Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


INTERVENCI脫N DEL CARDENAL MALCOM RANJITH EN EL ENCUENTRO ADORATIO 2011 EN ROMA.

La disertaci贸n del Cardenal Ranjith se puede considerar una pieza de apolog茅tica sobre la Eucarist铆a y en particular la adoraci贸n eucar铆stica. Pese a que data del 2011, cuando nuestra comunidad Misioneros de la Sant铆sima Eucarist铆a organiz贸 el primer congreso internacional sobre la adoraci贸n eucar铆stica en Roma, es de perenne actualidad. Por eso ahora lo proponemos e invitamos a que sea copiado para ulteriores meditaciones y consultas.

Se trata de una teolog铆a de la adoraci贸n siempre actual.

INTERVENCI脫N DEL CARDENAL MALCOM RANJITH

EN EL ENCUENTRO ADORATIO 2011 EN ROMA.

La disertaci贸n del Cardenal Ranjith se puede considerar una pieza de apolog茅tica sobre la Eucarist铆a y en particular la adoraci贸n eucar铆stica. Pese a que data del 2011, cuando nuestra comunidad Misioneros de la Sant铆sima Eucarist铆a organiz贸 el primer congreso internacional sobre la adoraci贸n eucar铆stica en Roma, es de perenne actualidad. Por eso ahora lo proponemos e invitamos a que sea copiado para ulteriores meditaciones y consultas.

Se trata de una teolog铆a de la adoraci贸n siempre actual.

Dijo el Arzobispo de Colombo (Sri Lanka) en aquella oportunidad:

聯Cuando estamos ante el Sant铆simo Sacramento, en lugar de mirar en torno a nosotros, cerremos los ojos y la boca, abramos el coraz贸n, nuestro Dios abrir谩 el suyo; iremos a 脡l. 脡l vendr谩 a nosotros, uno pide, el otro recibe; ser谩 como un respirto que pasa de uno al otro聰, estas eran las palabras con las cuales el Santo Cura de Ars, san Juan Mar铆a Vianney, buscaba explicar la adoraci贸n (Peque帽o Catecismo del Cura de Ars. En ingl茅s publicado por Tan Books & Publishers, Inc. Rockford, Illinois, 1951, p. 42)

1. Adoraci贸n es estar ante Dios omnipotente en una actitud de silencio, poderosa expresi贸n de fe: 聯Habla, Se帽or, porque tu siervo escucha聰 (1 Sam 3:10). Es verdaderamente inexplicable en t茅rminos humanos. Papa Benedicto XVI explic贸 el significado de la adoraci贸n como una proskynesis, 聯el gesto de sumisi贸n, el reconocimiento de Dios como nuestra medida, cuya norma aceptamos seguirla聰, y como ad-oratio 聯contacto boca a boca, beso, abrazo, por tanto en el fondo amor聰 (Homil铆a del 21 de agosto de 2005 en Marienfeld, Colonia). Es tal proceso de presencia ante Dios que nos transforma. San Pablo, hablando de aquellos que se vuelven hacia el Se帽or como hizo Mois茅s, declara: 聯cuando nos volveremos hacia el Se帽or, el velo ser谩 quitado聟y todos nosotros, a rostro descubierto, reflejando como en un espejo la gloria del Se帽or, seremos transformados (meta morfoumetha)en aquella misma imagenm de gloria en gloria聰 (2 Cor 3:16.18). Es interesante notar que el verbo usado aqu铆 es el mismo usado para explicar la transfiguraci贸n de Cristo en el monte Tabor (metemorfoth茅).

La presencia del adorador ante Dios lo transforma. Ello est谩 admirablemente expreso en aquellas palabras del libro del 脡xodo: 聯cuando Mois茅s descendi贸 del Sina铆 con las dos tablas del Testimonio en las manos, no sab铆a que la piel de su rostro se hab铆a vuelto radiante, porque hab铆a conversado con Yahweh. Pero Aar贸n y todos los israelitas, viendo que la piel de su rostro era radiante, tuvieron temor de acercarse a 茅l聰 (Ex 34: 29-30). Es como cuando alguien se pone a fijar intensamente un atardecer; despu茅s de un tiempo, tambi茅n su rostro asume un colorido dorado. El obispo Fulton J. Sheen anota, al explicar tal experiencia, que cuando miramos la Eucarist铆a en una actitud de adoraci贸n, de profunda reverencia y amor 聯ocurre algo en nosotros muy similar a cuanto les ocurri贸 a los disc铆pulos de Emaus. La tarde del domingo de Pascua, cuando el Se帽or se hizo encontrar por ellos, les pregunt贸 porqu茅 estaban as铆 tan tristes. Luego de algunas horas ante su Presencia y escuchando nuevamente el secreto de la espiritualidad -聯el Hijo del Hombre debe sufrir para entrar en Su gloria聰- terminado el tiempo de estar con 脡l, sus 聯corazones ard铆an聰 (Un tesoro en la arcilla, Autobiograf铆a). La adoraci贸n eucar铆stica es entonces un encuentro profundamente personal y, en alguna medida, comunitario con el Se帽or. La actitud innata de reverencia no est谩 dada por alg煤n sentido de sumisi贸n, sino de una actitud de fe profunda y del gran deseo de di谩logo, o mejor a煤n, una actitud de presencia y escucha entre el 聯yo聰 y el gran 聯T煤聰, la b煤squeda de la comuni贸n.

Es como cuando Mois茅s contemplaba la zarza ardiente. La zarza continuaba a arder pero no se destru铆a. Nuestra presencia delante del Se帽or eucar铆stico no disminuye Su gloria, pero nos habla a nosotros y nosotros dialogamos con 脡l. Y en todo esto somos transformados. No es 脡l que cambia, sino nosotros. Y sin embargo, a lo largo de la historia de la Iglesia, esta gran fe en la Presencia de Jes煤s en persona en la Sant铆sima Eucarist铆a, tuvo detractores, sobre todo aquellos que criticaban la pr谩ctica eclesial de la adoraci贸n eucar铆stica.

