Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


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SEGLARES
Entrevista a Elena Nodal, madre de familia y adoradora, en Radio Santa María de Toledo (España) (14.12.2006)

Hna. Carmen:

Tenemos con nosotros a Elena Nodal, adoradora perpetua del turno de los martes de 12 a 1 de la madrugada

Elena Nodal:

Eso es.

H. C.

Creo que eres mamá… Perdona, te voy a decir un piropo: Yo no sé si la cara y la expresión que tienes es consecuencia de cómo adoras al Señor, pero tienes una cara y una luz en los ojos que es una preciosidad.

E. N.

Muchas gracias. Pues algo tendrá que ver eso y también lo que estoy escuchando que me está agradando mucho y me está llegando al corazón realmente.

No creo que mi testimonio sea tan elocuente como el de D. Emilio, el párroco de Yepes, ni mucho menos como los versos de S. Juan de la Cruz, pero intentaré expresarme lo mejor posible para hacer llegar a todos mi testimonio.

H .C.

Cuéntanos porqué empezó esta vivencia tuya de la adoración eucarística

E. N.

Bueno, pues, fue Eufemio, nuestro querido compañero y coordinador, Eufemio, quien…

H. CÂ…que nos mete a todosÂ…

E. N. … quien cuando la Adoración Perpetua era todavía solamente un proyecto -pero él ya cumplía muy fielmente la misión que se le iba a encomendar, pues se me acercó al terminar una Misa en la Catedral, a la que yo había asistido con mis hijos y con mi marido. Recuerdo muy bien ese momento, porque…no solo por la Misa que me dieron mis hijos…

Eufemio R. No, no. Se portaron bastante bienÂ…

E. N. ¡Bueno…! Estábamos en la Sillería del Altar y, en fin, pues cualquier cosa que hagan allí, sonaba mucho. Pero lo recuerdo muy bien porque, desde ese momento, desde ese día, he bendecido esa ocasión en muchas… muchas veces, realmente. He dado gracias a Dios por ese encuentro que tuve casual con Eufemio, al que no conocía ni siquiera de vista…

H. C. Perdona Eufemio no te deja decir “casual”. Dirá “Jesual”, porque todo es Providencia de Dios.

E. R. En las cosas del Señor no hay ninguna “casualidad”. Bueno, efectivamente…

E.N. EfectivamenteÂ…

E.R. Es que, en aquel momento, yo, con esa cara que le echo en algunas ocasiones a esto, pues dije, “yo a esta señora tengo que decirle que se haga de la Adoración Perpetua”, por una razón muy sencilla: ella tenía un constipado de pánico, pero me acuerdo que sentó a los niños allí en el escaloncito de… y se subió a leer. Y los niños, mientras estuvo leyendo –aunque ella diga lo contrario-, no dieron mucha guerra, luego, después, ya dieron un poco…

H.C. ¡Hombre!, leía su madre…

E.N. ¡Un poco!

E.R. Pero, hay una cosa muy importante que, y que viene muy bien, porque tú estás diciendo que tienes tres hijos, menores; nos has dicho antes que: 10, 8 y 5 años

E.N. Eso es.

E.R. Y, resulta que atender a tu marido, atender a esas tres criaturas… Muchas gentes nos dicen que no tienen tiempo. El otro día, en una… una señora que estuvo hablando con Paco y conmigo, diciendo que oía muy bien el programa y que le parecía muy bonito… Le digo: “Bueno, pues lo que tienes que hacer… -dijimos, mejor dicho-… lo que tienes que hacer es inscribirte…

-¡Huuuy! Resulta que ahora tengo los nietos, me falta tiempo…

Inscribirse en la Adoración Perpetua –y hago un inciso- no es cuestión de “tener tiempo”. Es cuestión de tener algo que tú tienes: Amor y decisión: voluntad. Porque ¿por qué elegiste la hora de 12 a 1 de la madrugada?

