Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


VII ANIVERSARIO DE LA ADORACIÓN PERPETUA EN TORRIJOS

El 16 de abril pasado se cumplieron siete años de adoración ininterrumpida al Señor en el Santísimo Sacramento en la ciudad de Torrijos, la ciudad de Doña Teresa Enriquez de Alvarado, dama de la nobleza castellana, devotísima del Santísimo Sacramento, fundadora de la Hermandad del Santísimo Sacramento de Torrijos. A continuación la homilía del párroco Don Federico Vega Ramos.

VII ANIVERSARIO DE LA ADORACIÓN PERPETUA EN TORRIJOS

Dios nos ha concedido llegar a esta fecha que marca una meta y un comienzo. La meta de haber alcanzado siete años de presencia ininterrumpida ante Jesús Sacramentado. Y el comienzo de una nueva etapa que -Dios lo quiera- sea decisiva para la santificación de cada uno de los adoradores y de nuestra Parroquia.

Siete años con sus días y sus noches, de adoración. Para reconocer la soberanía de Dios, su omnipotencia, su infinitud, su grandeza, su eternidad. Adorar es la actitud más adecuada del hombre para con Dios, reconociendo con ella dos cosas: que Él lo es TODO y que nosotros no somos nada.

Siete años con sus días y sus noches, manifestando nuestra fe en este Misterio, en este Sacramento en el que Cristo quiso perpetuar su Presencia hasta el fin de los siglos.

Hoy, cuando son tantos, al menos en nuestro mundo occidental paganizado, los que naufragan en la increencia, dominados o fascinados por las conquistas de la ciencia y de la técnica y ebrios de placeres materiales; en este mundo en el que tantos, en aras de una libertad ilimitada, se cierran a cualquier muestra de trascendencia divina; en este mundo que se ufana de no tener otro cauce para conocer que el puro racionalismo… aquí, junto a Él, hemos puesto de relieve lo que más nos dignifica, la bienaventuranza del Maestro Sacramentado: ”Bienaventurados los que creen sin haber visto”.

Siete años con sus días y sus noches, para responder a la invitación, siempre actual y siempre apremiante de Cristo: “Venid a Mí los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré”. ¡Qué bien constatamos, junto a Él, la gran verdad de esas palabras! Cuando nuestras plazas y nuestras calles, cuando nuestros lugares de esparcimiento, cuando, incluso nuestros hogares, rezuman el hastío y la desilusión, el aburrimiento y la falta de esperanza… aquí, junto a Él, constatamos sí, que no es posible ni el vacío ni la nostalgia, sino la más cálida, sólida y profunda alegría del corazón.

Siete años con sus días y sus noches de diálogo amoroso, de oración humilde y confiada, en la doble dirección de escucharle y hablarle, abriendo nuestros oídos y nuestros labios al único que tiene palabras de vida eterna y se nos comunica con sonora claridad desde el mutismo silencioso de la custodia, haciéndonos experimentar su gratificante escucha. “Mis ovejas conocen y escuchan mi voz”.

Siete años con sus días y sus noches, de formación, amasada con la lectura de su Palabra. Siete años alimentando nuestra “vida interior”, buscando en nuestra conciencia, ayudados por su gracia, ser transformados en hombres y mujeres nuevos porque Él, desde esa atalaya, nos impulsa a luchar contra las fuerzas del mal. Cuadran perfectamente una palabras e Santa Faustina en su Diario: “Oh Sol Divino, en Tus rayos el alma ve aún los más pequeños granitos de polvo que no Te agradan”(nº 71).

Siete años, con sus días y sus noches, para interceder, como Moisés en el monte delante de Dios, por las grandes necesidades y miserias de nuestro mundo: por los pecadores, por los enfermos, por las almas del Purgatorio, por tantos parados, por los cristianos perseguidos, por los niños y los jóvenes, por los matrimonios y los ancianos, por los consagrados y los sacerdotes…

Podría seguir la letanía de maravillas que hemos cosechado, sin duda, en estos benditos siete años, con sus días y sus noches. Sería ciertamente abusar de vuestra paciente escucha.