OBJECIONES A LA ADORACI脫N

Las formas m谩s antiguas de objeci贸n a la adoraci贸n eucar铆stica surgieron en el contexto de una constataci贸n de la no presencia f铆sica y real de Cristo en las especies consagradas del pan y del vino. Fue Berengario (999 聳 1088), Archidi谩cono de Angers en Francia, quien sorprendentemente sosten铆a esta posici贸n al comienzo de la Edad Media que, ipso facto, habr铆a hecha superflua a la adoraci贸n eucar铆stica. Pero fue papa Gregorio VII, Jefe de la Iglesia entonces reinante, que orden贸 a Berengario de firmar una retractaci贸n como motivo de la fe constante de la Iglesia, un documento que se volvi贸 el primer pronunciamiento definitivo acerca de la fe eucar铆stica de la Iglesia. Declaraba: 聯Creo con el coraz贸n y profeso abiertamente que el pan y el vino ofrecidos en el altar, mediante la oraci贸n y las palabras del Redentor, son cambiados substancialmente en la verdadera y propia vivificante carne y sangre del Jesucristo, nuestro Se帽or, y que despu茅s de la consagraci贸n, son el verdadero cuerpo de Cristo, nacido de la Virgen y colgado en la cruz en inmolaci贸n para la salvaci贸n del mundo, as铆 como la sangre de Cristo salida de Su costado, no s贸lo como signo y en raz贸n de la potencia del sacramento, sino en la verdad y realidad de su substancia y en ello que es propio a su naturaleza.聰 (Mansi, Collectio amplissima Conciliorum, XX 524D).

M谩s all谩 de tal convicci贸n de fe, la Iglesia dio impulso a una intensificaci贸n del culto eucar铆stico bajo forma de procesiones eucar铆sticas, actos de adoraci贸n, visitas a Cristo en la p铆xide, etc. Estas tradiciones iniciadas entonces se volvieron expresi贸n de fe eucar铆stica. A continuaci贸n tomaron cuerpo otras iniciativas como la instituci贸n de la solemnidad del Corpus Domini de parte del papa Urbano IV. Los milagros eucar铆sticos contribuyeron al crecimiento de tal fervor y reforz贸 la fe de la Iglesia en las especies consagradas del pan y del vino, que son realmente e 铆ntegramente el Cuerpo y la Sangre de Cristo, fe cre铆da firmemente por los ap贸stoles y siempre profesada como doctrina fundamental de la Iglesia. En efecto, es cuanto el Se帽or mismo hab铆a afirmado y querido para su Iglesia. 聯Eso es mi cuerpo, esta es mi sangre聰 (cfr. Lc, 22,19-20) e 聯haced esto en memoria m铆a聰 (Lc. 22,19), fueron las palabras determinantes del Se帽or que tambi茅n san Pablo retoma cuando presenta la Eucarist铆a (1 Cor. 4, 23-27).

La fe eucar铆stica de la Iglesia fue definitivamente definida y afirmada por el Concilio de Trento, bajo el trasfondo de la revoluci贸n luterana. Afirmaba el Concilio que 聯en el divino sacramento de la santa Eucarist铆a, despu茅s de la consagraci贸n del pan y del vino, nuestro Se帽or Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, est谩 verdaderamente contenido, realmente, substancialmente bajo la apariencia de aquellas cosas sensibles聰 (c. 719) y a煤n 聯ya que Cristo, nuestro Redentor, ha dicho que aquello que ofrec铆a bajo las especies del pan (Mt. 26,26ss.; Mc. 14,22ss; Lc. 29,19ss y 1 Cor. 11, 24ss) era verdaderamente su cuerpo, en la Iglesia de Dios existi贸 siempre la convicci贸n, y este santo Concilio lo declara ahora de nuevo, que con la consagraci贸n del pan y del vino se obra la conversi贸n de toda la substancia del pan en la substancia del cuerpo de Cristo, nuestro Se帽or, y de toda la substancia del vino en la substancia de Su sangre. Esta conversi贸n, por tanto, en modo conveniente y apropiado es llamada por la santa Iglesia cat贸lica transubstanciaci贸n聰 (c. 722). Adem谩s, refut贸 el error propagado sobre todo por la reforma protestante, seg煤n la cual ser铆a imposible la transubstanciaci贸n. Zwingli prefiri贸 interpretar la consagraci贸n en el sentido de transignificaci贸n: no 聯esto es mi cuerpo聰, sino 聯esto es como mi cuerpo聰. 脡l contesta que no puede ser 聯es聰, ya que si as铆 fuese, comer铆amos literalmente la carne y el Se帽or ser铆a lacerado por nuestro dientes. Y como eso no ocurre, la transubstanciaci贸n no puede ser verdadera聰聰 (cfr. Sobre la Cena del Se帽or 聭1526聮 en Corpus Reformatorum: Huldreich Zwingli Saemtliche Werke, vol 91 聭Lipsia, Hensius 1927聮, 796.2 聳 800.5). Ante esto el Concilio de Trento decret贸 que 聯si alguien negara que en el Sant铆simo Sacramento de la Eucarist铆a est谩 contenido verdadera, real y substancialmente el cuerpo y la sangre de nuestro Se帽or Jesucristo, con el alma y la divinidad, y por tanto Cristo todo entero, y dir谩 que eso es s贸lo como un s铆mbolo o una figura, o solo con su potencia: sea anatema聰 (can贸n 728).

La Iglesia por tanto ha firmemente conservado la verdad que el pan y el vino consagrados son, en su substancia, verdadera e 铆ntegramente el cuerpo y la sangre de Cristo. Un dogma que fue continuamente reafirmado por Concilios que siguieron y por los sumos Pont铆fices. Como Papa P铆o XII, quien declar贸 que 聯por medio de la transubstanciaci贸n del pan en el cuerpo y del vino en la sangre de Cristo, como se tiene realmente presente Su cuerpo, as铆 se tiene Su sangre聰 (Mediator Dei, 70). Lo mismo fue reconfirmado por el Papa Pablo VI (Mysterium Fidei, 46), por Papa Juan Pablo II (Ecclesia de Eucharistia, 15, y por Papa Benedetto XVI (Sacramentum Caritatis 10, 11 e 66).

