Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


ADORACIÓN PERPETUA EN ALCORCÓN (MADRID). PROYECTO DEL ARCIPRESTAZGO ES LA CUARTA EN LA DIÓCESIS DE GETAFE

Y la número 49 de toda España. El pasado 19 de marzo, 2017, día de san José (la fiesta fue trasladada al lunes puesto que este 19 de marzo correspondió al Tercer Domingo de Cuaresma) fue inaugurada la capilla de Adoración Perpetua con la Santa Misa presidida por el Sr. Obispo Don Joaquín López de Andujar, y con él concelebraron 21 sacerdotes. La ceremonia comenzó con el acto de colocar la nueva capilla – consagrada al Corazón Inmaculado de María- bajo el patrocinio de san José, por parte del Sr. Obispo y la bendición de una imagen del Santo. Inmediatamente después fue celebrada la Eucaristía y a continuación una breve procesión con el Santísimo bajo palio que finalizó con la entronización en la capilla de la iglesia de San Domingo de la calzada.

A continuación la oración de consagración y la homilía de Don Joaquín.

ORACIÓN PATROCINIO DE SAN JOSÉ

A Ti, Bienaventurado san José, acudimos en nuestras necesidades y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa y de consagrar esta capilla de adoración perpetua a su Inmaculado Corazón, solicitamos también confiadamente tu patrocinio. Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido, y por el amor paternal con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos, que con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades. Protege, Oh Providentísimo Custodio de la Sagrada Familia, a todos los que han prestado su consentimiento a este proyecto de amor: adorar a tu Jesús, nuestro Dios y Señor, día y noche sin interrupción. Extiende tu protección a todos los que se acerquen a Él para adorarlo, venerarlo o simplemente que acudan en sus tribulaciones. Protege a todas las familias de los adoradores. Asístenos propicio desde el Cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha contra el poder de las tinieblas que se ciernen sobre las familias y la Santa Iglesia de Dios. Y como en otro tiempo libraste de la muerte al Niño Jesús, así ahora defiéndenos de las asechanzas del Enemigo y de toda adversidad. Y a cada uno de nosotros protégenos con perpetuo patrocinio. Que por tu ejemplo de primer adorador junto a María Santísima, podamos santamente vivir unidos a Cristo y alcanzar en los Cielos la eterna bienaventuranza. Amén.

HOMILÍA DEL SR. OBISPO

En este tercer domingo de Cuaresma la liturgia nos propone el diálogo entre Jesús y la samaritana. S. Agustín dice, comentando este texto, que es imposible expresar en una breve explicación la riqueza de esta página evangélica: es preciso leerla y meditarla personalmente, identificándose con aquella mujer que, un día como tantos otros, fue a sacar agua del pozo y allí se encontró con Jesús, sentado “cansado del camino”, en medio del calor del mediodía. S. Agustín comenta: “Hay un motivo en el cansancio de Jesús (…) La fuerza de Cristo te ha creado, la debilidad de Cristo te ha regenerado (…) Con la fuerza nos ha creado, con su debilidad vino a buscarnos” El cansancio de Jesús, signo de su verdadera humanidad, se puede ver como un preludio de su pasión, con la que realizó la obra de nuestra redención.

Empieza el diálogo sorprendiendo Jesús a la mujer con una petición: “dame de beber”. No era nada habitual que un judío dirigiera la palabra a una mujer samaritana y además desconocida. Dice S. Agustín que Jesús, en realidad tenía “sed de la fe de esa mujer”. Como tiene sed de la fe de todos nosotros. Dios Padre envió a Jesús para saciar nuestra fe de vida eterna, dándonos su amor, pero para hacernos ese don Jesús pide nuestra fe, La omnipotencia del amor, respeta siempre la libertad del hombre; llama a su corazón y espera con paciencia su respuesta.

El asombro de la mujer al escuchar de Jesús su deseo de calmar la sed, no ha hecho más que empezar. La mujer va a ir de asombro en asombro, de sorpresa en sorpresa. En el transcurso del diálogo, Jesús le va abriendo la mirada del corazón para que comprenda cuatro verdades que van unidas la una a la otra.

Primero: Jesús le va a hablar de un “agua viva” capaz de saciar la sed para siempre y de convertirse en ella en “un manantial de agua que salta hasta la vida eterna”.

El tema de la sed atraviesa todo el evangelio de s. Juan: desde el encuentro con la samaritana, pasando la gran profecía durante la fiesta de las Tiendas: (“El último día, el mas solemne de la fiesta, Jesús , en pie, gritó: “El que tenga sed que venga a mi y beba el que cree en mi; como dice la Escritura: de sus entrañas manarán ríos de agua viva” Dijo esto refiriéndosela Espíritu que habían de recibir los que creyeran en Él . Jn 7,37-38”) hasta la misma cruz, cuando Jesús, antes de morir dijo: “Tengo sed” (Jn19, 28). La sed de Cristo es una puerta de acceso al misterio de Dios, que tuvo sed para saciar la nuestra, como se hizo pobre para enriquecernos (Cf. 2 Cor 8, 9).Esto es algo asombroso y sublime: Dios tiene sed de nuestra fe y de nuestro amor. Como un Padre bueno y misericordioso, desea para nosotros todo el bien posible y este bien es conocerle, amarle, experimentar su presencia y su consuelo. El bien mayor para nosotros es estar con Él y gozar de su presencia.

