Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


HOMILÍA PRONUNCIADA POR MONS. DEMETRIO FERNÁNDEZ, OBISPO DE CÓRDOBA, EN LA INAUGURACIÓN DE LA CAPILLA DE ADORACIÓN PERPETUA

Fue el Domingo 12 de abril pasado en ocasión de la apertura de la Adoración Perpetua en la ciudad de Córdoba, en la Misa solemne en la iglesia de las santas Margaritas. A la Santa Misa siguió la procesión solemne hasta el lugar de la entronización del Santísimo en la Capilla de la Divina Misericordia, de la Iglesia parroquial Nuestra Señora de Consolación. A continuación la homilía.

“En este Domingo de la Divina Misericordia el Señor nos concede un regalo especial, una señal como es la Adoración Eucarística Perpetua en la parroquia de la Consolación. El párroco Don Joaquín desde hace años rogaba al Señor que le concediese este regalo. Regalo para este lugar, para la ciudad de Córdoba, para toda la diócesis y Dios se lo concedió. Es por lo tanto un momento de gozo, darle gracias a Dios por este regalo en el Domingo de la Divina Misericordia. Es que Dios está dispuesto a darnos más de lo que le pedimos. La Adoración Eucarística Perpetua ha dado muchos frutos por todo el mundo. A Jesucristo lo tenemos presente en la Misa, en los sagrarios; en algunas parroquias hay algunas horas a la semana de adoración. Sí, no es una novedad. Cristo está en su Iglesia desde hace dos mil años. ¿En qué consiste la novedad? En que los seglares (¡Este es el tiempo de los laicos!) se organizan para que pueda haber adoración las 24 horas del día y los 365 días del año: Adoración Eucarística Perpetua. Y no se trata de batir un record. De esa manera, a Cristo le damos la posibilidad de hacernos entender que Él está siempre, día y noche, todos los días del año, siempre, en medio de nosotros y a esa presencia suya corporal ha de corresponder la nuestra, también corporal. Esta es la adoración eucarística a Cristo sacramentado. Por eso, yo también estoy muy contento que hoy comience esta adoración que ha de traer muchos frutos para la diócesis, para la ciudad y para la Iglesia Universal. Cada una de estas capillas que hay por el mundo está trayendo gracias abundantes para toda la Iglesia, en el mundo entero.

Dice el Evangelio que Tomás no estaba. Le otros, que sí habían estado cuando apareció el Señor Resucitado, le contaron la maravillosa experiencia pero él no creyó. Tomás es patrono de todos aquellos que tienen dificultad en el camino de la fe. “Si no lo veo no lo creo”. Y vino Jesús en el domingo siguiente. (¿Qué tendrá el domingo? Es el encuentro con Jesús Resucitado en la Eucaristía dominical). A los ocho días vino Jesús de nuevo y Tomás sí que estaba, estaba en la comunidad. Y Jesús no lo regañó. Le dijo: “Ven. Mira mis manos, mira mis costado”. Tomás se postró diciendo “¡Señor mío y Dios mío! Ahí comenzó la adoración. La adoración comienza cuando por la fe descubrimos que Jesucristo está presente. No es una cosa, no es un rito, no es un acto religioso, es la presencia viva del Resucitado, con la cual se encontraron los apóstoles, con la cual se encontró Tomás y lo adoró. Nosotros nos encontramos con Jesús Resucitado y por eso hemos organizado esta Adoración Eucarística Perpetua, para que sea una fuente de adoración para toda la ciudad, para todas las personas que quieran pasar y hacer la experiencia de Tomás y de los apóstoles. Hay que agradecerle al Padre Justo su predicación, su organización, cómo él la ha puesto en marcha en conexión con Don Joaquín. No es una simple organización logística; es suscitar, es alimentar, es poner en marcha una capilla y varios centenares de adoradores. Dios se lo pague, Padre Justo porque lo viene haciendo por el mundo entero. ¿Cuándo nos tocará a Córdoba?, nos preguntaba Don Joaquín. Debemos seguir insistiendo. Pudo venir y por fin hoy podemos inaugurar esta gracia de Dios para esta diócesis. Le he oído contar que en todas las capillas del mundo se producen gracias muy abundantes, en todos las que acuden a la adoración en su cita semanal, pero también en otros por los que interceden los adoradores han alcanzado gracias para su propia vida, paz, perdón. Han encontrado el sentido de la vida. También nosotros podremos decirles a otros “Ven y verás qué alegría es estar con Jesucristo Resucitado en la Eucaristía”. Encontraremos resistencias como la de Tomás. “Yo no creo, yo paso de eso. Tú que eres beato, devoto, pero yo…” Encontraremos a gente que invitándoles nos digan esta respuesta. Y ha habido casos que incluso sin fe han dicho: “Pues voy, te acompaño”. Jesús les ha descubierto sus llagas, su presencia, su paz, su alegría. Jesús está en la Eucaristía para eso, para hacernos partícipes de su alegría, de su gozo en el Cielo. ¡La Eucaristía! Les damos por eso gracias al Señor. Se hace compañero de camino, se hace alimento. En la comunión se hace presencia para llenar de paz nuestro corazón y desde ahí transforma el mundo entero. Hemos escuchado en la primera lectura cómo aquella comunidad no tenía nada propio sino que lo tenía todo en común y cómo no pasaban necesidad porque se ayudaban unos a otros. Y, ¿de dónde les venía esa fuerza? De la Eucaristía. De la Eucaristía celebrada el primer domingo del año cuando Cristo se aparece a los discípulos de Emaús y se descubre en la fracción del pan, en la Eucaristía. La Eucaristía celebrada desde entonces hasta el día de hoy será fuente de alegría, de paz, de perdón para todos los que nos acercamos hasta Jesucristo. De ahí vendrá la caridad fraterna y de ahí vendrá la fortaleza. “Esta es la victoria que vencerá al mundo, nuestra fe”, nos ha dicho la segunda lectura. Pues con esta fe, queridos hermanos, vamos a celebrar la Eucaristía. Hoy estamos aquí, como Tomás hemos venido a los ocho días que celebramos la Resurrección del Señor (el domingo pasado) y hoy estamos aquí. Y Jesús nos dice a cada uno de nosotros “Yo estoy contigo todos los días hasta el fin del mundo”. Es una prueba y una señal de su infinita misericordia. Yo no tengo palabras para agradecerle al Señor que está tan cercano, tan cariñoso, por esta Adoración Eucarística Perpetua en la parroquia de la Consolación. Adoremos a Cristo Sacramentado y Él nos traerá toda clase de bienes. Le pediremos a María Santísima que nos dé todas esas actitudes con las que Ella adoraba a su Hijo y a las que ahora en el Cielo adora a su Señor que es fruto de sus entrañas.

María, Mujer Eucarística, danos las actitudes de adoración para que podamos reconocer a tu Hijo Jesús en el Santísimo Sacramento del altar.

[ 20-04-2015 ]

Volver