Papa Pablo VI, por su parte, estaba seriamente preocupado por una cierta tendencia en la Iglesia, que sigui贸 al Concilio Vaticano II, de atenuaci贸n de la fe sobre la substancia de la Eucarist铆a, en particular sobre la transubstanciaci贸nln y sobre la presencia permanente. 脡l declar贸: 聯bien sabemos que聟 hay algunos que al respecto de las Misas privadas, el dogma de la transubstanciac贸n y el culto eucar铆stico, divulgan ciertas opiniones que perturban el 谩nimo de los fieles meti茅ndoles no poca confusi贸n..聰 (Mysterium Fidei 10). Y contin煤a el Papa: 聯no podemos aprobar las opiniones que ellos expresan y sentimos del deber de avisaros del grave peligro de esas opiniones para la recta fe聰 (ibid 14). El Papa, durante cuya vida se desarroll贸 la mayor parte del Concilio Vaticano II, afirmaba: 聯la constante instrucci贸n impartida por la Iglesia a los catec煤menos, el sentido del pueblo cristiano, la doctrina definida por el Concilio de Trento y las mismas palabras con las que Cristo instituy贸 la Sant铆sima Eucarist铆a nos obligan a profesar que 聯la Eucarist铆a es la carne de nuestro Salvador Jesucristo, que padeci贸 por nuestros pecados y que el Padre, por su benignidad, resucit贸聮 (S. Ignacio de Antioquia, Ep铆stola a los cristianos de Esmirna 7,1; PG 5,714). A las palabras del m谩rtir san Ignacio, nos place agregar las de Teodoro di Mopsuestia, in esta materia testigo fiable de la fe de la Iglesia: 聭El Se帽or, escribe, non dijo: este es el s铆mbolo de mi cuerpo y esto es el s铆mbolo de mi sangre sino: esto es mi cuerpo y mi sangre, ense帽谩ndonos a no considerar la naturalez de la cosa presentada sino a creer que ella, con la acci贸n de la gracia, se ha transmutado en carne y sangre聮聰 (Mysterium fidei 44). En efecto, toda la enc铆clica de Pablo VI es una s贸lida defensa de la recta fe de la Iglesia sobre la Sant铆sima Eucarist铆a. Adem谩s, en la solemne profesi麓lon de fe del 30 de junio 1968, afirm贸 que 聯toda explicaci贸n teol贸gica que intente penetrar en alg煤n modo este misterio, para estar de acuerdo con la fe cat贸lica, debe mantener firme que en la realidad objetiva, independientemente de nuestro esp铆ritu, el pan y el vino han cesado de existir despu茅s de la consagraci贸n, as铆 que desde aquel momento son el Cuerpo y la Sangre adorables del Se帽or Jes煤s las que realmente est谩n ante nosotros bajo las especie sacramentales del pan y del vino聰 (25, AAS60 (1968) 442-443). En consecuencia, el il Papa solicita a los obispos 聯para que esta fe聟.rechazando netamente toda opini贸n err贸nea y perniciosa, vosotros custodiadla pura e 铆ntegra en el pueblo聰 y 聯promoved el culto eucar铆stico, al cual deben converger finalmente todas las otras formas de piedad聰 (Mysterium fidei 65).

Resulta claro entonces que las objeciones a la adoraci贸n eucar铆stica basadas sobre una contestaci贸n o una falsa interpretaci贸n de la fe y la doctrina de la Igleisa, son desaprobadas y firmemente rechazadas.


2. El Santo Padre, Papa Benedicto XVI, en la Exhortaci贸n apost贸lica post-sinodal 聯Sacramentum Caritatis聰, habla de una opini贸n que se hab铆a difundido 聯mientras la reforma lit煤rgica conciliar mov铆a los primeros pasos聰, seg煤n la cual 聯la relaci贸n intr铆nseca entre la Santa Misa y la adoraci贸n al Sant铆simo Sacramento no fue bastante claramente percibido聰. Declara el Papa, 聯una objeci贸n difundida entonces se basaba, por ejemplo, en la observaci贸n que el Pan eucar铆stico no habr铆a sido dado para ser contemplado, sino para ser comido聰 (Sacr. Car. 66). Situaci贸n 茅sta probablemente disparada por alguna influencia de la teolog铆a protestante, desde el momento que trazas de ese error reflejan cu谩nto ocurri贸 durante la reforma protestante. Casi todos los reformadores contradijeron la doctrina tridentina acerca de la presencia permanente y transubstanciada de Cristo en el pan y en el vino consagrados, reduci茅ndolo a un mero hecho simb贸lico, afirmando por otra parte que la Eucarist铆a era s贸lo una cena convivial, pero no un sacrificio reactualizado, por lo cual ven铆a a menos la adoraci贸n. A煤n cuando Lutero, Zwingli, Melant贸n y Calvino tuviesero perspectivas particulares a veces contradictorias entre ellos, generalmente la interpretaci贸n de la Eucarist铆a estaba en contraste con la teolog铆a cat贸lica del tiempo. Lutero sosten铆a que la presencia real se limitaba a la recepci贸n de la Santa Comuni贸n (in usu, non extra). En efecto, los luteranos creen en la presencia real s贸lo entre la consagraci贸n y la Santa Comuni贸n. Posici贸n que fue firmememnte condenada por el Concilio de Trento, que decret贸 que 聯Si alguno dir谩 que, una vez conclu铆da la consagraci贸n, en el admirable sacramento de la Eucarist铆a no est谩 el cuerpo y la sangre del Se帽or nuestro Jesucristo, pero que est谩 s贸lo durante el uso, mientras lo recibe, pero no antes ni despu茅s; y que en las Hostias o part铆culas consagradas, que se conservan o sobran despu茅s de la comuni贸n, no permanece el verdadero cuerpo del Se帽or: sea anatema聰 (can贸n 731). Para la Iglesia Cat贸lica entonces la presencia de Cristo en las especies consagradas de la Eucarist铆a, no est谩 limitada s贸lo al momento de la Comuni贸n sino que permanece. En otras palabras, no est谩 hecha s贸lo para ser 聯comida聰 sino tambi茅n para ser adorada.