E. N. Bueno, a mí me parecía una hora cómoda. Es una hora en la que nunca te cita el médico…(risas)… En la que has acostado a los niños…

H. C. ¿Ves qué manera de ver la realidad? ¿Eh?

E.N. Es que es así realmente. Están acostados; están cenados; tienen sus necesidades cubiertas… pero, verdaderamente, es que a mí la noche me gusta, porque considero que en ella es más fácil el recogimiento. “La música callada y la soledad sonora” de la que hablaba San Juan de la Cruz, y que posibilitan tanto pues el elevarse, el recogerse y el entrar en oración. A mí me resulta más fácil durante la noche. Y verdaderamente, si uno lo ve, como es, pues, yo he consagrado, he dedicado, he comprometido una hora semanal de mi tiempo a la Adoración. Eso, por mucho que uno trabaje, no es nada. Una hora no es absolutamente nada. Sería realmente algo insignificante como obra, como acción, si no tuviera todo el valor que… y el sentido que Dios le da. El sentido que da hacer las cosas por amor a Dios. Verdaderamente me parece que, ni para mí ni para nadie, una hora es nada. Pero, sin embargo, es lo más importante de todo lo que hago.

H. C. Y cuando llegas por la noche –es muy personal-, pero después del trabajo del día, cuando llegas, con el Señor y en el Señor ¿qué haces? ¿De qué le hablas?... Perdona…

E. N. Verdaderamente, es algo, pues, muy íntimo y muy personal. Eso son cosas que hay que vivirlas para poder calibrarlas, como todas las cosas sublimes. Pero yo llego ahí y me desmadejo, me reclino y, bueno, pues a veces lloro; a veces me sonrío; otros ratitos habla Él; a ratos hablo yo… Me confieso, me excuso…

Paco Rodríguez: ¿Sueles utilizar los Evangelios o la Biblia para a raíz de meditar en alguna escena evangélica, entrar en ese diálogo con el Señor?

E. N. Pues sí. Hay veces que sí. Cada día leo el Evangelio y aprovecho para hacerlo en ese rato también. Y un libro que -mi libro de cabecera, del que no me separo-; un libro que me regaló mi padre, que es la Oración de todas las Horas. Es un conjunto de meditaciones de un padre jesuita, del Padre Charles, que me parece una maravilla.

H. C. Yo lo conozco ese libroÂ…

E. N. Es una maravilla. Una maravilla cada día más inalcanzable, porque ya no se encuentra casi en ningún sitio. Solamente a través de Internet se puede comprar en algunas librerías-anticuario, pero es realmente difícil encontrarlo. Bueno, pues eso sí lo hago. Y otras veces, simplemente, cierro los ojos y respiro, intentando, pues, llenarme del Espíritu que Él exhala sobre nosotros, nada más.

E.R. La poesía lo acaba de decir… (ininteligible)…callada

H. C. Me ha impresionado, porque ha dicho: me desmadejo, me reclino… Voy a ver si lo sé decir en minutos. Voy por las mañanas, todos los días, a dar clase a parapléjicos. Bueno, ha pasado una cosa muy bonita, con una anécdota que me han contado. Es un señor que no sabe si cree y hay una silla. O sea, le pide, el hijo del que se está muriendo, le pide a un sacerdote que vaya a -es que es la misma expresión que has dicho tú- confesar a su padre. Y entonces cuando llega se encuentra una silla al lado del enfermo, y, entonces, le empieza y dice: ¿Y esto? ¿Quién se sienta?

Y dice:

- No, no, esta silla siempre está ocupada.

Y entonces, le dice: ¿Qué?

- Sí, es que yo tengo un amigo que me dijo: A ti lo que te conviene es hablar con Dios. Ahora, como estás muy enfermo, lo que tienes que tener es… mira, te pones una silla al lado…. -Bueno, tú porque…. (ininteligible) hacer la adoración… pero el enfermo-, te pones una silla al lado y ya está. Bueno. Llega el momento que se muere este señor –por ser breve- se muere este señor, resulta que no estaba el hijo cuando muere (esto creo que es un hecho histórico). Y cuando vuelve… (murmullos), ¿lo has oído?...

E. N. Yo lo había oído también…

H. C. Y cuando vuelve, se lo encuentran levantado y puesto la cabeza en la silla, como reclinado… Es que ha sido tu expresión: Yo es que me reclino, me desmadejo… Si hubiera esa relación de trato de amistad, se encontraron muerto, con la cabeza como reclinado en el regazo de Jesús, del Amigo..,

P. R. Entonces, para ti, Elena, no es lo mismo orar o rezar en tu casa que venir aquí, cuando está el Santísimo Expuesto.

E, N. No, no es lo mismo, realmente no es lo mismo. Es verdad que el Señor está en todas partes, que le podemos descubrir en el rostro de todos los que nos rodean, que vemos su mano en todo lo que nos pasa, nos acontece y lo que vemos, pero el ponerse delante de su presencia es algo realmente especial.