En segundo lugar, permitid que me fije en el camino nuevo, esperanzador, profundamente prometedor, que vosotros y nosotros, queridos adoradores, estamos iniciando esta noche, ya por siete años repetida.

Quiera el Señor que estos siete años constituyan la base, la plataforma para lanzarnos intrépidos, valientes, confiados y, sobre todo, totalmente apoyados en su Presencia eucarística, a conquistar esa santidad, ese hombre nuevo, cristiano nuevo del que tanta necesidad tienen nuestra Iglesia y nuestra sociedad.

¿Acaso no gozamos los adoradores de la más absoluta garantía para amar a Dios con todas nuestras fuerzas, con toda nuestra alma, vida y corazón y para amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos?

¿Quién va a inspirarnos, mejor que Cristo Sacramentado, la manera más genuina de entregarnos, sin tregua ni descanso, con todo nuestro tiempo y energías, a buscar el Reino de Dios y su justicia?

¿Dónde encontraremos un estímulo más firme y seguro para vivir la Bienaventuranzas que esta Presencia Viva de Quien se denominó a sí mismo el Camino, la Verdad y la Vida, el único Camino, la única Verdad y la verdadera Vida?

¿Dónde mejor que aquí, junto a Él, real y verdaderamente presente, sentiremos el espaldarazo para cortar todas las amarras que quieren sujetarnos a los placeres falaces de este mundo?

¡Cómo quisiéramos esta noche, para cada uno de nosotros los adoradores, marcarnos un comienzo del todo singular para vivir nuestra consagración bautismal en su doble necesidad de santificación y apostolado!

¿Acaso no nos invita Él, en cada una de nuestras horas de adoración, a conquistar el mundo para el Reino de Dios? ¿Acaso no nos infunde Él la certeza de que la vida sólo es bella y radiantemente hermosa cuando con Él, por Él y en Él, la entregamos desde la mañana hasta la noche?

¿Acaso podemos pasar, ante Él, una sola hora más sin el compromiso sagrado de no negarle nada, nada, nada de lo que nos pida cuando pasemos sesenta minutos a sus pies?

Estamos firmemente convencidos de que nacerá muerta cualquier pastoral, cualquier Plan Pastoral, que no nazca bajo la gracia, la inspiración, la aprobación y la ayuda de Jesús Sacramentado.

Queridísimos adoradores de Torrijos, y de otras capillas de AEP, esta noche volvemos a formar la mejor escolta de Cristo Sacramentado y por nosotros adorado.

En este Año de la Misericordia aprovechemos al máximo nuestras horas divinas, profundamente divinas, para dejarnos empapar por esos dos rayos, blancos y rojos que manan desbordantes e ininterrumpidos de esa fuente inagotable que es el Corazón abierto y palpitante de Cristo en la Custodia.

Que a partir de este octavo año, que hoy iniciamos, nos dejemos inundar por su entrañable misericordia. Y que fieles, cada día más fieles, al Santo Sacramento de la Penitencia, y por la intercesión de Santa Faustina Kovalska y S. Pío de Pietrelcina (cuyas reliquias estarán a finales del mes próximo en nuestra Parroquia); y con el ejemplo, siempre actualizado en nuestra memoria, de Dª Teresa Enríquez, la Loca del Sacramento, lleguemos a ser misericordiosos como el Padre, fieles al cumplimiento constante de las 14 Obras de Misericordia.

Por último, bien sabéis que aquí, en nuestra Parroquia del Stmo. Sacramento, la catequesis comienza a partir de los siete años. Que, a partir de estos siete años ya cumplidos de adoración perpetua, procuremos, cada uno de los adoradores, una sólida catequización-formación, más enraizada en la vida que teórica, a través de esos cursos que estamos programando a todos los niveles.

Tengamos siempre muy presente que, sin duda, la gracia de Dios y la auténtica renovación de la Iglesia, en la hora actual, están pasando -y siendo una realidad-, muy principalmente por este medio, tan vivamente recomendado por los Sumos Pontífices, la Adoración Eucarística Perpetua.

¡Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar!

[ 29-04-2016 ]

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