Papa Benedicto XVI subraya justamente este aspecto cuando declara que 聯recibir la Eucarist铆a significa ponerse en actitud de adoraci贸n hacia Aquel que recibimos聰 (Sacramentum Caritatis, 66). Efectivamente, la Eucarist铆a no es simplemente la anticipaci贸n gozosa del banquete celestial que acontecer谩 en la Parus铆a, sino es tambi茅n el Sacrificio del Calvario y su memorial. No es s贸lo una fiesta para nuestra hambre sino tambi茅n para nuestros ojos, porque fijamos asombrados la autodonaci贸n de amor para nuestra salvaci贸n. Pero Lutero no lo ve as铆.

Para 茅l, no existe ning煤n v铆nculo ontol贸gico entre lo que sucedi贸 en el Calvario y lo que ocurre en el altar, por esto la teolog铆a luterana no le da el adecuado valor al aspecto sacrificial de la Santa Misa. Pone sobre todo el acento en el aspecto convivial de la Cena. Es quiz谩s esta la raz贸n por la que Lutero no le dio mucha importancia a la teolog铆a del sacerdocio, especialmente en la dimensi贸n sacrificial, como est谩 expuesto en la Carta a los Hebreos. Al contrario, para la teolog铆a cat贸lica, cada vez que se celebra la Eucarist铆a, se renueva el sacrificio de Cristo sobre el Calvario, as铆 como ha declarado el Papa Pio XII: 聯El augusto sacrificio del altar no es una pura y simple conmemoraci贸n de la pasi贸n y muerte de Jesucristo, sino un verdadero y propio sacrificio, en

el cual, inmol谩ndose incruentamente, el Sumo Sacerdote hace aquello que hizo una vez en la cruz ofreci茅ndose todo 茅l al Padre, v铆ctima agradabil铆sima聰 (Mediator Dei, 68). En la Eucarist铆a nuestra mirada se eleva con profunda fe, humilde veneraci贸n y adoraci贸n ante la augusta persona de Jesucristo en la cruz. En efecto, el evangelio de san Juan (19,37) presenta la crucifixi贸n como cumplimiento de la profec铆a de Zacar铆as; 聯mirar谩n a aquel a quien han traspasado聰 (Zac. 12,10). Es el sacrificio hacia el que mir贸 y experiment贸 la fe el centuri贸n cuando reconoci贸 en Jes煤s el Salvador: 聯verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios!聰 (Mc. 15,39).

La Eucarist铆a, con la fuerza di cuanto representa 聳 la m谩s radical y poderosa expresi贸n del amor de Dios en la oferta de s铆 mismo de Jes煤s, el Hijo de Dios- exige de nosotros que volvamos nuestra mirada a 脡l y que proclamemos nuestra fe en 脡l. Esta es la base de la fe de san Agust铆n que con gran claridad anuncia que pecar铆amos si, antes de recibirla, no la ador谩semos. Este admirable sacrificio de Cristo, su auto partirse para volverse alimento divino, debe ser mirado con gran admiraci贸n y profunda fe.

En efecto, Jes煤s predijo que, en el momento de su muerte salv铆fica, deb铆amos mirar hacia 脡l para reconocer su divinidad 聳 聯cuando habr茅is elevado al Hijo del Hombre, entonces sabr茅is que Yo soy聰 (Mc. 15,39). Es el mismo verbo usado por el Se帽or para explicar aqu铆 聯la elevaci贸n聰 con la 聯elevaci贸n聰 de la serpiente de bronce en el desierto por parte de Mois茅s para salvar al pueblo de Israel al que hace referencia Jn 3;14. Es interesante notar que en ambas ocasiones Jes煤s se refiere al reconocimiento de Su persona en la fe (聯porque quien cree en 脡l聰 聳 Jn 3:15) e (聯conocer茅is que Yo soy聰 Jn 8:28).

Es mirando al sacrificio de Cristo que es confirmada la fe y se es salvado. En cada Eucarist铆a en la cual es representado el 煤nico sacrificio de Cristo en el Calvario, nace la fe y lo adoramos como Hijo de Dios. Es un pregustar nuestra salvaci贸n 聳 un pregustar el Para铆so. Por ello, una Eucarist铆a sin una mirada adorante en Cristo ser铆a m谩s pobre. Diversamente, si nuestros corazones no se elevan a la admiraci贸n de la salvaci贸n de la cruz, la misma Eucarist铆a se reducir铆a a una formalidad m谩s, a un cacareo ruidoso, a una experiencia vac铆a sin fe y sin gusto. La tendencia, por tanto, a hacer la Misa m谩s moderna y colorida es, como m铆nimo, de mal gusto. Si cuando lo recibimos no lo adoramos no sabremos ni siquiera qui茅n es Aquel que viene a hacernos suyos. Ser铆a un modo de recibir la Eucarist铆a sin sentido. Justamente es esto lo que el Papa subraya cuando dice: 聯s贸lo en la adoraci贸n puede madurar una acogida profunda y verdadera聰 (Sacramentum Caritatis, 66).

En tal sentido, asegurar una celebraci贸n devota y contemplada de la Eucarist铆a no ser铆a m谩s una cuesti贸n de elecci贸n sino una necesidad. En esto, personalmente prefir铆a la atm贸sfera devota y orante de la Misa tridentina donde la participaci贸n de la asamblea est谩 m谩s sujeta, pacata y recogida, lo cual es respetuoso ante el gran misterio que ocurre en el altar.

Quiz谩s haya llegado el momento de pensar en encuadrar bien qu茅 significa 聯participaci贸n activa聰. El Papa Benedicto XVI dedic贸 un entero cap铆tulo a este tema en la Sacramentum Caritatis. Declara el Papa: 聯conviene poner en claro que tal palabra 聯participaci贸n聰, no se quiere hacer referencia a una simple actividad externa durante la celebraci贸n. En realidad, la activa participaci贸n auspiciada por el Concilio debe ser comprendida en t茅rminos m谩s substanciales, a partir de una mayor conciencia del misterio que es celebrado y de su relaci贸n con la existencia de todos los d铆as (Sacramentum Caritais, 52). Esta es adoraci贸n y considerando en tal modo todos los elementos, podemos afirmar que la Eucarist铆a no est谩 s贸lo para ser comida sino tambi茅n para adorar.