P.R. ¿Siempre que has tenido ese, digamos, esa gracia, o ha sido algo que te ha venido regalado, pues con el tiempo, con la perseverancia de acudir a esos ratos de encuentro con el Señor?

E.N. ¡Hombre!, yo creo que la Adoración Perpetua ha hecho mucho en este sentido. Cuando yo supe de ese proyecto que me anunciaba Eufemio, pues lo primero que uno piensa es que verdaderamente en el corazón del Señor hay mucho amor que agradecer, que devolver, y también mucho agravio que compensar. Pero es que yo hoy también, en este mundo en que vivimos, me parece escucharle como dijo entonces: las raposas tienen su madriguera y las aves del campo sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar, donde reclinar su cabeza. Pues creo que eso es la Adoración. El decir, pues, aquí estoy yo: reclina tu cabeza sobre mí.

P. R. ¿Pero tú tenías ya un camino hecho de oración y de adoración’?

E. N. Bueno, yo siempre he vivido el tema… la fe, pues, de una manera muy íntima. Nunca he pertenecido, por así decirlo, a ningún Grupo, a ninguna Asociación, porque es algo…

P. R. A ningún movimiento…

E. N. A ningún movimiento, porque aunque siempre, pues he estado, he tenido amigos pertenecientes a esos Grupos y me he movido en esos ambientes, pues siempre ha sido algo que me ha gustado vivir desde la intimidad. Aunque luego, claro, es fácil que eso aflore en tus relaciones sociales y en tu vida diaria, pero el pertenecer a esta “FRATERNIDAD DE ADORADORES”, me atrajo muchísimo porque me parecía que me iba a permitir seguir viviendo esa fe, pues como a mí me gustaba: desde la intimidad…

H. C: O sea, que sí perteneces a un Grupo: A la Fraternidad de Adoradores…

(Murmullos)

E. R. Acabas de utilizar un término que yo creo que es la primera vez que ha salido, que es lo de la Fraternidad de Adoradores… Muchas gracias.

Yo me he dado cuenta, y ya vamos para ir concluyendo, has hecho un énfasis, en una, cuando has estado explicando cómo haces la adoración, y es que has dicho: “A veces hablo yo; a veces habla Él”. Ese es el peligro, que hablamos, hablamos y hablamos…

ElenaÂ…

P. R. No, ese no es el peligro, eso es lo buenoÂ… El peligro esÂ…

E. R. Que hablemosÂ… hablemosÂ…hablemos

(murmullos ininteligibles)

E. R. Que no escuchemos, ¿eh?

Bueno, Elena, ya para terminar, qué les dirías tú a los que están escuchando y que están con esa duda: yo querría pero no tengo tiempo o no he oído hablar… para animarlos…

E. N. Pues ¿quién no quiere ser más feliz? ¿Quién no quiere encontrar paz, un alivio para su desasosiego, un remanso donde descansar? Es que es algo que todos buscamos. El hombre hoy día es un ser desapacible, desilusionado, yo creo que porque pone su confianza donde no debe, porque busca su bienestar en sí mismo y confía mucho en su capacidad. Estamos rodeados de un muro de necedad, como el de los discípulos de Emaús, no terminamos de confiar ni de creer en Su Palabra. La clave está en buscar esa confianza… depositar esa confianza en quien debe depositarse: en la Misericordiosa Bondad de aquel a quien el Padre ha confiado nuestro cuidado. Así, pues es más fácil encontrar la paz, desde luego. La paz que tanto buscamos, que tanto necesitamos. Es muy fácil oír a la gente decir: “pues estoy con el bajón”; “estoy deprimido”; “es que , estoy desesperado”; “es que, qué impotencia”… Pues, es un poco, pues, eso, romper ese muro de necedad y abandonarse en Él, en su Misericordia y dejar que Él nos contagie de esa paz. El adorador no da nada. Una, dos horas, no es nada. El adorador recibe. Y recibe una medida abundante, generosa, rebosante…

H. C. El ciento por unoÂ…

E. N. El ciento por uno de una alcuza que, nunca, nunca se agotaÂ…

P. R. Al Señor también le gusta lo pequeño: esa horita, que es pequeña cosa, pero de lo pequeño hace tanta cosa

E. N. Pero que es santa e importanteÂ…

Marijose. Gracias ElenaÂ…

E. N. De nada