Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


APUNTES DE LA HOMILÍA DEL P. FLORIAN RACINE DEL SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

Se trata de la homilía pronunciada en la Misa matutina celebrada en la Basílica de Sainte Marie Madeleine, colmada sobre todo de jóvenes familias con sus pequeños niños. He aquí parte de la homilía:

Antes de ser sacerdote, trabajé durante un tiempo en Obras Públicas. Recuerdo una cantera para un nuevo tramo de autopista. Primero hubo que dinamitar una gran roca, a continuación, llenar un fosado, después acarrear varios tipos de rellenos (guijarros, grava, arena), nivelarlo todo, antes de que finalmente se pudiera derramar el asfalto. En breve fue un 95% de preparación y un 5% para hacer la carretera. Pero lo que se ve, no es el trabajo de preparación sino la hermosa ruta. Esto es algo similar a la vida cristiana.

La misión de Juan el Bautista, es la preparación: las fundaciones: aplanar las colinas, llenar los barrancos. Él predica la conversión de los pecados, porque el pecado es el impedimento para que Jesús venga a nosotros. Es el barranco que nos impide ir hacia los demás. Y se vuelve largo, duro ...

La misión de Jesús: es el camino. Es Jesús el camino que conduce al Padre.

Juan Bautista clama en el desierto: "Preparen el camino del Señor, porque el reino de Dios está cerca." Literalmente, "cerca" significa "casi ahí, pero no todavía." El tiempo de Adviento es el momento de la conversión, porque Jesús quiere siempre venir más en nuestras vidas. Con él viene su reino, su Espíritu Santo, su liberación, su alegría y la paz del corazón. Pero si hay un barranco en mi vida ante su presencia, un fosado (por ejemplo una falta de fe, de confianza, de esperanza) o un obstáculo (un ídolo, un apego desordenado que hiere a la caridad, orgullo o egoísmo), entonces Jesús no se siente bienvenido en nuestro corazón y no viene. Él nunca se impone. Espera que se lo desee, que se lo llame, que se clame hacia Él día y noche.

Para quitar los impedimentos, para allanar el camino, debemos acudir al sacramento de la reconciliación. Y al mismo tiempo, debemos quitarnos las dudas a la fe. No dudar en lo que se cree ni creerle a la duda, sino tener fe en lo que se cree y dudar de la duda. Es necesario hacer experiencia de la misericordia, fundamento de la vida cristiana. A cambio de su pobreza en la caridad el penitente recibe el amor que reconstruye y envía.

San Juan Bautista denuncia una forma de complacencia, de pensar que todo está bien en la relación con Dios, y que es suficiente lo que se hace para ir un día al cielo. Si este es el caso, nos dice el Bautista: "¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Producir frutos dignos de conversión. No decir dentro de vosotros mismos: ‘Tenemos a Abraham por padre '. Porque os digo, Dios puede hacer de estas piedras hijos a Abraham. Ya el hacha está en la raíz de los árboles: todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego..”

Creo que si Juan Bautista lo dijera hoy aquí, con todo su celo, se le diría: "Oye Juan Bautista, vuelve a tu desierto y predícale a los saltamontes. Tú no eres religiosamente correcto, o eres extremista en tus palabras ... "

Ahora, ¿cuáles son los frutos que hay que producir para no ser echado en el fuego? El profeta Isaías en la primera lectura nos recuerda lo esencial: el de la justicia: "No juzgará por las apariencias ni sentenciará sólo de oídas. Juzgará con justicia a los desvalidos".

Isaías utiliza un lenguaje colorido, un poco como La Fontaine en sus fábulas, acerca de la justicia. Dice "el lobo habitará con el cordero," es decir aquel que es fuerte no pondrá su fuerza para aplastar al pequeño sino que la pondrá a su servicio. Elegirá vivir con él. Y aún: "El león y el buey comerán el mismo forraje". En otras palabras, no se comerán unos a otros sino que se reunirán en la misma mesa. En esto se puede ver una imagen de la Eucaristía: el sublime alimento que Dios da para reunir a sus hijos en un mismo Espíritu.

Por último, no es sólo eso lo que puede convertirte (llenar barrancos, eliminar obstáculos), no es sólo eso para poder construir un mundo más justo. Se necesita el poder del Espíritu Santo. Isaías enumera los dones del Espíritu Santo. Estos dones son como las velas de un barco que lo hacen navegar rápidamente. Para los bautizados, las velas son los dones recibidos en el bautismo, de nuevo presentados por Isaías en la primera lectura: "espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de conocimiento y de adoración ..."

[ 04-12-2016 ]

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