3. Otra objeci贸n que se hab铆a largamente difundida en ciertos ambientes es que la adoraci贸n no fuera conforme al esp铆ritu de la celebraci贸n eucar铆stica, o que sea s贸lo una actividad pietista sin nexo con la Sant铆sima Eucarist铆a. Tal opini贸n que la Iglesia hab铆a condenado en el pasado (can. Trid. 734/724), pareci贸 emerger nuevamente con fuerza en la reforma lit煤rgica post conciliar, sobre todo en el trasfondo de una reducci贸n de la Santa Misa a simple banquete convivial, a expensas de la dimensi贸n sacrificial.

Fue as铆 que ocurri贸 que pr谩cticas como la Bendici贸n con el Sant铆simo Sacramento, la Hora Santa, la adoraci贸n perpetua fuesen juzgadas contrarias al 聯esp铆ritu del Concilio聰. El Concilio de Trento hab铆a ya denunciado a aquellos que rechazan la tradici贸n secular de devoci贸n o culto eucar铆stico: 聯Si alguno dir谩 que en el santo sacramento de la Eucarist铆a Cristo, unig茅nito Hijo de Dios, no debe ser adorado con culto de latr铆a, tambi茅n externo; y por ello no debe ni siquiera ser venerado con una particular solemnidad, ni debe ser llevado solemnemente en procesi贸n, seg煤n el laudable y universal rito y costumbre de la Santa Igleisa; o que no debe ser expuesto p煤blicamene a la adoraci贸n del pueblo; y que quienes lo adoran son id贸latras: sea anatema (canon 734).

Este canon es conforme a la ense帽anza respectiva del mismo Concilio que 聯el uso de conservar la santa Eucarist铆a en un sagrario es tan antiguo que era conocido a煤n en tiempos del Concilio di Nicea. Que luego la misma santa Eucarist铆a fuese llevada a los enfermos y con este fin fuera conservada con cuidado en las iglesias, adem谩s de un ser un hecho sumamente justo y razonable, es tambi茅n mandado por muchos concilios y entra en la antiqu铆sima costumbre de la Iglesia Cat贸lica. Este santo s铆nodo establece por tanto que hace falta absolutamente conservar este uso saludable y necesario聰 (canon 724).

A este prop贸sito, est谩 bien reafirmar que la pr谩ctica de conservar el Sant铆simo Sacramento para llevarlo a los enfermos o a los ermita帽os, es verdaderamente antigua. Era un corolario natural de la antigua fe de la Iglesia acerca de la presencia permanente y personal de Cristo en las especies consagradas de la Eucarist铆a. Es esta fe que condujo gradualmente a la Iglesia a introducir el culto formal de la Eucarist铆a fuera de la Misa y a aquellas pr谩cticas devocionales como las procesiones, actos de adoraci贸n, visitas al Se帽or en la p铆xide, ventanas de las celdas de los monjes desde las que se pod铆an obsevar y adorar a Crisot en el sagrario y finalmente a la festividad del Corpus Domini, la Hora Santa, la Bendici贸n con el Sant铆simo Sacramento, las hermandades de adoradores y los congresos eucar铆sticos. Se ha tratado de un proceso en continuo desarrollo.

La consideraci贸n importante era que, dado que Cristo est谩 presente en las especies eucar铆sticas no s贸lo durante la celebraci贸n de la Santa Misa sino tambi茅n luego, 脡l debe ser adorado y glorificado. Las especies eucar铆sticas, una vez consagradas, permanecen divinas y por ello adorables 聳es la presencia visible de Cristo en medio de nosotros. Ciertamente, una pr谩ctica que fue ridiculizada por los reformadores y llamada idolatr铆a. Calvino, por ejemplo, que no consideraba el pan y el vino verdadero cuerpo y sangre de Cristo sino solamente un signo o s铆mbolo, dec铆a que la adoraci贸n eucar铆stica practicada por los cat贸licos era una idolatr铆a. El uso que ellos hac铆an de las sagradas especies estaba por tanto limitado s贸lo al rito de la comuni贸n y las sobras eran descartadas. La misma posici贸n m谩s o menos ten铆an Lutero, Zwingli y Melant贸n. La Iglesia Cat贸lica es clara sobre esto, ya que las devociones eucar铆sticas no son m谩s que una consecuencia natural de su fe en la presencia permanente e inmutable de Cristo en las especies eucar铆sticas. Es bajo esta luz que es necesario comprender la tradici贸n bimilenaria de la Iglesia 聳 la Eucarist铆a existe para la adoraci贸n as铆 como para la comuni贸n.

Pablo VI declar贸: 聯la Iglesia Cat贸lica profesa este culto latr茅utico al Sacramento eucar铆stico no s贸lo durante la Misa, sino tambi茅n fuera de la celebraci贸n, conservando con la m谩xima diligencia las hostias consagradas, present谩ndolas a la solemne veneraci贸n de los fieles cristianos, llev谩ndolas en procesi贸n con la alegr铆a de la multitud cristiana聰 (Mysterium Fidei, 57).