Segundo: Jesús le va a demostrar también que conoce su vida personal. La mujer samaritana representa la insatisfacción vital de aquel que no es capaz de encontrar lo que busca. Aquella mujer había tenido cinco maridos y convivía ahora con otro hombre. Sus continuas idas y venidas al pozo expresaban, en el fondo, un modo de vivir repetitivo y resignado. Es la imagen de tantos hombres y mujeres, cuya vida es un continuo ir y venir, en medio de una gran agitación sin llegar nunca a encontrar paz en su corazón. Hoy la gente se mueve mucho y viaja mucho y necesita estar entretenida con algo y con la necesidad de empezar cosas nuevas porque esta inquieta y no soporta la soledad porque le da miedo caer en la cuenta de su profundo vacío interior. Cuado la mujer se enfrenta, gracias a la luz que le ofrece Jesús, con la verdad de su vida, pregunta a Jesús cómo hay que adorar a Dios, donde hay que buscarle, cual es el lugar donde podemos encontrarnos con Él. Es el tercer escalón en este camino de ascenso hasta la revelación del Misterio de Jesús.

Tercero: Jesús el contesta que ha llegado la hora de adorar al único Dios verdadero “en espíritu y en verdad”. Jesús le va a hablar a la mujer de una relación especial con Dios que no va a depender ni del lugar, ni del tiempo, sino que se puede establecer en cualquier momento y en cualquier lugar. Lo que le esta diciendo Jesús a la mujer es que es El mismo, el lugar del encuentro con Dios. El es el camino y la verdad y la vida. Él es quien hace posible esta adoración de Dios en espíritu y en verdad, Porque, por medio de Él, de su Pasión, nos comunicará el Espíritu Santo y nos revelará plenamente la verdad divina, que se resume en una sola frase: “Dios es amor”. La mujer recibe aquí una revelación de Jesús, que ni siquiera había hecho Jesús todavía a sus discípulos.

En el encuentro con la samaritana destaca, en primer lugar, este símbolo del agua, que alude claramente al sacramento del bautismo, manantial da vida nueva por la fe y la gracia de Dios.

Este evangelio formaba parte del antiguo itinerario de preparación de los catecúmenos para los sacramentos de la iniciación cristiana, que tenían lugar en la gran Vigilia de la Noche de Pascua. “El que beba el agua que yo le daré, nunca mas tendrá sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en un surtidor de agua que salta a la vida eterna” Jn 4,14. Esta agua representa al Espíritu Santo, el “don” por excelencia que Jesús vino a traer de parte de Dios Padre. Quien renace por el agua y el Espíritu Santo, en el bautismo, entra en una relación real con Dios, una relación filial y puede adorarlo “en espíritu y verdad” (Jn 4,23-24), Gracias al encuentro con Jesucristo y al don del Espíritu Santo, la fe del hombre llega a su cumplimiento, como respuesta a la plenitud de la revelación de Dios.

Cuarto: Jesús va a revelar a la mujer el misterio de su persona. Le va a revelar claramente que Él es el Mesías. La mujer le dice a Jesús: “Se que vendrá el Mesías. Cuando Él venga nos lo explicará todo” Estas palabras de la mujer le ofrecen a Jesús la posibilidad de revelar su identidad. “El Mesías soy yo, el que habla contigo”

El encuentro con Jesús hace cambiar por completo la vida de aquella mujer. Hay en ella una profunda conversión. Aquel día, gracias al coloquio con el Señor, descubre la verdad de su vida y la razón de su falta de paz. Descubre que Jesús es el Mesías tan esperado de todos y entiende que Dios nos está esperando para que le adoremos en espíritu y en verdad y encontremos en El un manantial del que brota un agua viva que clamará para siempre nuestra sed de infinito y nuestro anhelo profundo de amor y de verdad.

La samaritana entonces, dice el evangelio, dejó el cántaro de agua y se fue corriendo a decir a la gente del pueblo: “Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será acaso el mesías?”

Queridos hermanos, en este día grande en el que inauguramos en nuestra diócesis la cuarta capilla de la Adoración Perpetua, abramos también nosotros el corazón a la adoración y a la escucha de la Palabra de Dios para encontrar, como la samaritana, a Jesús que nos revela su amor y nos dice: “El Mesías, tu Salvador, soy yo, el que habla contigo” (Jn 4,26). El Mesías soy yo que en este Pan de Vida, en la Eucaristía, te estoy esperando, para calmar yo tu sed de vida eterna y para que tu calmes la mía: mi sed de tu fe, mi sed de tu amor, mi sed de que el pecado del mundo, que tanto me ofende, sea reparado con la sobreabundancia de amor que en esta Capilla de la Adoración Perpetua, de día y de noche, vais a ofrecer todos lo acudáis a ella.

Que la Virgen María, nuestra Madre, la primera discípula del Verbo encarnado, nos obtenga esta gracia.

[ 26-03-2017 ]

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