Adoración Eucarística Perpetua en España     Misioneros de la Santísima Eucaristía


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SEGLARES
De un adorador de Pamplona

La mejor sobremesa Adorar al Señor.


Navarra es una tierra de buen comer, y de saber festejar las reuniones como se deben, o como se dice “como Dios manda”. Y así lo demuestra desde ahora hace un año la Diócesis de Pamplona y Tudela, que de la mano de su Arzobispo, D. Francisco Pérez González hace un año inauguró la Adoración Eucarística Perpetua al paso de una Solemne Procesión del Corpus Christi que quedo presente de manera continuada durante todos los días del año y a todas las horas del día, para que la cuidad de Pamplona y la Diócesis entera encontrase en la Basílica de San Ignacio un lugar donde poder disfrutar de la compañía de Jesús Sacramentado.

Donde bien se come, bien se celebra la sobremesa, y la adoración al Señor es la mejor sobremesa de una buena Eucaristía, así lo compara de manera muy acertada un buen hombre de Dios.

Las horas que los cristianos de Pamplona y de toda la Diócesis, con el animo de su Arzobispo, de su Pastor, han dedicado a la compañía de Cristo, Presente en la Hostia Sagrada , no tienen precio en los parabienes que este tierra y sus habitantes reciben del cielo, los adoradores que de manera desinteresada realizan su vela, disfrutando de la visión de Dios hecho Hombre para redimir a aquellos que como hombres y mujeres, pecamos, ofendemos y olvidamos de manera continua y reiterativa que venimos de El para volver a El.

Sí la mejor forma de celebrar una buena comida es alargando una buena sobremesa, no puede darse mejor celebración en la Iglesia que alargar de forma permanente la presencia del Señor entre nosotros.

Hace ahora algo más de un año, que nuestra ciudad se encuentra con un referente más para el mundo, un lugar en pleno corazón de Pamplona, en pleno corazón de la Diócesis de Pamplona y Tudela, donde dentro de una vida acelerada, de una vida en crisis, en una vida con carencia de valores, se puede respirar la Fe, el Amor, la Caridad y salir con la Esperanza de encontrar un mundo nuevo donde poder pasar unas horas con reflejo divino.

Un adorador eucarístico perpetuo.