Lamentablemente algunos afirman que el Concilio Vaticano II no dio tanta importancia a las devociones eucar铆sticas, por lo que no merecen gran atenci贸n. En efecto, podr铆a ser este un an谩lisis correcto dado que el documento conciliar sobre la sagrada Liturgia 聯Sacrosanctum Concilium聰, sea en la presentaci贸n general, sea en la exposic贸n sobre la Sant铆sima Eucarist铆a (cap. II) y de los otros sacramentos y sacramentales, no hace menci贸n de las devociones al Sant铆simo Sacramento. Hace referencia a las devociones populares en un breve pasaje (n. 13), pero nada sobre las devociones eucar铆sticas. Ello est谩 en fuerte contraste con la exposici贸n sobre del tema que se tienen en los decretos del Concilio de Trento y en la enc铆clica 聯Mediator Dei聰 de P铆o XII. Si ello haya sido un olvido querido o accidental, es una cuesti贸n abierta. Muy probablemente aquellas devociones ven铆an dadas por descontadas como un dato de hecho y por ello no tratadas en modo expl铆cito. A煤n as铆, se deber铆a haber hecho alguna menci贸n dada la importancia de los pronunciamientos del Concilio para el futuro y la importancia dada a este devociones a lo largo de los siglos. Tal omisi贸n fue la probable raz贸n de la suscitada pretensi贸n que la Eucarist铆a no estaba para la adoraci贸n sino para ser comida, y que el Concilio no dio mucha importancia a aquel aspecto del culto lit煤rgico. Tambi茅n esto pudo haber llevado al Papa Pablo VI a lamentarse en la enc铆clica sobre la Santa Eucarist铆a del 3 de septiembre 1965, Mysterium Fidei que 聯no faltan聟 motivos de grave solicitud pastoral y de ansiedad, de los cuales la consciencia de Nuestro deber Apost贸lcio no nos permite callar. Bien sabemos, en efeto, que entre aquellos que hablan y escriben sobre este Sacrosanto Misterio hay algunos que sobre las Misas privadas, el dogma de la transubstanciaci贸n y el culto eucar铆stico, divulgan ciertas opiniones que perturban el 谩nimo de los fieles ingiri茅ndoles no poca confusi贸n en torno a la verdad de la fe聰 (MF 9-10). Prosigue luego el Papa explicando qu茅 entiende por 聯opiniones聰 y entre esta nombra 聯la opini贸n seg煤n la cual en las Hostias consagradas y que permanecen despu茅s de la celebraci贸n del sacrificio de la Misa, Nuestro Se帽or Jesucristo no estar谩i m谩s presente聰 (Mysterium Fidei, 11). El error mencionado demuestra una disminuci贸n del rol de la fe eucar铆stica de la Iglesia y de su pr谩ctica de adoraci贸n.

El Papa contin煤a afirmando el valor de la adoraci贸n eucarist铆aca en la enc铆clica extendi茅ndose sobre el tema. Declara 聯la Iglesia Cat贸lica profesa este culto latr茅utico al Sacramento Eucar铆stico no s贸lo durante la Misa sino tambi茅n fuera de la celebraci贸n, conservando con la m谩xima diligencia las Hostias consagradas, present谩ndolas a la solemne veneraci贸n de los fieles cristianos , llev谩ndolas en procesi贸n con alegr铆a de la multitud cristiana聰 (Mysterium Fidei, 57). Explica luego con gran detalle y citaciones de los Padres de la Iglesia, varios elementos de devoci贸n eucar铆stica (no. 56-65) y el deber de conservalros. Exhorta a los Obispos 聯para que esta fe, que no tiende a otra cosas que a custodiar una perfecta fidelidad a la palabra de Cristo y de los Ap贸stoles, rechazando netamente toda opini贸n err贸nea y perniciosa, vosotros custodiad pura e 铆ntegra en el pueblo confiado a vuestro cuidado y vigilancia y promoved el culto eucar铆stico al cual deben converger finalmente todas las otras formas de piedad聰 (Mysterium Fidei, 65).

Y as铆, a la luz de una casi total ausencia de menci贸n acerca de la adoraci贸n y devociones eucar铆sticas en la constituci贸n conciliar sobre la sagrada liturgia 聯Sacrosanctum Concilium聰, y a la tendencia que volv铆a a aparecer en algunos ambientes de redimensionar o rechazar tal fe, esta enc铆clica de Pablo VI publicada a煤n antes de la conclusi贸n formal del Concilio (8 diciembre 1965), puede ser considerada una respuesta adecuada a aquellos elementos protestinzantes en seno de la Iglesia y una debida correcci贸n ciertamente, por la que debemos estar agradecidos al Papa Pablo VI.


4. Con respecto a la opini贸n seg煤n la cual no habr铆a continuidad entre la celebraci贸n de la Santa Eucarist铆a y las respectivas devociones, es la misma Mysterium Fidei que da la respuesta declarando: 聯la Iglesia profesa este culto latr茅utico al Sant铆simo Sacramento no s贸lo durante la Misa sino tambi茅n fuera de ella聰 (Mysterium Fidei, 57). Tambi茅n Papa Juan Pablo II explic贸 el nexo ontol贸gico entre la celebraci贸n 聳 recepci贸n y momentos de adoraci贸n de la Eucarist铆a declarando que ella 聯es al mismo tiempo sacramento 聳 sacrificio, sacramento 聳 comuni贸n y sacramento 聳 presencia聰 (Redemptor Hominis, 20). Est谩n vinculados juntos, no es posible separarlos. En efecto, no se puede celebrar la Eucarist铆a sin ser conscientes de la grandiosidad de cuanto ocurre sobre el altar y sin asumir una actitud de temor y veneraci贸n hacia Dios que se ofrece cada d铆aen los altares para nuestra salvaci贸n.

Lo que ocurre realmente en la celebraci贸n de la Eucarist铆a es que el sacerdote celebrante, totalmente identificado con el Sumo Sacerdote, Cristo, cuya celebraci贸n de la fiesta pascual en la Jerusal茅n celestial, circundada por coros de 谩ngeles continua sin fin, se vuelve el 聰alter Christus聰 y permite que la fiesta de nuestra redenci贸n se realice tambi茅n en nuestros altares. El invisible ile sacrificio celestial de amor, del 聰cordero inmolado聰, desciende en modo visible sobre nuestros altares 聳 lo divino se vuelve terreno. El Papa Benedicto XVI lo explica como 聯veritatis splendor聰; 聯Jesucristo nos muestra como la verdad del amor sabe transfigurar tambi茅n el oscuro misterio de la muerte en la luz radiante de la resurrecci贸n. Aqu铆 el fulgor de la gloria de Dios supera toda belleza intramundana. La verdadera belleza es el amor de Dios que se ha revelado definitivamente a nosotros en el Misterio pascual聰. (Sacramentum Caritatis, 35). Ello no puede menos que colmarnos de asombro y de adorante veneraci贸n.

