sobre los conceptos de sacrificio expiatorio, sacrificio propiciatorio y sacrificio vicario.

De Monseñor Francisco Cerro: En la Eucaristía el Señor nos está diciendo “Os quiero tanto que me quedo con vosotros para siempre”.

Recordó las tres realidades y dimensiones de la Eucaristía como sacramento-sacrificio; sacramento-comunión, y sacramento-presencia.

En el Evangelio joánico se presenta la Eucaristía como don del Padre (Cf. Jn 3); como verdadero maná, sustento para nuestra vida, y cono la Vida.

Es experiencia comprobada que en las congregaciones donde hay adoración hay vocaciones, hay vida. Como decía el Beato Obispo Don Manuel González “en la sequía donde se ve agua hay vida, igualmente donde hay Eucaristía hay vida”.

La adoración eucarística es aquello de santa Teresa de Jesús: mirar como Él te mira.

Todos los santos fueron enamorados de la Eucaristía. A la adoración eucarística se la potencia primero con la escucha atenta de la Palabra en la celebración. Con ese ardor del corazón por la Palabra que lleva a reconocerle en la Eucaristía (Cf Lc 24 de los discípulos de Emaus); luego por los momentos de silencio en la Misa. Se deben cuidar esos momentos ya que la adoración silenciosa es la mejor forma de adoración.

Charles de Foucauld le decía al Señor que muchas veces estaba como tronco seco pero sabía que en el cielo no iba a desaparecer el amor con el que lo adoramos. “Señor, vengo a hacerte feliz a ti en esta hora. Tú me harás feliz en toda la eternidad. Tu felicidad, Jesús, me basta”.

A veces la mayor presencia de Dios es cuando aparenta estar ausente. A adorar se aprende adorando. La Eucaristía es ver a Jesús en fe.

Para ser amigos fuertes de Dios la comunión con Jesús vivo y la adoración, y “con tan buen amigo todo se puede padecer”.

De Monseñor José Ignacio Munilla: Recordó las etimología de adoración en latín (adoratio) y en griego (proskinesis). La primera se refiere a la boca, al beso, por extensión al abrazo. El término griego alude a la actitud corporal de la postración, a la sujeción, a la sumisión a la Majestad de Dios. De estas etimologías complementarias concluyó que adorar es someterse al amor de Dios.

“Nos conmueve que el Dios infinitamente superior nos ame con ternura, y se deje abrazar. La Encarnación es un beso de Dios a la humanidad, y cuando lo adoramos, le devolvemos ese beso”.

También rememoró las capillas de su anterior diócesis de Palencia y la actual de San Sebastián cuando dijo: “Lo mejor que el Señor me ha permitido hacer ha sido poner en marcha capillas de Adoración perpetua en Palencia y San Sebastián. Todo proyecto necesita un corazón, y las siento como el corazón de la diócesis”.

De Monseñor Carlos Osoro: En su homilía, al concluir las jornadas del Encuentro- “La Adoración perpetua no es un invento nuestro, es una necesidad imperativa, desde el momento en que el Señor nos dijo que se quedaba con nosotros. Es tener abiertas capillas donde Él permanece 24 horas al día y abre la puerta para que entre quien sea y se encuentre con Él. Jesús se acerca a nosotros cuando lo contemplamos; y se acerca a los demás cuando como fruto de esa contemplación, nosotros les acercamos su rostro”.

Del Padre Justo Antonio Lofeudo: Jesucristo es el modelo orante y también el gran modelo de adoración perpetua. Él estuvo en unión constante con el Padre, con momentos especiales, como cuando se apartaba y pasaba la noche entera en oración y adoración.

En la adoración, sobre todo en la perpetua, el silencio es fundamental. La adoración, en la que se custodia el silencio, nos lleva al diálogo íntimo con el Señor y a la escucha, o sea a percibir en el espíritu las inspiraciones y las mociones que vienen de Dios. Hay una Presencia, la divina, que le habla a nuestro silencio.

Quien, en la Adoración perpetua, se compromete con una hora de adoración asegura en esa hora que el Señor no quede solo y por tanto que la puerta de la capilla esté abierta, quitando así la barrera que supone las puertas cerradas para dejarlas abiertas para que quien está lejos y es llamado, pueda encontrarse con el Señor.

San Pedro Julián Eymard, el santo de la Adoración perpetua, decía: “Dichosa el alma que sabe encontrar a Jesús en la Eucaristía y en la Eucaristía a todas las cosas”

[ 13-02-2015 ]

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