A煤n recibir la Comuni贸n requiere fe en la inmensidad de aquello que est谩 por verificarse 聳 el Se帽or viene a m铆, o mejor, viniendo de m铆 me abraza y desea transformarme en s铆 mismo. No se trata de un simple acto mec谩nico de recibir un trozo de pan 聳 algo que acontece en un instante. Sino que es la invitaci贸n a estar en comuni贸n con el Se帽or: invitaci贸n al amor. El Papa explica la adoraci贸n con estas textuales palabras: 聯La palabra griega (por adoraci贸n) es proskynesis. Ella significa el gesto de la sumisi贸n, el reconocimiento de Dios como nuestra medida, cuya norma aceptamos seguir聟 la palabra latina por adoraci贸n es ad聳oratio, contacto boca a boca, beso, abrazo y por tanto en el fondo amor. La sumisi贸n se vuelve uni贸n, porque Aquel al cual nos sometemos es Amor. As铆 sumisi贸n adquiere un sentido, porque no nos impone cosas extra帽as, sino que nos libera en funci贸n de la m谩s 铆ntima verdad de nuestro ser聰 (Homil铆a en ocasi贸n de la Jornada Mundial de la Juventud, Colonia, 21 de agosto 2005).

La adoraci贸n es entonces sumisi贸n por amor e intimidad con el Se帽or. Ello significa que acoger al Se帽or, el acto que nos permite la experiencia de Su amor al m谩ximo nivel, invit谩ndonos a estar con 脡l, no puede tener lugar si no en un clima de adoraci贸n. Y tambi茅n la inmolaci贸n de Cristo en la consagraci贸n del pan y del vino, el culmen de Su sacrificio por amor a nosotros, no puede ser un momento que no exija adoraci贸n. Por lo que se puede decir que la Eucarist铆a requiere adoraci贸n sea durante la celebraci贸n sea al recibir la Comuni贸n. Afirma el Papa Benedicto: 聯la Comuni贸n y la adoraci贸n no est谩n una al flanco de la otra o directamente en contraste entre ellas sino que son indivisiblemente uno聟 El amor o la amistad siempre llevan consigo un impulso de reverencia, de adoraci贸nn. Comunicar con Cristo exige por eso que fijemos la mirada sobre 脡l, permitir que Su mirada se fije en nosotros, escucharlo, aprender a conocerlo聰 (God is near us. Ignatius Press, San Francisco 2003, p. 97).

Es en esta luz que deberemos comprender la famosa frase de san Agust铆n: 聯nemo autem illam Carnem manducat, nisi prius adoraverit; peccemus non adorando聰 聳 o 聯nadie coma esta carne sin antes adorarla; pecar铆amos si no la ador谩semos聰 (Enarrationes in Psalmos 98,9, CCL XXXIX, 1385). Solamente la adoraci贸n abre ciertamente nuestro coraz贸n hacia un sentido aut茅ntico de participaci贸n a la Eucarist铆a, porque lo dilata a la experiencia del profundo amor de Dios manifestado en la Eucarist铆a y hacia una uni贸n verdadera y profundamente personal con Cristo al momento de la Comuni贸n (聯He aqu铆 que estoy a la puerta y llamno. Si alguien escucha mi voz y me abre la puerta, vendr茅 a 茅l, cenar茅 con 茅l y 茅l conmigo聰 聳 Ap 3:20).

En este sentido, las palabras del Papa son claras: 聯Recibir la Eucarist铆a significa ponerse en actitud de adoraci贸n hacia Aquel que recibimos. Justamente as铆 y s贸lo as铆 nos volvemos una cosa sola con 脡l y pregustamos anticipadamente, en alg煤n modo, la belleza de la liturgia celestial聰 (Sacramentum Caritatis, 66). Es entonces la adoraci贸n capaz de rendir la celebraci贸n de la Santa Eucarist铆a y el recibir el Sant铆simo Cuerpo y Sangre de Cristo, plenos de significado y profundamente transformantes. De otro modo se reducir铆a a puro ejercicio mec谩nico o a cacofon铆a social; un evento del hombre y no de Dios, porque la adoraci贸n hace de la Eucarist铆a una experiencia de gracia divina salv铆fica y de eternidad. No solo, la adoraci贸n encuentra su natural salida en todas las otras devociones eucar铆sticas, d谩ndole a ellas significado y profundidad. El momento supremo del la adoraci贸n es la Eucarist铆a y fluye en todas las devociones a ella vinculadas. La una le otorga significado y profundidad a la otra.

Es triste notar como en algunos lugares las iglesias y los santuarios se han transformados en plazas de mercado o teatros o salas de concierto. Me ha ocurrido entrar en una catedral de una importante ciudad europea donde hab铆a gente que esperaba la celebraci贸n de una Misa nupcial: era como una gran plaza de mercado donde todos estaban empe帽ados en animada conversaci贸n. No hab铆a ciertamente ning煤n esp铆ritu de recogimiento o el m铆nimo sentido de reverencia adorante en preparaci贸n a la Eucarist铆a. Mi han contado de una Eucarist铆a en una iglesia parroquial en Alemania, donde representaban un drama teatral con la asamblea que participaba mediante oraciones y escenitas, y el p谩rroco hac铆a de presentador. Pregunt茅 al amigo que me lo contaba qu茅 efecto le hab铆a hecho y el me respondi贸 聯tanto barullo para nada聰.

Deberemos preguntarnos si somos serios acerca de la fe cat贸lica respecto a la transubstanciaci贸n y a la presencia permanente de Cristo en la Eucarist铆a, si no hemos dilu铆do el conjunto de nuestra fe en nombre de teor铆as insignificantes y teologizar pedante, que busca continuamente compromisos con el secularismo y el ate铆smo. En conclusi贸n, quiero reafirmar con fuerza que la Eucarist铆a no adorada es una contradicci贸n en s铆 misma, y adoraci贸n sin Eucarist铆a es imposible 聳 porque Eucarist铆a y adoraci麓lon son como dos caras de una misma realidad.


5. Alguien lamenta que la adoraci贸n eucar铆stica es demasiado privada, demasiado personal y hasta demasiado silenciosa. Una cr铆tica que parece basarse sobre constataciones err贸neas: que la adoraci贸n sea solo privada por esencia y que el culto de Dios deba siempre serun ejercicio comunitario. Pero ambas posiciones son insostenibles. La adoraci贸n tiene tambi茅n una dimensi贸n comunitaria, porque, cuando adoramos al Se帽or, entrando en comuni贸n con 脡l o dejando que 脡l nos estreche a s铆, nosotros nos volvemos uniddos los unos a los otros en 脡l.

Declara el Papa Benedicto: 聯La uni贸n con Cristo es al mismo tiempo uni贸n con todos los otros a quienes 脡l se dona. Yo no puedo tener a Cristo solo para m铆; puedo pertenecerle s贸lo en uni贸n con todos aquellos que se volvieron o se volver谩n suyos聰 (Deus Caritas est, 14). Por tanto, cuando yo adoro al Se帽or en privado, me encuentro constantemente en relaci贸n con los otros y tambi茅n ellos lo adoran conmigo. Es as铆 que se crea la comuni贸n. La oraci贸n privada no necesariamente aparta de la comunidad. Construye comunidad. Adem谩s , cada vez que la Iglesia se empe帽a en el culto p煤blico y en actos de adoraci贸n, es todo el cuerpo de los creyentes que reza, estando la Iglesia presente en cada miembro individual. Tambi茅n Jes煤s ha adorado al Padre en privado as铆 como en oraci贸n p煤blica, como difer铆a el templo de la sinagoga. Se deriva que todo acto de adoraci贸n privada o comunitaria tiene un efecto saludable sea sobre la comunidad como en el individuo. El culto, por otra parte, no necesariamente debe estar limitado s贸lo a aquel comunitario, puede muy bien ser personal. Como antes fue dicho, Jes煤s pas贸 much铆simo tiempo solo en oraci贸n. Ello sin embargo no le impidi贸l hacerse cercano a los otros. Antes bien, 脡l ofreci贸 su vida por la redenci贸n de los otros, altruismo al m谩ximo nivel. En consecuencia, la adoraci贸n no nos quita y no debe quitarnos de la oraci贸n comunitaria y de nuestros deberes comunitarios. Nos estrecha a煤n m谩s los unos a los otros en el Se帽or.


6. Hay a煤n otros que objetan la adoraci贸n eucar铆stica diciendo che por debajo hay una mentalidad excesiva de 聯solo yo y Jes煤s聰. Como fuera ya mencionado, la adoraci贸n, acerc谩ndonos mayormente a Jes煤s, nos vuelve m谩s sensibles hacia el pr贸jimo. Esto emerge mejor en la vida de algunos de los m谩s grandes santos o figuras venerables. Basta hacer s贸lo el ejemplo de la (entonces) Beata Madre Teresa de Calcuta que quer铆a que las monjas permaneciesen varias horas en oraci贸n y adoraci贸n ante el Sant铆simo Sacramento cada d铆a, antes de ir a las calles a asistir a los enfermos y moribundos. Era justamente la sensaci贸n de la presencia del Se帽or en medio de ellas que las llenaba de energ铆a para el trabajo cotidiano. Ante las cr铆ticas dirigidas a la Madre Teresa sobre las demasiadas horas pasadas por las religiosas en oraci贸n y adoraci贸n, quitandoles tiempo precioso, ella un d铆a respondi贸: 聯si mis religiosas no pasasen as铆 tanto tiempo en oraci贸n, para nada podr铆an servir a los pobres y a los enfermos聰.

Como nos asegura el Papa Benedicto, la adoraci贸n 聯quiere romper las barreras no s贸lo entre el Se帽or y nosotros, sino tambi茅n y sobre todo las barreras que nos separan de los otros聰 (Sacramentum Caritatis, 66). En la 聯Deus Caritas est聰, dice el Santo Padre: 聯La piedad no debilita la lucha contra la pobreza o directamente contra la miseria en del pr贸jimo. La Beata Teresa de Calcuta es un ejemplo muy evidente del hceho que el tiempo dedicado a Dios en la oraci贸n no s贸lo no perjudica la eficacia y la laboriosidad del amor hacia el pr贸jimo, sino que en realidad es la inagotable surgiente del mismo聰 (Deus Caritas Est, 36).

La oraci贸n personal no va contra la oraci贸n comunitaria y ni siquiera una excluye la ora, en realidad se nutren rec铆procamente. La oraci贸n lit煤rgica crea y promueve la relaci麓lon no s贸lo entre Dios y la comunidad sino entre Dios y yo, haci茅ndome sensible a la necesidad de un constante contacto con lo divino en mi vida. Quiz谩s un equ铆voco en este sentido ha llevado a algunos a creer que las devociones individuales no sean necesarias, como consecuencia de la gran relevancia dada al culto lit煤rgico y comunitario despu茅s del Vaticano II. Pero esto no es correcto. La 聯Sacrosanctum Concilium聰 declara en efecto: 聯La vida espiritual a煤n as铆 no se agota en la participaci贸n a la sola liturgia. En efecto, el cristiano bien que llamado a la oraci贸n en com煤n es siempre llamado a entrar en su cuarto para rezarle al Padre en secreto聰 (SC, 12). La oraci贸n lit煤rgica es reforzada y enriquecida por la oraci贸n personal. La adoraci贸n al Sant铆simo Sacramento como personal devoci贸n es por tanto importante y ayuda a crear en nosotros un clima interior que se nutre de oraci贸n lit煤rgica e 铆ntima participaci贸n.

Dejad que concluya con las bellas palabras del Santo Cura de Ars, san Juan Mar铆a Vianney, verdadero ap贸stol de adoraci贸n: 聯Oh, si tuvi茅semos los ojos de los 谩ngeles para ver a nuestro Se帽or Jesucristo, que est谩 aqu铆 presente sobre este altar y nos mira, 隆C贸mo lo amar铆amos! No querr铆amos irnos jam谩s de 脡l. Querr铆amos permanecer siempre a sus pies; ser铆a pregustar el Cielo: todo el resto carecer铆a de todo gusto para nosotros聰 (El Cura de Ars, el peque帽o catecismo del Cura de Ars, Tan Books and Publishers Inc. Rockford, Illinois 61105, 1951, p.41).

Gracias.

Roma, 22 de junio 2011

Malcolm Card. Ranjith
Arcivescovo di Colombo

(traducci贸n JALF)

[ 24-11-2016 ]

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